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miércoles, 27 de febrero de 2019

BRIG.GRAL.JUAN MANUEL DE ROSAS (Aspectos poco conocidos de su vida y su familia)

Brig. Gral. JUAN MANUEL DE ROSAS

(ASPECTOS POCO CONOCIDOS DE SU VIDA Y SU FAMILIA)

Mayo 2018 – (con Anexo de Actualización en Febrero 2019)


Gonzalo V. Montoro Gil 



ESCUDO DE ARMAS DE LOS ORTIZ DE ROZAS

 

Sumario: Palabras Preliminares del Prof. Antonio Caponnetto-I-Introducción- II.- Rosas y Personajes vistos desde la historia- III.- La batalla de Caseros IV.- Consecuencias de la derrota en Caseros-  ‘antirrosismo’ de algunos familiares supérstites y antiguos federales  V.- Vida De Rosas en el exilio- VI- El Caserón de Palermo de San Benito-  VII- ‘Arrepentimientos’ tardíos de sus enemigos- VIII.- El trato recibido por Juan Manuel de Rosas en Inglaterra – IX.-La importancia de las mujeres en la vida de Rosas- X.- Repatriación de sus restos y reivindicación histórica- XI.-Inauguración del monumento en su Palermo- XII-Documentación encontrada en la actualidad- lugar donde se encuentra XIII- Poesía: “Y la historia juzgó” (G.V.M.G.) 1977- XIV- Árbol genealógico materno del autor- XV.- Apéndice Fotográfico -XVI.-Índice Bibliográfico-.XVII- Anexo de Actualización e Índice Bibliográfico.

 


 

 

PALABRAS PRELIMINARES

 

El autor de este libro tan peculiar, cuenta con varias ventajas para haberlo escrito. En rigor, son dones o atributos más que prerrogativas. Pero dones a los que ha sabido dar buen cauce, fructuoso desarrollo y mejor fruto.

El primero de ellos es la fiel familiaridad con Don Juan Manuel de Rosas. No se trata solamente de una legítima cuestión genealógica y de una probada descendencia directa del Restaurador. Su parentesco es más fuerte que el que le señala su linaje, sencillamente porque ha descifrado la genuina valía política del héroe y le mantiene admirativa lealtad.

Rosas está en la sangre de Gonzalo V.Montoro Gil; pero además está en su espíritu. Porque aprendió a descubrir, a rescatar y a asumir como herencia lo mejor del personaje y de su obra. Y no son muchos los que están en condiciones de entender que lo mejor aquí mencionado es, precisamente, lo que lo aleja y distingue al prócer de toda comparación indebida con personajes posteriores de nuestro desdichado  devenir institucional.

Este desciframiento de la identidad verdadera del hombre investigado, se nos hace hoy de una singular importancia, en medio de tantísimas falsificaciones perpetradas a diestra y a siniestra. Rescatar al arquetipo de la masa es misión de señores. Limpiarlo de las afrentas, ya en forma de tales o de presuntos encomios, es además, misión de testigos.

El segundo don, consecuencia en parte del precedente, es que su condición de hijo de chozno de Don Juan Manuel, le ha permitido moverse con soltura en un universo casi siempre vedado al común de los historiadores: ciertos documentos de primerísima mano y un frondoso cuanto sugestivo anecdotario doméstico. Diríamos que el libro se hace fuerte en estos dos acotados ámbitos. Pues por lo demás, el mismo autor declara y constata que ha tomado sus informaciones o sus criterios de la conocida bibliografía a la que remite.

No tiene la obra en tal sentido pretensiones de originalidad libresca, y el grueso de las noticias aportadas son sabidas por los especialistas. Pero tienen sí, ese sabor único de los papeles caseros presentados en público, y hasta de las charlas de sobremesa propias de un hogar con lejanas raíces en la patria vieja. El grueso apéndice de ilustraciones variadas comprobará esta amable característica que le adjudicamos.

El tercer don es casi una paradoja. El autor no pertenece –para su gloria- a los autoproclamados profesionales de la historiografía, ni tampoco a esa camada deshonrosa de neo-revisionistas, que tomaron por asalto el rosismo para ponerlo al servicio de las peores causas partidocráticas e ideológicas. Se mueve sin “oficio”, pero con la intuición de un narrador y la lógica de un hombre engalanado por el sentido común. Ojalá los infatuados profesionales  que medran de los cargos académicos oficiales y oficiosos, tuvieran o recuperaran este decantado olfato hacia el pretérito que esplende aquí con absoluta naturalidad.

La soltura de su relato es la propia de un cronista, de un recopilador, de un antologista y aún la de un viajero del pasado. Cuenta lo que ha leído y le parece oportuno compartir. Lo que ha escuchado en su ambiente familiar y juzga pertinente comunicarnos; y sobre todo, lo que ha podido discernir y evaluar con criterio propio, tras años de dedicación al tema.

El resultado de esta conjunción de dones es una obra que cumple con las expectativas de su título: Rosas: aspectos poco conocidos de su vida y de su familia.

Y en verdad es así. Porque aunque el grado de “pocos conocidos” de estos aspectos puede variar según la consagración del lector a la labor investigativa sobre el hombre y su tiempo abordados en estas páginas, no dudamos en afirmar que, en su conjunto, lo que aquí se ha seleccionado para presentar al público en general, es un repertorio de detalles, minucias, asociaciones, inferencias y confidencias que nos dejan gratamente asombrados.

No creo, con sinceridad, que aún a los mejores estudiosos de Rosas, les pueda resultar enteramente conocidos estos aspectos poco conocidos. Como no creo que, tras dicho conocimiento, pueda resultarles indiferente lo revelado en orden a mejorar la calidad o el detallismo de próximas o eventuales obras.

Hay otro par de dones del autor, y no quisiéramos callarlos, porque la omisión de lo necesario suele ser pecaminosa.

Tienen sus juicios una rara equidad. Si hay que señalar aspectos amargos o pequeñeces morales, se señalan. Así los blancos u objetos de tales objeciones y reproches sean antepasados directos o personajes de mundano brillo. Paralelamente, si hay que destacar y subrayar gestos en los que irradian la virtud y el decoro, se asume la conducta apologética sin desmesuras.  Si no fuera un lugar común –o un tópico trillado y peligroso- diríamos que el Rosas que se deja entrever tras este ejercicio de la equidad es un Rosas humano.

No en lo que el anunciado tópico implica de abajamiento del Singular o de homologación con los sujetos vulgares y corrientes. No; nada de eso. El Rosas humano que brota de la equidad de nuestro autor, lo es por el concurso que se deja ver en él de los dolores sabiamente ofrecidos, de las renuncias resignadas, de las tristezas recurrentes, de los júbilos inclaudicables, de los rencores indisimulados, de las predilecciones teñidas de argentina pasión, de los amores preñados de penas y de las penas iluminadas de amor.

El Rosas humano, no es –como dicen los sofistas- el que ha sido despojado del bronce. Es el que mereció y merece la estatua, el mármol, el lienzo o el broncíneo túmulo, justamente porque su humanidad es sinónimo de excelencia. Aristocracia es la palabra: no busquemos otra.

Junto a la equidad, Gonzalo V. Montoro Gil, nos regala el recuerdo de una frase de Chesterton, que retrata su propia conducta ante el pasado y también ante el presente o el porvenir que Dios nos depare. Dice el inmenso inglés: “El verdadero soldado no lucha porque odie lo que hay frente a él sino por amor a lo que tiene detrás”. Si algo se necesitaba para inteligir en plenitud nuestro nacionalismo, he aquí la cifra.

Siguen escarbando con malicia unos, o con taimada retórica otros, sobre las razones por las cuales Don Juan Manuel fue a dar con sus huesos a Inglaterra, tras el drama de Caseros. Como queriendo decirse con la sentencia, que es lo mismo que Mikael se fuera de viaje de placer por el Averno. La Gran Bretaña en la que el héroe halló refugio, respeto, reposo y pobreza postrera, no era una nación con la cual debía él conservar o alimentar un litigio que ya ha había librado victoriosamente. Más bien fue esa victoria en desigual reyerta lo que le garantizó su días de ostracismo. A la otra, a la Albión belicosa y siniestra, ya le había mostrado sus puños y sus cadenas. Ningún examen de patriotismo tenía que aprobar.

Por eso es tan oportuna la frase de Chesterton. Porque, por un lado, completa la descripción veraz de Rosas, que se ha venido enhebrando. Mas por otro lado, enseña el modo más cristiano de ser un patriota: no odiando el patriotismo del prójimo, mientras sea virtuoso y aunque esté frente al mío. Sino amando, como el soldado del aforismo, “lo que tiene detrás”. Y aquí también –como en el caso de la aristocracia- hay una sola palabra adecuada: Tradición.

Le agradecemos a Gonzalo V.Montoro Gil este libro ágil, vivaz, oportuno, didáctico. Lo instamos a que siga recogiendo aspectos desconocidos de nuestra historia. Porque curiosamente será el mejor modo de conocerla. Y conociéndola mejor, mejor podremos por ende servir a La Argentina, que es un deber irrenunciable y es, además, un mandato.                  

Antonio Caponnetto

             Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Buenos Aire, -Mayo 2018, .

 

 




 

 

 


 

I.-INTRODUCCIÓN

 

A modo de presentación quisiera manifestar que para realizar este trabajo he consultado diversas fuentes documentales, formales e informales, a fin de conocer y compartir aspectos poco tratados o inexplorados de la vida diaria de Don Juan Manuel de Rosas, sus familiares, sus amigos y enemigos a partir de la batalla de Caseros, así como también las actitudes que tuvieron para con él sus compatriotas coetáneos.  Me he basado en distintos libros y materiales de autores diversos y, como descendiente directo, apelé a otros elementos extraídos de la tradición oral: aquellos relatos transmitidos de generación en generación dentro de nuestro grupo familiar.  He complementado la investigación con fotos, algunas pertenecientes a la familia, propias o cedidas con generoso desinterés, inéditas y por lo tanto desconocidas para el público en general.

A lo largo del presente ensayo se verán documentos escritos por los protagonistas, pero si bien no deben dejar de tenerse presentes sus palabras y declaraciones, las hemos considerado valiosas si los hechos suscriben lo manifestado.

Esto es así pues es común que las personas afirmen una cosa, pero luego no actúen u obren en consecuencia.  Lo que realmente importa son los hechos.   Las acciones son las que en definitiva nos dirán si lo dicho o declarado es efectivamente de esa manera.  En otros términos, si determinadas declaraciones –públicas o privadas- no son refrendadas por los hechos, deberemos quedarnos con éstos, ya que son los que finalmente nos dirán la verdad acerca del tema en cuestión.  Los hechos públicos y privados de las personas nos darán un hilo conductor acerca de su vida y nos permitirán conocer su verdadero modo de pensar, más allá de lo que pudieran haber expresado en cualquier carta o declamación y más allá de lo que se haya dicho sobre ellos.

Si lo declarado por los protagonistas en sus memorias o cartas coinciden con sus hechos, tanto mejor, pues demostrará una coherencia entre ambos aspectos.

Por una cuestión de orden, se acompaña al final un APENDICE FOTOGRÁFICO (con referencia numérica y las citas de las fuentes, cuando éstas son conocidas), compuesto por las fotos a las cuales remite el texto en varias oportunidades y un ÍNDICE BIBLIOGRÁFICO

Este trabajo, además de citas bibliográficas y elementos escritos u orales traídos al tiempo actual por la familia, es el resultado de la lectura de ciertas y precisas obras. Entre ellas, la de la escritora Reyna Carranza “Una Sombra en el Jardín de Rosas”, en la que podemos encontrar aspectos psicológicos de ciertos personajes y la vida de J. Bautista Ortiz de Rozas en Brasil. Se destaca también a la enjundiosa obra de Roberto D. Müller “Noticias de Burgess Farm”, que bucea en la vida de J.M. en el exilio y sus relaciones personales con parientes y políticos del momento.

Todo este material cierra un cuadro bastante coincidente en cuanto a la figura de J.M. en el exilio, más allá de algunos detalles que puedan diferir.   Esto se explica teniendo en cuenta que la interpretación de alguno de los hechos relatados puede ser distinta según la visión de cada uno, o bien debido a las humanas contradicciones de los propios actores, quienes, con el paso del tiempo, a veces cambian ciertas concepciones o enfoques de hechos pasados...

Quiero agradecer la inestimable y desinteresada colaboración tanto en los aportes de datos y documentación familiar e histórica (fotos, manuscritos, transmisión en forma oral de hechos o situaciones por conocimiento directo de las personas involucradas, etc.), como así para la corrección de este trabajo, de:

Dr.José María Soaje Pinto

Dr.Andrés Rivas Molina

Heraldista y Genealogista Esther Rodríguez Ortiz de Rozas de Soaje Pinto

Prof.Susana Martínez Mendiberry

Dr.Miguel Espeche Gil

Lic.María Cristina Perez Cid (correctora del trabajo cuyo  profundo conocimiento de la gramática castellana ha sido de ayuda invalorable)

 


 

 


 

II.-ROSAS Y PERSONAJES VISTOS DESDE LA HISTORIA

 

En una apretada síntesis intentaremos, por un lado, revelar algunos de los aspectos menos conocidos de la biografía de Rosas, como los detalles domésticos o la relación con su familia y con antiguos federales, y, por otro lado, entender el “antirrosismo” de algunos de sus descendientes.

La idea es encarar este estudio partiendo de los tiempos previos a la batalla de Caseros para luego analizar las consecuencias históricas y familiares que ésta tuvo en la vida del Restaurador de las Leyes, en algunos descendientes y figuras políticas de la época, pero interpretando los hechos y las personas desde la historia; esto es, conceptualizándose la idea del mundo y de la sociedad que se tenía en aquellos tiempos y desde allí entender los comportamientos humanos de ese entonces, sus aciertos, sus intenciones, la valoración ética de sus conductas.

Si solo estudiáramos o juzgásemos a las personas desde el siglo XXI, difícil sería entender por qué sucedieron –o no – ciertos hechos, sus causas, sus motivaciones.

*

Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rozas y López de Osornio nació el 30 de marzo de 1793 en Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata.  Su casa estaba situada en la calle que en ese entonces se denominaba Santa Lucía (hoy – y no en forma casual- llamada Sarmiento Nro.645, entre San Martín y Florida,) (Ver Foto 1)

Fue luego su domicilio la casa materna de los Ezcurra que se encontraba en la esquina sudoeste de Bolívar y Moreno (Ver Foto 2). En ese solar actualmente está el llamado Palacio Raggio. (Ver Foto 3). En 1838, luego del fallecimiento de Encarnación Ezcurra a los 34 años, a causa de un paro cardiorrespiratorio (se cree que sufría de alta presión), se mudó al Caserón de Palermo.  La residencia era una mezcla de estilo hispánico y criollo, a la vez. (Ver Foto 4)

El tipo de alimentación a la que acostumbraba J.M. era frugal: le gustaba el asado, el puchero, el locro.  Comía mucho dulce (de zapallo o de batata) y tomaba un poco de vino diluido en agua. No almorzaba regularmente; cuando estaba en el campo, comería algo mientras hacía las tareas rurales junto a la peonada con la que se sentía a gusto y a la que entendía su idiosincrasia por estar tanto tiempo en su compañía.

J.M. nunca quiso posar para una foto que por aquellos tiempos era una novedad (el daguerrotipo), ni siquiera cuando vivía en Inglaterra pues lo consideraba despectivamente como ‘una cosa de gringos’.

El 16 de marzo de 1813, se casó con Encarnación Ezcurra con quien tuvo tres hijos biológicos: Juan Bautista Pedro, María y Manuela, y uno adoptado:  Pedro Pablo Rosas y Belgrano, producto de la relación entre Manuel Belgrano y María Josefa Ezcurra, hermana de Encarnación, esposa de J.M

Juan Bautista Pedro nació el 29 de junio de 1814 y murió el 3 de julio de 1870.

María, la segunda hija de Rosas, nació el 26 de marzo de 1816 y murió a las pocas horas. 

Manuela nació el 24 de mayo de 1817 y falleció el 17 de septiembre de 1898.

Lo que pocos saben es que Pedro tuvo una activísima participación como diplomático actuando como mediador entre Rosas y las distintas tribus aborígenes tejiendo muy bien las alianzas entre ambos sectores. Fue la mano derecha y hombre de confianza de J.M.

Además, colaboraba con J.M. en el manejo de sus estancias, administrándolas con mucha capacidad y sapiencia.

Pedro, Luego de la derrota en Caseros, no sufrió persecuciones y ejerció distintas funciones en distintos gobiernos. Fue Juez y brillante soldado. Fluctuó entre guerrear en las filas de los unitarios contra Hilario Lagos, antiguo amigo de él, y pelear en las huestes de los federales de Urquiza en la batalla de Pavón.

Prosiguiendo con J.M. podemos decir que fue un devoto hijo y en las fechas de fallecimiento de sus padres hacía colectas para sus almas, como lo atestiguan un documento de 1845 y otro de 1846. (Ver Foto 5)



 

III.- LA BATALLA DE CASEROS

 

Al referirnos a Caseros debemos primero hacer una aclaración:

No fue simplemente una guerra civil entre Federales y Unitarios, como se enseñaba y aún se enseña en las escuelas. Fue mucho más que eso.

Esclarezcamos las cosas porque de otro modo se esconde la realidad, sojuzgándose no solo la soberanía territorial sino también la verdad histórica: fue una guerra entre la Argentina y el Imperio del Brasil que quiso cobrarse venganza por la derrota de Ituzaingó en 1827, que finalmente logró.

Bajo la excusa burda de que Rosas no le daba a la Confederación una Constitución y así el país no podía ‘organizarse se pronunció Urquiza contra su propio gobierno.

Un pequeño detalle nos revela la farsa de tal invocación: que se sepa y hasta el día de hoy, Gran Bretaña NO TIENE CONSTITUCIÓN y nadie puede alegar que no esté sumamente organizada convergiendo una serie de naciones en su interior: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte.

Pero la razón era otra y mucho más prosaica: Urquiza era un hombre de enorme fortuna personal producto, entre otras cosas, por la exportación clandestina de oro desde aduanas escondidas en Entre Ríos.

Rosas prohibió la exportación del oro, lo que le trajo a Urquiza pérdidas económicas por la imposibilidad legal de la utilización del puerto de Entre Ríos a tales fines.

Además, no debemos olvidar que Urquiza comenzó a envidar la popularidad de Rosas, no solo en el país, no solo en América toda, sino también en Europa (llamado ‘el Gran Americano’). Algo que su ego, su vanidad  y delirios de grandeza no pudieron soportar.

Esto fue tenido en cuenta por los franceses e ingleses que a través de los brasileños vieron la oportunidad de introducir una cuña e intentar desmembrar a la Confederación en varias republiquetas. Y los brasileños, a su vez, lograr la independencia del Paraguay, quedarse con las Misiones Orientales, el Uruguay y la navegabilidad libre de los ríos interiores. Y además, que Corrientes y Entre Ríos se separaran de la misma, para formar un nuevo ‘Estado-Tapón’

Brasil, históricamente, con su política sempiternamente expansionista, sea en la época de Vuelta de Obligado, como en Caseros o cuanta oportunidad tuvo intentó desmembrar a la Confederación Argentina sin respetar nunca la línea que demarcaba las tierras hispanas de las lusitanas impuestas por el Papa Alejandro VI en 1493 y por el Tratado de Tordesillas en 1494.

Por supuesto, todo esto con el acicate de los Unitarios que con tal de la toma del poder, no escatimaron en su conducta traicionera para con el gobierno legítimo de su país, lo que no fue óbice para que el propio Sarmiento convertido poco después de Caseros en acérrimo enemigo del entrerriano, le escribirá desde Chile el 13-10-52 : "Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado (del Brasil) referir la irritante escena y los comentarios: ¡Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo (a Urquiza) para derrocar a Rosas! Todavía, después de entrar en Buenos Aires, quería que le diese cien mil duros mensuales".

Pedro Calmón escribió en su ‘Historia de la Civilización Brasileña’ (1937) que en 1849 el Imperio auxilió directamente a los sitiados en Uruguay buscando apoyo del Gral. Urquiza. Tres años antes de la Batalla de Caseros, Urquiza ya complotaba contra el gobierno de su país.

Y pensar que Cipriano José de Urquiza,-el hermano del Gral. Urquiza – en la oportunidad Gobernador provisorio de Entre Ríos, fue asesinado por los Unitarios del 26 de Enero de 1844 en Nogoyá. Ni tal hecho familiar  hizo que Urquiza dejare de intrigar y traicionar a su país.

Brasil además de sus propias tropas, contó con la ayuda de los ejércitos de Paraguay, Uruguay –luego de la defección de Oribe-, y milicias correntinas y entrerrianas al mando de Urquiza. Podemos colegir fácilmente por la documentación y la actitud de Urquiza, que éste sólo fue un peón, el caballo de Troya, el títere de los brasileños, mas allá de sus propios intereses mezquinos.

La unión de los brasileños, entrerrianos, correntinos, paraguayos, uruguayos y mercenarios de países europeos sumaban – en números redondos y según conteo de diversos autores- alrededor de 29.000 hombres: los brasileños eran alrededor de 16.000 soldados profesionales, hombres perfectamente pertrechados. Mercenarios alemanes alrededor de 3.000. Mercenarios italianos alrededor de1.500. Los uruguayos, aproximadamente 2.000. El ejército de Urquiza –correntinos y entrerrianos- constituía el resto (una minoría en la alianza), milicias armadas y pertrechadas por los brasileños.

La mayoría de los soldados Confederados que sitiaban a Montevideo y fueron tomados prisioneros en la derrota de Oribe, fueron obligados a pelear, ahora, del lado de Urquiza bajo pena de ser fusilados: 4.500 porteños y 1.700 orientales..

Cabe señalar que italianos también los hubo del lado de la Confederación Argentina, provenientes de las distintas sociedades italianas que había en la misma, que participaron en calidad de voluntarios.

Rosas reunió a 22.000 soldados, todos argentinos pero no muy bien entrenados y demasiado jóvenes o de edad avanzada.

El Marqués de Caxias, jefe de las tropas brasileñas en Caseros, informa al ministro de guerra Souza de Melo: “La 1º División, formando parte del ejército aliado que marchó sobre Bs.As., hizo prodigios de valor recuperando el honor de las armas brasileras perdido el 20 de febrero de 1827” .(Haciendo referencia a la batalla de Ituzaingó, victoriosa para las tropas argentinas)

No es de extrañar entonces que, a pesar de que la derrota de Rosas fue el 3 de febrero, el ingreso triunfal de las tropas de la alianza internacional se haya producido recién el 20 de febrero (día y mes del triunfo de las armas argentinas en Ituzaingó). Sin duda se trató de una imposición de los brasileños que Urquiza acató. 

A Urquiza no le gustó que la tropa brasileña entrara a Buenos Aires y menos el día 20 de febrero, por temor a que ello produjera irritación en la población, pero quedó claro que quien mandaba, y fue la cabeza de la alianza, era el Imperio brasileño: El Marqués le contestó firmemente: La victoria de esta campaña es una victoria del Brasil y la división Imperial entrará en Buenos Aires con todas las honras que le son debidas lo encuentre conveniente V.E., o no”. Urquiza tuvo que hocicar y guardó silencio humillado.

De paso, el Imperio le recuerda dos cosas: la deuda económica que tiene ahora el nuevo gobierno argentino por haber sido financiado por el Brasil y las concesiones territoriales que Argentina debía hacer por el apoyo recibido. 

El traidor y, a su vez, traicionado Urquiza se muestra furioso y responde que es Brasil el que le debe a él, pues Rosas hubiera terminado con el Emperador y hasta con la unidad brasileña si no fuera por mi”...También… “Si yo hubiera quedado junto a Rosas, no habría a estas horas Emperador”. Mayor confesión de traición a su patria difícil encontrar en la historia

Urquiza siempre especuló y se inclinaba en sus decisiones según ‘soplara el viento’, negando con sus hechos cuanto decía en palabras. Todo esto motivado por cuestiones económicas o por su sueño de ser el Jefe Supremo o bien de la Confederación –ya que sentía envidia por Rosas- o de alguna republiqueta mesopotámica independiente, cuya conformación iba a ser Paraguay, Corrientes, Entre Ríos y el Uruguay.

- En el tratado de Alcaráz intenta separarse con Corrientes y Paraguay (Rosas le hizo dar marcha atrás)

- En 1847, en plena agresión anglo-francesa-unitaria trataba con el enemigo para separar la Mesopotamia.

- En Caseros se dio vuelta y pasó al bando enemigo con todo el ejército de la Confederación, cobrando mucho dinero por ello gracias al Brasil.

- En la década de 1850 “jugaba” a aliarse con el Mariscal Francisco Solano López de Paraguay contra Mitre y transaba a escondidas con Brasil e Inglaterra, vendiéndole caballada a Brasil para, posteriormente, ir a cobrarle a Mitre y los británicos su traición.

- En Pavón luego de vencer en el campo de batalla, inesperadamente desapareció y se recluyó en su Palacio San José dejando que la dupla Mitre-Sarmiento oprimiera a las provincias y masacrara a todos los federales (militares o no, y hasta a pobres gauchos).

- Le prometía al Chacho Peñaloza que se "pronunciaría" a su favor, y "lo dejó solo" para que lo mataran.

- Lo mismo hizo con Felipe Varela: “Debemos tener absoluta confianza en el señor general Mitre – le escribía al Chacho – Sus intenciones son leales: lo creo capaz de afianzar las instituciones nacionales en todo su vigor sobre las bases del orden y la fraternidad” (Urquiza a Varela. San José. 21 de noviembre de 1863. AGNA. Arch. Urquiza, leg. 77. AGM. “Proceso...” t. II. p.122).

Nadie mejor que nuestro José Hernández para definirlo en pocas palabras “Urquiza era el Gobernador Tirano de Entre Ríos, pero era más que todo el Jefe Traidor del Gran Partido Federal, y su muerte, mil veces merecida, es una justicia tremenda y ejemplar del partido otras tantas veces sacrificado y vendido por él. La reacción del partido debía por lo tanto iniciarse por un acto de moral política, como era el justo castigo del jefe traidor.” (José Hernández, en carta a Ricardo López Jordán, fechada en Buenos Aires, el 7 de octubre de 1870.)

¡Y pensar que hoy grandes monumentos, barrios y calles honran a Urquiza, lo que demuestra palmariamente, fácticamente, que a la fecha –año 2018- no hemos vuelto a ser una nación soberana!

En la historia, los imperios siempre se han apoyado en infieles de las naciones que han atacado. Buscan, hasta encontrar, aquella alma débil, ambiciosa en lo personal, a quien cebar con títulos y honores. Lo consiguieron con Urquiza, la espada principal de la Confederación.

A su comportamiento renegado, se suman la del Gral. Garzón, otrora jefe del Estado Mayor de Oribe, quien, sin pudor, lo abandona y se pliega a las órdenes de Urquiza y la por lo menos sospechosa deserción del Gral. Pacheco, principal General que tenía Rosas, días antes de la batalla de Caseros,

El Paraguay y, años después Urquiza junto a otros perjuros a su país, se arrepintieron-supuestamente- de su alianza con Brasil y Uruguay pues éstos se volvieron en su contra en la guerra de la Triple Alianza. Pero ya era tarde.

La batalla contra la Confederación comenzó en mayo de 1851 con el pronunciamiento del principal Jefe Militar de la Confederación, Urquiza, alzándose contra su propio gobierno central.  Tuvo su final el día 3 de febrero de 1852 en la Batalla de Caseros. Allí la Argentina fue derrotada por el Brasil y sus aliados en una batalla que no duró mucho.  A las 3 de la tarde estaba todo terminado.

Desde ese momento nuestra Nación nunca más volvió a ser soberana, condición que perdura hasta hoy día. Lo que explica -y mucho- la causa de nuestra actual y perenne decadencia como nación. 

La derrota de la Argentina se dio por una serie de hechos que convergieron para que así sucediera:

El ejército de la Confederación fue manejado y guiado durante años por su jefe, J. J. de Urquiza, razón por la cual, el día de la batalla estaban muy disciplinados y excelentemente equipados.  Por su parte, Rosas quedó prácticamente sin su primer general y su mejor ejército.

J.M. contaba con el Gral. Hilario Lagos, el Gral. Jerónimo Costa, el Gral. Lucio Mansilla, los coroneles Vicente González y Santa Coloma, y los Generales de pensamiento político unitario Martiniano Chilavert y Pedro José Díaz. Desde el punto de vista civil, prohombres que estuvieron al lado de J.M. tenían un pensamiento unitario, por lo menos al comienzo del gobierno de Rosas, como J. R. Balcarce y Tomás Guido.

También confiaba en los conocimientos diplomáticos del Gral. Carlos María de Alvear, pero este hombre tenía una personalidad acomodaticia, intrigante y si bien se había vuelto uno de los jefes del unitarismo, pronto y viendo el cariz que tomaban los hechos históricos, se acercó a J.M. al comienzo de su mandato. Éste, conociendo su capacidad pero también su perfil oblicuo, de alguna manera se lo ‘sacó de encima’ físicamente y lo envió como representante diplomático a los EE.UU.  Costumbre que se repite todavía en estos tiempos.

El caso de Tomás Guido tiene una particularidad: fue mandatario de Rivadavia, luego de Dorrego, después fue Ministro del gobierno unitario de J. Lavalle, posteriormente colaboró con Viamonte y terminó siendo durante años funcionario de primer orden de J.M y la Confederación. 

Esto demuestra que no era tan esquemáticamente una guerra entre Federales y Unitarios, sino que se trataba de una guerra entre Argentina, y Brasil y sus aliados de adentro –muchos unitarios y otros federales tentados por cargos y honores- y de afuera del país.

Un dato para tener en cuenta es que, como ya se mencionó, tanto Chilavert, quien luchó valientemente en la Vuelta de Obligado y en Caseros, como el Gral. Facundo Quiroga, se declaraban unitarios en cuanto a sus creencias sobre el modo de constituir el país. (Quiroga era primo de Domingo Faustino Sarmiento cuyo apellido completo era Quiroga Sarmiento).

Chilavert le dijo a J.M. que, si bien él era unitario, no concebía que fuerzas extranjeras quisieran sojuzgarnos y tampoco admitía la traición de Urquiza al aliarse a los brasileños.

Quiroga, reconoció que era unitario, pero como el pueblo creía que la mejor forma de gobierno era la Federal, él dejaba de lado sus ideas personales y apoyaba la voluntad del pueblo.

Todo esto no hace más que mostrar diáfanamente lo que expresamos anteriormente: la batalla de Caseros fue una guerra entre la Argentina y el Brasil, -fogoneada por Ingleses y Franceses tras bambalinas- ayudado por nativos perjuros y mercenarios extranjeros alemanes e italianos.

Digamos también que los hechos llevaron a Rosas a profesar finalmente su federalismo.  En principio al igual que José de San Martín, Rosas se declaraba equidistante de las dos pasiones que devoraban a los argentinos.

 Era un pragmático y veía más allá de lo que muchos de sus coetáneos lo hacían. En 1832 en una carta a Facundo Quiroga le expresaba: “…siendo federal por íntimo convencimiento, me subordinaría a ser Unitario si el voto de los pueblos fuese por la unidad”. (Según Roberti, Miguel Ángel (2007.  «Juan Manuel de Rosas». Historia para Todos. Consultado el 13 de septiembre de 2012).

Poquísimo antes de la batalla renunció el Gral. Ángel Pacheco, el mejor militar que tenía Rosas.   Las razones fueron poco claras y había sospechas fundadas de un acuerdo con Urquiza a cambio de asegurársele el respeto a sus propiedades y bienes, y en un futuro, la concesión de algún cargo político.

 Aparentemente Urquiza, aguijoneando la miserabilidad de Pacheco, le habría prometido el gobierno de la Provincia. de Bs.As. (ver testimonio del Sr. Cabrera, Juez de Paz, quien había oído en una reunión un año antes de la batalla de Caseros, que se había brindado para que Urquiza lograse invadir a Buenos Aires y derrotase a Rosas y que el Gral. Pacheco había participado de ese brindis -citado por Saldías).

 

La actitud demostrada por Pacheco dio la razón a quienes así pensaban.  Abandonó su puesto un par de días antes de la batalla y se recluyó en su casa. Ya en los meses anteriores a la batalla de Caseros no dejó de hacer cuanto movimiento militar fuera necesario para perjudicar al gobierno nacional. ¡Qué distinta la actitud de Chilavert que dio su vida por defender a su nación disparando hasta su último cartucho!

Tal deslealtad se la enrostró el Gral. Hilario Lagos al propio Pacheco en una carta del 27 de diciembre de 1845.

La sospecha defección de Pacheco le fue advertida a Rosas por sus oficiales, pero éste no lo creyó posible y por lo tanto no tomó medida alguna.  Esto nos advierte ciertamente de un error de estrategia militar y política del noble J.M. 

En cambio, algunos otros historiadores han expresado que Rosas siempre supo de la doble conducta de Urquiza, pero necesitaba tenerlo a él y a su ejército a su lado creyendo que iba a poder ‘manejarlo’ y controlar sus acciones.

El 26 de mayo de 1851 Southern le envía una carta a Palmerston donde hace una descripción puntillosa de la personalidad fluctuante de Urquiza donde fulmina su capacidad de gobernante diciendo que solo le importa el dinero.

“Buenos Aires 26 de mayo de 1851

Vizconde Palmerston G.C.B. Mi Señor. Ciertas cosas en la mente de Urquiza, su vanidad desordenada, su estupenda ignorancia, su ciega ambición, lo han arrojado últimamente en las manos de algunos aventureros revolucionarios, que lo han convencido de que él está destinado a ser el reorganizador de la Confederación y el Regenerador de Sud América”. 

A su vez, J. Pandá Cologeras, en su libro “Formaçao Historica Do Brasil” citado por Rosa J.M. Hist. Arg. t. VII, p.117 dice:

“…No había en Urquiza la pasta de un hombre de estado; no pasaba de un condotiero...Permaneció inactivo por lo tanto. De hecho, traicionaba a todos. …Urquiza, a pesar de ser inmensamente rico, tenía por la fortuna un amor inmoderado; el general Osorio le conocía el lado flaco” 

La actitud de Pacheco fue la misma que posteriormente tomó Urquiza luego de la batalla de Pavón, al entregar la Nación a Mitre, transformando en derrota lo que había sido una victoria en el campo de batalla.  Todo a cambio del respeto a su vida y sus bienes en Entre Ríos, masonería de por medio, por supuesto.

Del lado del ejército “rosista” se habían podido reclutar sólo soldados porteños que huyeron prontamente a poco de comenzar la batalla al verse desbordados, salvo el batallón Palermo al mando de Chilavert. Los soldados del interior no llegaron a tiempo para apoyar materialmente su jurada fidelidad al Gral. Rosas.

Las tropas federales fieles a Rosas que habían sitiado durante 7 años seguidos la ciudad de Montevideo, al defeccionar Oribe fueron reclutadas por Urquiza para pelear contra la Confederación.  Cuando se dieron cuenta de esta maniobra, huyeron en masa a Buenos Aires a ponerse a las órdenes de Rosas. Estaban agotados, envejecidos, sin uniformes y hambreados, de modo que poco pudieron hacer. Cuando fue derrotado Rosas, fueron masacrados,  fusilados y degollados, en una carnicería inenarrable, así lo mencionan todos los historiadores.  Durante días sus cabezas ‘adornaban’ los caminos que iban al Caserón de Palermo.

Se le ocultó a Rosas el real poder y fuerza militar con la que contaba.  El secretario confidencial que copiaba sus notas y despachos tenía un hijo que estaba en connivencia con Urquiza.   Por su intermedio, este empleado durante mucho tiempo le envió copias a Urquiza anticipándole sus planes militares.

Rosas, excelente gobernante, con una inteligencia superior a la media, gran estratega político, con altísima capacidad diplomática, defensor inconmovible de la soberanía de la nación, ya en los tiempos de la batalla de Caseros como militar tenía sus bemoles y el cansancio de tantos años de lucha no jugó papel menor.

Tantos años de gobernar al país, con guerras intestinas interminables, teniendo una actividad política que lo obligaba a un permanente sedentarismo, lo perjudicaron en este último encuentro contra el imperio del Brasil y sus socios externos e internos. Y decimos socios ‘externos’ pues al Brasil, Uruguay, Paraguay se le sumaban las permanentes intrigas de Inglaterra y Francia. ¡Una verdadera coalición mundial!                                                          

Rosas tal vez haya equivocado su accionar. A pesar de que sus generales le habían aconsejado pelear en las cercanías de Buenos Aires, en su entrada, para dar tiempo a que las huestes aborígenes leales del sur de la provincia llegaran para defenderlo y los ejércitos de los gobiernos del interior, optó por dar pelea inmediatamente en Caseros y Morón.

No sabemos las razones por las cuales Rosas tuvo la actitud de desoír los consejos de sus generales.  Si fue por exceso de confianza en su ejército; por no creer que los brasileños y los soldados correntinos y entrerrianos se animasen finalmente a atacar a la Confederación; por creer en algún designio del cielo; por el cansancio de tantos años de guerras para defender nuestra tierra y volver todo a un punto muerto o por un conjunto de todo esto.

Debemos considerar que Rosas comenzó su actividad política muy temprano, apartándolo ésta de sus intereses rurales.  Las organizaciones municipales lo buscaban para ordenar la vida de los pueblos permanentemente en anarquía o caos.

Así fue elegido alcalde por el Partido de San Vicente en 1820, cargo que no aceptó.  Este hecho es bastante ignorado en los libros, sobre todo teniendo en cuenta que, curiosamente su primer Alcalde había sido José  de San Martín.

No sabemos ni existe documentación que pueda justificar o comprender la decisión de Rosas de no tomar las medidas de defensa correctas cuando se le había advertido, de la ‘renuncia’ (sic) o traición del Gral. Pacheco y de los avances de los brasileños y Urquiza sin oponérseles resistencia. 

Cuando tomó conciencia de todo ello, fue demasiado tarde. Rosas pudo oponer a la falta de organización militar la arenga, su propia persona en el campo de batalla o su alta capacidad política, pero eso ya no fue suficiente.

Carlos Ibarguren interpreta ese cansancio de Rosas de lidiar durante años y años contra las fuerzas antiargentinas de adentro y de afuera con el hecho de que las adhesiones personales y las que tenía en el interior iban menguando con el paso de los años.

En el mismo sentido Vicente Sierra hace notar que J.M. en las cartas a Felipe Arana por el año 1848, advertía que el mundo avanzaba inexorablemente a políticas y gobiernos liberales y aunque ello redundara en perjuicio para la nación, poco se podía hacer ya que el apoyo por parte de las clases altas menguaba debido a que se estaban aburguesando y por lo tanto se cansaban de las eternas luchas que perjudicaban sus negocios.

 Esto se sumaba al hecho de que las clases populares que, si bien seguían apoyando a Rosas, también deseaban finalmente una sociedad más tranquila, y creían, ingenuamente, que con Urquiza podía volver a establecerse una sociedad sin más guerras.

Por supuesto que viendo cómo se sucedieron los hechos en los años siguientes, fue un error y el pueblo todo sufrió las consecuencias de su visión equivocada de un futuro que se presentaba pacífico e idílico.

La batalla se conoce como de ‘Caseros’ pues allí estaban apostadas las huestes brasileñas. El grueso de los soldados de Urquiza estaba en Morón, pero como los que comandaban eran los brasileños y fueron en definitiva quienes escribieron esta historia, ellos le dieron el nombre de batalla de ‘Caseros’.

Podemos decir que los soldados de Urquiza, a regañadientes pelearon bajo sus órdenes pues tenían como aliados a los brasileños.  Aquellos mismos contra los cuales pelearon durante años, por esta razón se sentían consternados, incómodos y sin ánimo de pelear contra Rosas, en definitiva, contra el gobierno legítimo de su país.

El pueblo de la Provincia de Corrientes, el de la Provincia de Buenos Aires y la propia ciudad, no recibieron precisamente de buena manera a Urquiza y sus tropas: lo sabían desleal, ¡pero…qué podían hacer! .... Su silencio y el cierre de las ventanas de sus casas fueron el modo en que manifestaron su disgusto.

Un dato de color: en Paraná cuando las tropas correntinas y entrerrianas comenzaron a marchar hacia Buenos Aires, en silencio, adustos, sin demasiado convencimiento de lo que estaban haciendo, se oyó una sola voz entre ellos que gritó ‘¡¡Muera Rosas!!l’ que no encontró eco en los demás soldados. Era la voz de Evaristo Carriego (abuelo del futuro escritor del mismo nombre). Paradójicamente, con el tiempo fue otro ‘arrepentido’, ya que luego de la batalla de Pavón, se convirtió en acérrimo enemigo de Justo José de Urquiza.

Según mencionamos precedentemente, entre las tropas invasoras se encontraban muchos mercenarios alemanes, e italianos partidarios del asesino Garibaldi.   En 1864, éste estuvo en Inglaterra, en Southampton, y fue recibido como huésped de honor por parte de las autoridades inglesas, tratado como una eminencia ante la ovación de la muchedumbre.  En esa oportunidad quiso visitar a Rosas para conocerlo personalmente, pero J.M. no se le acercó ni intentó hablarle. En otras palabras, ‘le dio la espalda’. Como debía ser.

Con la derrota a manos de Brasil y sus aliados (Paraguay, Uruguay, Entre Ríos, Corrientes, más personajes como Salvador María del Carril, Agüero, Varela, etc), la Argentina perdió las Misiones Orientales que pasaron a territorio brasileño; la soberanía de los ríos interiores Uruguay y Paraná que habían sido sostenidos y acordados luego de la guerra contra Francia e Inglaterra en 1845 y los territorios del Paraguay y el Uruguay por los que habían luchado ese primer argentino llamado José Gervasio Artigas, Lavalleja y Oribe durante tantos años. Este Uruguay también perdió parte de su territorio a manos del Brasil por medio de un tratado compulsivo.

Alberdi, “el arrepentido” (sic), muchos años después, fue uno de los propulsores jurídicos más importantes para lograr la libertad de la navegación de los ríos interiores para todos los países del mundo.  Esto se vio reflejado en la Constitución liberal de 1853, hija putativa de la derrota de Caseros por la alianza extranjera. El mismo Alberdi que requería imperativamente “que la Argentina pidiera y se llenara de préstamos en el extranjero, que empeñáramos nuestras rentas y bienes nacionales para empresas que harán prosperar al país” (‘Bases…’ en Obras Selectas, T.X, pág.86)

La mayoría de los oficiales de la Confederación, luego de la batalla y absolutamente derrotado Rosas y en retirada todo su ejército, se pasaron a las órdenes de Urquiza (Arana, Lahitte, Baldomero García, Nicolás Anchorena y el Gral.Guido).. Esto fue informado por el diplomático inglés Gore a sus superiores en una carta enviada días posteriores al 3 de febrero.

Con el tiempo y a fin de atraer a los antiguos federales para pelear contra Mitre y los unitarios que lo habían manipulado para alzarse contra el gobierno legal de Rosas, Urquiza nombra a antiguos “rosistas” para asumir cargos públicos (mucho de los citados en párrafos anteriores).

Se conocen los detalles de la ida de J.M. a Inglaterra, pero debemos considerar que junto a él y su familia fueron exiliados el Gral. Jerónimo Costa, el Gral. Pascual Echague (por poco tiempo) y el General Lucio N. Mansilla, héroe de la independencia y de las guerras contra los ingleses en Vuelta de Obligado.  Estaba casado en segundas nupcias con Agustina Ortiz de Rozas, de 15 años en ese momento, y la más bella de las hermanas de J.M.  Fueron padres ambos del también conocido militar y escritor Lucio V. Mansilla.

Echague se instaló en España (Cádiz, Madrid) recuperando su status-quo y bienes al volver a los dos años a Buenos Aires.

Lucio N. Mansilla, hombre inteligente y con luces no solo militares sino políticas y sociales, en el año 1834 siendo Jefe de la Policía de la ciudad creó y reglamentó el Instituto de ‘Serenos’ que dio inicio a las luminarias de las calles de Buenos Aires, y estuvo vigente durante muchos años hasta entrado el siglo XX. Este sistema fue luego copiado en Brasil y Uruguay

Mansilla, a diferencia de J.M. se fue a vivir a París, Francia, visitaba frecuentemente a la Corte de Napoleón III quien lo tuvo en alta estima y le brindaba un trato privilegiado. Trataba con consideración a Mansilla y a Rosas –a quien ofreció ir a vivir a Francia- a pesar de que éstos habían sido enemigos de su Imperio, por entender que habían defendido su patria como él lo hubiera hecho si algún extranjero hubiera querido invadir Francia y abatir su independencia. Años más tarde, Mansilla regresó a Buenos Aires donde murió en 1871.

 

IV.- CONSECUENCIAS DE LA DERROTA EN CASEROS- ‘ANTIRROSISMO’ DE ALGUNOS FAMILIARES SUPÉRSTITES y ANTIGUOS FEDERALES

 

Sabemos que por cuidar ‘su piel’ y por cuestiones materiales, como se ha mencionado anteriormente, muchos que eran declarados ‘rosistas’ y juraron defender la patria, traicionaron hasta sus propios dichos sólo días antes de comenzar la batalla de Caseros. 

Podemos decir que en Inglaterra J.M. era un hombre ensimismado y dolido por la actitud de aquellos en quienes más confiaba y por quienes fue traicionado.  

Aquellos que silenciaron su nombre, lo ignoraron a él o ignoraron lo que había hecho por ellos y por la Nación. 

Estaba sorprendido por el proceder de sus supuestos adeptos y sufría mucho más por los federales que lo habían abandonado (Gral. Ángel Pacheco, Felipe Elortondo, Rufino de Elizalde, Pastor Obligado, Saturnino Segurola, Pedro José Agrelo, etc) que por los propios unitarios de los que ya conocía sus pensamientos y acciones.

Hubo antiguos federales que se habían beneficiado durante la gestión de Rosas, y luego de su derrota, no sólo le negaron ayuda, sino que hasta lo crucificaron con silencios, y lo denostaron en aras de mantener sus vidas y sus bienes. Entre ellos el canónigo Miguel García y Saturnino Segurola quienes no vacilaron en ‘cambiar de bando’ apenas el triunfo de Urquiza.

Fue traicionado por muchos de los federales de buena posición social y económica, comenzando por el Gral. Ángel Pacheco, como ya comentamos anteriormente.

Debemos tener en cuenta el contexto histórico. Reconozcamos que era difícil ser federal en esos tiempos tan turbulentos, luego de la Batalla de Caseros. Había que tener un carácter fuerte y sólido en los ideales para aguantar el embate ‘social’ del unitarismo triunfante, con peligro de caer en desgracia y el riesgo cierto de ser ejecutado sin demora.

Pero bueno…como vemos, Judas los hubo siempre

También sus familiares, principalmente los Anchorena, quienes, si bien crecieron económicamente en la época de Juan Manuel, y eran sus primos segundos, fueron los únicos que nunca se desempeñaron como funcionarios ni tuvieron cargos políticos durante todo el período que Rosas estuvo en el poder.  El mismo día que cayó Rosas, le dieron la espalda para unirse a Urquiza a cambio de no perder sus posesiones y bienes (tal vez también sus vidas).  Algo que aún es frecuente en nuestra tierra en estos días.

A ellos J. M. se refería con estas palabras: "¡Esos Anchorena! Y muy especialmente el tal don Nicolás. ¡Qué hombre tan malo, tan impío, tan hipócrita y tan bajo, tan asqueroso e inmundo!". Queda bien clara la opinión que tenía sobre algunos de sus parientes que se apartaron luego de Caseros.

Un caso notable es el de Felipe de Elortondo, que fue director de la Biblioteca Pública durante todo el gobierno de J.M, y apenas caído Rosas, rindió homenaje a Urquiza para conservar su puesto.   Quizá se trate de uno de los traidores que más impudorosamente ha quedado expuesto en nuestra historia, junto a Rufino de Elizalde y Pastor Obligado, como veremos más adelante.

Estos federales ‘rosistas’ dadas las circunstancias violentas imperantes luego de Caseros, -cabe recordar que hubo muchos asesinatos y fusilamientos-, se volvieron porteñistas.  Éste era un grupo que aglutinaba a los ‘unitarios’ y los antiguos federales de la Provincia de Buenos Aires, contra los federales del interior.  En sus filas encontramos personajes que habían sido furiosamente ‘rosistas’ como los Anchorena, Pastor Obligado, Rufino de Elizalde, Agrelo, Vélez Sarsfield.   Estos cuatro últimos luego de la caída de Rosas, fueron los promotores principales de que lo declararan reo de lesa patria y le confiscaran sus bienes. 

Pastor Obligado, fervoroso y antiguo partidario de Rosas, como un cobarde y traidor, luego de Caseros, fue nombrado en 1853 Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, súbitamente se volvió liberal, y no solo eso: procesó y mandó a fusilar a decenas de amigos y antiguos federales ‘rosistas’, entre ellos al Gral. Jerónimo Costa el 2 de febrero de 1856 por haber mantenido la dignidad de seguir defendiendo la soberanía nacional como oficial del Gral. Hilario Lagos.

Los historiadores entienden que las razones por las cuales aquellos que en su momento se declararon fervientes sostenedores de la libertad de la patria siendo ‘rosistas’ ejemplares, y cambiaron de bando sin sonrojarse, han sido las que se repiten con frecuencia en la historia, y siguen vigentes aun hoy en día: cobardía, miedo, resentimiento, ansias de poder, bajeza de sus almas, maldad, instinto de conservación, entre otras.

Paradójicamente, los que rechazaron la confiscación de los bienes de Rosas por entender su real honestidad fiscal y patrimonial, fueron Félix Frías, Carlos Tejedor y el mismo Salvador María del Carril.  Todos ellos a pesar de haber sido sus opositores y habiéndolo denostado en otros aspectos destacaron su honradez.  ¡Cosas de nuestra historia!!!!   

El resultado de la votación en la Asamblea Legislativa fue 21 votos a favor de la expropiación y 12 en contra.

Otra incongruencia más. Adolfo Alsina, junto a Vicente Quesada (padre del historiador Ernesto Quesada que más tarde y siendo ya mayor, reivindicó a Rosas y su obra) y a los detractores mencionados precedentemente entre otros personajes, fueron los propulsores de la confiscación de los bienes de J.M. Y aquí aparece una singularidad: con el transcurso del tiempo, el nieto de Rosas, J. M. León, fue adlátere y socio político de Alsina, principal ideólogo de la incautación ilegítima del patrimonio de su abuelo.

Pero, tengamos presente que Valentín Alsina se casó en Mayo de 1827 con Antonia Maza, a la sazón hija del abogado Manuel Vicente Maza y hermana de Ramón Maza, teniendo ambos como hijo a Adolfo Alsina. Como veremos más adelante, los Maza fueron primero Federales pero luego traicionaron a J.M. y a su legítimo gobierno, razón por lo cual fueron muertos.  Esto nos permitiría entender el odio de los Alsina hacia Rosas.

Otro ejemplo de incoherencia es el caso de Máximo Terrero:  Mientras él se desempeñaba como cónsul de Paraguay en Londres, su sobrino político J. M. León peleaba a las órdenes de Mitre y Urquiza en la guerra contra el Paraguay.  Una contradicción más de nuestra historia patria.

Por supuesto que hubo honrosas excepciones –más allá de sus familiares- que estuvieron al lado de Rosas en esos momentos aciagos: alguna de sus hermanas, el Gral. José de San Martín, Lorenzo Torres, los Costa, Mariano Balcarce, Tomas Guido –con sus matices-, Pascual Echague, , los Terrero, los Mansilla, Roxas y Patrón (fundador del Banco de la Provincia de Bs.As. en 1836, hecho olvidado por completo hasta el día de hoy), Dalmacio Vélez Sarsfield (en su vejez luego de haberlo combatido toda su vida), los descendientes de Martiniano Chilavert (cobardemente fusilado luego de la batalla de Caseros junto al Gral. Santa Coloma y decenas de federales fieles), los Ezcurra, la mujer de Facundo Quiroga,  su amiga Eugenia Castro y sobre todo Josefa Gómez quien le escribía usualmente y bregó durante años por su reivindicación.

Aunque Lorenzo Torres y Lucio N.Masilla tuvieron sus soles y sombras luego de la derrota de Rosas en Caseros, como ya veremos.

Así se escribe nuestra historia. Las distintas circunstancias podrán explicarse con palabras, pero nada de lo que pueda decirse podrá rebatir los hechos sucedidos.  Y muchas veces, las motivaciones reales de la forma de proceder de los protagonistas permanecen en el silencio de sus pensamientos.

*

J.M. de Rosas fue al único a quien se le confiscaron sus propiedades después de la derrota en Caseros. 

Quienes acompañaron y crecieron bajo el gobierno de Rosas, incluidos familiares directos e indirectos, no sufrieron confiscación alguna luego de la batalla de Caseros (la propia Manuelita, Lorenzo Torres, Felipe Arana, Ángel Pacheco, el Gral. Lucio N. Mansilla, los Terrero, entre otros) y pudieron adaptarse a los nuevos tiempos sin dificultad. 

Algunos autores como Oscar Sulé dicen que Manuelita, ya muy mayor, en el año 1886, viajó brevemente a Buenos Aires, y pudo recuperar sus posesiones heredadas por la rama materna. En realidad no fue asi, solo vino Máximo por última vez. Manuelita nunca retornó al país ni sus hijos.  Cabe recordar que los niños habían nacido en Inglaterra y para ellos esa era su patria, hablaban castellano con fuerte tonada y dicción inglesa.

Todos los hermanos de Rosas (la mayor, Gregoria; Prudencio; Gervasio; Mercedes; Andrea; María -Mariquita-; Manuela; Juana y la menor Agustina -la belleza de la confederación-), pudieron seguir desarrollando sus vidas con normalidad, conservaron sus bienes y nunca fueron molestados en su diario vivir.

El trato que éstos mantenían con Rosas luego de su caída fue diverso.  Los cinco primeros se desentendieron de J.M. y jamás le enviaron ningún tipo de auxilio económico, abandonándolo a su suerte allá en Inglaterra. 

Esta actitud de algunos de sus propios hermanos le causó una profunda tristeza, puesto que se le hacía difícil comprenderlos, o sencillamente quizás no quiso hacerlo.

Pero sus otras hermanas: Agustina, María, Manuela, y Juana, siguieron en contacto con él, tratando de ayudarlo económicamente cuando les resultaba posible.

¿Por qué razón muchos de los descendientes y parientes de Rosas fueron, paradojalmente, 'antirrosistas' a pesar de que J.M. y su nación habían sido derrotados y humillados por Brasil y sus socios?

La respuesta, poco conocida, podría ser un conjunto de causas y situaciones convergentes que desembocaron en lo referido. Todos ellos se desentendieron de J.M. y jamás le enviaron ningún tipo de auxilio económico, abandonándolo a su suerte allá en Inglaterra.

1) Gregoria (la hermana mayor), de nobles sentimientos, estaba casada con Felipe Ignacio  Ramón Ezcurra Arguibel (hermano de Encarnación), llevó una vida austera, dedicada al hogar.  Se destacó por su generosidad, mereciendo de don Valentín Alsina, el calificativo de anciana venerable.  Sin embargo, no ayudó a su hermano en el exilio.

2) Andrea, hermana de J.M estaba casada con Francisco Braulio Saguí de Lamadrid, miembro de una familia eminentemente unitariaEstos tuvieron una hija, también llamada Andrea, que se casó con un hermano del Gral. Mitre: Federico Mitre.

Recordemos que el Gral. Gregorio Araoz de Lamadrid, héroe de la independencia, si bien era unitario, se puso a las órdenes de Rosas en cierto momento, para ofrecer su espada a fin de combatir a los franceses en su bloqueo. Lamentablemente, al igual que otros, luego se dio vuelta nuevamente y combatió a Rosas (quien, valga el dato, era padrino de dos de sus hijos).

A Braulio Saguí de Lamadrid se le había ofrecido que integrara el Tribunal de Comercio, pero por el hecho de no ser federal, Rosas - que estimaba a su cuñado- lo rechazó, dejando de lado el nepotismo característico de nuestra historia hasta hoy en día. 

Esta actitud puede haber ofendido de algún modo a Andrea, su hermana, y explicaría porque tuvo un trato frío con J.M. y jamás lo ayudó económicamente aun cuando éste lo necesitaba imperiosamente en el exilio.

Justificable la actitud de J.M. si consideramos también el hecho (no tenido en cuenta por Mercedes Fuentes, mujer de J.Bautista), que el mencionado traidor Lamadrid, fue el encargado de ejecutar la orden de Lavalle de fusilar a Manuel Dorrego, su amigo, lo que le suma a su carácter de traidor, el de asesino.

En los tiempos en que Buenos Aires era una aldea, era común el casamiento entre los miembros de las distintas familias distinguidas.  Esta costumbre traía aparejadas disputas no sólo sociales, sino también políticas, algunas de ellas sangrientas, como se ha explicado.

3) Mercedes, hermana de J.M. estaba casada con Miguel Rivera, quien aparentemente fue cesado de su cargo en la Universidad por no ser Federal.  Esto nos lleva a pensar que tal situación podría ser el motivo de su distanciamiento con J.M.

4) Gervasio, su hermano.   Fue mandado a detener por J.M. por ser sospechoso de ser miembro de los Libres del Sur, pretendida revolución de terratenientes.  Se vio obligado a huir al exterior en 1839. No sabemos con certeza si estuvo implicado, ya que algunos autores lo niegan y otros, como su hermano Prudencio, afirman que estaba entre sus partidarios.  Lo que sí es indudable es que estaba en contra del sistema de gobierno de su hermano. Con el tiempo Gervasio volvió al país, pero la relación con J.M. nunca mejoró.  Era previsible que no le enviara dinero cuando estaba en Inglaterra.

Pero extrañamente, hubo dos personas que no ayudaron a Rosas en el exilio y cuya actitud le causó sorpresa y dolor

5) Prudencio, su hermano, furibundo ‘rosista’ y jefe militar.  En palabras de  Roberto D. Mûller: “Por demás extraño es que no se hayan conservado datos sobre algún apoyo financiero que pudiera haberle prestado Prudencio a su hermano, más aun cuando, llegado a Europa, se estableció primero en Lisboa, pasó luego a Cádiz y finalmente se radicó en Sevilla, donde llevó una vida dispendiosa, en un palacio de la calle de San Vicente, relacionándose con la mejor sociedad andaluza, a la vez que trababa amistad con el Duque de Alba, Eugenia de Montijo y el Duque de Montpehsier. Viajó también a Madrid y a Paris, y llegó a conocer a Napoleón III. Falleció el de julio de 1857 en Sevilla, dejando una gran fortuna.”

El autor citado se pregunta, y con razón, sobre Prudencio: “Estando en Europa, ¿no tuvo interés alguno en visitar a su hermano o en provocar al menos un encuentro entre ambos?, No le debía acaso cargos, tierras y fortuna? Así como viajó por Portugal, España y Francia, ¿No pudo llegarse basta Southampton, para ver una vez más a don Juan Manuel? Estas preguntas quedaran posiblemente sin respuesta, como también la que podríamos hacemos ahora: ¿Por qué Rosas, tan proclive a proclamar la ingratitud de sus familiares y amigos nunca pronunció una queja en contra de su hermano Prudencio?

Preguntas sin respuestas que puedan certificarse de modo alguno.

6) María Josefa Ezcurra, inexplicablemente no lo ayudó en el exilio.  Fue en su momento ‘rosista’ de primera línea y ferviente defensora del gobierno de su cuñado.  Era una mujer de enorme fortuna. No es un dato menor, considerando que J.M., para tapar el deshonor que aconteció cuando tuvo un hijo con Manuel Belgrano, lo adoptó y le dio su apellido.

Ante tamaña desconsideración J.M. le escribió desde Inglaterra, llamándola ‘ingrata’ entre otros adjetivos, por haberle dado la espalda cuando más la necesitaba.

7) J. Bautista Pedro Ortiz de Rozas, su único hijo varón.  Fue una personalidad gris, taciturna, algo oscura políticamente hablando, y que no tuvo participación política alguna en la época de su padre.  Vivió prácticamente a la sombra de éste, quien no sólo nunca lo tuvo en consideración, sino que además lo subestimaba en su capacidad:

Tenía buen corazón, era amigo de sus jóvenes amigos (aunque estos fueran unitarios, no hacía distinción ideológica en cuanto a sus afectos) y fue muy querido por su hermana Manuelita y por su abuela Agustina López Osornio, madre de J.M.

Su situación política y financiera en el exilio hizo que J.M. se mantuviera  triste y preocupado en extremo, y ello podría haber coadyuvado a descuidar a su hijo J. Bautista y a desentenderse aún más de su nieto, J. M. León. 

Sobre todo porque, como se sabe, J.M. no era precisamente una persona muy demostrativa en el momento de expresar sus sentimientos íntimos.

No es posible afirmar que J.M. no haya querido a su hijo J. Bautista, aunque sólo le haya demostrado su afecto en el escaso intercambio epistolar que mantuvieron cuando éste fue a vivir a Brasil en el año 1855, donde permaneció algunos años antes de irse finalmente a Buenos Aires

Según puede deducirse de sus cartas, la distancia que Rosas mantuvo con J. Bautista pudo haber sido producto de la subestimación y desilusión que éste le había provocado.  Tal vez J. M. no pudo apreciar cómo era realmente su hijo varón ni reconocer sus valores y capacidades., Por el contrario, siempre lo desaprobó por no ser parecido a él mismo; en definitiva J. Bautista no era COMO ÉL HUBIERA QUERIDO QUE FUESE. Actitud parental bastante frecuente aún en nuestros días.

J. Bautista era una persona afable, a quien sobre todo le atraía la vida de la ciudad: las mujeres, el teatro, el circo (se encandilaba con la destreza de los magos), las fiestas… Disfrutaba con todas las actividades sociales, y se mostraba totalmente ajeno a la política.

Analicemos un dato tal vez menor, pero que resulta muy gráfico al respecto.

En una oportunidad, Rosas le había cedido a su hijo J. Bautista como adelanto de herencia, algunos campos que pertenecían a Encarnación Ezcurra para que los administrase.   Éste no supo o no quiso hacerlo, en parte debido a que no le no le interesaba en absoluto vivir permanentemente en el medio rural, ni administrar sus campos, ya que le atraía la vida de la ciudad.

Como esos campos daban pérdida, y J. Bautista no quería seguir haciéndose cargo de éstos, J. M. se vio obligado a comprárselos, abonándole lo que correspondía, y en su lugar designó como administrador a su hijo adoptivo, Pedro Rosas y Belgrano.

Rosas consideró el pago realizado como un adelanto de la herencia para su hijo.  Esto se vio reflejado en su primer testamento del 28 de agosto de 1862.

En La Clausula 9na. Dice

“A mi hijo Juan Ortiz de Rosas, entregué al poco tiempo luego del fallecimiento de su Madre, todo lo que le tocaba por Herencia Materna –Consistía en las Estancias “Encarnación” y “San Nicolás”, con veinte leguas de tierra cuadradas, cinco mil ochocientas cabezas de ganado vacuno, de año arriba, incluso lo que ya había recibido antes en el Azul, y los caballos, yeguas, ovejas, útiles y demás correspondientes. Se recibió también de un terreno sobre el Riachuelo en la ciudad de Buenos Aires, en la parte interior, con los fondos hacia la convalecencia, cuya superficie tiene cómo de noventa a cien, o más cuadras cuadradas. Posteriormente se las compré sabiendo yo que Juan estaba próximo a vender esas veinte leguas cuadradas, se las compré, y pagué a mi dicho hijo Juan, en cuatrocientos mil pesos, esas mismas referidas veinte leguas de tierra cuadradas, correspondientes a las Estancias “Encarnación, y San Nicolás”. –Y los ganados con sus poblaciones, los compré al Sr. Dn. Simón Pereyra, a quien los había ya vendido dicho Juan”.

El disgusto de Rosas hacia J. Bautista se hizo más evidente en una modificación o codicilo hecho el 22 de junio de 1873 que en su Cláusula 6ta, dice:

“En cuanto a la clausula 9ª, agrego, que además de lo referido en ella, recibió mi hijo Juan la Estancia en el Azul, que vendió a Dn. Pedro Rosas Belgrano; cincuenta mil pesos importe de la que compró en la Matanza; quince mil pesos cuando estuvo en el campamento de los “Santos Lugares”. - “Que la casa que ocupó algunos años, desde su casamiento, era mía, habiéndola recibido amueblada; y que también durante los años que la ocupó gratis, comió en mi casa con su Esposa en la mesa de mi familia”.

Analizando lo expuesto precedentemente, podemos sacar algunas conclusiones. 

J.M. (junto con su hijo adoptivo Pedro) tuvo que recomprar a desgano, los campos que le había dado a J. Bautista.  Consideró el dinero que le había entregado por la recompra, como un adelanto de su herencia (en el testamento de 1862 no le cedió ninguna propiedad, sólo le otorgó la mitad de sus libros, la otra mitad le correspondió a Manuelita).

El disgusto de J. M. con su hijo se puede percibir más claramente cuando remarcó en la modificación testamentaria de 1873 que la casa que había ocupado Juan Bautista desde su matrimonio con Mercedes, era de su propiedad.  No obstante ello, el Restaurador detalló que por la misma J.B., nunca había abonado nada, ni siquiera el mobiliario y llegó a destacar el hecho de que la familia de su hijo había comido gratuitamente durante años en su mesa.

Estos documentos ponen en evidencia los sentimientos ambivalentes de J.M. hacia su hijo y, por extensión hacia su nuera Mercedes, para quien todo esto no pasó desapercibido.  Además, seguramente – y como veremos más adelante- el fusilamiento de Ramón Maza, marido de su hermana Rosa, por orden de Rosas, no hizo más que aumentar la distancia afectiva con J.M. 

Rosas también demostraba mayor cercanía – no demasiada, tampoco- hacia sus nietos Rodrigo Tomás y Manuel Máximo (hijos de Manuelita y Máximo Terrero), a quienes incluyó en su testamento.  No hizo lo mismo con su otro nieto, J.M. León, hijo de J. Bautista, poniendo de manifiesto una vez más las diferencias que hacía entre sus hijos. 

Por su parte Manuelita, como se dijo, en contraste con la actitud de su padre, sentía mucho cariño hacia su hermano.  Lo cuidaba, apañaba y protegía cuanto podía.

8)  Mercedes Fuentes y Arguibel (nuera de J.M.).  Fue la mujer de J. Bautista y madre de J. León.  Nunca simpatizó con su suegro, a quien detestaba principalmente porque su cuñado Ramón Maza (marido de su hermana  Rosa) había sido fusilado en 1839 por orden de Rosas por conspirar para derrocarlo, junto a varios Unitarios y Federales traidores y a los franceses que bloqueaban el puerto (Lavalle, Gral.Paz,  Carlos  Tejedor, etc).

Manuel Vicente Maza, padre de Ramón, había sido asesinado el día anterior, pero no es seguro si por federales exaltados por su traición al igual que su hijo, o por unitarios que sospecharon que iba a arrepentirse para salvarlo. La esposa de Manuel, Mercedes Puelma, ante tanta desgracia acabó suicidándose. Ni su nuera ni J. Bautista, quien estuvo de parte de su mujer, se lo perdonaron nunca

9) J. M. León Ortiz de Rozas nieto de J.M., hijo de J. Bautista. Cuando éste tuvo que emigrar junto a su padre a Inglaterra, envió a su hijo único, J.M. León, a estudiar a París, Francia.  Allí, el joven pasó algunos años, casi sin contacto con su padre y menos aún con su abuelo, con quien tuvo una relación distante.

El nieto de Rosas siempre se mostró ajeno a las ideas de su abuelo (aún más que su propio padre) y hasta llegó a rechazarlas. El motivo de esa conducta, sería la conjunción de varios factores:

a.)  el escaso interés en la política que siempre demostró Juan Bautista, su padre.

b.) el poco contacto con su abuelo, quien nunca demostró mucho afecto hacia él, compenetrado en sus desgracias personales y económicas;

c.) las ideas revolucionarias que seguramente influyeron en el joven J. M. León durante su juventud en París;

Si bien no son justificables las actitudes de alejamiento del hijo y del nieto de Rosas, puede decirse en sus descargos que J.M. tenía un carácter un tanto hosco y no fue, precisamente un padre y abuelo presente, cariñoso y demostrativo.   Siempre tuvo con ellos un trato correcto pero distante.   

Desde el punto de vista personal, J. M. León, tenía una personalidad fuerte, era sumamente culto y dominaba varios idiomas. Fue un hombre honrado, de gran prestigio.

No está en discusión que pueda haber sido en su vida privada un buen padre y abuelo, cariñoso con sus nietos, honesto en su vida personal y familiar, pleno de virtudes y capacidades, tal como me han transmitido. (Ver Fotos 06-07-08-09 y 10)

Desde el punto de vista ideológico, podemos decir que creció económica y políticamente bajo el ala de los unitarios, liberales y  quienes lo apreciaron y cobijaron. 

Con el correr de los años, J. M. León seguía consolidando su prestigio personal y político entre varios unitarios que pelearon contra su abuelo (Florencio Varela, los Alsina, Mitre, etc.) muchos de los cuales pertenecían a la masonería.

La masonería, donde “la fraternidad estaba por encima de la nacionalidad”, podría llegar a explicar la huida de Urquiza luego de derrotar en el campo de batalla a Mitre en el combate de Pavón. Y también explicaría el ascenso político y social de J. M. León, junto a otros masones como Sarmiento, Mitre, Derqui, etc.

Veamos el discurso de Mitre en 1868 a la delegación masónica norteamericana en la ‘Logia Constancia':

"La Historia política de la República Argentina, sus luchas y sus conquistas están representadas en los cinco presidentes constitucionales que se cuentan en su historia constitucional. La primera, la de Rivadavia fue la más fecunda de todas... Los otros cuatro presidentes, Hermanos, se han encontrado una vez juntos y arrodillados al pie de estos altares; el General Urquiza que acababa de de serlo; el doctor Derqui que lo era entonces; yo que debía ser honrado más tarde con el voto de mis conciudadanos y el Hermano Sarmiento, que va a dirigir bien pronto los destinos de la Nación”  (Del brindis pronunciado par el presidente Mitre en 1868 a la delegación masónica norteamericana, en banquete ofrecido en la Logia Constancia, en ocasión de la próxima asunción del mando por el Hermano Sarmiento- en ‘Arengas de Mitre’, edic. de La Nación, Bs.As. 1902, T.I, pág.270) (Ver Foto 11)

Si bien J.M. León no fue masón, según me aseguraron en el núcleo familiar, es claro que en aquellos tiempos en que absolutamente casi todo el arco político y social lo era o confraternizaba con la masonería, su buena relación con ellos, junto a su natural capacidad, debe haber facilitado su ascenso económico y político. Los hechos nos muestran que se rodeó de ellos y de aquellos unitarios y federales renegados que hicieron la desgracia del país y de su abuelo.

Difícilmente alguien que alabara a J. M. de Rosas o a la Confederación en aquellas décadas pudiera acceder a cargos públicos o políticos encumbrados.

Veamos los hechos a los que nos referimos:

1- J.M. León, se dedicó al comercio y a la política.  Se alió, con Florencio Varela y Mitre, socio de Alsina principal ideólogo de la incautación ilegítima del patrimonio de su abuelo. Peleó bravamente en la guerra de la Triple Alianza contra los paraguayos (donde fue herido) bajo las órdenes de Mitre, aliado a los brasileños y al renegado y felón Urquiza.  

Este suceso, con seguridad debe haber sido deplorado por su anciano abuelo desde Inglaterra, ya que, así como el Gral. José de San Martín le donara su sable, Rosas tuvo la intención el 17 de febrero de 1869 de legarle su propio sable al Mariscal paraguayo Francisco Solano López por su titánica lucha (donación que luego fue controvertida en su último testamento).   Esto pondría en evidencia el concepto de Nación realmente antifederal que sostenía J.M. León.

2- Urquiza había derrotado a Rosas en Caseros, pero esto no pareció importarle en demasía, ya que se desligó completamente de su abuelo y durante el período en que Urquiza dirigió el país, se rodeó con cuanto traidor a la Confederación y a Rosas hubo; personajes responsables del exilio forzado de su abuelo, y de la pauperización y dolor infinito del mismo hasta el día de su muerte.

Yo me pregunto y pregunto al lector ¿Ud. mantendría vínculos con aquellos que pudieran haber lastimado y hundido a su abuelo, condenándolo a un destierro eterno?

Otra incongruencia que mencionamos anteriormente, fue cuando Máximo Terrero era cónsul de Paraguay en Londres, mientras J. M. León, sobrino político de aquél, peleaba a las órdenes de Mitre y Urquiza en la guerra contra el Paraguay.

3- Este ´antirrosismo’ del hijo y del nieto de J.M (o por lo menos distanciamiento afectivo e ideológico) queda también claramente plasmado en el hecho que no consta que alguno de ellos se haya movilizado para lograr su reivindicación personal y patrimonial, sabiendo las penurias económicas sufridas él en el exilio. 

Penurias causadas por aquellos con los que J.M. León se codeaba en Buenos Aires y a quienes debía su ascenso social y económico.  Nunca ayudó a su abuelo con dinero alguno, habiéndolo podido hacer.

Además, se puede corroborar en la sucesión de Encarnación Ezcurra cuando J. M. León se refirió en forma de algún modo crítica a su abuelo o al gobierno que éste representó, según se me ha referido oralmente.

En este trabajo se intentan describir las actitudes personales de los distintos protagonistas de este período histórico, no sólo en su faz privada, rica en detalles, sino también la relevancia que tuvieron sus acciones en la faz pública y sus efectos en la justísima defensa que hicieron -o no- de la Nación.

Obviamente, quien esto escribe, no puede juzgar a J. M. León en forma directa por no haberlo conocido, pero desde el punto de vista de su actitud pública frente a quienes traicionaron al país, mancillaron a su abuelo, lo acusaron injustamente de traidor a la patria y lo confinaron a un destierro ignominioso, no puede dejar de señalar la situación omisiva y silenciosa, como una afrenta consentida por él.  Esto es algo incontrastable.

Por lo menos no se oyó su voz oponiéndose a tales hechos.  Si bien algunos descendientes me han informado tener documentación que lo avala que cuando Manuelita requirió que el gobierno nacional le devolviese los bienes confiscados a los Ezcurra, que le correspondían por herencia  (finalmente lo logró luego de muchísimos años), J.  M. León habría ‘adherido’ (sic) a tal pedido.  Si esto ocurrió en realidad, respondería más a una formalidad, que a un deseo legítimo porque así ocurriese no hubiera esperado muchísimos años para reclamar, ya que de su parte no hubo previamente a esto ninguna acción en tal sentido en forma personal mas teniéndose en cuenta que adhiere a la solicitud de Manuelita a la devolución de los bienes de Encarnación, pero no a pedido alguno por los bienes de J.Manuel, su abuelo.

Primero, no consta que se haya opuesto a la confiscación cuando tuvo la edad y la posición política y económica para hacerlo.

Segundo, el pedido de devolución de los bienes confiscados, no nació de él sino que se habría adherido a un pedido de su tía Manuelita (según me han relatado existiendo prueba documental en tal sentido), por los bienes de Encarnación pero no por los bienes de Juan Manuel.

Tercero, a lo largo de su vida nunca se molestó en proclamar la injusticia de tales confiscaciones y del destierro de su abuelo. No se conoce ningún artículo periodístico o declaración pública suya al respecto.

En fin, si bien a J. M. León no le confiscaron sus bienes personales ni fue perseguido como su abuelo y su tía Manuelita, por una cuestión de dignidad debería haber protestado públicamente no sólo por el destierro y la confiscación, sino también debió haberlo hecho por el odio que manifestaban en privado y en público por su abuelo, aquellos con los que trataba diariamente, anatemizando su vida, su obra, su gobierno. No hay ninguna constancia que haya obrado en tal sentido.

El hecho de que Rosas, su hijo J. Bautista y Manuelita fueran  los únicos a los que se les habían confiscado sus bienes, debe haber profundizado el distanciamiento de su familia, y provocado que J. M. se sintiera ‘abandonado’ por sus parientes.

Los demás Ortiz de Rozas no sufrieron confiscaciones ni persecuciones y siguieron con sus vidas cotidianas en Buenos Aires, a pesar de los eternos conflictos políticos y guerras civiles.

Juan Manuel León Ortiz de Rozas se afilió al partido Autonomista, fue director del Banco de la Provincia de Buenos Aires, diplomático, ocupó distintos cargos públicos (diputado, ministro) y llegó a ser Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, función que sólo ejerció durante tres meses debido a su fallecimiento.(Ver Foto 12)

Murió el 1 de Septiembre de 1913.  Su sepelio y exequias tuvieron gran pompa, asistió la aristocracia porteña en pleno, y sobre todo, no faltaron los políticos y las grandes familias de ideas unitarias contra los que había combatido su abuelo, quienes fueron responsables de su caída, destierro y pobreza. (Ver Foto 13 y 14) 

.J. M. León se casó con Malvina Enriqueta Bond y tuvo varios hijos. Una de ellas fue María, mi bisabuela, quien se desposó con Rodolfo Molina Salas, mi bisabuelo.

10) Rodolfo Molina Salas también era un acérrimo ‘antirrosista’, según me ha transmitido a mi persona mi madre y otros familiares. La razón es claramente comprensible,.  Su tío segundo, Avelino Viamonte, hijo del Gral. J. J. Viamonte, fue muerto supuestamente por la Mazorca por orden de J. M. por conspirar en su contra y colaborar en su derrocamiento. No queda muy claro de quien provino la orden. Pudo haber sido de Encarnación, su mujer, ya que en ese momento J. M. se encontraba en la Campaña del Desierto Este acontecimiento nos llevaría a entender el rechazo de los Molina Salas hacía J. M.

Ahora bien, Rodolfo Molina Salas y María Ortiz de Rozas tuvieron tres hijas mujeres, tataranietas del J.M:  mi abuela Malvina Raquel, María y Alicia..

1- Malvina Raquel, mi abuela, conocida en la familia como ‘Cota’ (ver foto 15, 16 y 17- junto a su padre Rodolfo y su hijo, mi tío Rodolfo Gil de los años 1912-1950  y 1956 respectivamente -en esta última, conmigo)

Se casó con el que fuera luego mi abuelo, Emilio Natalio Gil, que tampoco era ‘rosista’ ni federal, tal como se estilaba en aquellos tiempos educar a los argentinos.  Ambos tuvieron dos hijos, mi tío Rodolfo Gil Molina, y mi madre  Malvina Gil Molina (la tercera Malvina en la familia).

Ella se casó con Vicente Montoro Hunt y tuvieron dos hijos: mi hermana Andrea Malvina y Gonzalo Vicente, el autor este trabajo.  Por lo tanto, mi madre es Chozna de Rosas, y mi hermana y yo, hijos de Chozno.

Mis tías abuelas:

2- María Molina Salas, conocida como ‘Mima’, (ver foto 18)  fue a quien más he tratado porque fue la última en fallecer. Pudo participar de la repatriación al país de los restos de su tatarabuelo, y ver su reivindicación política, de la cual ella estaba profundamente orgullosa ya que, como mujer de criterio propio, supo ver la valía de J.M., la honorabilidad de su persona y su defensa de la patria.

Ella se sentía profundamente federal y ‘rosista’, al igual que su marido Julio Rivas Argüello, abogado, juez Federal quien además era estudioso y conocedor de la historia argentina hasta en sus más mínimos detalles.  Fue miembro del poder judicial en la primera presidencia de Perón. 

La pareja tuvo tres hijos: Julio, Andrés y Rodolfo. Andrés (llamado en la familia ‘Pancho’). Él, al igual que su madre, supo ver la verdad sobre la vida de J.M, seguramente por encima de la educación que estaba impregnada en la sociedad de entonces

3- Alicia Molina Salas estaba casada con Luis Héctor Sánchez Viamonte y no tuvieron descendencia. Su marido era hermano del renombrado abogado y jurista Carlos Sánchez Viamonte (‘Carloncho’).  Ambos eran bisnietos del general Juan José Viamonte y prominentes dirigentes del Partido Socialista.

Como puede colegirse, tanto por el lado de Rodolfo Molina Salas (cuyo ascendiente se dijo que era el Gral. Viamonte) como por el lado de su hija Alicia, casada con Luis Sánchez Viamonte, existía una línea de parentesco ascendente y descendente con los Viamonte. Esto pone en evidencia el cruzamiento de familias de distinto color político y explica por otra vía el ‘antirrosismo’ de algunos descendientes de J.M. o por lo menos su silencio respecto a su gobierno y su obra.

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En apretada síntesis sinóptica:

Las razones del ‘antirrosismo’ familiar, tanto por parte de algunos miembros Ortiz de Rozas como de los Molina Salas pueden identificarse en distintos hechos y comportamientos, :

- Juan Manuel de Rosas mantuvo un trato diferenciado con los miembros de su grupo familiar.  Fue más afectuoso con su mujer Encarnación, su hija Manuelita, y su hijo adoptivo Pedro Rosas y Belgrano que con su hijo J. Bautista.  Éste era de bajo perfil, y tuvo escasa relación con su padre. El hecho que a J. Bautista no le interesara mucho la política, debilitó aún más el vínculo entre ambos.

- El fusilamiento de Ramón Maza, cuñado de Mercedes Fuentes y Arguibel, mujer de J. Bautista, provocó el alejamiento de parte de la familia de su nuera.

- La educación en París de J. M. León, donde fue enviado por sus padres, lo imbuyó de las filosofías liberales de la época. Rosas nunca le prestó mucha atención a su nieto (ni siquiera lo despidió cuando el muchacho se volvió a América junto a sus padres)

- El alejamiento afectivo de algunas hermanas de J.M. se debió no sólo al hecho de que sus maridos estaban lejos de las ideas federales por pertenecer a grupos familiares unitarios, sino también debido a que algunos de ellos en la época de Rosas, podrían haber sido perjudicados profesionalmente por dicha causa.   Repasemos algunos casos:

Andrea estaba casada con Francisco Braulio Saguí de Lamadrid, miembro de una familia eminentemente Unitaria.  La hija de ambos, sobrina de J.M., también llamada Andrea, se casó con un hermano del Gral. Bartolomé Mitre: Federico Mitre.

Mercedes estaba casada con Miguel Rivera, quien fue cesado de su cargo en la Universidad por no ser Federal.

Una de las hijas de J. M. León, mi bisabuela María, se casó con Rodolfo Molina Salas, acérrimo ‘antirrosista’, descendiente directo del Gral. Juan José Viamonte. A su vez, una de sus hijas, Alicia, también se casó con otro descendiente de los Viamonte: Luis Sánchez Viamonte.

- El círculo respecto a las causas del liberalismo y ‘antirrosismo’ de la mayoría de los descendientes de J. M. (salvo honrosas excepciones como por ejemplo, mi tía abuela Mima y mi tío Andres-‘Pancho’) se cierra con la educación de la época: la ominosa pedagogía jacobina que se daba entonces acerca del período de Rosas.  Todo comienza con el latiguillo ‘Tirano’ Rosas, su ‘Tiranía’ o “primera tiranía” como fundamento o base política para la toma del poder o el mantenimiento del mismo, ‘machacando’ mecánicamente y con profuso bombardeo periodístico hasta convertir todo eso en leyenda.

Acerca de éste último punto podemos decir que ‘…La creación de una leyenda es, en determinadas circunstancias, fácil tarea. Y con pocos escrúpulos resulta asimismo fácil y cómodo emplearla como instrumento para la defensa de intereses dudosos, para el descargo de una responsabilidad, o para la simple satisfacción del odio, la venganza, el resentimiento o la antipatía.

Con demasiada frecuencia se prefiere en nuestros días urdir laboriosamente un complicado tejido de falsedades a mantener a pecho descubierto la propia razón y sostener gallardamente los propios actos y creencias.

Al servicio de todo eso -pasiones, temores, enconos o intereses- la creación de una leyenda se emprende como una tarea sistemática. Ella no es difícil si se tienen a mano instrumentos de poder y de riqueza para su difusión y toda una red enmarañada de intereses creados dentro de un área de soborno, de complicidad o de sumisión.

Una vez compuesta la versión falsa, pero verosímil, de los hechos a cuya luz la propia posición queda exaltada o segura y envilecida o comprometida la del enemigo, todo es dejar que esa versión se lance por la pendiente de la inercia, de la estulticia, de la cobardía o de la complacida malevolencia de las gentes.

Al principio la falsa moneda de la leyenda solo es admitida por la manchada conciencia de sus autores y divulgada por sus cómplices indirectos. Acógenla en seguida los innumerables que apenas viven para otra cosa que para captar noticias -las que sean- y difundirlas deportivamente. Muchas veces solo por el gusto de hablar. Otras por resentimiento, por envidia de cualquier fortuna, o porque en su congénita mezquindad siempre prefieren en la duda la versión mas dañina.

Un poco más tarde las gentes situadas a mayor distancia de los hechos -de la intimidad de las causas y razones de los hechos-, gentes sencillas, aun de buena fe, entran a participar, por pereza mental o por dificultad de acceder a la verdad, en la versión legendaria. Aceptada por la fe o por la maldad la leyenda cunde y se consolida.

En vano los que honrada y valerosamente conocen la verdad de los hechos desvirtuados, tratan de combatirla. El intento se traduce en una atmosfera de angustia y de asco. Con lo que aún le queda a la leyenda, a la mentira sistematizada, cumplir el estrago peor, porque los conocedores de la verdad, que fueron los mismos protagonistas de los hechos deformados, hartos y fatigados por su lucha desigual contra esa ingente fuerza, acaban por rendirse, por hacerse indiferentes, a no ser - lo que todavía es peor - que acaben perdiendo la memoria y acomodándose claudicantemente a la versión común que el tiempo se encargará  de hacer inapelable. De esta manera se extingue el sano apetito por la verdad que es un valor social de primer orden.

¿Quién en estos días que vivimos no siente la angustia y está al borde de caer en el desaliento de la pasividad que produce la sensación de la impotencia ante un mundo de mentiras? Mentiras que tergiversan hechos históricos, que condenan a pueblos enteros, que infaman a personas con honor y con ideal, o exaltan a los que no lo tienen, que tratan, en fin, de defender o salvar una situaci6n, un mundo de situaciones difíciles, por ese medio cómodo y envilecedor de la leyenda.

Así y toda la responsabilidad de emperezarse en esa atmosfera es muy grande. Ante una situación universal de ese volumen creo que cada uno ha de procurar enfrentarse con la parte de leyenda que más de cerca le toque para intentar destruirla y restablecer la verdad”.

Para sorpresa de algunos lectores, estas manifestaciones no se dirigen a J.M. de Rosas ni tampoco transcurren en el siglo XIX. Se trata de una declaración hecha en Madrid, España, en octubre de 1946, por Ramón Serrano Suñer refiriéndose a José Antonio Primo de Rivera, en el prólogo escrito por el autor a su libro ’Entre Hendaya y Gibraltar’. Pero, ‘mutatis mutandi’, difícilmente podría haber algo más exacto sobre J.M. y que se pueda aproximar tan claramente a su vida y a su época:

Se’ hizo’ una historia acomodada a intereses ideológicos, como dijo Salvador María del Carril, en carta a Lavalle luego del fusilamiento de Dorrego:

“…la posteridad consagra y recibe las deposiciones del fuerte o del impostor que venció, sedujo y sobrevivió... Yo no dejaría de hacer algo útil por vanos temores. Si para llegar siendo digno de un alma noble es necesario envolver la impostura con los pasaportes de la verdad, se embrolla; y si es necesario mentir a la posteridad se miente y se engaña a los vivos y a los muertos”. 

Recordemos que quien asi se expresaba era  un confeso masón  que fue posteriormente Vice-Presidente de la Corte Suprema de Justicia,

A confesión de parte, relevo de prueba. El fin justificó los medios-cualquier medio- para los Unitarios y lo que se nos ha presentado como historia es una “política de la historia” como supo decir Nestor Genta..

Esto nos lleva a pensar que la naturaleza humana, con tal de tomar el poder y mantenerlo a lo largo del tiempo, no trepida en utilizar cualquier recurso real o falso que le permita lograr dicho objetivo.  De modo que después de muchos años de repetir e insistir con determinada visión o concepción de los hechos, en el inconsciente o consciente colectivo termina creyéndose que ese relato es la verdad.

Así, George Orwell escribía, refiriéndose a la política del imperio británico: “El lenguaje político o, con variaciones, para todos los partidos políticos, desde los conservadores hasta los anarquistas– tiene como objetivo hacer que las mentiras suenen verdaderas...” (“Politics and the English Language”).

Puede entenderse así, porqué los descendientes de J.M. sostuvieran ideas liberales y hasta “antirrosistas”, con algunas dignas excepciones, pero ello no justifica que no tuvieran en consideración lo que sufría el Gral. en el exilio.   No se solidarizaron con él cuando se sintió abandonado por culpa de aquellos que crecieron social y económicamente bajo el manto de la Confederación, y luego le dieron la espalda y fueron promotores de su destierro y confiscación ilegítima de sus bienes, con sus acciones y con sus ominosos silencios.

*

Un dato interesante para compartir es que muchos descendientes de J. M. de Rosas viven en la actualidad en los Estados Unidos. Don Alejandro Manuel Ortiz de Rozas, doctor en bioquímica, dejó la Argentina en 1955.  Se instaló en los Estados Unidos y cambió su apellido Ortiz de Rozas por Rosas., también por cuestiones familiares.

Uno de sus hijos, Alejandro (h) o Alexander, se casó con una señorita de nombre Kathy O'Connor con quien tuvo ocho hijos.  Han sido estudiosos de la historia de J.M. y todos ellos manifiestan admiración y orgullo por el Restaurador.

Todos sus descendientes son renombrados profesionales (abogados, médicos cirujanos, etc.), y la mayoría reside en la ciudad de Los Ángeles, California.

 

V.-VIDA DE ROSAS EN EL EXILIO-

 

En todas las cartas de J.M. desde Inglaterra se percibe claramente la intención de mantener su dignidad, pero se cuela en ellas algo de resentimiento, y en no pocas ocasiones también se observa cierta humillación.  Esto se hace evidente cuando le escribe a varios de sus familiares y aún a antiguos enemigos como Urquiza para rogarles, casi presionando, que le enviaran dinero.  

A veces hasta adoptaba un tono imperativo ya que consideraba injustas las confiscaciones de sus bienes y los de su mujer e hija.  Y estaba en lo cierto, ya que jamás había tocado un peso del erario y fue ésa una de las mayores falsedades que se han sembrado en nuestra rica historia, hecho que no resistió la profusa documentación que justamente demostró lo contrario.

En una de sus obras, Roberto D. Müller nos grafica esos ruegos, a través de una carta de Rosas dirigida a Urquiza fechada en noviembre de 1859.  En la misma lo presiona con palabras cargadas de desesperación, casi humillándose frente a quien fuera su enemigo y traidor al país, para pedirle dinero para sobrellevar su condición de pobreza.   Como persona de honor que era, una vez que le fueran restituidos sus bienes confiscados, se comprometía a devolver todo agregando los intereses que pudieran corresponder:

“Desde que llegó a mis manos, la muy apreciable de V. E. Febrero 15 de 1859, que contesté el 8 de Abril ninguna carta, ninguna contestación, ni palabra alguna he recibido de V. E.- En 5 de Julio, 5 Agosto de 61, y en 4 de Febrero del 62, escribí a V. E.- Porque no me ha contestado V. E -? Por qué no me ha hecho conocer de algún [sic] manera [su] desagrado por escrito o de otro modo-? O no ha creído V. E. en mis palabras de la más fina amistad, de gratitud y de respeto-? Cual es, Exmo. Señor, mi falta para no haber merecido de V. E, algún aviso de recibo, alguna demostración, ni palabra alguna-? Permítame V E. [este] desahogo tan natural...Continuando privado de mis propiedades por tan largo tiempo, me encuentro ya, precisamente obligado a salir de esta casa, a dejar todo, pagar algo de la que debo, y reducirme a vivir en la miseria- Y en tal estado si V. E. puede hacer alga en mi favor, es llegado el tiempo en que yo pueda admitir las generosas ofertas de V. E, para sacarme, a aliviarme, en tan amarga y difícil situación- Cualquier  cantidad, o cantidades, que V. E. pudiera acordar a mi favor, haciéndolas entregar en Bs. As. a los Agentes de SS. G. F. Dickson y Compañía o estos mismas SS en Londres, llegaran con seguridad a mis manas- Lo que fuere lo devolveré a V. E. can el correspondiente interés, luego que me fueran entregadas mis propiedades; y en mi muerte para ese tiempo, para mi Albacea, a quien a desde ahora encarga pagar esa deuda sagrada, casa de contraerse”

La vida de Rosas en Inglaterra tuvo sus altos y bajos en cuanto a su situación económica. No debemos de dejar de tener presente que permaneció allí durante veinticinco años y en ese tiempo tuvo momentos de buen pasar, que le permitieron, por ejemplo, costear trabajos de carpintería para la iglesia católica St. Joseph en Southampton, donde residía.

J. M. se vio obligado a pedir préstamos bancarios por 3.000 libras esterlinas anuales con un interés del 3% (lo usual por aquellos tiempos en Inglaterra), por ello, una parte importante del dinero que le enviaban desde Buenos Aires, era para pagar esa deuda.

Él manifestaba que para poder cumplir con sus obligaciones sociales con personas de alto nivel socioeconómico, tenía la necesidad de disponer de un coche, caballo y un lugar acorde a tales fines, condiciones que su Farm no ofrecía.  Por eso tenía dos propiedades, a las que nos referiremos más adelante.

A partir de 1857 comenzó su declive económico hasta hacerse grave en 1863. El propio Rosas afirmó que, debido a sus estrecheces económicas se vio obligado a vender la vaina de su espada con empuñadura de oro que le había obsequiado la honorable Junta de Representantes por sus victorias en la Campaña del Desierto.

Durante sus últimos años de vida J.M. consiguió el apoyo económico de algunas personas, como el Coronel Prudencio Arnold y Carlos Ohlsen (amigo de Urquiza) a los cuales apremió para que lo ayudaran.  Les enviaba cartas en las que se quejaba amargamente de su penosa situación y de la carencia de recursos para poder subsistir.  Asimismo, cuando moría alguno de sus benefactores, les solicitaba a sus herederos que le continuaran enviando divisas tal como lo venían haciendo sus antecesores.

Los Terrero y Roxas y Patrón le enviaban dinero. Este capital sumado al remitido por otros allegados, le resultaba suficiente para cubrir sus necesidades y gozar de un buen pasar. Entonces, cabe preguntarse el porqué de su actitud de súplica mendicante, pidiendo y hasta presionando para que se le enviara más y más dinero.  La respuesta puede hallarse en el hecho de que J.M. no tenía demasiado status político o social en Inglaterra, y solo un patrimonio importante podía garantizarle el respeto y la posición que él entendía ser merecedor. En aquellos tiempos únicamente se obtenía por medio de títulos nobiliarios o riqueza.

Rosas llevaba un registro bastante escrupuloso de quienes lo ayudaban económicamente, nombres y montos de los préstamos, etc.

Pero también llevaba un fiel listado de quienes lo ignoraron olímpicamente ante sus requerimientos. Aquellas personas a las cuales J.M. estando en el poder, ayudó a crecer y expandirse económicamente. Entre ellos, algunos de sus hermanos y sobre todo, los Anchorena.

A quienes le prestaban dinero, Rosas les prometía su devolución, más los intereses que pudieran corresponder, apenas le restituyeran sus propiedades injustamente confiscadas o cuando los Anchorena le pagasen lo adeudado por todos los años que J.M. había administrado sus propiedades.

Los Anchorena nunca contestaron las cartas enviadas por J.M. y mucho menos, le enviaron suma alguna a lo largo de los 25 años de exilio, desentendiéndose de todo su pasado y de ese modo intentar borrarlo.

En lo cotidiano, ¿cómo se relacionaba Rosas con su círculo cercano?  Los ingleses que lo frecuentaban, es decir aquellos que lo invitaban a asistir a salidas de caza e ir a las carreras, lo describían como una persona caritativa y bondadosa en el trato con los demás.

Pero tuvo sus luces y sus sombras. La principal razón era el hecho de que Rosas tenía toda su energía dirigida a reivindicar su nombre y lograr la devolución de su patrimonio injustamente confiscado por los unitarios. La angustia contenida que esta situación le generaba, sumada al tiempo que le insumía gestionar los reclamos, actuó en desmedro de su relación con la familia.

En un primer momento, pensó que iba a poder recuperarlo todo. Por esa razón utilizó gran parte del dinero obtenido por la venta de su Estancia San Martin (en la actual zona de Lomas de Zamora), en el alquiler de una casona en Southampton, que si bien era muy costosa, estaba a la altura de quien la habitaba, según propias palabras de J. M. en algunas de sus cartas.

Debemos reconocer que de alguna manera, gracias a Urquiza se pudo concretar la operación de venta a José María de Ezcurra, uno de sus familiares.   La misma se llevó a cabo en el breve interregno en que se anuló la confiscación.

Ese período se extendió desde el 7 de agosto hasta el 11 de septiembre de 1852.   Año en que Buenos Aires se separó de la Confederación Argentina y en el que el gobierno de la ciudad volvió a decretar la confiscación de todos sus bienes.

La Casona a la que nos referimos anteriormente se llamaba “Rockstone House” y estaba ubicada en ‘Carlton Crescent’, un barrio bastante elegante de la ciudad de Southampton.  Sólo pudo sostenerla hasta 1865. (Ver Fotos 19 y 20)

Para encontrar las causas por las cuales debió rescindir del alquiler, debemos remontarnos a 1861, cuando la confiscación de los bienes de Rosas se hizo definitiva, luego de la derrota de Urquiza en Pavón.  Recordemos que J. M. también alquilaba desde octubre de 1862 una Chacra llamada ‘Burgess Farm’ en las afueras de Southampton. La medida confiscatoria terminó con sus aspiraciones en cuanto a vivienda, ya que al tomar conciencia que no contaba con los recursos económicos suficientes para mantener ambas propiedades, optó por conservar la Chacra y dejar la Casona.

La chacra en cuestión estaba en una pequeña localidad: Swaythling (no Swanthling o Swarthling, como se ha escrito generalmente) distante a 3 millas del centro urbano de Southampton (Southampton y localidad de Swaythling (punto amarillo)-(Ver Foto aérea actual 21)

Según me han comentado, actualmente en ‘Burgess Farm’, se encuentra un ‘Country Club’ en el que todavía funciona el ‘Pub’ al que J.M. iba de vez en cuando: el ‘Red Lion’, ubicado en 55 High Street, Rock Stone Place.

Un grupo de compatriotas admiradores de J. M.  se ha puesto en contacto con los propietarios del Pub a fin de llevar un retrato suyo y una divisa punzó para exponerlos en las paredes del local.   Ojalá esto pueda concretarse a modo de reconocimiento y homenaje. (Ver Foto 22)

Retomaremos ahora un tema que habíamos tratado precedentemente. J.M. estaba convencido que le iban a devolver su patrimonio.  Recién luego de la batalla de Pavón en septiembre de 1861, momento en el que Urquiza perdió todo poder y prestigio, reconoció que aquello nunca iba a suceder.

No sólo confiscaron sus campos y el caserón de Palermo.   También le fueron incautadas otras tierras cercanas, que hoy pertenecerían al barrio de Belgrano.    Alsina fue el responsable de su subdivisión y venta a terceros con títulos insalvablemente nulos.

En más de una oportunidad, antiguos federales le insinuaron o directamente le propusieron que volviera a la Argentina para dirigir nuevamente el rumbo de la Nación. En esa época nuestro país vivía de revolución en revolución, en la anarquía y el caos y nada presagiaba que esto fuera a acabar. Por esta razón, los ojos de algunos se volvieron hacia Rosas, al reconocerlo como el último líder capaz de restablecer un orden.  Él se negaba contestándoles que, si ello no le era solicitado por todo el espectro político de aquellos tiempos, no estaba dispuesto a hacerlo. Algo similar a lo que había hecho antes el Gral. José de San Martín.

Rosas nunca tuvo ansias de poder político, aunque su retorno le fuera propuesto reiteradamente por federales arrepentidos, sus renuncias a tomar las riendas de la Confederación fueron continuas, y prefirió dedicarse a sus ocupaciones privadas. 

 En realidad, lo que le obsesionaba era lograr que le restituyeran los bienes que le habían sido injustamente confiscados, que le devolvieran el honor mancillado y que lo dejaran vivir tranquilo y en paz. 

Todo esto acentuó la tristeza de Rosas, pero a la vez, también su humanidad, engrandeciéndolo aún más a la vista de la historia. Si a una nación se la conoce por la grandeza de sus hombres, podemos sentirnos íntimamente regocijados de quienes somos gracias a hombres como J. M. de Rosas.

Otra persona que le ofreció ayuda económica fue Lord Palmerston, pero J. M. dignamente no la aceptó a pesar de haber tenido trato durante los años en que estuvo en Inglaterra.

Si bien J.M mencionaba que con Palmerston tenía una estrecha amistad, ciertos autores entienden que tenían una buena relación, pero que distaba mucho de ser muy cercana como para considerarla ‘amistad’. No lo sabemos, a ciencia cierta.

Con seguridad, Rosas debe haberse sentido muy herido al tener que prácticamente mendigar dinero a través de cartas a sus familiares y compatriotas.   No quería ver a casi nadie ya que, sumado a su carácter huraño, las incomodidades producto de su vida frugal le impedían concretar invitaciones sociales debido a que tenía poco para ofrecer, acaso sus recursos le alcanzaban sólo para sostenerse.

Volviendo al tema familiar, su orgullo herido y la necesidad de reivindicar su nombre, lo llevó a tener poco trato no sólo con su hijo y su nieto, sino también hasta con Manuelita, su hija adorada, y a la cual veía, pero tampoco con mucha frecuencia.

Recordemos una anécdota que pone en evidencia su personalidad: J.M. no asistió a la boda de Manuelita con Máximo Terrero porque no estaba de acuerdo con el casamiento.

La situación económica de Manuela y su marido Máximo Terrero no era acomodada, sino más bien difícil y por lo tanto poco podían hacer para ayudar a su padre.  Además, vivían en Londres, que, si bien no quedaba muy lejos, en aquellos tiempos los medios de locomoción que no eran como los de hoy, hacían muy complejo el traslado desde Londres a Southampton.

La autoestima de J.M. debe haber influido en el hecho de no querer que sus hijos y nietos lo vieran en el estado de privación en que vivía en su chacra.   Aunque no lo frecuentaban muy seguido, se alegraba cuando Manuel Máximo y Rodrigo Tomás Terrero iban a visitarlo y les brindaba un trato afectuoso. La diferencia en la relación con J.M. León., hijo de J. Bautista, era palpable.  

Algunos autores mencionan que, si bien el trato con los hijos de Manuelita y Máximo era bueno, tampoco era de apego importante. Esa aparente indiferencia de Rosas produjo desinterés de sus nietos hacia él, quienes de algún modo le pagaron con la misma moneda.

Y decimos así pues BOHDZIEWICZ también nos hace notar ello por lo siguiente. Resulta que en 1888 Saldías visita nuevamente a los Terrero en Londres. Y allí Manuelita le había sugerido traducir su libro sobre la Confederación Argentina al inglés, que aparentemente lo harían los nietos de Don Juan Manuel, hijos de Manuelita.

Pero, dice el autor citado, ello no prosperaría y no solo por los hechos que no lo desmintieron sino por una carta de Adolfo Saldías a Antonino Reyes (Paris, 05-08-1888, en MCASN, Archivo de Pedro Regalado Rodríguez) en la cual el primero le dice al segundo: “Pero en la confianza íntima del amigo, le diré a V. que no creo que ello se verifique. Nuestro amigo mismo, a quien cada día tengo motivo de apreciarlo más, me declaró que ninguno de sus hijos miraba con interés los documentos preciosos que arrojaban fama y gloria sobre su abuelo, lo que no era extraño pues habían vivido en otro mundo que en su patria. La excusa del padre amoroso no bastó para defenderse de cierta impresión ingrata respecto de esos jóvenes que no por ser ingleses dejaban de ser nietos de su abuelo que llegó a adorarlos. […] No sé por otra parte que ninguno de esos dos jóvenes haya tratado de darse cuenta hasta ahora de quién era su abuelo, ni siquiera de recorrer un poco esos papeles entre los cuales hay reyes, reinas, grandes diplomáticos de Europa, sabios y militares ilustres que llaman amigo, grande hombre y héroe al que nosotros hemos llamado monstruo, tirano. A mí mismo me han hecho algunas preguntas que he debido responderlas refiriéndome a esos papeles y a lo que está escrito”.

“Creemos- finaliza  BOHDZIEWICZ -que don Adolfo acertó. Es casi una regla que los descendientes de una gran personalidad se desentiendan de sus glorias y hasta la ignoren por esa ley predominante que impone mirar siempre hacia adelante.

*

Ya habíamos adelantado que J. Bautista y su mujer Mercedes Fuentes y Arguibel acompañaron en el barco a J.M. en el exilio y se establecieron en Inglaterra hasta 1855, y como no se adaptaron a vivir allí, se trasladaron a Itajaí, Brasil, por varios años, hasta que finalmente se instalaron en Buenos Aires.

¿Por qué razón no fueron directamente a Buenos Aires?

Cuando emprendieron el regreso a Buenos Aires, les aconsejaron que no llegaran hasta la ciudad, porque las guerras civiles asolaban al país y podía ser peligroso permanecer allí. Por eso decidieron radicarse en Itajaí, Brasil, donde vivieron muy modestamente durante casi siete años. Él trabajaba como profesor de piano y ella, como profesora de inglés.  J.M. León estuvo un par de años con ellos ya que apenas pudo, se volvió a Buenos Aires.

Estando en Itajaí, Brasil, J. B. le envía una carta a Mitre (enemigo acérrimo de su padre y partidario de su destierro y del suyo propio) felicitándolo por su victoria contra Urquiza en la batalla de Pavón en 1861 (en realidad, el triunfo de Mitre fue en los cenáculos masónicos más que en el campo de batalla).  Probablemente esa carta fue una estrategia de J. B, que tendría como intención preparar su regreso a Buenos Aires, donde estaba viviendo su hijo desde 1858 con la familia de su madre, Fuentes y Arguibel. 

En otros términos, podría entenderse como una hábil jugada política para que le tendieran un ‘puente de plata’ a fin de volver al país sin problemas.  Y lo logró, ya que así ocurrió.  Esa carta explicaría por qué razón, después de tantos años fuera del país, pudo volver a la Argentina con toda su familia sin que tuvieran ningún perjuicio.

Al momento de su retorno, su hijo, el jovencísimo J.M. León ya hacía tres años que estaba en Buenos Aires, viviendo con la familia de su madre.  Recordemos que ni él, ni sus progenitores se encontraban proscriptos.

 


 

VI.-EL CASERÓN DE PALERMO DE SAN BENITO

 

A lo largo de algunos años desde 1838, Rosas fue adquiriendo tierras en lo que llamó San Benito de Palermo.  En total fueron 535 hectáreas en 36 escrituras, y el predio llegaba hasta el Barrio de Belgrano actual. Se realizaron tareas de diseño ambiental, de un paisajismo naciente.

El nombre del predio deviene de San Benito –primer santo negro católico desde 1809- monje franciscano nacido en Palermo, Sicilia y fallecido en 1589.

El proyecto del Caserón fue diseñado por José Santos Sartorio de acuerdo con planos hechos por el ingeniero y matemático español Felipe Senillosa.  Nicolás Descalzi junto a Miguel Cabrera fueron los encargados de las obras exteriores, del paisaje y los jardines.

En el momento de la compra de los terrenos ya había una casa pequeña que luego y con los años fue conocida como ‘Café de Hansen’.  Posteriormente, en los comienzos del siglo XX y durante añares solía ser un reducto de tango.

El mobiliario de sus casas era despojado, tanto en sus primeros domicilios como en la Casona de Palermo.  No había en ella ni cuadros, ni alfombras, ni cortinas. Pero eso sí, como a J. M. le gustaban mucho los espejos, había varios venecianos en su casa.  En los pasillos y en las habitaciones acostumbraba encender sahumerios.

Su dormitorio tenía una cama de bronce, un armario, una estufa grande y un importante espejo. Mesas llenas de expedientes y un par de chiffoniers de caoba donde guardaba celosamente los dineros del Estado en uno, y los propios en el otro.

Al igual que en toda la casa, el piso del cuarto era de baldosas rojas muy brillantes y tampoco tenía alfombras, ni cortinas, ni cuadros.

Antes de ingresar al dormitorio había una pequeña sala de recepción con muchos espejos.

El cuarto de Manuelita era muy luminoso, pero no era muy amplio.  Allí, como excepción, había una alfombra grande de buena calidad.

Luego de la caída de Rosas, el Caserón de Palermo, orgullo del Brigadier y de la Confederación Argentina, sufrió sucesivos cambios hasta su demolición en 1899.

Primero, fue residencia de Urquiza, quien permaneció allí durante 7 meses luego de su llegada a Buenos Aires. Posteriormente, durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento, fue sede de la Escuela Militar entre 1870 y 1892. Por último, hasta 1898, se estableció la Escuela Naval. (Ver Foto 23)

Como nota de color, cabe recordar que, en 1866 en parte de su parque, donde actualmente se encuentra el Planetario, se creó el ‘Buenos Aires Cricket Club’. Allí se jugó el primer partido de futbol de nuestra historia el 20 de junio de 1867.  Era una especie de mezcla de ‘Foot-Ball’ y ‘Rugby’.  El encuentro que se inició a las 12.30 hs duró casi dos horas.  Participaron 16 jugadores, 8 por bando, uno capitaneado por Tomas Hogg y otro por Walter Heald. El equipo de Hogg se impuso 4-0. 

Durante todo ese tiempo, el Caserón de Palermo no fue mantenido adecuadamente, y por este motivo fue deteriorándose poco a poco. Hasta el propio Sarmiento deploraba el estado de abandono diciendo que la residencia parecía más una ‘tapera en lugar de un palacio histórico’ reconociendo con ello la envergadura y valor del edificio el cual había denostado y criticado durante el gobierno de la Confederación, demostrando de este modo que sus diatribas y denuestos tenían una pura intencionalidad política (‘…fortuna será que no se venga abajo la construcción bárbara del tirano, notable y digna de conservarse por su originalidad arquitectónica como por su importancia histórica’).  Primero la designa como la construcción bárbara del tirano, e inmediatamente después y, sin sonrojarse ante su contradicción, declama la originalidad arquitectónica e importancia histórica de la obra.

Más aún, Sarmiento logró que la Legislatura aprobara en 1874 su proyecto de ley para crear en las tierras de Rosas un parque al que llamó ‘3 de Febrero’, en alusión a la batalla de Caseros. Lo que la ley no pudo evitar es que el pueblo porteño lo siguiera llamando ‘Palermo’ tal como se denominaba en los tiempos de J.M.   En la actualidad, si algún turista preguntase a un lugareño dónde queda el Parque 3 de Febrero (como consta en los mapas) es muy probable que respondiera que no lo conoce, pero en cambio si preguntara por los bosques de Palermo, casi con seguridad, le sabrían indicar su ubicación.

La zona permaneció en estado de franco abandono durante muchos años, hasta que se fue recuperando gracias a la gestión del intendente Marcelo Torcuato de Alvear, quien en 1889 le devolvió parte de su prestancia y calidad.

Tal como mencionamos anteriormente, desde 1892 hasta 1898 se había establecido allí la Escuela Naval y en esos tiempos se comenzó a pensar en su destrucción, más por razones políticas que por cuestiones edilicias. La actual Avenida del Libertador pasaba cerca del Caserón. Luego se cambió su traza y la de la Avenida Sarmiento para que coincidieran con parte del solar y de esta manera, justificar su destrucción. Existen fotos actuales que han podido establecer donde estaría exactamente hoy el Caserón de Palermo (Ver Foto 24)

El intendente Adolfo Jorge Bullrich quien ejerció el cargo durante la segunda presidencia de Julio Argentino Roca, entre 1898 y 1902, ordenó que la Casona fuera dinamitada. El funcionario contaba con el apoyo del diario ‘La Prensa’ que estimulaba y acicateaba la pronta destrucción del Caserón.

Si bien no se sabe a ciencia cierta quien finalmente dio la orden para la demolición, si fue el intendente por iniciativa propia o fue el presidente Roca, se cree que fue impulsada por Bullrich, quien manifestaba un odio visceral contra todo lo que fuera Rosas y aquello que lo representase. Y así, con saña y supina ignorancia, ejecutó la destrucción.

El derribamiento tuvo lugar a las 00 hora del día 3 de febrero de 1899, pues Bullrich quería que coincidiera con tal fecha ‘de modo que el sol de Caseros no alumbre más ese vestigio de una época luctuosa y que fue la morada del tirano…ninguna razón habría para empeñarse en mantener en pie una construcción vulgar…cuya vista solo remueve memorias de sangre, de crimen y de opresión y barbarie. Abajo pues el odioso baluarte del más cruel de nuestros caudillos’ publicaba el Diario ‘La Prensa’ en sus ediciones del 14 y el 26 de enero de 1899.

La decisión de Bullrich fue fríamente calculada, fundada en razones políticas, proselitistas y demagógicas.  Eligió la medianoche, para que las luces eléctricas que comenzaban a verse en Buenos Aires se mezclaran con las explosiones luminosas de la dinamita, a modo de luces y fuegos de bengala resplandecientes propios de un festejo, mientras la Casona volaba en mil pedazos.   La triste ceremonia concluyó con la invitación a los asistentes a un asado y cerveza hasta la mañana siguiente. (Ver Foto 25)

El intendente fue muy criticado por tal decisión, hasta por las propias autoridades y políticos del momento que también aborrecían a Rosas, como Mitre, Sarmiento y Avellaneda.  La diferencia con Bullrich era que ellos odiaban la idea de nación que él representaba e hicieron lo posible por derrocarlo, pero su encono no era a nivel personal. Pudieron distinguir las discrepancias ideológicas del valor cultural de las construcciones históricas ricas en arquitectura y diseño que pudieran existir, como por ejemplo la Casona de Palermo.

En este tenor también se expresó José Zeferino Álvarez Escalada ,’Fray Mocho’ , ‘Rozas, lo que queda en pie’- en Caras y Caretas – Nro. 18 del 4-2-1899 donde dice que Bullrich ‘…emplea la piqueta de sus peones en demoler un viejo edificio, sugestivo y típico …sin razón, sin motivo y solo inspirándose en rancias preocupaciones, venga un espíritu que ni es de político, ni de historiador, ni de pensador, ni de nada, sino el de un empresario anónimo de la multitud, a demoler de un puntapié algo que a los sabios del futuro les contará muchas vigilias reconstruir’. Es lapidario.  Lo tilda de burro, mercantilista, ignorante.

A los pocos días de dinamitarse la casona, fue contratado el arquitecto y paisajista Carlos Thays para remodelar ese enorme espacio verde y hacer, a imagen de París,  los parques y jardines que hoy conocemos.

 

VII.- ‘ARREPENTIMIENTOS’ TARDÍOS DE SUS ENEMIGOS

 

Aquellos que combatieron con fervor a Rosas, en sus últimos años de vida demostraron una actitud diferente.  Por ejemplo el masón Urquiza, quien se mostró supuestamente ‘arrepentido’ (sic) de haberlo derrocado cuando vio que la anarquía imperante en el país hacía imposible concretar sus intenciones de unirlo por un ‘cuadernito’ llamado ‘Constitución’.

Hablamos de ‘supuesto arrepentimiento’ pues más allá de sus declaraciones, nunca sabremos sus reales sentires.   Cuando vio que corría riesgo de perder sus propiedades, solucionó el tema aliándose secretamente con Mitre luego de la batalla de Pavón.  Le dejó todo el protagonismo político a éste a cambio de que lo dejaran volver a Entre Ríos y no confiscaran sus bienes. Siguió aliándose con Mitre contra los paraguayos en la guerra de la Triple Alianza, contradiciendo en los hechos su proclamado ‘arrepentimiento’.

Podemos concluir que Urquiza vivió tramando y traicionando a cuanto aliado tuvo y terminó su vida ajusticiado, sufriendo en carne propia lo que él había hecho antes a su patria y a sus hombres.

Algo que pocos historiadores señalan es que casi todos los políticos y militares de aquella época participaban en la masonería, que ordenaba victorias y derrotas respondiendo al adagio: ’fraternidad está por encima de nacionalidad’.

Consideremos este hecho como argumento que valida la precedente afirmación.  Sarmiento, Mitre, Alsina, Varela y Urquiza, entre otros, aparentemente eran entre si adversarios a ultranza.   En 1871 López Jordán, que había luchado con Urquiza contra Rosas en Caseros, invadió Entre Ríos porque no pudo perdonar a Urquiza el haberse entregado a Mitre en la batalla de Pavón.  Esta invasión causó estupor en la masonería, y en su reunión del día 6 de mayo la logia masónica ‘Confraternidad’ resolvió unirse contra López Jordán.

Ahora bien, López Jordán acusa a Urquiza de haber traicionado a la causa federal, pero ¿no fue él también un traidor a la Federación cuando se alió con los extranjeros y con Urquiza en Caseros, para luchar contra el gobierno legítimo de J. M. de Rosas?

Otro caso difícil de entender es el de Leónidas Echague, hijo del glorioso gobernador de Entre Ríos y Santa Fe, el confederado Gral. Pascual Echague, que luchó junto a Rosas y lo acompañó al exilio luego de Caseros.  En 1870, como gobernador de Entre Ríos, con el apoyo del presidente Sarmiento (que había combatido denodadamente contra su padre), ordenó todo tipo de atropellos y crímenes.   Desplazó a todos los Federales de los puestos públicos, incluyendo curas y maestros, y expulsó a los colonos de sus tierras para repartir cargos y propiedades a los amigos Unitarios del gobierno provincial y nacional. Esto nos muestra que la historia argentina está jalonada por una interminable serie de traiciones, aun dentro de las propias familias.

Otro ’arrepentido’ (sic) fue Juan Bautista Alberdi quien comprendió tardíamente lo injusto del derrocamiento ilegal hecho a Rosas, a quien entendió y valoró a destiempo.   Paradójicamente terminó sus días en Francia, en la pobreza y olvido como J. M.

Estos supuestos ‘arrepentimientos’ epistolares en las postrimerías de sus vidas por parte de algunos personajes de la historia como Urquiza o Alberdi, más allá de las dudas que generan, aunque fueran ciertos, no sirven para remediar el enorme mal que ambos han hecho a la Argentina soberana aliándose al extranjero en forma tan ruin.

El comportamiento de Urquiza fue descripto detalladamente en el presente trabajo. Respecto al perjuicio a la patria de parte de Alberdi,  lo encontramos en sus ‘Bases Y Puntos De Partida Para La Organización Política De La República Argentina’  del año 1852 y en toda su acción pública contra la Confederación y contra Rosas a lo largo de los años.

Obsérvese contradictorio de Alberdi.  Después de haber escrito “Las Bases…”  y haber sido un apologista en lograr una Constitución escrita como  panacea para la organización nacional, razón por la cual combatió a Rosas, cambió de parecer. En el año 1871 escribió su libro ‘Cartas Quillotanas’, en una de ellas llamada ‘Peregrinación de Luz del Día’, manifestó una opinión contraria “…Las constituciones escritas en el papel están expuestas a borrarse todos los días; las que no se borran fácilmente son las escritas en los hombres, es decir, en sus costumbres”.

Esta última afirmación se aproxima más a una declaración hecha por J.M. de Rosas, que a una hecha por Alberdi.  Éste, en cierto modo, finalmente coincidiría con J.M. al reconocer que la costumbre crea, cimienta y solidifica el derecho, adjudicándole más valor que a un `cuadernito’ llamado Constitución (que, en rigor, podríamos decir que nunca fue aplicada hasta el día de hoy). ¿para eso escribió “Las Bases…”? ¿Para renegar de décadas de luchas para conseguir su aplicación?

Los reconocimientos a la grandeza de Rosas hechas por Alberdi y Urquiza, arrepentidos de sus desvaríos, traiciones y envidias, no alcanzan siquiera a suavizar el daño que provocaron a nuestra nación: ayudando a desmembrarla y a ser invadida desde el exterior.   En otros términos, los supuestos ‘arrepentimientos’ no produjeron un cambio en el ‘status quo’ del Restaurador ni en las condiciones políticas de la Argentina.

Las palabras se las lleva el viento: ‘FACTA NON VERBA’.

Muchos se han preguntado ¿cómo es posible que aquellos que combatieron ferozmente a Rosas y a su política soberana imputándole cuanto horror pueda imaginarse, luego hayan ‘confesado’ que en realidad J. M. no había sido tan nefasto como habían sostenido en su momento, y comenzaron a resaltar sus virtudes reales?.

A simple vista, podemos percibir arrepentimiento en algunas figuras históricas, pero si hacemos una lectura más profunda llegaremos a pensar lo contrario:

Daremos algunos de entre tantos ejemplos:

Cuando Sarmiento dice ““Debo decirlo en obsequio de la verdad histórica, nunca hubo un gobierno más popular y deseado ni más sostenido por la opinión...que el de Don Juan Manuel de Rosas” “Rosas era la expresión de la voluntad del pueblo , y en verdad que las actas de elección así lo muestran…..grandes y poderosos ejércitos lo sirvieron años y años impagos…entusiasmo era el de millares de hombres que lo proclamaban el Grande Americano. La suma del Poder Público le fue otorgada por aclamación. ‘Senatus Consulto’ y Plebiscito, sometiendo al pueblo la cuestión”

¿Qué debemos entender? ¿Arrepentimiento por el contenido de sus declaraciones, o considerar sus acciones en contra a lo largo de tantos años?

El Gral. Cesar Díaz, mano derecha de Urquiza en Caseros lo siguiente:

“Tengo la profunda convicción, formada por los hechos que he presenciado, de que el prestigio del poder de Rosas en 1852 era tan grande o mayor tal vez de lo que había sido diez años antes y que la sumisión y la confianza del pueblo en su superioridad de genio, no le habían jamás abandonado” (Diario ‘El Nacional’ de Buenos Aires 4-11-1879)

¿También se puede entender que Díaz se arrepintió de lo hecho?

De ninguna manera.

No confiesan arrepentimiento por haber combatido ferozmente durante años a la Confederación Argentina.  Nos dicen que debieron hacer lo que hicieron para lograr sus objetivos políticos a pesar de que SIEMPRE SUPIERON la falsedad de sus pensamientos y la ilegitimidad de sus acciones e imputaciones a Rosas y su gobierno.

Dicho en otros términos: ‘perdonen todas nuestras mentiras y miserias, pero tuvimos que hacerlo para lograr el poder aun a costa de la verdad histórica, a costa de derramar sangre de patriotas, a costa de la traición aliándonos a potencias extranjeras, cuando vimos que el pueblo todo nos daba la espalda, cuando intentamos despedazar el territorio y cederlas al capital foráneo.’

A confesión de parte, relevo de prueba.

Nuestra nación, luego de Caseros, se construyó sobre la sangre argentina derramada, y se fundamentó en aquellos fraudulentos pensamientos y en los traidores personajes que los sostenían.

Como una digresión, permítaseme decir que de ‘Federal’ nuestra actual Constitución tiene solo el nombre y los enunciados.  La realidad es que la política fue siempre, y sigue siendo hasta hoy en día, Unitaria.   Las provincias son cautivas del poder central y deben mendigar migajas a cambio de su sometimiento político. Rosas no se equivocó cuando anticipó que una Constitución no resolvería la situación del país, sino que por el contrario produciría años de anarquía y revoluciones.

No puede entenderse como ‘arrepentimiento’ genuino lo que han dicho y hecho estos personajes. Su soberbia malsana da a entender que nadie fue más justo, honrado y querido por su pueblo que Rosas, y dejan entrever que las mentiras y asesinatos fueron medios para lograr a fuerza de muertes y falsedades históricas lo que no pudieron lograr por persuasión e ideas.

San Martín, además de donarle su sable, le escribe diciéndole “El objeto es tributar a Ud. Mis más sinceros agradecimientos al ver la constancia con que se empeña en honrar la memoria de este viejo amigo; como lo acaba de verificar en su importante mensaje del 27 de Diciembre pasado, y que como argentino me llena de verdadero orgullo, al ver la prosperidad, paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida patria; y todos estos progresos efectuados en medio de circunstancias tan difíciles, en que pocos Estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados, yo felicito a Ud. sinceramente, como igualmente a toda la Confederación Argentina. Que goce Ud. De salud completa y que al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino, son los votos que hace y hará siempre a favor de Ud. este apasionado amigo y compatriota. QBSM (B. Sur Mer, 6 de mayo de 1850)

J.M. en testamento (codicilo 16) de fecha 28 de agosto de 1862 dona, a su vez, SU PROPIA espada a su amigo José María Roxas y Patrón, al fallecimiento de éste a ser entregada a su mujer e hijos, y a sus fallecimientos a los herederos de Juan Nepomuceno Terrero.:

, “16ª…Y tanto por los servicios enunciados con que el Señor Roxás me ha auxiliado, y servido, como también por los que con las luces de su ilustrada capacidad, con su pluma y los sabios consejos de su gran práctica, y estudios en los grandes Negocios de Estado, me ha ayudado en el trabajo de las obras, o sean apuntes, que he escrito en este País, desde 1852, sobre la Religión del hombre, sea cual fuere su creencia, la una sobre la Ley Pública la otra; y sobre la ciencia médica la otra; mi Albacea le entregará también, la espada puño de oro, que me presentó la Honorable Junta de Representantes de Buenos Aires, por las Victorias en la Campaña a los desiertos del Sud en los años 33 y 34.- Esa espada está sin la vaina que he vendido para atender a mis urgentes necesidades- Muerto el Señor Róxas, pasará a su Esposa la Señora Da Manuelita, por muerte de ésta a cada uno de sus hijos e hijas, por escala de mayor edad, y por muerte de éstos, a cada uno de los hijos e hijas, de mi primer amigo el Señor Dn Nepomuceno Terrero, por la escala de mayor edad.”.

“23 - La Medalla con sesenta o más brillantes, que me presentó la Honorable Representación de la Provincia de Buenos Aires en testimonio de gratitud por la Campaña a los desiertos del Sud en los años 33 y 34, la regale a mi hija Manuelita de Rosas de Terrero, para que hiciera de ella lo que mejor le agradare”.

El sable le fue entregado por la Honorable Sala de Representantes el 30 de Marzo de 1836, día de su cumpleaños, y un año antes, el 25 de Mayo de 1835, por el mismo motivo, le habían hecho entrega de la Medalla de oro y brillantes.

La vaina del sable, como se dijo anteriormente, Rosas tuvo que venderla en su exilio debido a sus apremios económicos, desconociéndose quien la compró.

La medalla de oro con brillantes se la regaló en vida a su hija Manuelita, pero aún no se sabe cuál ha sido su destino final.

A la fecha del presente trabajo, se desconoce adónde se encuentra el sable, ya que hay uno en el Museo Histórico Nacional donado por Manuel B. Belgrano que había adquirido en una subasta pública en Azul en 1862. El sable había estado desde 1834 frente a la imagen de la Virgen en la iglesia de Azul, donada por el propio J.M cuando volvía de la Campaña del Desierto. Pero creemos que éste no es el sable principal que lo acompañó al destierro y que él mismo donó testamentariamente a su amigo Roxas y Patrón.

En aparente contradicción con lo expuesto, el 17 de Febrero de 1869 en una carta a Roxas y Patrón, J. M. expresa su intención de donárselo al Mariscal Solano López, por su lucha contra el Imperio del Brasil y sus aliados

“Febrero 17 1869

Dn José María Roxas y Patrón (…)

Por mi parte he registrado en mi testamento, la siguiente cláusula, entre otras adicionales.

“Su Excelencia el Generalísimo, Capitán General Dn José de San Martín, me honró con la siguiente Manda. ‘La Espada que me acompañó en toda la guerra de la Independencia, será entregada al Gral. Rosas, por la firmeza y sabiduría, con que ha sostenido los derechos de mi patria.

Y yo Juan M. Ortiz de Rozas, su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a Su Excelencia, el Señor Gran Mariscal, Presidente de la República Paraguaya y Generalísimo de sus Ejércitos, la espada diplomática y militar, que me acompañó durante me fue posible sostener esos derechos; por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de su Patria, el equilibrio, entre las Repúblicas de Plata, el Paraguay y el Brasil (…) Rosas”

(Carta de Juan Manuel de Rosas a José María Roxas y Patrón, en A.G.N. “Correspondencia Rosas-Roxas y Patrón”. 1868-1870)”.

Se trata de una mera carta, no es un testamento con todas sus formas y por lo tanto entiendo que éste sería el único documento legalmente valido testamentariamente hablando.

Su amigo Roxas y Patrón le contestó prontamente el 23 de marzo de 1869 explicándole que todos sus papeles y su espada deberían estar en un Museo Argentino.

Seguramente Rosas debe haber desistido de la donación a Solano López, pues en la modificación de su testamento en el año 1873 no cambia el codicilo 16º (agréguese el hecho de que el 1 de Marzo de 1870 el Mariscal López había muerto y no podría eventualmente acceder a tal sable).

No se sabe, en fin, la suerte del mencionado sable ni el de la medalla de oro y diamantes referida, también entregada a Rosas por la Asamblea Legislativa de la Confederación por sus triunfos en la Conquista del Desierto y que J.M. usaba con su uniforme en reuniones formales y con la que siempre se lo ve en sus distintos cuadros.

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 VIII.- EL TRATO RECIBIDO POR JUAN MANUEL DE ROSAS EN INGLATERRA

 

¿Por qué Rosas fue bien recibido por los ingleses, contra quienes combatió durante años?

No hay demasiados datos en concreto que expliquen en forma directa tales motivos, pero contamos con muchos elementos que nos permiten inferir una respuesta.  

Rosas, durante su gobierno, había tratado bien a los súbditos ingleses que vivían en la Argentina, quienes siempre tuvieron un buen concepto sobre él porque les permitió vivir en paz, crecer económicamente en el país y gozar de la seguridad jurídica que brindaba la Confederación, respetándoseles sus propiedades y sin ser molestados ni en el período del bloqueo.  Más aun, ellos mismos estaban en contra de dicho bloqueo porque los perjudicaba en sus actividades comerciales.

Esta posición la expresaba el Ministro Gore al gobierno inglés antes de Caseros.  Sostenía que, si bien era contrario al régimen de Rosas, a Inglaterra no le convenía que derrocaran su gobierno pues protegía la vida y los bienes de los extranjeros, manteniendo el orden jurídico en el país.

Gilbert K. Chesterton decía que “El verdadero soldado no lucha porque odie lo que hay frente a él sino por amor a lo que tiene detrás”. Más claro y sintético, imposible.

Podemos decir que Rosas no era enemigo de los ingleses, sólo defendía los derechos de la Confederación Argentina. Cuando fuimos respetados por ellos, se los respetó.

Obsérvese que, en el certificado de defunción donde debe completarse la ocupación, dice “EX PRESIDENTE OF ARGENTINIA CONFEDERATION”.   Lo que nos demuestra que más allá de todo, J.M. fue visto y tratado, aun en el exilio, no sólo como Gobernador de una Provincia, sino como Jefe de Estado.

Tal vez su único enemigo declarado era el Imperio del Brasil.  Es discutible si ello se extendía a los franceses dado que durante muchos años se estampaba la frase ‘Mueran los Salvajes Unitarios’ y luego ‘Mueran los asquerosos Inmundos Franceses’.  Seguramente por una cuestión ideológica ya que todas las doctrinas libertarias e iluministas venían de Francia y chocaban con el hispanismo tradicional de Rosas quien privilegiaba el orden y las jerarquías.   A pesar de todo esto, los franceses, incluido Napoleón III, respetaban a J.M. por el ahínco y nobleza con los que defendía la independencia de su nación.

Dejemos hablar a Leonardo Castagnino que sintetiza lo antedicho: “Los ingleses, como los franceses, admiraron el gesto de Rosas: ellos hubieran hecho lo mismo de haber nacido argentinos. Lord Howden llegado a Buenos Aires por 1847 para hacer la paz, fue apasionado admirador de Rosas. Lo cual no quiere decir que dejara de ser muy inglés y tratase de sacar las ventajas posibles para su patria.

Para el buen inglés no había cotejo posible entre Rosas y los unitarios. Aquél era un enemigo de frente, que los había vencido en buena lid, y digno de todo respeto; en cambio éstos eran agentes sin patria que necesitaba como auxiliares en la guerra, pero a los cuales despreciaba. Los pagaba, y nada más.

Esta posición de los imperios con sus servidores nativos, no la pudo entender Florencio Varela cuando fue a Londres en 1848 a gestionar a Lord Aberdeen la intervención permanente británica en el Plata, el apoderamiento por Inglaterra de los ríos argentinos, y el mayor fraccionamiento administrativo de lo que quedara de la República Argentina.

Fue don Florencio a Londres muy convencido de que los ingleses lo recibirían con los brazos abiertos por estas ofertas, pero Aberdeen lo echó poco menos que a empujones del despacho: le dijo claramente que Inglaterra no necesitaba el consejo de nativos para dirigir su política de expansión en América, y sabía perfectamente lo que debería tomar y cuándo podía tomarlo; que Varela se limitara a recibir el dinero inglés para su campaña en el “Comercio del Plata” en contra de la Argentina, sin considerarse autorizado por ello a alternar con quienes le pagaban”.

Era y es muy común en los ingleses el hecho de tender una especie de ‘puente de plata’ a aquellos que hayan combatido y caído contra ellos lealmente sin traicionar a sus patrias, dejándoles huir de batallas o establecerse en posteriormente Inglaterra. No sabemos cuáles serían los motivos encubiertos de tales medidas.   Puede ser el brindar una imagen de magnanimidad frente al mundo, de supuesta liberalidad, de pretendida y falsa civilización.

La única duda que no hemos podido disipar es por qué J. M .de Rosas, luego de llegar a Inglaterra donde fue tratado con la reciprocidad que él tuvo para con los ingleses inmigrantes y comerciantes del Plata y al que se le dio trato de Jefe de Estado, se quedó allí en vez de tentar ir a otras tierras tal vez más benignas con él, en cuanto al clima e idioma como España, donde además tenía parientes en Burgos de donde procedía su familia.

Lo mismo se preguntó Juan Nepomuceno Terrero al escribirle a J.M. el 30 de diciembre de 1853 sobre los motivos por los cuales permanecía en Inglaterra cuando podía radicarse en Italia, Francia o España.

Sabemos que fue invitado a vivir a Francia y que personalidades de la talla del citado Napoleón III lo tenían en alta estima, así como Lord Palmerston, Lamartine, Mackau, Lord Northumberlad, la Reina Victoria y los presidentes de EEUU y Latinoamérica de esa época.

Debemos mencionar que Rosas nunca salió de Inglaterra. No visitó ningún país de Europa mientras vivió en el destierro.

Tal vez la razón estribe en el carácter de J.M. Remitiéndonos a su análisis, intentaremos develar los motivos.

J.M. tenía como característica básica de su personalidad EL ORDEN. En todos los aspectos de su vida.

Era ordenado en su ámbito privado, en sus actividades cotidianas y sus labores diarias en el campo.  Era meticuloso al extremo en su vida pública, conocido por su puntillosidad en las cuentas del erario público y privado. Amaba el orden más allá de cualquier idea política y le irritaba de sobremanera todo lo que pudiese entenderse como anarquía y revolución contra la estabilidad institucional legalmente establecida.

Ese rasgo de personalidad, tan conocido y difundido en sus escritos era visible y, en tiempos del destierro, Inglaterra, en plena época victoriana representaba estabilidad en sus instituciones y era ajena a revoluciones y guerras.

Seguramente esta particularidad le atraía a J. M., ya que el contexto de Francia y España era totalmente opuesto debido a su inestabilidad política. A esta situación debemos agregar un dato no menor anteriormente citado: en Inglaterra fue respetado y tratado con honores de Jefe de Estado.

Todo lo expuesto es sólo una interpretación deductiva extraída de su carácter y modo de ser para identificar algunas de las razones ‘in pectore’ que pudo haber tenido Rosas para tomar la decisión de quedarse afincado en Inglaterra.  También debemos tener presentes las ideas y formación política de J.M., que se asemejaba en algunos aspectos al modo inglés de representación.

Durante su gestión en el gobierno, algunos de sus aliados como Quiroga y otros caudillos del interior, como Ibarra, le requerían continuamente que organizase al país, que le diese una Constitución Federal, creyendo que con eso se iban a solucionar las guerras internas y externas y la paz reinaría en la Confederación. Los hechos después de 1852 y 1853 demostraron lo contrario.

Es que como quedó comprobado las proclamas de los unitarios, brasileños y europeos en el sentido que solo una organización constitucional daría la paz a la región eran meros subterfugios para atraer a federales tibios: la idea siempre fue desmembrar a la nación, imponer el libre comercio y beneficiar con ello a los franceses e ingleses y a sus agentes internos.

En 1873 Ernesto Quesada visitó a J.M, en sus conversaciones, éste, le decía que se había negado durante mucho tiempo a ello, por más que deseara los mismo.  Consideraba que en esos momentos la nación estaba en anarquía permanente y hasta que no existiese orden en toda la República, y se arraigase al pueblo en hábitos de vida democrática no era posible.   Requería tareas largas y penosas y un simple ‘cuadernito’ como solía decir Facundo Quiroga, no iba a cambiar nada sino por el contrario iban a aumentar la desintegración de nuestra Confederación. Tal cual sucedió después de Caseros.

Ya en el exilio, llegó a conocer las ideas y actividades socialistas y revolucionarias que se expandían por Europa que tanto le disgustaban.  Le preocupaba que llegase a hacerse del poder en algún estado.

¿Era este el modo real de pensar de Rosas?

El tiempo le dio la razón en el sentido que una Constitución, supuestamente Federal, no logró pacificar ni organizar al país.  Al contrario, debido a las luchas fratricidas que comenzaron con la derrota en Caseros y que la Constitución deseada o declamada, no pudo detener las revoluciones que le siguieron y los incontables fusilamientos y torturas de los Federales que quedaron luego de Caseros..

Esta gente, lo que no logró con Lavalle, lo logró con la traición de su primer jefe: Justo José de Urquiza.

Como razona Americo Piccagli, la actitud que tuvieron a lo largo de nuestra historia las coaliciones internacionales junto a los disidentes internos invocando motivos de ‘humanidad, libertad, progreso y civilización’ y la supuesta falta de una ‘Constitución’ atacaron cada vez que pudieron a los gobiernos legales intentando voltearlos con dicho objetivo declarado pero la realidad era siempre un tema ECONÓMICO –escondido tras posturas  ideológicas y políticas- a fin de lograr la libre navegación de los ríos interiores de nuestro país (el Paraná fundamentalmente) para un libre comercio y lograr asi introducir sus manufacturas por la fuerza (esto es, un dominio económicos que era su objetivo final), y no la defensa de aquellos principios, como bien lo vio desde siempre el Gral.San Martín en sus cartas con Guido quedando, además, acreditado ello en los hechos posteriores.

Luego de Caseros, con una Constitución sancionada, las guerras civiles, con orgías de sangre, degüellos y torturas, se acrecentaron y nunca fueron tenidas en cuenta por aquellos que se decían liberales o humanistas y las prescripciones de la tan cacareada existencia de un librito llamado ‘Constitución’, fueron dejadas en el olvido.

Apenas finalizada la batalla de Caseros, durante por lo menos mas de 20 años, comenzó una matanza de civiles y militares federales, incluidos Gobernadores del interior.

Había alrededor de 20 fusilamientos, ahorcamientos públicos, degüellos, etc.. por día de personas ya rendidas luego de Caseros, sin ningún tipo de juicio previo ni respeto las leyes.

Y pensar que luego de Caseros hubo un decreto de Urquiza aboliendo la pena de muerte por causas políticas!, lo que implica una ironía e hipocresía.

Y estos fusilamientos, confiscaciones, desapariciones, torturas y venganzas Unitarias que sucedieron NO EN EL CAMPO DE LAS DISTINTAS BATALLAS Y PRODUCTO DE LA LUCHA, sino a posteriori y con los Federales detenidos o rendidos en las distintas batallas desde 1952 (iniciadas con las ejecuciones de Chilavert y Santa Coloma) y, como referencia, hasta la muerte de Urquiza en 1874 (22 años aproximadamente), entre civiles y militares suman mas de 10.000 personas. Muchos de estos ejecutores eran los uruguayos Sandes, Rivas, Arredondo, Irrazabal y Paunero y otros mas que, como verdugos, esbirros, cometieron incontables asesinatos que cumpliendo órdenes de los unitarios triunfantes (Mitre, Sarmiento, Urquiza en su momento, Derqui, etc, como lo ha probado documentalmente en detalles minuciosos Piccagli en su obra citada “La Argentina Violenta y Contradictoria” el que menciona con nombre y apellido, por lo menos, más de 600 en este período.

Aún más, la supuesta Constitución Nacional declaraba que se instituía el sistema Federal de Gobierno, lo cual en la práctica y hasta el día de hoy, es aparente solo en la letra, ya que en realidad es Unitaria y centralista, como comentamos anteriormente.

En el fondo, más allá de sus justificaciones, suponemos que Rosas, con sagacidad y conocedor del tema, abominaba el sistema electoral producto de una supuesta organización bajo una Constitución y que él creía en un sistema absolutista de gobierno.

Comenta un anécdota al respecto citada por Roberto D.Müller: Rosas conversaba con el Capitán del buque que lo llevaba a su destierro y éste le habría preguntado por qué no había organizado constitucionalmente el país,  a lo cual J.M. le contestó:

“.no había más sistema de gobierno eficaz que el absoluto, y que convencido de esto, jamás pensó llamar a los pueblos a que se dieran una Constitución. El coronel Costa interrumpió a Rosas, diciéndole: .-¿De modo, señor General que para eso nos ha hecho Vd. pelear veinte años?"- Y qué?, recién lo conoce Vd?”, contestó el ex- Restaurador  lo cual generó aparentemente un altercado  y el Coronel Costa se trasladó a otro buque y en poco tiempo volvió a la Argentina”.

Sea verdad o no, éste diálogo deja en claro que el pensamiento de Rosas se acercaba más a un régimen autocrático y con tintes absolutistas – al igual que San Martín y Belgrano- que a uno democrático y jacobino. Como afirmamos precedentemente, parecería que el tiempo le dio la razón puesto que ni la Constitución sancionada con posterioridad a Caseros, ni los partidos políticos sirvieron para pacificar al país; al contrario, nos envolvieron en una anarquía de sangre sin fin.

Y decimos ‘al igual que San Martín’ porque, a pesar de aquellos que pretenden una formación e ideas liberales de nuestro Libertador Gral.José de San Martín, el mismo en carta a Guido (17-12-1835)  tanto en los hechos como en la palabra, da por tierra con esos declamaciones iluministas, afirmando sin hesitación que era necesario “…el establecimiento de un gobierno fuerte, o mas claro absoluto, que enseñase a nuestros compatriotas a obedecer. Yo estoy convencido que cuando los hombres no quieren obedecer a la ley, no hay otro arbitrio que el de la fuerza”

Agregaríamos que ‘el orden’ es una condición necesaria para el desarrollo de una nación, pero también entendemos que no es un fin en sí mismo.

Desde Europa, el General San Martin le escribe a Tomas Guido el 1º de noviembre de 1831, y el uno de sus párrafos el expresa textualmente:
"Ya es tiempo de dejarnos de teorías, que 24 años de experiencia no han producido más que calamidades. Los hombres no viven de ilusiones, sino de hechos: ¿qué me importa que se me repita hasta la saciedad que vivo en un país de libertad si por el contrario se me oprime?... ¡Libertad! désela usted a un niño de tres años para que se entretenga por vía de diversión con un estuche de navajas de afeitar, y usted me contará los resultados. ¡Libertad! Para que un hombre de honor se vea atacado por una prensa silenciosa, sin que haya leyes que lo protejan y si existen se hagan ilusorias. ¡Libertad! Para que si me dedico a cualquier género de la industria, venga una revolución que me destruya el trabajo de muchos años y la esperanza de dejar un par de bocados a mis hijos.
¡Libertad! Para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos originados porque a cuatro ambiciosos se les antoja por vía de la especulación, hacer una revolución y quedar impunes. ¡Libertad! ¡Libertad!...Maldita sea la libertad, ni será el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona, hasta que no vea establecido un gobierno que los demagogos llamen tirano y me proteja contra los bienes que me brinda la actual libertad". 
(Carta del Gral. San Martin a Tomás Guido. 1º de noviembre de 1831)

Estos pensamientos del Gral.San Martín fueron escondidos, escamoteados, por quienes siempre han querido lograr un falsificación de nuestra história para imponer sus ideas y, como decía Salvador M.del Carril a Lavalle en 1828, “ si es necesario envolver la impostura con pasaportes de la verdad, se embrolla_ y si es necesario mentir a la posteridad, se miente y se engaña a los vivos y a los muertos”

Igualmente nada de esto se le escapaba al Gral.San Martín que si bien siempre se opuso a desenvainar su espada para verter sangre de argentinos, no dejaba de entender las acciones y comportamientos de los Unitarios: Ya  el 13 de abril de 1829  en carta a O’Higgins le hace ver que dado el estado permanente de enfrentamientos la única solución –lamenta el Gral.San Martín- es el exterminio de un partido sobre otro y que la culpa de todo esto son “….los autores del movimiento del 1º  de Diciembre, son Rivadavia y sus satélites, y a usted le consta los inmensos males que estos hombres han hecho a este país, y al resto de la América, con su infernal conducta. Si mi alma fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme de las persecuciones que mi honor ha sufrido de estos hombres; pero es necesario enseñarles la diferencia que existe entre un hombre de bien, y un malvado.

Esos males que dice el Libertador y que condena son los que ha hecho Lavalle derrocando a Dorrego y detrás del cual detrás del cual se encontraban Rivadavia y sus ‘satélites’ amigos, Segundo de Agüero, Del Carril, Varela, Agrelo, etc.

Y finalmente y perdiendo el sosiego y la templanza le dice al Gral. Iriarte sumamente irritado y desilusionado días antes de irse definitivamente a vivir a Europa en 1829: "Sería un loco si me mezclase con estos calaveras. Entre ellos hay alguno, y Lavalle es uno de ellos, a quien no he fusilado de lástima cuanto estaban a mis órdenes en Chile y en Perú…son muchachos sin juicio, hombres desalmados...

Queda en evidencia la concepción política de José de San Martín y de J.M. de Rosas. Ambos, el Libertador y el Restaurador de las Leyes imbuidos de un mismo ideal, escamoteado por la falsificadores de la historia que han inculcado desde la escuela, colegios, diarios, un sistema educativo que ha tenido como base no solo una interpretación de los hechos sino también la descripción de los hechos y actuaciones de nuestros antepasados que ha llevado a tal punto la mentira que hasta los institutos Sanmartinianos han inventado hasta hoy, hasta el presente, una imagen del Gral.San Martín totalmente alejada de la realidad, de su pensamiento político, maquillándolo y haciendo del Libertador un militar liberal y hasta diría, jacobino, cuando la verdad extractada de sus palabras y hechos a través de toda su vida dista totalmente de ello.

Que por razones que el mismo San Martin explicó aceptó el sistema Republicano por ser lo que la mayoría del pueblo argentino quería y por lo tanto, dijo, jamás resolvería a diezmar a sus conciudadanos para obligarlos a adoptar un sistema que no conformase al pueblo, pero eso no significó abdicar de lo que él creía mejor como sistema de gobierno: absolutista, monárquico hablando ya el 6 de Abril de 1829 en carta a Guido de la necesidad de “un gobierno vigoroso” y de buscar “un salvador” con “un brazo vigoroso".

Lejos la realidad de lo que nos han querido hacer ver en nuestras escuelas y en el Instituto Nacional Sanmartiniano, que, falsificando la historia, han enterrado en el silencio el real perfil del Libertador, su ideario, sus acciones, bajo una túnica liberal fraudulenta.

Ya  Rosas  exiliado seguía la evolución de la política europea. Durante los últimos años en Inglaterra pudo conocer las ideas políticas revolucionarias, socialistas y comunistas. Estas ideologías lo irritaban porque causaban la insolencia de la plebe y el avance de ideas extremistas cuyo liberalismo iba a ser el prolegómeno de la anarquía. Auguraba, por tanto, épocas difíciles para los países europeos, criticando a Mazzini, Víctor Hugo, entre otros pensadores.

Rosas tuvo tiempo de expresar sus ideas respecto a la llamada democracia y los partidos políticos, y pudo declarar cuál era a su entender el mejor sistema de gobierno.  Esto no ha sido una opinión aislada, sino algo que ha sostenido en toda su vida y su pensamiento político, mínimamente desde 1832 a 1872.

“Es necesario desengañarse de una vez con esa falsa fusión con ciertos partidos, sugerida y propagada con astucia por las logias, para adormecer a los federales, que no conocen todo el fundo de perversidad y obstinación de que están poseídos nuestros enemigos. Es muy triste y degradante que el crédito de la República y la reputación de sus hijos más ilustres esté a merced de los caprichos y perversidad de ambulantes aventureros que, sin dar la cara, tienen libertad para ultrajar y difamar impunemente” … (carta a Facundo Quiroga, del 28 de febrero de 1832);

“Formas constitucionales considero que son aquellas más conformes al estado y posición de las cosas y que por lo mismo son las más a propósito para preservar de males al cuerpo político y hacer que se conserve en tranquilidad y orden del mejor modo posible. Si ellas no fuesen de esta naturaleza ni produjeran estos saludables efectos, no pueden llamarse constitucionales, porque no tienen ninguna relación con la salud del Estado. En tal caso, o estarían de más, sin producir bien alguno y se llamarían formas superfluas, o si producen o abren la puerta a grandes males, más bien que constitucionales deberían denominarse formas anárquicas” … (carta a Pascual Echagüe, del 23 de julio de 1836);

“Es que se quiere vivir en la clase de licenciosa tiranía que llaman libertad, invocando derechos primordiales del hombre, sin hacer caso del derecho de la sociedad a no ser ofendida… Las elecciones son farsas inicuas de las que se sirven las camarillas de entretelones, con escarnio de los demás y de sí mismos, fomentando la corrupción y la villanía, quebrando el carácter y manoseándolo todo” … (carta a Josefa Gómez, del 17 de diciembre de 1865);

"Nunca pude comprender ese fetichismo por el texto escrito de una constitución, que no se quiere buscar en la vida práctica sino en el gabinete de los doctrinarios; si tal constitución no responde a la vida real de un pueblo, será siempre inútil lo que sancione cualquier asamblea o decrete cualquier gobierno. El grito de constitución, prescindiendo del estado del país, es una palabra hueca. Y a trueque de escandalizarlo a usted, le diré que para mí el ideal del gobierno feliz será el autócrata paternal, inteligente, desinteresado e infalible, enérgico y resuelto a hacer la felicidad de su pueblo, sin favoritismos. Por eso busqué yo solo realizar el ideal de gobierno paternal en la época de transición que me tocó gobernar” … “He despreciado siempre a los tiranuelos inferiores y a los caudillejos de barrio, escondidos en la sombra; he admirado siempre a los dictadores autócratas, que han sido los primeros servidores de sus pueblos" (entrevista con Vicente Quesada. (1873).

Más claro, imposible.

Rosas llegó a leer textos de Karl Marx, pero –y esto es lo curioso- Marx aparentemente conocía quien era J.M de Rosas: Existiría un libro escrito por Karl Marx  y prologado por J.Raed Spalla llamado “Palmerston, Rosas y El Río de La Plata”, (https://www.marxists.org/espanol/m-e/1853/lord_palmerston.pdf) que hasta la fecha, no he podido encontrar. No se debe confundir con otro anterior sobre Lord Palmerston: “Historia  de Vida de Lord Palmerston” escrito en 1853, también con el prólogo de J.Raed Spalla, que puede leerse en el sitio recién mencionado,.

J.M. en su exilio, además de escribir sobre temas variados, llegó a escribir un cuento.   Solamente uno a lo largo de toda su vida. Se llamaba “Desespera y Muere”. Si bien no se sabe con certeza la fecha exacta en que lo escribió, se supone que fue escrito después de 1858.  

El historiador Dardo Corvalán Mendilaharzu lo encontró en el Museo Histórico Nacional, escrito en una libretita en la cual Rosas solía garabatear ideas. En sus páginas, en letra manuscrita y con la buena caligrafía de J.M. pudo leer este cuento.

Lo llamativo del tema es que EL protagonista es en verdad, LA protagonista.  Es decir, una mujer: María, que habla sobre su hombre amado y sus desgracias. Si invirtiéramos los géneros de los personajes, y fuese un hombre el que le hablase a su mujer, aparecerían, como por encanto, muchos de los pensamientos tristes y melancólicos que tenía Rosas en su vida real en esos momentos de destierro y penurias económicas. ¿Una especie de Alter Ego, tal vez? No lo sabemos.

No podemos omitir el hecho que J. M. en sus repetidas cartas e incluso en su testamento, registró con puntilloso orden todo el dinero que le había sido entregado por pocos amigos y familiares para subsistir durante esos aciagos años.  Rosas siempre consideró ese dinero como un préstamo, dato que se refleja en su testamento cuando dispuso que el mismo fuera devuelto con un 3% de interés (correspondiente al interés fijado por los bancos ingleses). ’Cuando se le devuelvan los bienes injustamente confiscados’

Juan Manuel de Rosas murió pobre y prácticamente solo el miércoles 14 de marzo de 1877 a las 7 de la mañana, puesto que en ese momento estaban su médico, su consecuente empleada Mary Ann, su hija Manuelita y los hijos de ésta, Rodrigo Tomás y Manuel Máximo Terrero.  Su yerno, estaba en Buenos Aires tramitando la devolución de los bienes maternos de Manuelita.

Fue enterrado en el Cementerio de Southampton, en la capilla católica de Buglestreet, con la sola presencia de las personas citadas anteriormente.

Se acompañan. Certificados de Defunción  (Ver Foto 26  y 27)  un plano original del cementerio y la ciudad (ver Foto 28)- y una foto original del sepulcro tomada en el año 1914 por la familia (ver Foto 29)

Cabe señalar que antes de traer de vuelta al país los restos del Restaurador, debió abrirse el ataúd para verificar la existencia de su cuerpo.

Además de dicha certificación ‘in visu’, se encontraron en su interior:

Una cruz de madera muy deteriorada, con cuatro pequeñisimas rosas confeccionadas en tela que por su estado fue difícil saber de qué tipo de material se trataba. (ver Foto 30)

Un plato de fondo blanco con dibujos azules, típicamente inglés, que era el plato en el que comía habitualmente J.M.

Rosas –más allá de vida campera- cuidaba mucho su estética. Tuvo una de las primeras dentaduras postizas que hubo en el mundo. Al morir y luego al traerse sus restos apareció en su ataúd. Tal su importancia histórica por la época en que se hizo fue solicitada por nuestra Facultad de Odontología para estudiar el material y la forma de realización. Sin embargo, la familia se negó a donarla por cuestiones de pudor e intimidad.  (Ver Foto 31).

Otro elemento que daría cuenta del interés por cuidarse estéticamente por parte de Rosas estaría dado por una información –no sabemos si fue real o no- dada por la Revista Caras y Caretas del 24 de Octubre de 1908.

En una carta de Sir Woodbine Parish, diplomático británico en Buenos Aires de 1825 a 1832 a una tercera persona le comenta que un día se acercó a Rosas que se estaba afeitando y que lo llamó a acercarse con familiaridad preguntándole como hacía el Brig. General para tener la piel tan suave y perfumada teniendo en cuenta la vida al aire libre que llevó siempre J.M con su vida en el campo y las rudas tareas que hacía.

El mismo le comenta, entusiasmado, que desde hace años solo se enjabonaba y afeitaba con una pasta que le había conseguido Manuelita de un químico norteamericano que le dio la formula supuestamente secreta: Timol, aceite de olivas, aceite de almendras dulces, bromo, ácido Horacio y goma benju.

Esa fórmula –continúa diciendo la Revista- con que Rosas conservaba su tez tan tersa es la desde fines del siglo pasado (esto es, siglo XIX) que se usa en todo el mundo y en las Cortes de Europa y se conoce con el nombre de. JABÓN ‘REUTERS’. (Ver Foto 32)

 

 


 

IX.-LA IMPORTANCIA DE LAS MUJERES EN LA VIDA DE ROSAS

 

La importancia de las mujeres que acompañaron en su vida pública a Rosas, es un tópico a analizar profundamente en alguna otra oportunidad.  Si bien ya ha sido estudiado, merecería una investigación más sistemática ya que en este trabajo nos referimos someramente a ello.

La impronta de su madre Agustina López Osornio, forjó el fuerte carácter de J.M., quien no trepidó en desobedecerla y casarse con Encarnación Ezcurra a pesar de su oposición. Ese carácter acompañó a J.M. toda su vida pública y fue lo que le permitió sostener prácticamente solo y durante muchos años el manejo de la cosa pública frente a tanta anarquía.

Su mujer, Encarnación Ezcurra, estéticamente no muy agraciada, fue su socia y consejera, siendo ella la única persona a quien verdaderamente escuchaba.  Manejaba su actividad política sin ‘medias lenguas’.  Era muy directa y expeditiva en sus acciones y órdenes, en otras palabras, era muy poco diplomática.  Repartía premios y castigos en forma rigurosa y férrea mientras su marido se ausentaba de la ciudad.   Aun cuando éste se encontraba presente, tejía alianzas, identificaba a aquellos que se declaraban Federales, pero conspiraban contra la Confederación, etc.  Podemos decir que se trataba de un matrimonio, pero en cierta forma conformaban una sociedad políticamente perfecta.

Manuelita, al contrario de su madre, era más persuasiva y diplomática.  Con su belleza, gracejo y donaire cautivaba e hipnotizaba a quienes se acercaban al Restaurador tendiendo puentes y acercando posiciones políticas encontradas entre la Confederación y los emisarios diplomáticos extranjeros. Una vez en el exilio, cuidó abnegadamente hasta el último suspiro a su ‘tatita’ (como ella lo llamaba).

Muchos entienden que Manuelita tenía un ascendiente directo sobre J.M. para lograr que modificara una condena a muerte, un destierro o una medida grave contra alguna persona.  Otros piensan que se trataba más de una puesta en escena entre ambos, que mostraba la comunidad y entendimiento político que tenían. Esta “alianza padre-hija” la podemos encontrar en aquellas oportunidades en las que Rosas quería cambiar una orden, una idea o perdonar alguna acción.  En lugar de hacerlo directamente él, ’aparecía’ (sic) en el escenario Manuelita, quien utilizando compasión, ‘lograba persuadir’ (sic) a su ‘Tatita’ para que conmutara una pena o cambiara una decisión. Esta estrategia permitía a J.M. torcer sus órdenes sin que públicamente pareciera débil, sino que era un gesto ‘piadoso’ ante un ‘ruego de clemencia’ (sic) de parte de su hija.

Una alegoría muestra el ‘Aromo del Perdón’ donde se suponía que Manuelita iba al encuentro de su padre con una carta en la mano con el pedido de clemencia o indulgencia para alguien, como puede verse en una foto oficial. (Ver Foto 33).

Actualmente existe un retoño de tal árbol en Av. del Libertador y Av. Sarmiento, en el barrio porteño de Palermo. (ver foto 34)

Josefa Gómez, pasó su vida actuando de correo diplomático entre Rosas en el exilio y las distintas personalidades políticas y militares en la Argentina, a fin de reivindicar su nombre y conseguir que le devolvieran sus bienes injustamente incautados.  También organizaba colectas dinerarias para enviárselas a J.M. para que pudiera subsistir decorosamente. Josefa Gómez –junto a Roxas y Patrón- fue la más firme y solidada defensora de Rosas, en una época en la que era muy difícil sostener tal actitud en medio de los gobiernos unitarios que gobernaban en Argentina cuyos funcionarios la hostigaban mediante insultos y agresiones verbales. Ella era una mujer que poseía tierras y establecimientos ovinos.  Se supone que fue amante del cura Felipe Elortondo, del que ya hemos hablado, y quien la había contratado supuestamente como ‘ama de llaves’.

Eugenia Castro, fue dada en tutoría a Rosas por su padre ante la inminencia de su muerte.  Se trataba de uno de sus coroneles, Juan Gregorio Castro. Entró con 13 o 14 años a la Casa de los Ortiz de Rozas para cuidar a Encarnación, que estaba muy enferma y se encontraba postrada.  La atendió con permanentes muestras de cariño y piedad durante algunos años hasta su fallecimiento.  Esto ha sido reconocido por el propio J.M. y su familia.  Luego de la muerte de Encarnación, alrededor de 1841, comenzó a ser íntima del viudo Restaurador, con quien tuvo cinco hijos.  Tenía aproximadamente 20 años (no, 13 o 14 como se ha dicho. En el Censo de 1855 declara tener 35 años, por lo que habría nacido en 1820). Se encargaba del cuidado y manejo de las cuestiones domésticas de la Casona, convirtiéndose en una concubina más o menos evidente.  Manuelita, que la tenía en muy alta estima, se encargaba  mientras tanto de las cuestiones sociales y diplomáticas de su padre.

Esa ‘alta estima’ se desdibujó cuando Eugenia le inició juicio de afiliación a J.M por sus cinco hijos. Manuelita, amén de rechazar el reclamo, no se refirió hacia Eugenia con palabras precisamente agradables.

En aquellos tiempos, la diferencia de edad entre los miembros de una pareja era bastante común.  Por ejemplo, Martín Rodríguez, Martín Pueyrredón Bernardino Rivadavia, Lucio Mansilla, Domingo F. Sarmiento y otros le llevaban 30 años o más a sus mujeres.

J.M. invitó a Eugenia para que lo acompañara a su exilio junto a dos de sus hijos, pero ella se negó a hacerlo si no llevaba a todos,  para quedarse en el país a cuidar a sus hijos. El hecho que se puede criticar a Rosas es el de no haber reconocido a los hijos de ambos, sobre todo considerando que adoptó y le dió su apellido a Pedro Pablo Rosas y Belgrano, nacido de la relación entre Manuel Belgrano y la hermana de Encarnación, María Josefa Ezcurra.   

De todos modos, -y sin querer justificar los hechos, solo comprenderlos- partiendo del concepto que la historia debe estudiarse desde la mentalidad del tiempo que transcurren los hechos y no desde la forma de pensamiento del presente, todo podría comprenderse, ya que en aquellos tiempos era común que los hombres de familias tradicionales que tenía hijos con alguien de condición social inferior escondieran la prole que pudiesen concebir.

 

 

 

X.- REPATRIACION DE SUS RESTOS Y REIVINDICACIÓN HISTÓRICA

 

Contaba mi abuela Malvina Raquel, ‘Cota’ (tataranieta de J.M, bisnieta de J. Bautista y nieta de J.M. León) que su padre, Rodolfo Molina Salas, tenía PROHIBIDO EN LA FAMILIA HABLAR DE J.M. de ROSAS, NI SIQUIERA PODIAN NOMBRARLO En la propia casa, y en honor a la verdad, continuaba diciendo mi abuela, no se hablaba ni a favor ni en contra de J.M. Su vida y obra era un tema tabú que no se tocaba. Esto me fue confirmado por mis familiares mayores: en nuestros hogares no se hablaba de J.M, en ese sentido reinaba un silencio absoluto

Yo mismo, como autor de este trabajo, para comprender y conocer la historia, debí transitar la época de Rosas con mis propias ideas y recursos investigativos, lo que supuso luchar contra un ambiente cultural y social algo adverso en algún sentido.

Seguramente la familia debe haberse debatido en una contradicción afectiva y cultural.  Por un lado, como descendientes directos del Restaurador sentirían cierto grado de afecto, pero, por otro lado, la educación recibida desde el ingreso escolar les inculcaba una mirada negativa.   Su nombre era sinónimo de ‘tirano’ y su régimen se calificaba como una feroz ‘dictadura’, dando a entender con tal término que su gobierno era ilegal. Evidentemente no se conocía lo que significan los términos ‘tiranía’ y ‘’dictadura’

El tirano, es una persona que es un intruso en el ejercicio del gobierno y que no ordena al bien común la multitud que le está sometida sino al bien privado de él mismo” (Santo Tomas de Aquino).

Quedó ratificado en los hechos y no sólo en las palabras, que J.M. de Rosas no ha sido tirano.  Accedió al gobierno luego de haberse negado a ello en más de una oportunidad, y finalmente lo hizo ante el ruego de la gente de todo el país.  Es dable destacar que, durante su gestión, las finanzas públicas fueron tan ordenadas, que hubo superávit en su último año de gobierno.  Algo inédito en nuestra historia, como lo aceptan, aun a disgusto, sus propios enemigos.

La “dictadura”, la “tiranía” de Rosas fue elegida por la Legislatura antes de ser nombrado Gobernador y ratificada por un plebiscito los días 26, 27 y 28 de Marzo de 1835, cuyo resultado fue contundente: 9.324 votos y solo hubo 4 en contra, algo que fue reconocido hasta por el propio Sarmiento (“No se tiene aún noticia de ciudadano alguno que no fuese a votar al plebiscito del 26, 27 y 28 de marzo de 1835 en Buenos Aires por el cual la ciudadanía se pronunció en concederle la Suma del Poder Público a Rosas” ).

En realidad, aquellos que fueron ajusticiados por orden de Rosas, no lo fueron por sus pensamientos políticos, sino por haberse alzado en armas contra la autoridad legítimamente constituida.

Un ejemplo de esto es la gran cantidad de unitarios que vivieron tranquilamente en la época de Rosas y nunca fueron molestados ni perseguidos; es más, muchos combatieron al lado de Rosas contra los invasores extranjeros, SIN RENEGAR JAMÁS DE SUS IDEAS UNITARIAS. Rosas, los acogió de buena gana, les dio cargos de importancia y lucharon a su lado.

A modo enunciativo, el primero y más conocido fue Martiniano Chilavert. También, José Álvarez de Arenales (guerrero de nuestra Independencia), el Almirante Brown, Facundo Quiroga, el General Manuel Corvalán que siendo de pensamiento unitario no dudó en ponerse a las órdenes de J.M. para combatir a los ingleses y franceses en Vuelta de Obligado, el Gral.Pedro José Díaz (guerrero de la Independencia y hombre honorable) a quien Rosas valorando sus sentimientos patrióticos a pesar de profesar ideas unitarias, le restituye su jerarquía militar con pago de haberes sin RENUNCIAR NI UN MOMENTO  A SUS PENSAMIENTOS UNITARIOS, luchando codo a codo con Rosas ante el avance de fuerzas internacionales en la batalla de Caseros, dándole –conjuntamente con Chilavert - enorme poder de mando J.M. 

Según A. Saldias (en ‘Historia de la Confederación Argentina’ -1888), a tenor de los dichos de Antonino Reyes en carta que le enviara el día 15 de septiembre de 1886, Díaz le dice a éste que ante el pedido de Rosas de llevar el mando de sus tropas, que “…aprecio su distinción y la confianza con que me honra. Que aunque unitario he de cumplir con mi deber cuando llegue el caso, como soldado a las órdenes del gobiernos de mi  patria”. Tampoco el Brig. General de la independencia Eustoquio Díaz Vélez, unitario confeso, durante el gobierno de Rosas sufrió ningún tipo de persecución y vivió tranquilo.

Como dice Americo Piccagli a J.M. no le importaba tanto la ideología de las personas sino que se soliviantaran contra el orden jurídico. Tan es así que por ejemplo, no tuvo inconvenientes en que se le reconociera el derecho a la jubilación al padre de Lavalle y a un hermano de éste lo designó Tesorero de la Aduana –lugar sensible si lo hubo- todo a fin de intentar limar resentimientos y con el objeto de ir unificando al país.

Otro ejemplo que menciona puntillosamente el autor mencionado y que es extraído de su propia documentación personal es el siguiente y que citaremos en detalle ya que lo amerita:

Se trata de una anécdota de un inglés que vivía por el año 1938 aproximadamente, de nombre Enrique Ford  que tenía el oficio de herrador de caballos… “ En la familia nos dice nuestra informante María Elvira Ford, por transmisión oral se cuenta lo siguiente: “Un día le trajeron un caballo para ser herrado con la recomendación de hacerlo de tal forma, una y otra vez, porque el Gral.Rosas -decía el emisario- le gustaba hecho con prolijidad y ajustado a ciertas normas. Don Enrique Ford dio cumplimiento a lo solicitado. Otra persona distinta a la primera que condujo el caballo vino a retirarlo observando el trabajo realizado a la vez que preguntaba si se habían ajustado a las instrucciones. Finalmente Enrique perdió la paciencia y le dijo: - Si el General Rosas está conforme bien, y sino que  se vaya a la m….-  En ese momento quien había ido a retirar el caballo le dijo:-Yo soy el General Rosas-.y se despidió sin más trámite. Enrique Ford tuvo una fuerte conmoción y se le tradujo en desarreglos estomacales; una de las versiones dice que se metió en la cama y esperó a que la Mazorca lo viniera a buscar para hacerle pagar por  su improperio. Pero nada de ello ocurrió y finalmente Enrique Ford terminó poniendo el retrato de Rosas en su casa”

Todo esto prueba de forma concluyente que a Rosas no le importaba el pensamiento político de la gente –civiles o militares-  mientras no hubiera atentados o levantamientos contra las autoridades legalmente elegidas.

A diferencia del gobierno de J.M., los gobiernos unitarios mandaron prontamente a fusilar o degollar a Gral. Alejandro Heredia (gobernador de Tucumán), Gral. Pablo de la Torre, El Gral. Iturbe (gobernador de Jujuy), el Gral. Facundo Quiroga (gobernador de la Rioja), el General Nazario Benavidez (gobernador de San Juan), Manuel Dorrego, Mesa, Manrique, etc.

Volviendo a los relatos familiares, contaba mi tía abuela María (‘Mima’) que una vez, siendo ella muy pequeña, le preguntó a su abuelo J.M. León, si J.M. había sido un tirano, y éste le contestó con ternura “El tiempo lo dirá, m’hija…el tiempo lo dirá”.

Esta anécdota nos demuestra indirectamente que en la sociedad de entonces estaba incorporada férrea y dogmáticamente en el imaginario social la creencia que Rosas era un tirano.  Con seguridad, esos términos los habría oído la entonces niña María, y de allí surgió la curiosidad de consultar a su abuelo.

Podemos afirmar que el tiempo respondió a la pregunta que ‘Mima’ le hizo a su abuelo J. M. León.   La figura del Restaurador fue reivindicada y cuando sus restos fueron repatriados desde Inglaterra, se les brindó una espontánea recepción nunca antes –ni después- vista.

En Rosario, primero, el 30 de septiembre y luego en Buenos Aires, el 1 de octubre de 1989.  Acompañada por sus hijos, ‘Mima’, ya con 86 años, siendo la mayor descendiente en ese momento, pudo ser testigo, gracias a Dios, de este acontecimiento histórico.  Presenció la repatriación y el amor desbordante del pueblo que festejaba en las calles, en los balcones, en las plazas, con unción el regreso con honra del que consideraban su padre.  (Ver foto 18 de “Mima” con su hijo Andrés Rivas Molina)

No tengo presente que el pueblo se haya manifestado con tanto entusiasmo (en realidad con ningún entusiasmo) por figuras como Mitre, Sarmiento, Urquiza o Roca a quienes se les han erigido muchos monumentos en su honor.  A pesar de intentar dar una imagen falsa sobre J.M. y su gobierno durante años y años; a pesar de bombardear culturalmente a través de libros, diarios y textos escolares denostando la figura del Restaurador de las Leyes, no pudieron apagar el amor de su pueblo por él.  Amor dormido que, como un volcán, subió a la superficie con la repatriación de sus restos. Para el pueblo, quien volvía no era un cadáver en un ataúd, era la personificación viva de Don J.M. de Rosas.

Podemos afirmar que la presión por parte de los unitarios con su intento de ‘lavar’ (sic) la cabeza de los argentinos durante décadas inculcando el odio a J.M. hasta en nuestros días, han sido en vano. Pretendieron borrar de nuestra historia sus actos heroicos y hasta su nombre, pero como puede verse, la verdad finalmente salió a la luz. 

Todo el pueblo, a pesar de la educación falseada de la historia con que lo martirizaron desde el 3 de febrero de 1852 (a las 15 horas), llevó siempre internamente en su alma una cintilla punzó.

Esto puede graficarse con la anécdota de un político y escritor inglés quien comentaba que muchísimos años después de Caseros, había oído a los gauchos en la frontera de Bahía Blanca y en otros lugares del interior entrar a las pulperías, clavar su facón en el mostrador, beber aguardiente o caña y luego de mirar al gringo de reojo y en modo desafiante gritar ‘¡¡VIVA ROSAS!! (R.B. Cunningham Graham “El Río de La Plata”-editorial Wertheimer, Lea y Cía., Londres 1914 -pag.5)

Esto también ha sido vislumbrado por Manuel Gálvez: “Don Juan Manuel de Rosas no ha muerto. Vive en el espíritu del pueblo, al que apasiona con su alma gaucha, su obra por los pobres, su defensa de nuestra independencia, la honradez ejemplar de su gobierno y el saber que es una de las más fuertes expresiones de la argentinidad.” (Manuel Gálvez)

Asimismo, fue reivindicado por Ernesto Quesada, que había sido educado en el odio a Rosas por su padre el “antirrosista” Vicente Quesada y quien cuando era ministro de Buenos Aires en 1877 fue promotor de declarar a J.M. ‘reo de lesa patria’.

Ernesto conoció a Rosas en Inglaterra cuando lo visitó junto a su padre –Vicente- siendo un niño.  En esa oportunidad tomó nota escrita de las conversaciones entre ambos (Vicente y J.M.) Ya de adulto las recuerda, y vistas a la distancia con el correr de los años, le permitieron tomar conciencia de la real dimensión de la figura del Restaurador y su importancia política.

Podemos dar algunas precisiones poco conocidas respecto al momento en que la historia finalmente le hizo justicia a Rosas, es decir cuando se realizó la repatriación de sus restos.

Los trámites para tal fin comenzaron muchos años antes de que se concretara ese acontecimiento histórico.

Primero se formó una Junta de Repatriación en la que participaron activamente sus descendientes, como nuestro embajador Carlos Ortiz de Rozas, los hermanos José María y Juan Manuel Soaje Pinto, Martín Silva Garretón, Andrés Rivas Molina y Eugenio Rom Ezcurra entre otros. 

Sin lugar a duda fueron los organizadores principales de la repatriación (Ver Fotos 35 y 36).  Los restos de J.M. salieron de Inglaterra, pasaron por París para llegar finalmente a nuestro país el 30 de septiembre de 1989 a la ciudad de Rosario.  

Antes de partir del lugar de su exilio, se tomaron fotos de su residencia en Southampton: Rockstone House que se encontraba en un barrio bastante elegante llamado ‘Carlton Crescent’ (Ver Foto 37)

Carlos Ortiz de Rozas se ocupó tanto de restaurar y cuidar la bóveda en Inglaterra como de mantener el Mausoleo en el cementerio de la Recoleta en Buenos Aires.

Finalmente, llegó el día en que el cuerpo del Ilustre Restaurador de las Leyes, Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, regresó con todos los honores primero a Rosario (Ver Fotos 38/47) y luego a Buenos Aires (Ver Fotos 48/61)

La vida puso las cosas en su lugar:

J.M. no quiso ser enterrado en su patria HASTA que se reconociera –ya que en vida no pudo obtenerlo- “…la justicia debida a mis servicios. Entonces será enviado a ella previo permiso de su Gobierno y colocado en una sepultura moderada, sin lujo ni aparato alguno, pero sólida, segura y decente” (testamento del 22 de Abril de 1876).

El odio contra él y contra aquello que representaba, fue inculcado durante más de 130 años, en las mentes de generaciones y generaciones de argentinos que fueron educados en la mentira.  Sin embargo su intención no pudo prosperar a pesar de los denodados esfuerzos de la minoría extranjerizante que se había apropiado del país y escribió su versión de la historia, deformada según sus intereses mezquinos.

El propósito de los Unitarios que regresaron después de Caseros y se apoderaron del gobierno era destruir todo vestigio del régimen ‘rosista’. Mintieron, denigraron, vilipendiaron a Rosas, a su obra, a sus seguidores, y aún más, buscaron directamente borrarlo de la historia.   Contaron con el apoyo de la prensa que no permitía difundir nada que no fuera contrario al período de la Confederación.  Para ello usaron a la historia inventada, creada por ellos y que en su momento y hasta hace pocos años era la considerada "oficial” y única.

La predicción fervorosamente deseada, eyectada al futuro y no cumplida de José Mármol, cuando en su poema "A Rosas" de 1843, maldice al "salvaje de las pampas que vomitó el infierno" y repite en dos estrofas distintas que "ni el polvo de tus huesos la América tendrá".  Es el mismo Mármol que fue arrestado en abril de 1838 por sus constantes agresiones e insultos a Rosas.  El que estuvo detenido sólo por pocos días, con las rejas abiertas de su celda y a quien se le permitía movilizarse en la cárcel, donde pasaba amenas veladas jugando al ajedrez o a las ‘damas’ con los guardias. Es el mismo que se fue a Montevideo sin que nadie lo echara, haciéndose pasar por víctima de los ‘horrores’ del Gobierno de Rosas.

Los historiadores están contestes en confirmar que mucho o todo el odio de José Mármol por Rosas estaba causado por la razón de que estando perdidamente enamorado, como muchos jovenzuelos, de Manuelita ésta no correspondió a ese encendido amor y de ahí el resentimiento del poeta.

Pues bien, la famosa frase que mencionamos anteriormente, no se cumplió. El pueblo sigue con su inalterable fidelidad, firme y decidida hacia Rosas, igual que antes que lo derribara la coalición internacional y vernácula aliada a ésta.

Este texto "poético" contiene una verdadera sentencia política que fue ejecutada prolijamente por el aparato cultural del sistema durante más de 130 años.  Pero la mentira no pudo llegar más allá.

Llegará el día en que desapareciendo las sombras sólo queden las verdades, que no dejarán de conocerse por más que quieran ocultarse entre el torrente oscuro de las injusticias.” (Juan Manuel de Rosas. 1857)

Los restos mortales de Don Juan Manuel tuvieron que aguardar hasta 1989 para que pudieran descansar en la tierra que lo vio nacer, cumpliéndose así su última voluntad.

Rosas recuperó su honor y su lugar en nuestra historia: descansa en nuestra tierra, bendecido por su pueblo. Tiene sus monumentos, y su nombre está en sus calles, sus edificios y escuelas, sus barrios...

Como bien dijo alguien: Si J.M. aun estuviera vivo no le habría quedado un solo vello sin erizarse, al oír el giro de cuerpos y el chocar de botas, obedientes a una voz que ordena: “Al señor Brigadier General don Juan Manuel de Rosas, ¡vista derecha!”.  Esto sucedió en el momento de descender en Rosario su ataúd con la bandera argentina, azul y blanca (no la unitaria celeste y blanca con la que nos han querido hacer creer durante tantos años y falsamente que es la nuestra) y bajo la algarabía de toda una nación que lo acompañó.

Ese merecido recibimiento que no pudo ser hecho en vida, fue concretado después de muerto. La nación, el pueblo interiormente y con plena consciencia nunca lo olvidó, a pesar de los esfuerzos de aquellos miopes que intentaron en vano que así lo hicieran.

Al recuperar la faz humana de J.M., con sus fortalezas y debilidades, lo enaltecemos. Recordemos que, en aquellos tiempos del destierro, tuvo que sobreponerse ante muchas adversidades prácticamente solo, sosteniendo sobre su alma el dolor de haber dado tanto por su nación.   ¿Qué le devolvió ésta en pago?  El rechazo y desprecio de las clases políticas desde su caída, pero no el de su pueblo, que con silencio resignado lo guardó en su corazón y su mente, y transmitió dichos sentimientos a sus descendientes, hecho que posibilitó que hoy día El Restaurador sea fielmente reivindicado por los herederos de aquellos. 

Recordemos la idea expuesta al respecto por el músico y escritor argentino contemporáneo Litto Nebbia, en una de sus obras: “Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia: la verdadera historia, quien quiera oír que oiga.”

Hoy los restos de Rosas descansan en paz y tal como lo quiso, con el reconocimiento de su pueblo.  Se encuentran en la cripta familiar del Cementerio de la Recoleta, según consta en el certificado de titularidad. Ver Fotos 62 y 63)

Una reivindicación aún pendiente que sería de estricta justicia es la de reconocer e incorporar a Don Juan Manuel de Rosas como Jefe de Estado y que, por  lo tanto, se inscribiera este hecho en las páginas de nuestra historia y se pusiera su retrato junto a los demás presidentes o Jefes de Estado de nuestra Nación.

Me baso en dos elementos que fundamentan lo manifestado.

1)  Rosas fue Jefe de Estado: ya que, como tal, estaba a cargo de las relaciones exteriores, del manejo de la moneda, de la política económica general y de la Aduana en particular en todo el país.

Todas las provincias le delegaron a Rosas la gestión de dichas funciones y más adelante fue ratificado y designado por las distintas Salas de Representantes “Presidente de la Confederación Argentina” (el 25 de Enero de 1850, Salta), “Supremo Director de los Negocios Nacionales de la República Argentina” (26 de Febrero de 1850, La Rioja), “Supremo Jefe Nacional” (Abril de 1851, Catamarca), “Jefe Supremo de la Confederación Argentina” (2 de Julio de 1850, Córdoba).  Del mismo modo procedieron, Jujuy, Tucumán, San Juan, San Luis, Mendoza y Santiago del Estero.

Félix Luna  se refiere sobre este tema afirmando que “…Aunque ninguna norma lo definiera existía sin duda un Poder Ejecutivo Nacional que ejercía la política exterior de la Confederación en sus múltiples aspectos, incluido el ejercicio del patronato eclesiástico. Este Poder Ejecutivo regulaba la economía de todo el país a través de las tarifas aduaneras de Buenos Aires, y adoptaba medidas generales como prohibir la extracción de oro o la promoción de reducciones de derechos de tránsito interprovinciales, las subvencionaba en situaciones particularmente críticas (caso de Santiago del Estero) o mediaba eventualmente en sus conflictos (gestión Quiroga en, 1835). Ejercía el comando general de las fuerzas de mar y de tierra de la Confederación. Tenía a su cargo las relaciones con los indios. Sacaba ciertas causas del fuero judicial común para tramitarlas en una especie de justicia federal (proceso a los Reynafé). Estos son sólo ejemplos: podrían enunciarse muchas atribuciones más del Poder Ejecutivo Nacional que de hecho ejerció Rosas y que no se diferencian, en esencia, de las que se maneja el Estado Nacional a partir de la sanción de la constitución de 1853”

Al respecto y salvando las distancias, un ejemplo actual serían España y los Estados Unidos de Norteamérica, entre otros países.

España tiene diferentes regiones AUTÓNOMAS, que pertenecen a un país. El gobierno central maneja el ejército, la economía, la moneda y las relaciones exteriores. Igual que en el gobierno de Rosas.

Los Estados Unidos, tiene estados AUTÓNOMOS pero que a su vez forman parte de un país. El gobierno central maneja el ejército, la economía, la moneda y las relaciones exteriores. Igual que en el gobierno de Rosas

En ambos casos, nadie negaría que existen y existieron Jefes de Estado o Presidentes, que son considerados como tales sin controversia alguna y sin importar el sistema de elección por el que accedieron al poder.

2) En Inglaterra, como se expuso anteriormente, al confeccionar el certificado de defunción de Rosas, donde debía completarse la ocupación, registraron “EX PRESIDENT OF ARGENTINIAN CONFEDERATION”.  

Lo que pone de manifiesto que más allá de toda argumentación, J.M. fue visto y tratado, aun en el exilio, no sólo como Gobernador de una Provincia, sino como Jefe de Estado

Otro dato que corrobora el reconocimiento pendiente es el hecho de que Rosas fue el Encargado de las Relaciones Exteriores de la Nación. Por ello, y considerando lo antedicho, debe considerarse  al Brigadier General Don   Juan Manuel de Rosas como Jefe de Estado con los honores del caso y agregar su retrato en la Galería  de Presidentes que funciona en nuestra Casa de Gobierno.

 

 

 


XI.-INAUGURACIÓN DEL MONUMENTO EN SU PALERMO

 

Y lo que son las vueltas de la vida… El 8 de noviembre de 1999, se inauguró el Monumento al Restaurador de las Leyes, en los predios de Palermo, los mismos que fueron de su propiedad y que le fueron confiscados ilegítimamente en 1852 por los depredadores de nuestra historia y soberanía de ayer y de siempre.  Los títulos correspondientes se encuentran actualmente en la Academia Nacional de Historia.

El monumento está erigido sobre el solar donde antiguamente estaban las dependencias del Caserón de Palermo, y como particularidad, pareciera que está mirando fijamente a Sarmiento, cuyo monumento se encuentra emplazado donde estaba el dormitorio de Rosas

Veamos  algunas de las tantas fotos originales de esos momentos (Ver Fotos 64 a 71)

 

 

 


 

XII-DOCUMENTACIÓN ENCONTRADA EN LA ACTUALIDAD- LUGAR DONDE SE ENCUENTRA-

 

En estos últimos años se ha conocido fehacientemente que Rosas tenía en el exilio un enorme archivo con documentación que había tenido la precaución de llevarse a Inglaterra.  Incluía tanto documentos personales propios y de Encarnación Ezcurra y su familia, como otros relativos a su gestión de gobierno. 

Parte de dicha documentación había quedado en Buenos Aires.  Existe una carta manuscrita de Máximo Terrero que explica el derrotero la misma.

Según consta en la esquela, en el año 1857 el Gobierno del Escribano Victorino Cabral retiró todos los expedientes, sin conocerse su localización hasta 1883 cuando llegaron sin saber cómo a manos de Terrero, quien los conservó en su propia oficina (Ver Fotos 72 a 76)

En 1881, Manuelita le envió una parte de la documentación que estaba en Inglaterra a Adolfo Saldías, que se la había solicitado para su enjundiosa obra sobre la Confederación Argentina.

Ese material incluía no solo la documentación original producida en las épocas en que Rosas estaba en el país, sino también la que se acumuló durante los 25 años del exilio (cartas, órdenes políticas y de manejo administrativo de sus propiedades, los títulos que acreditan la propiedad de J.M. de sus bienes y sobre todo del predio de Palermo, que le había sido entregado por el Virrey Liniers.  

Propiedades que fueron confiscadas vilmente por el Estado a lo largo de los años.

Cuando murió Manuelita, su marido Máximo Terrero remitió a Saldías todos los baúles, que contenían 20 cajas con los documentos faltantes del Archivo de J.M.

Posteriormente, toda la documentación quedó en manos de J. M. León Ortiz de Rozas, nieto de Rosas.

Al fallecer J. M. León, todo recayó en sus hijos:

primero en Ricardo Ortiz de Rozas;

luego en Sara Ortiz de Rozas (casada con Alejandro Cesar Fernández Sáenz).

Después, llegó a manos de la hija mayor de ésta, Ana Rosa Fernández Sáenz de Abriani

y posteriormente a sus descendientes Alejandro Fernández Sáenz Ortiz de Rozas y Arturo Abriani.

Todos ellos vivieron en departamentos ubicados en el edificio de la calle Juncal 2100/70 en la ciudad de Buenos Aires (Ver foto  77)

Entre los años 2000 y 2002 al conocerse donde se encontraba toda esa voluminosa documentación, tomó intervención una comisión ‘ad-hoc’ presidida por el Gral. Oscar R. Chinni, que procedió a evaluarla y contabilizarla.  

Asimismo, sugirió dónde entregar todo, sin tener en cuenta que se trataba de documentación privada y no pública.

Entre otros documentos, allí se encuentran, tal como se adelantó, el testamento de Encarnación Ezcurra, cartas públicas y privadas de J.M. de Rosas y de su familia, detalles precisos de la rendición de cuentas durante su gestión de gobierno, entre otros escritos personales.

La familia Abriani, sin autorización del resto de los herederos de Rosas, procedieron a fin del año 2016 a donar inconsultamente a la Academia Nacional de Historia, todo el material en cuestión. De este modo, se perdió irremediablemente la posibilidad de hacer visible, en forma documentada, los derechos y los actos de J.M. tanto en el país como en el exilio.

Otro elemento que influyó contra de la posibilidad de exponer al público ese gigantesco material (por calidad y volumen) de altísimo valor histórico, fue la postura contraria a la persona y la actuación de Rosas y la Confederación, que siempre ha mantenido la Academia.

Ese error o desinterés por parte de los Abriani al elegir esa institución como depositaria, ha imposibilitado ver o estudiar los documentos tanto antes como después de su entrega.   

Situación que sigue vigente actualmente en el año 2017. (Ver fotos 78 a 88). La citada Academia ha informado en Noviembre de 2017 que hasta que no se ‘pongan en orden’ (sic) todos esos documentos, el público -ni siquiera su familia- podrá acceder a su lectura y estudio.

Culminada la organización y ordenamiento del material, no habría inconvenientes para exponerlos.

Con el tiempo se sabrá si esto es verdad….

 

*

Como epílogo, podemos decir que el ‘rosismo’ (sic) concluyó con Rosas hasta el advenimiento del Revisionismo Histórico, pero desde el punto de vista familiar, se terminó de diluir con J. Bautista.

Salvo las honrosas excepciones ya mencionadas, que las hubo, y es dable reconocer y valorar, sobre todo porque se dieron en un marco político, histórico y cultural sumamente difícil.

Como puede apreciarse, la historia no es tan lineal.   Está llena de traiciones, abnegaciones, luces y sombras…

Cosas de la historia que se construye y trata sobre seres humanos con sus méritos y desgracias, defectos y virtudes.

Debemos, como revisionistas de la historia, enfocar a nuestros antepasados alejados de todo mito  y humanizándolos bajándolos del bronce impoluto así como de falsas imputaciones sobre su supuesto barbarismo, como ha sucedido en nuestra falseada educación que nos ha llevado a admirar personajes históricos para acomodarlos a intereses subjetivos de quienes en su momento vencieron sin importar si ese maniqueísmo  representaba y representa la verdad de los hechos, volviéndose todo ello cada vez más alejado de la realidad de lo sucedido.

Puesto que la mente de los niños –sobre todo en edad escolar-  es fácilmente  maleable e influenciable, los que han absorbido y absorben aun hoy sin filtro lo que se enseñaba y lo que todavía se enseña una falsa historia de los hechos tal como han realmente acontecido según profusa e interminable pruebas documentales que poco a poco se irán desenterrando de donde fueron escondidas y escamoteadas a las generaciones pasadas y actuales.

En la actualidad, parte de la familia ha recuperado el orgullo de su antecesor con firmeza y sapiencia de la verdad oculta durante tantos años. Esperemos que las generaciones futuras tomen el bastón o el ‘littorio’ romano y el desafío de seguir por esas sendas.

 






XIII-“Y LA HISTORIA JUZGÓ”…(G.V.M.G.) - 1977

 


"Si la historia es la que juzga

pues que juzgue como es debido:

quienes nos inculcaron

el renegar de nuestro hispanismo

y quien elevó ese valor íntimo

que a nuestros hijos ha ennoblecido!

 

Quienes quisieron con parricida instinto

que fuera de Bs.As. no hubiera argentinos

y quien unió a las provincias

y dio a la patria, su digno sentido!

 

Para quienes juego de salón era

con reglas de afuera, patria y destino

y quien venció a los anglo-franceses

a fuerza de sangre y diez cañoncitos!

 

Quien se unió al extranjero

allá en Caseros, mi amigo

y quien luchó junto a un criollo

que solo a traición pudo ser vencido!

 

Así es que la historia juzgó

Juzgó como era debido

a un Brigadier General, y a su sable

que heredó con honor altísimo

con el que restauró a la bandera, el sol

y su orgullo de haber nacido!"


 

 

 


 

 


 

 

XIV- ÁRBOL GENEALÓGICO MATERNO (SOLO DEL AUTOR)

 

  León Ortiz De Rozas 


   
  

CASADO CON

-  Agustina López Osornio  


HIJO

                                                                         │

  J.M De Rosas Y López Osornio  


 

CASADO CON :

- Mª. Encarnación Ezcurra Y Arguibel   

 

 



 

  HIJOS                                                                                           

 

-Manuela Ortiz de Rozas







-Juan Bautista Pedro O. De R.Y Ezcurra   



 

CASADO CON

- Mercedes Fuentes Y Arguibel   


 

HIJO

                                                                                                                    │   

J.M. León O. De R. Y Fuentes Arguibel   





   
 

CASADO CON

- Malvina Enriqueta Bond  


 

HIJA

                                                                                                                                                 Mª. Mercedes O. De R.    


CASADA CON

-Rodolfo Molina Salas    


 (Sobrino Nieto Del Hijo Del Gral.Viamonte)  

 HIJAS                                                                                                                                             │

Alicia,  


María (‘Mima’)     




Y

Malvina Raquel (‘Cota’) Molina Salas Ortiz De Rozas  






CASADA CON

- Emilio Natalio Gil   


 HIJOS       

Rodolfo Emilio Gil Molina       


                                                              │

      Malvina Gil Molina    


CASADA CON

Vicente Montoro Hunt   


HIJOS

                                                                                                                        │

                                                  

 Gonzalo Vicente Montoro Gil  -



Andrea Malvina Montoro Gil 




 



 

 

XV.-APÉNDICE FOTOGRÁFICO


Foto 1   


Foto 2  


 

 

Foto 3   


Foto 4   


 

Foto 5   


 

Foto 11    


 

 

Fotos 6, 7, 8, 9 y 10

 

 


 


 


 

 



Foto 12    

 

 

Foto 13 y 14   





 

Foto 15   


Fotos 16   


Foto 17   


 

Foto 18    


 

Foto 19   


 

Foto 20    


 

 

(foto aérea actual 21)  

 


           

Foto 22   


Foto 23   


Foto 24   


Foto 25     


 

Foto 26   


 

Foto 27   


 

Foto 28   


 

 

Foto 29    


 

 Foto 30   


Foto 31   


Foto 32   


 

Foto 33    

Foto 34

 Foto 35

 

   


  

Foto 35    


 

 

Foto 36   


 

 Foto 37    


 Fotos 38/47 

                      











 


 


 

 

Fotos 48/61   





 


 

 


 

 


 

 







 


 











 

 

 

Fotos 62 y 63  




Fotos 64 a 71   


 


 


 



 


 


 


Fotos 72 a 76




 


 

 


 

 


 Foto 77

 


(Fotos 78 a 88)



 


 

 


 

 









 



 

XVI.-ÍNDICE BIBLIOGRAFÍCO

BARROSO, Gustavo (‘A Guerra do Rosas’-pag. 159)

BOHDZIEWICZ, Jorge C. (“Antonino Reyes Y Manuelita Rosas –Correspondencia Buenos Aires -Instituto Bibliográfico “Antonio Zinny”- 2019, pag.31 y 32)

CALABRESE, Humberto (‘J.M. De Rosas-Cien Respuestas Acerca De Su Dictadura’ - Ed. Hostería Volante- 1975)

CAPONNETTO, Antonio (‘Notas Sobre J.M. De Rosas’-Ed. Katejon-2013)

CARRANZA, Reyna (‘Una Sombra En El Jardín De Rosas’- Ed. Planeta-2004)

CASTAGNINO, Leonardo (‘Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades- Ed. La Gazeta Federal-’ 2009)

CHAVEZ, Fermín (‘La Confederación –un Proyecto Nacional Olvidado’- Ed. Cuaderno de Crisis -1976)

CHAVEZ, Fermín (‘La Iconografía de Rosas y la Confederación’-Ed.Oriente S.A.- 1970)

CHAVEZ, Fermín (‘"Historicismo e Iluminismo en la Cultura argentina"- Centro Editor de América Latina-1982)

DE LAFERRERE, Roberto (‘El Nacionalismo de Rosas’- Ed. Haz-1953)

DOALLO, Beatriz Celina (‘J.M. De Rosas, - El Exilio Del Restaurador’- ed. Fabro-2012)

GALVEZ, Manuel (‘Vida de Juan Manuel de Rosas’-ed. Claridad-2007)

GALVEZ, Manuel (‘El Gaucho de los Cerrillos’-ed. Dictio-1980)

GENTA, Jordán Bruno (‘Correspondencia Entre San Martín Y Rosas (1838-1850)’-Ed.del Restaurador-1950)

GENTA, Nestor (‘Historia Confidencial’-www.periodicodetribuna.com.ar -16-12-2004)

GIMENEZ VEGA, Elías S. (‘Cartas a un Joven Rosista’ – Luis Laserre Editores S.A.-1970)

GOTTA, Cesar, ALEXANDER, Abel, Schávelzon, Daniel (‘El Caserón de Rosas-fotografía de la Escuela Naval Militar’-Olmo Ediciones-2013

GRADENIGO, Gaio (‘Italianos Entre Rosas Y Mitre’ - ed. Ediliba-1987)

IBARGUREN, Carlos (‘Juan Manuel de Rosas. Su historia, su vida, su drama’-ed.Theoria-1951)

IRAZUSTA, Julio (‘Vida Política De Juan Manuel De Rosas A Través De Su Correspondencia’-Ed. Albatros-1947)

LUNA, Félix (‘Rosas 100 años después’- Revista ‘Todo es Historia’- Marzo 1977-pag’43 y 44)

MUÑOZ AZPIRI, José Luis (‘Rosas Frente Al Imperio Inglés’ -Ed. Theoria-1960)

MÜLLER, Roberto D.(‘’Noticias de Burgess Farm-Vida de Rosas en el Destierro) – Olmo Ediciones-2010)

PICCAGLI, Americo Enrique (‘La Argentina Violenta y Contradictoria’-. Año 2000

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RIVANERA CARLÉS, Raúl (‘Rosas’- Ed. Liding S.A.-1979)

SALDÍAS, Adolfo (‘Por Qué Surgió Rosas’- Ed. Plus Ultra-1973)

SALDÍAS, Adolfo (‘Historia De La Confederación Argentina: Rozas Y El Juicio Histórico’- Biblos Editorial-1881/3)

SARMIENTO, Domingo F. (‘El Carapachay’ –Ed.Eudeba, Bs.As.1975)

SAMPAY, Arturo Enrique (‘Las Ideas Políticas de J.M.de Rosas’- Juárez Editor-1972)

SULÉ, Jorge Oscar (‘Cinco Mujeres De Rosas ‘–Ed. Fabro-2013)   

SIERRA, Vicente (‘Historia de la Argentina’- Ed.Buenos Aires, Cientifica Argentina,1972 )



XVII-ANEXO DE ACTUALIZACIÓN

– Febrero 2019-

 

Este es un anexo con material que se agrega y complementa al trabajo presentado, en algunos capítulos.

En algún caso, para fundar ciertos hechos comentados y en otros casos para incorporar otras circunstancias que no estaban relatadas en la edición primera.

 

III.- LA BATALLA DE CASEROS (Anexo)

 

Aquí trataremos de desentrañar, con más datos, las razones de la perdida de la batalla de Caseros por nuestro país a manos de los brasileños ayudados por Urquiza y tantos otros. ¿Fue una cuestión militar exclusivamente? ¿O fueron una serie de hechos y circunstancias que hicieron que la batalla en sí fuese solo una consecuencia?

Es un hecho probado documentalmente que el Brasil temía el poder de Rosas por lo que podía suceder en cuanto que chocaba contra los intereses imperiales de expandir, aun mas, geográficamente el mencionado imperio.

Rosas tenía como política exterior –tal vez poco difundida - el llamado por él mismo el  “sistema americano”, para vincularse y vincular cada vez más con los distintos territorios que conformaban el Virreinato del Plata, para evitar que el expansionismo imperial brasileño continuase ‘in crescendo’.

Por el contrario, los brasileños tenían como obsesión dividir a las regiones hispanas en republiquetas cada vez más pequeñas (Uruguay, Paraguay, el Alto Perú, Las Misiones Orientales, etc) ayudados por la Gran Bretaña y Francia en su tarea disgregadora y –paralelamente- el crecimiento de su Imperio atomizando cada vez más a los territorios coloniales hispanos, y así manejarlos política y económicamente. Esa idea de Brasil coincidía con los intereses Británicos: un imperio grande y unido y en frente republicas hispanas, anarquizadas y peleadas entre sí.

La ceguera de nuestros estadistas- hasta el día de hoy- ha posibilitado el desmembramiento progresivo de nuestro territorio, gracias a los Unitarios de ayer y de hoy que para volver y conservar el poder cualquier medio fue y es bueno, hasta ser asalariados de países extranjeros –a veces en guerra con nuestro país- y de organismos internacionales varios.

En apretada síntesis IRAZUSTA nos dice que Soares de Souza en 1851, conocedor ya íntimamente de la traición de Urquiza que se avecinaba, dijo en un discurso en el senado de su país:

“-'Suponga el noble senador, hablo siempre en hipótesis, que el gobierno de Buenos Aires se apoderase de la Banda Oriental; suponga que se apoderase del Paraguay; la Confederación  a pesar del estado de debilidad en que la juzga el noble senador, puede mover un ejército de 20 a 30 , mil hombres; puede sacar de las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Corrientes y Entre Ríos, principalmente de ahí, "; 20 a 30 mil hombres, y una excelente caballería de Entre Ríos, como no hay mejor. Apoderándose también del Paraguay, podría sacar de allí unos 20 mil soldados, robustos, obedientes, sobrios. Esto en países acostumbrados a la guerra, que ,no tienen los hábitos industriales, pacíficos, que nosotros tenemos. Absorbidas las repúblicas de Uruguay y Paraguay que cubren nuestras fronteras, en la Confederación Argentina quedarían abiertas nuestras provincias de Mato Grosso y de Río Grande del Sur. ¿Quedaríamos así muy seguros? ¿ y quién nos dice que no se nos vendría a exigir entonces la ejecución de los tratados de 1777? ...¿Dejaríamos nosotros, se dejarían las poblaciones de estas provincias, tratándose de ese modo las cuestiones de límites, separar para ir a pertenecer a una nación con origen, lengua y hábitos enteramente diversos? Semejantes cuestiones de límites todavía no resueltas ¿no harían inevitable una guerra con un vecino absorbiendo nacionalidades que hemos reconocido, habrían aumentado extraordinariamente su poder y adquirido proporciones gigantescas?”

Es plenamente difundido que para dicha fecha el Brasil ya sabía de la pronta defección y traición a su país por parte de Urquiza.

Traición necesaria para el Imperio para poder derrocar al gobierno legítimo de la Confederación Argentina, puesto que con el ejército de Urquiza, el de Oribe más los propios de Rosas, la Confederación –que había vencido a dos potencias europeas como Francia e Inglaterra- era prácticamente imbatible.

Por sus propios medios y ejércitos, el Brasil nunca se atrevió a enfrentar militarmente a la Confederación. El fuerte del Brasil era, a no dudarlo, su diplomacia, el manejo de sus relaciones exteriores y astucia para explotar los problemas internos y disensiones que toda nación tiene y así dividirnos. El famoso lei-motiv romano: “Divide e Impera”.

El propio J.B.ALBERDI señalaba que”...la política exterior es la causa del resultado del desarrollo y engrandecimiento del país”

Debemos decir que uno de esos hechos, a los que nos referimos arriba, es el que refiere a las razones por las cuales en la batalla de Caseros no hubo un apoyo militar al gobierno federal y legal comandado por el Br. Gral. J.M. de Rosas por parte  de los distintos  gobernadores que hasta el mismo momento de la batalla juraban lealtad del gobierno de la Confederación Argentina.

En ese sentido IRAZUSTA dice que Urquiza no recibió apoyo fáctico alguno de otras provincias aunque los gobernadores, todos ‘rosistas’ –aclara el autor- se declararon unánimemente contra Urquiza y rechazaron su invitación a la rebelión.

Pero, MARTÍNEZ  dice que fueron varios los gobernadores ‘rosistas’ que se pasaron al bando de Urquiza (sin decir cuáles fueron) salvo los de Mendoza, San Juan, San Luis, Salta, Jujuy y Córdoba que siguieron fieles a Rosas repudiando el pronunciamiento de Urquiza y la traición a su propio país.

No queda claro el tema. Lo que sí fue claro es que luego de Caseros casi todos los gobernadores federales y ‘rosistas’ aceptaron el nuevo ‘status-quo’ del país y siguieron en sus mandos de las provincias. Poco podían hacer.

Ahora bien, dos temas a tratar:

Uno, ¿por qué en la batalla de Caseros los gobernadores que supuestamente denostaban la traición de Urquiza, no enviaron batallones y armamento para defender a la Nación de la agresión de éste y de las tropas imperiales brasileñas que invadían nuestra nación? .

Y dos, ¿cómo consiguió Urquiza el apoyo de vastos sectores que hasta ayer se decían y proclamaban su federalismo y apoyo a la Confederación Argentina y su gobierno legítimo en cabeza de Rosas y que de algún modo decidieron su suerte y  que acabaron con la soberanía de nuestro país hasta el día de hoy?.

En lo tocante al primero de los interrogantes, no hay respuesta en documentos y bibliografía que puedan contestar esta pregunta. Hasta hoy lo podemos considerar un enigma, más allá de opiniones que se puedan colegir. Si bien en las declaraciones todos los gobernadores del interior se pronunciaron a favor del gobierno legítimo de su nación, en los hechos y llegado el momento nunca enviaron tropas para defender a Rosas en Caseros. Tal vez por especulaciones frías respecto a las dudas que podían generarles el triunfo de Rosas. Pero todo  sin certezas absolutas, aunque la respuesta al segundo interrogante podría explicarlo.

En lo referente al segundo interrogante nos basaremos en lo que enjundiosamente ha escrito MARTÍNEZ en la obra citada, en lo que creo lo más claro sobre este tema.

El autor ha encontrado material documental en distintas bibliotecas de países de Europa y, en especial, España que pueden contestar la pregunta.

Dice el citado autor que “…Urquiza obtuvo el apoyo de importantes sectores del interior con varios gobernadores de la época ‘rosista’, excepto los mandatarios de Mendoza, San Juan, Córdoba, San Luis, Jujuy y Salta. Un mes después firmó un pacto secreto con Brasil (18.agosto.1851). Para obtener adhesiones Urquiza recurrió a varios medios para obtenerlo. Figuraba el reparto de dinero a civiles y jefes militares (como ya lo hemos consignado) y gestiones diplomáticas con la hábil diligencia de Bernardo de Irigoyen”.

“El servicio inglés comprobó hasta qué punto las hábiles maniobras del Imperio y el abundante oro que supo distribuir para sobornar a dirigentes argentinos habían destruido el poder de Rosas… Los beneficiarios directos de la política de Rosas, al final lo abandonaron. El mismo Oribe aceptó un compromiso con sus enemigos a espaldas de Rosas. Cuando se produjo la crisis en 1952, se descubrió que muchos de los hombres más allegados a Rosas habían hecho arreglos privados con sus enemigos ……Los brasileños estaban empeñados en derrotar a Rosas para quebrar la hegemonía argentina en el Río de la Plata. La más importante adhesión que tuvieron para lograr ese objetivo fue la de Urquiza, a quien le comenzaron a abonar -como ya lo hemos afirmado -la suma de 100.000 patacones mensuales en calidad de "adelanto " y que Argentina devolvería a Brasil con sus intereses al terminar la guerra. Urquiza pretendió que el Imperio le siguiera transfiriendo aquella suma aún después de Caseros. El diplomático brasileño Honorio Carneiro Leao informó a Sarmiento de esas entregas y el sanjuanino le escribió a Urquiza: "Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel enviado referir la irritante escena y los comentarios. Sí, los millones con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a Rosas!" (Carta de Yungay, 13.octubre.1852, Sarmiento las resumió en "Las Cuentas del Gran Capitán") Después de Caseros e instalado en Buenos Aires, Urquiza firmó 175 órdenes de pago, mediante las cuales se entregaron crecidas sumas a diversas personalidades civiles y militares, que -como hemos afirmado- hasta la víspera de Caseros habían sido colaboradores o consejeros íntimos y privados de Rosas. Asimismo a quienes habrían actuado o realizado campaña para colaborar en el derrocamiento del gobernador de Buenos Aires. Por otra parte, las tratativas secretas que a espaldas de Rosas realizaron Oribe y sus jefes con Urquiza explican la insistencia de éste en sostener que la campaña en el Uruguay sería "un paseo militar" .A las tropas correntinas se las gratificó con $ 2.222.240.- de moneda corriente; a las santafesinas con $ 165.000.- Después de111 de setiembre Urquiza y el Gobierno de Buenos Aires distribuyeron $ 5.404.607.- Entre febrero y setiembre: $ 12.380.713.- José Ma. Flores recibi~$ 100.000.-; Manuel Escalada $ 100.000.-; lndalecio Chenaut: 40.000.-; Bernardo de lrigoyen (que era asesor): $ 2.000.- en metálico; Hilario Ascasubi: $ 10.000.-; Wenceslao Paunero: .12.000.-; Gregorio de La Madrid: $ 50.000.-; José M. Pirán $40.000.-; Hilario Lagos: $ 8.000.-, quien mostraba mucha diligencia el día anterior al encuentro decisivo, pero en el decreto se expresa que la suma concedida lo es "por la compensación de sus servidos que le fue acordada por el ex-gobernador D. Juan M. Rosas"; Bartolomé Mitre: $ 6.000.-; Benjamín Virasoro: $ 222.420.- En la lista también figura Pedro Duval, de la Secretaría del Rosas, quien transmitía información a los enemigos del Gobernador (a V. Alsina o directamente a Río de Janeiro); Eugenio Bustos, que había denunciado a Rosas la infidelidad del Gral. Pacheco, recibió $25.000;Tomás Guido embajador en Río, a quien Rosas y Arana debieron llamarle la atención por la falta de energía en las reclamaciones que había ordenado pedir al Imperio, recibió $ 100.000.-. Cnel. Laureano Díaz: $ 25.000.-; Tte. Cnel. Mariano Espinosa: $ 4.000.-;Cnel. Mariano Echenagucía: $ 40.000.-; César Díaz: $565.540.-;Cnel. Baldomero Lamela: $ 10.000.-; Cnel. Ramón Bustos: $i 12.000.-; Cnel. Federico G. Báez: $ 40.000.-; Alférez Mariano Va-¡ rela: $ 1.500.-; Dr. Pedro Ortiz Vélez: $ 12.000.-; Cnel. Martín Tejerina: $ 40.000.-; Juan Lavaysse: $ 6.000.-; Cnel. Nicolás Granada: $ 20.000.-; Benjamín Virasoro: $ 222.240.-; Cnel. Santiago Oroño: $165.700.-; Gral. Juan Pablo López: $ 30.000.-; Gral.Gral. Miguel Galán: $ 70.000.-. Para otra fuerza correntina: $6.920.- (125).

Queda manifiesto en esto que las guerras no solo son cuerpo a cuerpo sino que también se dan batallas diplomáticas y la importancia que atribuía a esto ALBERDI, tal lo consignado arriba. Por supuesto sin contar con el oro y dinero a raudales que el Imperio distribuyó gracias a Francia y banqueros varios como veremos debajo.

Sigue diciendo MARTÍNEZ que el diplomático inglés Gore afirmó que  "casi todos los jefes en quienes Rosas confió se encuentran ahora al servicio de Urquiza”, agregando que "Nunca hubo hombre tan traicionado". Debe haber sido tan evidente, amplia y sorprendente esta situación para el representante británico, que unas líneas más adelante vuelve a decir: "Nunca fue tan amplia la traición ",

Así, por ejemplo, más allá de lo que menciona MARTÍNEZ, en el sentido de  que Bernardo de Irigoyen fue uno de los que recibió dinero a cambio de pasarse al bando Urquicista, es para tener en cuenta una carta reservada que envía Gore, el diplomático inglés en estas tierras, a su gobierno en el sentido de que cuando menciona que nunca hubo un hombre tan traicionado como Rosas pone como ejemplo a Bernardo de Irigoyen diciendo “El Secretario confidencial que copiaba sus notas y despachos nunca falló en enviar copias a Urquiza de todo lo que era interesante o le interesase conocer a este” .

No sabemos si todo esto fue verdad, pero en los hechos luego de Caseros nunca fue perseguido ni confiscado sus bienes y condenado a ostracismo alguno; es más, en los años venideros fue Ministro de Relaciones Exteriores de la Nación del Gobierno de Nicolás Avellaneda y luego Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, etc.

Entonces, luego de estos datos reveladores queda en claro que la cuestión de la batalla en sí no fue más que el epílogo de algo que ya estaba casi decidido.

Tan es así, que el propio J.M. sospechando todo esto –o teniendo certezas- 7 días antes de la batalla ya había llenado baúles de documentación que puso a salvo en los buques ingleses previendo el final de su gobierno.

Ahora bien, ¿Cómo obtuvo Urquiza esa enorme masa de dinero que repartió antes y después de Caseros, tanto para federales como para unitarios, para atraerlos a su causa ilegítima de derrocar a su propio gobierno?.

La respuesta es: del Barón de Mauá, o la banca Rothschild a través de aquel.

Por lo que es un hecho histórico que a Rosas no lo derrocaron los unitarios ya que no tenían ni hombres ni fuerza alguna para tales acciones.

Los unitarios se acoplaron gustosamente a la traición de Urquiza. Traición que posibilitó finalmente a quien dirigía los eventos, Brasil, a decidirse a atacar a la Confederación Argentina.

Sin la defección de Urquiza, los brasileños por si solos no se animaban a atacarnos.

Pero, ¿eran realmente los brasileños quienes pergeñaron el ataque a Rosas? ¿O También detrás de ellos se escondía alguien más que, a su vez, los dirigían?.

Sí. Los británicos que con su diplomacia manejaban los hilos siendo los brasileños también manejados como títeres.

Es que Gran Bretaña, si bien gustaba de comerciar con Rosas y su gobierno, tenía un límite: jamás aceptarían el engrandecimiento de la Confederación Argentina recreando la misma el Virreinato uniendo a Paraguay, Uruguay y el Alto Perú.

Pero tampoco alentaba el engrandecimiento del Brasil por ello se oponía a que este Imperio se adueñara de la Banda Oriental. Para los británicos era necesario un ‘estado tapón’, el Uruguay, para que ninguno de las potencias sudamericanas obtuviese el control de los ríos Paraná y Uruguay con exclusividad. Como también la creación del estado de Paraguay, creando el estado de Bolivia escindiéndola del Perú, más Venezuela y Ecuador escindiéndola de Colombia así como también y más acá en la historia, sus hijos, los Estadounidenses, inventaron otra república como Panamá escindiéndola de Colombia para el control del Istmo.

Gracias a Rosas se pudo evitar el desmembramiento de nuestra Mesopotamia a pesar del traidor Varela y los británicos que impulsaron la creación de una Republica de la Mesopotamia.

La política británica siempre ha promovido la creación de varias republicas impidiendo cualquier tentativa de restauración del Virreinato hispano.

Sentado lo cual y volviendo al Brasil ¿quién era este Barón de Mauá, devenido posteriormente en Vizconde de Mauá?

Se llamaba realmente Irineo Evangelista de Souza.

Como sabemos el Imperio Brasileño siempre quiso expandirse hacia el Rio de la Plata y para ello debía absorber a Montevideo para hacerse del acceso al Río de la Plata y para ello debía derrocar a quien fuera estuviera gobernando la Confederación Argentina, en este caso, J.M. de Rosas. Para todo ello contrata el Imperio al financista mencionado.

Este Mauá dependía, justamente, de la banca británica. Su patrón era la Baring Brothers, los Rothschild, etc. De allí el hilo conductor que nos lleva desde la banca británica, los brasileños financiados por ella, Urquiza –otro peón del tablero- financiado por los brasileños y los Unitarios como figura decorativa y unidos al furgón de cola de la conspiración.

Si bien el comercio de los británicos en Buenos Aires florecía no lograba Gran Bretaña el fin último: conseguir la libre navegación de los ríos interiores de la Confederación para manejar todo el mercado comercial del plata en forma única, sin competidores.

El propio MAUÁ nos lo dice en su autobiografía. “Que era preciso a todo trance sustentar la plaza con recursos financieros, y como no estaba preparado Brasil para hacer la guerra, el gobierno confiaba en mí para prestar los auxilios indispensables como préstamos hechos particularmente por mí. El tratado secreto con el representante de la plaza en esta Corte (Andrés Lamas) estableció la importancia de estos auxilios, que fueron entregados por mí sin percibir una partícula de beneficio, por el contrario; sabiendo que los recursos entregados no eran bastantes para conseguir el fin que se tenía en vista, traté de auxiliar eficazmente la defensa de Montevideo... siendo mi pensamiento concurrir para el triunfo de la política de Brasil en el Río de la Plata”. 

Como premio se lo nombra Barón y en 1874, Vizconde de Mauá. Fue el que creó el Banco Mauá, con dinero de su real dueño: La Banca inglesa  Rothschild, creando sucursales en varios lugares del mundo, logrando así el Imperio su sueño expansionista y hegemónico. Esto significa que el Barón y luego Vizconde era en realidad un empleado de los Rothschild que era quien financiaba realmente al Imperio Brasileño en sus guerras de conquista.

Así, como dice RAED, “en 1852, junto a los ejércitos imperiales, marcharía la fortuna del barón de Mauá, que se convierte en el “dueño” de la banda oriental. En la Confederación no sería tan fácil, y necesitaría unos patacones extra para Urquiza, para “copar la banca”  “…El 28 de noviembre de 1857, llega a Paraná. El 30 del mismo mes, por escritura pública, en solo 48 horas, Mauá consigue de Urquiza el monopolio banquero, con facultades para emitir moneda. Sus cajas recibirán todo la recaudación nacional y sus deudores serán considerados “deudores del Estado”. El 2 de enero de 1858 se abrió en Rosario el Banco Mauá, y al poco tiempo la filiar en Buenos Aires. Al iniciarse la Guerra del Paraguay, Mauá era el arbitro del Plata, y los gobiernos dependían de sus préstamos”.

No debía escapársele a J.M. que éste Barón de Mauá (posteriormente ascendido a Vizconde por el Emperador Pedro II)  era el financista del Imperio; financiando con millones a los ejércitos brasileños y urquicistas para la batalla de Caseros, en los que la Confederación Argentina fue derrotada.

Sin ese financiamiento millonario ni Urquiza ni los ejércitos brasileños hubieran estado en condiciones de enfrentarse a la Confederación Argentina.

Este Mauá, tuvo como uno de sus socios ese otro traidor a la Confederación Argentina y al propio Uruguay, asociándose con Mitre y con los brasileños llamado Andrés Lamas. Otro nefasto personaje en el Río de la Plata que tanto daño causó a la Argentina como al Uruguay.

Andrés Lamas fue Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario ante el Brasil, en noviembre de 1847, y –junto al español Antonio Cuyás y Sampere, siniestro personaje empresario, financista y diplomático español amigo, confidente y funcionario de Urquiza - fueron unos de los hacedores de los tratados de octubre de 1851, en los que se conformó la Alianza entre Montevideo, Brasil y las provincias argentinas de Corrientes y Entre Ríos con Urquiza a la cabeza, que se alzarían contra el gobierno de la Confederación Argentina.

La unión de Lamas con el Brasil podemos decir que fue no solo militar sino comercial. Puesto que éste hacía negocios personales con el Barón de Mauá y su banco, también con Mitre y luego de Caseros, con el propio Sarmiento, conformando compañías comerciales.

Sobre las relaciones de Mauá con Lamas oigamos lo que de ellos refiere  Luis Alberto Herrera citado por ARANA diciendo que era “…con seguridad, mejor servidor de su país el primero que el segundo, cuya blandura era excelente materia plástica para el banquero profesional. Política la más temible la que entronca con la alta banca. Como en el plano militar, cada victoria diplomático-financiera del ilustre riograndense es premiada con un ascenso. ..Barón, Vizconde ...Además de ser, por conquista, rey de los negocios. Sus empréstitos no son de "mercader de Venecia", como los de Buschental, colega y rival, que le cobrara el gobierno argentino hasta el 24 por ciento por adelantos; El copioso prestamista impera. sobre la voluntad de Lamas flácida .y solo palabrera. Mauá está siempre en el escalón de arriba. ..Entraña otro desmedro de nuestro haber territorial, ya víctima de la gran mutilación del ‘51, una llamada "permuta" que el gobierno de 1860 resiste.

En mayo 21 de ese año Mauá le escribe a Lamas: "O governo de seu pays tem demasiado que facer para organisal-o, e o Brasil nao tem nem pode ter outro desejo se nao que a ordem ali se consolide. A meia , duzia de legoas de terra de que trata o tratado de permuta nao valem tt: urna nota entre os dois governos, quanto mais urna desintelligencia. 0 tratado de commercio valle urna mina d'ouro para o commercio de Montevideo, e nao se va com actos impensados ali impossibilitar disposicoes i permanentes no fim dos 4 annos".

"En los años 53 y 54 épocas de reacción revolucionaria, el señor Lamas evolucionó hábilmente y promovió dos intervenciones y tres empréstitos; pero en esa época fué moderado y no puede asegurarse que el señor Lamas detentase al tesoro de la República más de $ 300.000.- que al fin era una miseria. En esa época él quiso reabrir la cuestión de límites, para colocar los mojones brasileros algunas leguas más adentro; pero la indignación nacional estalló, y el señor Lamas se contentó con la adquisición de algunas propiedades que compró en Rio de Janeiro entre ellas el Palacio de su Residencia, costosamente alhajado".

Acaba de publicarse -dice también el doctor Luis Alberto de Herrera -la correspondencia platina del Barón de Mauá, íntimo de Lamas. En cuestión de negocios, más que paralelismo hay entre ellos convergencias. Lectura fructífera, por lo que muestra y lo que enseña.  El propio Lamas informa sobre el origen de su conducta con Mauá, entonces simplemente Ireneo Evangelista De Souza. Le visita para ofrecerle navíos de guerra para Montevideo. Sorprendido, indaga. Escribe Alberto de Faría: "Foi entao em Cristovam no dia imediato que o imperador o tranquilisou. Ireneo era um confidente da politica interior". Desde entonces, por treinta años cultiva la amistad y coinciden. Mauá es la carroza del imperio; Lamas, pasajero, con asiento de preferencia”.

Y concluye Herrera “Todavía insatisfecho, el Imperio monstruo pugna para arrancar más jirones del patriotismo heredado de lo que siempre fuera indiscutidamente nuestro."

La banca financiera mundial a través del Barón de Mauá, Rothschild y de Cuyás y Sampere financiaba el levantamiento de Urquiza.

En carta de Urquiza a su consejero, amigo y socio comercial Antonio Cuyás y Sampere del 20 de Abril de 1850, le dice que “….de haber llegado también grandes sumas de dinero correspondientes unas a la caja de la misma expedición [francesa] y otras remitidas por el banquero Rothschild con el intento que V. expresa…”

Durante un tiempo los intereses de Urquiza y los de Rosas coincidían, pero cuando uno que decidirse por los intereses particulares o los intereses superiores de la nación, Urquiza optó por los propios.

CHIVILÓ en tal sentido expresa que “…Urquiza, no sólo no renuncia a sus negocios particulares, sino que los incrementa y se fija más en su interés particular, que en el del país. A fines de la década del 40, Entre Ríos y Urquiza, se enriquecen del comercio con la sitiada ciudad de Montevideo. Recordemos que en estos momentos, Montevideo, sitiada por las fuerzas del presidente legítimo del Uruguay don Manuel Oribe, secundados por los ejércitos –aliados– de la Confederación Argentina, se encontraba en poder del caudillo colorado Rivera, apoyado por los emigrados unitarios argentinos y por fuerzas francesas.

Urquiza, es en esos momentos, uno delos jefes más importantes de la Confederación y no obstante ello comerciaba con la plaza sitiada de Montevideo, en manos de los enemigos de la Argentina, de los que obtiene importantes ganancias. El principal comercio con esa ciudad, es el de la venta de carnes. Urquiza, principal ganadero de su provincia, resulta ser el primer beneficiado.

Las balleneras que transportaban la carne a Montevideo regresaban con mercaderías europeas que reenviaban a Buenos Aires. Era un gran negocio: comprar mercaderías en Montevideo, llevarlas a Entre Ríos y de allí a Buenos Aires, burlando la Ley de Aduanas. Como entraban por Entre Ríos no pagaban derecho de importación de aduana y se convertía así en contrabando.

La salida de oro por Entre Ríos era el tercer negocio. En 1838, Rosas había prohibido la exportación de oro desde Buenos Aires para mantener así con el metálico que la garantizaba, el valor de la moneda. El oro –debido a su imposibilidad de exportarlo- se conseguía barato en Buenos Aires; el negocio, entonces, era comprar el oro en Buenos Aires y hacerlo salir por los puertos de Entre Ríos, y era vendido a mayor precio en el extranjero, obteniéndose así una considerable ganancia y convirtiéndose en un pingüe negocio. El oro que Rosas había prohibido exportar de Buenos Aires, es llevado a Entre Ríos y de allí se exporta, burlándose la prohibición. Con la venta de carne, Urquiza tenía la parte más importante y con los otros negocios era también beneficiario.

Ese comercio no podía ser impedido por Rosas, pero por dos decretos perjudicará los negocios entrerrianos y urquicistas; por uno prohibía sacar el oro de Buenos Aires para Entre Ríos y en el otro establecía que las mercaderías extranjeras introducidas a Buenos Aires aún por buques nacionales, pagaran derechos aduaneros.

Las medidas tomadas por Rosas que benefician a la Confederación, afectaron notablemente los intereses económicos del entrerriano y su provincia”.

De allí a su traición hubo pocos pasos. De esto estaban bien al tanto los brasileños que olfatearon que Urquiza, ante todo, era un comerciante y que cuando sus intereses particulares chocaran con los intereses de la nación, sabían para donde rumbearía el amoral y traidor entrerriano.

Finalizando podemos decir con MARTÍNEZ  como conclusión en una síntesis casi perfecta, y a la cual adherimos, cuales fueron las causas del fin del gobierno legítimo a cargo de J.M. de Rosas:

“… Rosas no lo derrotó la oposición política, ni la prédica ideológica realizada por los unitarios dentro y fuera del país, ni la carencia de equipo militar. Rosas fue abatido por la conjunción de diversas circunstancias que eran vitales para la nueva guerra. Tales fueron: 1) el pronunciamiento de Urquiza y la capitulación de Oribe que quitaron a la Confederación sus dos mejores ejércitos. Sin ellos era imposible alcanzar el triunfo; 2) eficaz cerco diplomático a la Confederación realizado por el Brasil y su banca financiera, con los traidores internos del Uruguay, Entre Ríos y Buenos Aires; 3) La ausencia de una adecuada marina de guerra; 4) el abatimiento personal e interior de Rosas; 5) La infidelidad de muchos de sus más allegados servidores, civiles y militares de la que es probable ya tuviera conocimiento con anticipación. En fin: derrota militar, decadencia espiritual, decepciones y traiciones: todo se había dado cita en aquel año fatídico.-

A lo expresado por MARTÍNEZ, podemos agregar otros hechos como:

6) Oribe estaba viejo, enfermo, agotado de tantos años de lucha tal como lo expresa  Southern a Palmerston en carta del 2 de Octubre de 1851.”La salud de Gral. Oribe es tan precaria que lo torna incapaz de grandes esfuerzos y que su enfermedad lo ataca de modo singular su mente, deprime su espíritu y lo reduce a un estado de postración” 7) El estado calamitoso de salud del Gral. Mansilla, gravemente enfermo por un derrame cerebral, justo antes de la batalla de Caseros (fin de Diciembre de 1851) que menguó en sumo grado su capacidad de lucha. 8) Uno de los que extrañamente defeccionaron un día antes de la batalla de Caseros era el segundo mejor general que tenía Rosas Ángel Pacheco, luego de que su general principal –Urquiza- traicionara a su nación.

El comportamiento de Pacheco lo sintetiza ARANA…” Para juzgar de la actitud de Pacheco, conviene recordar que en 1851, Urquiza le había dirigido varias cartas que cayeron en manos de Rosas. Pacheco había rehusado el ando del ejército sitiador de Montevideo; Pacheco aconsejó a Rosas la inacción de Oribe, lo que trajo la deserción y la capitulación; aconsejó el abandono de la línea del Paraná y así Echague tuvo que batirse en retirada, abandonando Santa Fé. Cuando Urquiza se movió del Rosario Pacheco hace retirar a Mansilla de las posiciones del Paraná; cuando Lagos quiere cubrir el Arroyo del Medio, Pacheco lo hace retroceder hasta el Puente de Márquez y, finalmente, cuando Lagos  quiere cubrir el Puente, Pacheco deja la posición sin cubrir y, sin dar órdenes, se retira a su estancia”…Sin comentarios.

CHIVILÓ comenta que “…con la defección de Urquiza, a quien Rosas había confiado la jefatura del Ejército de Operaciones, el Imperio pudo lograr sus propósitos y desalojar a Rosas  del poder, que ocupó el General entrerriano de inmediato, a quien hizo reconocer la independencia de la hasta entonces provincia argentina, el Paraguay, le hizo reconocer también la libre navegación de los ríos interiores, tan celosamente defendida por Rosas hasta ese entonces y que tanto había costado mantener, y la pérdida definitiva de las Misiones Orientales –territorio ubicado al este de nuestra actual provincia de Misiones, de una superficie mayor a la provincia de Tucumán-.Después de Caseros, los esclavos que huyeran del "civilizado Imperio" y pasaran a la Argentina, no serían ya bien recibidos y considerados libres -como lo habían sido con el "tirano" Rosas-, sino que serían extraditados y devueltos a sus "civilizados dueños". Como dijimos antes, Caseros resultó un quiebre en la historia argentina. Rosas, el gran defensor de la independencia nacional fue desalojado del cargo. Nuestro país dejó de ser ya el país respetado no sólo en América, sino también en el resto del Mundo; el Brasil pasó a ser el país rector en América. La Armada del Brasil pudo navegar nuestros ríos interiores. La política del Imperio llevó años después a nuestro país a secundarlo en la guerra con la antigua provincia del Virreinato, el Paraguay. De la verdadera Organización Nacional que se había dado a través del tiempo y como consecuencia del tratado del Litoral de 1831 -cuyo inspirador había sido Rosas- se pasó después de Caseros a la total desorganización y ala reanudación de las guerras civiles que se extenderán hasta la década del 80. Las pequeñas industrias del interior y las economías provinciales, protegidas en la época rosista por la Ley de Aduanas de 1835, sufrieron a partir de Caseros la irrupción de mercaderías europeas, que las llevaron prácticamente a su desaparición. Como premio, Urquiza recibió la más alta condecoración que el Imperio podía otorgar a un extranjero, la Gran Cruz de la Orden de Cristo. Otro que también se había desempeñado como Boletinero del Ejército Grande Aliado Libertador -como se llamó al ejército formado por brasileros, orientales y entrerrianos, en su lucha contra la Confederación Argentina- don Domingo F. Sarmiento será hecho por el Imperio "Comendador de la Orden de la Rosa".

Ambos, Urquiza y Sarmiento asi como Mitre y otros tantos que figuraban en los bandos Unitarios y Federales, tenían por encima los mandatos de la Masonería a la cual respondían primariamente y ante todo. Logistas a los cuales Juan Manuel de Rosas conocía bien y combatió.

Si bien, como dice MARTÍNEZ, a Rosas no lo derrotó directamente la oposición política, sí es dable considerar cómo dicha oposición –de claro perfil masónico- coadyuvó erosionando como tábanos las fuerzas, los dineros y la energía del Restaurador y de la Confederación. Su pueblo venía guerreando por su independencia hacía demasiados años y estaba cansado de tanta lucha sin poderse consolidar definitivamente aquella.

Como detalla DOALLO el gobierno legal de Rosas fue atacado sin piedad de todos los frentes imaginables.

Claro, no podían concebir los enemigos de adentro y fuera del país que la Confederación Argentina fuese una nación independiente.

LOSS dice que “ Urquiza, en carta dirigida al Marqués de Souza (que transcribe Klinger), agradece la actuación brasileña en estos términos: "Cuando la historia trazando el horrible cuadro de la dictadura argentina, tribute su merecido elogio a los libertadores de esta tierra, el nombre de V. S. y el de sus valientes compañeros de armas ocupará un honroso lugar que les compete como dignos aliados de la Civilización y de la Libertad".

"Si el Brasil que tiene tan justos motivos para hacerla guerra a Rosas, me custodia el Paraná y el Uruguay, yo le protesto por mi honor derribar a ese monstruo político enemigo del Brasil y de toda nacionalidad organizada". (Urquiza a Rodrigo de Souza da Silva Pontes -Encargado de negocios del Brasil en Montevideo- el 20 de mayo de 1851)….se trató de "una lucha contra una tiranía sangrienta y por la libertad", cuando en realidad Urquiza fue aliado de una potencia -el Imperio de Brasil-, que mantuvo la esclavitud hasta el año 1888, ya que ella fue el soporte fundamental de su economía y que envió a sus esclavos negros para integrar la infantería del "Ejército Grande Aliado Libertador". "Libertador"…? No es esto una contradicción?

…’(El tratado que concede al Brasil) La navegación del Río Uruguay, es el primer paso hacia la obtención de la misma en el Paraná, que el negociador brasileño Señor Carneiro Leão se esfuerza, evidentemente, en obtener para el Brasil (con exclusión de toda bandera)en beneficio de la provincia de Matto Grosso. Si tiene éxito, el tráfico de cabotaje ha de caer en manos de los brasileros por la facilidad que poseen de emplear esclavos que fácilmente se adiestran en la profesión marítima; y, más aún, cuando por el tratado de Extradición, la República del Uruguay ya no puede ofrecer asilo al pobre negro fugitivo…’ (Nota del cónsul británico en Río Grande do Sul, S. Morgan el 26 de diciembre de 1851 al Primer Ministro Lord Palmerston, comentándole el tratado firmado entre el Imperio del Brasil y la República del Uruguay el 12 de octubre de 1851). ‘La política insidiosa del Brasil es muy clara: revolucionar estas comarcas y mantenerlas en un estado de guerra civil y anarquía…’ (Mr. Robert Gore a Lord Palmerston el 2 de febrero de 1852)”.

En apretada síntesis –aunque incompleta- la Confederación Argentina debió combatir:

- Guerra contra la Confederación Peruana Boliviana (1837-1839)

- Bloqueo del puerto de Buenos Aires por la escuadra francesa (1838-1840)

- Levantamiento del gobernador de Corrientes, Genaro Berón de Astrada (1838)

- Conjura de Maza (1839)

- Levantamiento de los hacendados del Sur de la Pcia. de Buenos Aires (1839)

- Invasión del ejército comandado por el general Juan Lavalle. (1839)

- Coalición del Norte (1840-1841)·

-Campaña del Litoral del general José María Paz (1841)

- Sitio de Montevideo (1843-1851)

- Pronunciamiento de Urquiza, aliado a Brasil y Uruguay (1851)

Desde adentro el Régimen fue también combatido ferozmente.

Las Logias masónicas o filo masónicas como la Asociación de Mayo creada por Esteban Echeverría, con un manifiesto sentido de traición a su patria, conspiraban en el momento que nuestra nación era atacada por los franceses bloqueando nuestras aguas; también la Coalición de Norte: militares Unitarios en permanente sublevación al orden institucional contra el gobierno legítimo de su país; la mal llamada Revolución de los Libres del Sur, hacendados que se alzaron contra el gobierno que intentaban privilegiar sus intereses particulares que se veían afectados por el bloqueo francés (bloqueo que también afectaba los intereses particulares de Rosas y sus haciendas pero que éste dejó de lado por los intereses superiores de la nación).

También Carlos María de Alvear fue una figura sinuosa en la política nacional, adaptándose sin mayores problemas, a los gobiernos de turno tanto en la época de Rosas como en las sucesivas, quedando siempre ‘bien parado’ con quien fuese.

Alvear ya se dijo que fue el representante diplomático en los EE.UU durante el Gobierno de la Confederación Argentina. Cuando cae Rosas, quiso congraciarse con Urquiza pidiéndole continuar en el cargo - lo cual Urquiza aceptó.

Alvear, como vulgar ‘lamebotas’ con una obsecuencia lamentable, le envía una carta el 14 de Julio de 1852  de agradecimiento donde le dice rindiéndole pleitesía al hasta el ayer enemigo de su gobierno “acepto con el mayor gusto y placer la amistad que Ud. tiene la bondad de ofrecerme lo primero, porque en toda mi vida que más he deseado y buscado siempre, es el aprecio ,amistad de los hombres distinguidos que ha producido nuestro país y lo segundo por las pruebas de aprecio y consideración que Ud. se ha servido darme no tan solo con su ofrecimientos sino con haberme mandado la nueva credencial que me acredita de Ministro Plenipotenciario de la Confederación Argentina cerca del Gobierno de los EEUU

El propio Alvear sabedor de que en Buenos Aires no era mirado con buenos ojos por sus permanentes dobleces políticas a lo largo de su historia que lo hacía nada confiable, le sugería en la misma carta Urquiza que hiciera conocer ésta en Buenos Aires para que la gente pudiera ver como él se congraciaba con las nuevas autoridades: “Yo desearía señor General que Ud. tuviese a bien hacer publicar la carta que he dirigido a Ud. pues creo conveniente al interés mismo de nuestros conciudadanos que se acostumbren a saber ser reconocidos a los grandes servicios, así como el mérito curándose también de la negra pasión de la envidia tan común entre nosotros y que ha sido tan funesta y que es la más convincente prueba de la mediocridad del entendimiento"

Bajeza y mediocridad pocas veces vista en documentos como éste.

Pero, Alvear le solicitaba  algo más: que su próximo destino fuera a partir de ahora en otro país, con clima más benigno que el de los EE.UU el cual le afectaba su salud a su edad. Urquiza desoyó sus pedidos y a los pocos meses Alvear moría en Nueva York, sin pena y menos gloria.

Rosas no dejaba de conocer la catadura de los funcionarios de su gobierno. Conocía las habilidades diplomáticas de varios de ellos y estas serían útiles a su país en tanto y en cuanto fueran dirigidas sus acciones por el propio Restaurador que como era habitual en él, era puntilloso y cuidadoso en las ordenes que daba a sus subalternos, a los cuales vigilaba para que cumplieran su cometido, entre ellos y más que a nadie, a Carlos María de Alvear

Este es el supuesto ‘héroe’ de la nación al cual se lo tiene como figura patriótica inundando el país con su nombre: ciudades, monumentos, calles en su honor nos devuelven la imagen de la derrota como nación soberana desde 1852…Pobre país. Así estamos.

A su vez, recordemos que Diego de Alvear, hijo de mencionado, era un Unitario confeso que conspiraba contra el gobierno argentino y al cual Rosas, si bien controlaba sus acciones, tejió sobre ese desagradecido, un manto de piedad, dándole un ‘puente de plata’ para que emigrara a los EE.UU donde estaba su padre. Cuando cayó Rosas, volvió al país y Urquiza lo nombró en su ejército Sargento Mayor.

También es dable recordar que entre los espías que actuaban traidoramente para los extranjeros podemos precisar a uno de los allegados y servidores más cercanos a J.M. y que fuera su empleado de confianza Enrique Lafuente que en realidad era enemigo de Rosas y era espía de los Unitarios a los cuales les pasaba permanentemente información de todo tipo, incluida información reservada antes de la batalla de Caseros.

A quien le pasaba la información era  a Félix Frías, unitario recalcitrante que había emigrado a Montevideo, tal como lo dice BUSANICHE y lo prueba con una carta que el mencionado Lafuente le envía a Frías y que transcribe el citado autor.

Lafuente era miembro del grupo secreto antirrosista ‘Club de los Cinco’, que había permanecido en la ciudad  tras el exilio de sus compañeros de la Asociación de Mayo, del cual fue uno de sus fundadores.

Comenta LANUZZA que el llamado ‘Club de los Cinco’ estaba conformado por Carlos TejedorSantiago AlbarracínRafael Corvalán –lamentablemente hijo del Edecán de J.M. Manuel Corvalán- Jacinto Rodríguez Peña y el citado Lafuente, todos ellos informantes e infiltrados antirrosistas, que actuaban para su derrocamiento.

Cita el autor que “Los diarios de la otra orilla comentaban con toda libertad los papeles más secretos de don Juan Manuel. Este sospechaba, sin poder concretar sus sospechas. —Juraría que en esta casa hay un traidor •—comentó más de una vez ante sus escribientes aterrorizados”.

“Cuando Rosas descubrió de dicho complot en 1839, en la que estaba incluido Lafuente, le hizo creer a éste tras dictarle una falsa carta, del cual le informó inmediatamente a Félix Frías (enviando en clave secreta), que el ejército de Echague no invadiría la Banda Oriental, cuando había dado las órdenes de invasión para los primeros días de julio. Lo hizo para que los franceses creyeran que se había arreglado con Rivera, o tener desprevenido a éste. Rosas debió haber comentado a su familia las actividades de Lafuente, porque su hijo Juan, cuando pasó un día al escribiente la mano por la cabellera, le dijo "-Este pelo tiene olor a pólvora-". No pasó del susto porque Lafuente no fue tocado”.

“Lafuente huyó, sin tiempo de recoger su sombrero. Se ocultó en casa de una prima. Allí se enteró de la prisión de otros conjurados: Tejedor, Avelino Balcarce, Rodríguez Peña, Albarracín, José M. Ladines y su mujer.

“Luego de que Rosas mandara a apresar a cada uno de los traidores y conspiradores en contra suyo, le permitió a algunos fugarse al extranjero, entre ellos, Lafuente, ya que su permanencia en Buenos Aires resultaría peligrosa por la exaltación de los ánimos. Junto a huyeron a MontevideoUruguay y estuvieron un tiempo en la Banda Oriental”.

Luego de peregrinar por varios países, Lafuente finalmente se suicidó en 1850 a los 35 años.

ZUBIZARRETA, autor insospechado de cualquier ideario federal y nacional alguno, en un artículo acerca de las Logias de tipo masónicas que operaron en la época de Rosas aliándose a los enemigos de la Nación, jacobinos, iluministas, delirantes en sus ideas de probeta, nos menciona otro traidor enquistado en el gobierno de la Confederación Argentina: Pedro Duval. Oigamos al autor:

“Pedro Duval, hijo del importante comerciante e industrial naviero de los primeros tiempos de la Ensenada, y portador de su mismo nombre, se mantuvo radicado aquí durante la crisis de los años 1828 a 1830, fue Juez de Paz por 1834 y proveedor en la construcción del Camino Blanco. Realizó tareas de espionaje a favor de los unitarios exiliados en Montevideo. Después de la Batalla de Caseros lo eligieron representante de Chascomús y de Ranchos. Falleció en Buenos Aires en septiembre de 1871”.

“Por medio de procedimientos nunca descubiertos, se las ingenió para pasar noticias del entorno del gobernador a Florencio Varela, intelectual unitario y acérrimo enemigo del régimen ‘rosista’, quien desde Montevideo las publicaba a través de El Comercio del Plata, un célebre periódico antirrosista”.

 “Sobre la curiosa vida de Pedro Duval, personaje poco conocido de la historia decimonónica argentina, consultar: Vicente O. Cutolo, Nuevo diccionario biográfico argentino (1750-1930) (Buenos Aires: Editorial Elche, 1985)”.

“Pero, ¿cómo haría este Pedro Duval para conseguir la información, que siendo un empleado del correo sin acceso al circulo de Rosas, conocía tantos detalles, y trasmitía por correspondencia manuscrita por su letra?.  ¿Obtendría los informes de algún allegado a Rosas, o algunos de sus ministros o secretarios, Reyes, Pedro de Angelis, Felipe Arana? No se supo que recibiera dinero por el servicio ni cómo ni con quien sustraía tan valiosa información. ¿Sería algún infiel de Rosas que le daba información? ¿Algún despechado? Lo cierto es que se enviaban informes reservadísimos, por vía Madero-Lamas-Brasil y el propio Madero pide a Lamas “mucha reserva y circunspección; está en riesgo un pescuezo y de un bueno y útil servidor”. Madero protegía a su informante directo Duval y a su vez al secreto informante de éste”. 

El citado autor cree, finalmente, que había sido Pedro de Angelis, pero sin aportar prueba contundente alguna, puesto que deduce de otro autor que deduce (sic), lo que hace que todo ello no brinde certeza definitiva al respecto.

Veamos. Dice que:

 “El historiador brasilero José Antonio Soares de Souza deduce que es Pedro de Angelis, vinculado a Pontes, amigo de Madero y Varela y de la confianza de Arana y el propio Rosas. Pero ¿por qué lo haría? Por dinero, por convencimiento o por solo gusto de la intriga y la traición? Lo cierto es que después de la caída de Rosas, Duval siguió con su empleo en el correo, y de Angelis fue respetado por los vencedores de Caseros, y hasta recibió cierta ayuda económica en Brasil. 

El citado ZUBIZARRETA puntualiza que

“…las agrupaciones rioplatenses apenas superaban algunas docenas de individuos, reclutados entre las élites letradas. ….El sesgo aristocrático de las organizaciones aquí analizadas es consecuencia de dos factores. Por un lado, el elevado sustrato social del que procedía la mayoría de sus integrantes, y gracias al cual creían conformar una élite intelectual que se diferenciaba del “populacho”.

“Pero también, por el otro, por la propia naturaleza organizativa de las sociedades secretas, con su carácter sesgado, selectivo y excluyente“.

“La postura elitista de los integrantes de las logias unitarias no sólo se desprende de los intentos por manipular a la “plebe” con el fin de deslegitimar la visión que ésta poseía de Rosas, sino que, a su vez, era consustancial con la idiosincrasia propia y los antecedentes de esa facción política….. La mayoría de sus miembros eran parte de la Generación del 37. Influidos por el doctrinarismo francés, y en sintonía con la “soberanía de la razón”, consideraban al pueblo en un estado de instrucción demasiado elemental para que pudiese cumplir un rol político decisorio. De este modo, queda por concluir que las logias resultaron determinantes en el complejo engranaje de resistencia al ‘rosismo’, por cuanto constituyeron un componente más de un accionar persistente que sólo vería consumados sus esfuerzos en la batalla que acabó con Rosas en Caseros (1852)”.

La debilidad de Urquiza en sus razones para derribar al gobierno legítimo de la Confederación Argentina, y la cobardía del mismo y del Imperio del Brasil, está dada en que Urquiza nunca se animó a alzarse solo contra Rosas: Lo hizo cuando se aseguró la participación del Brasil y su apoyo moral y material y de los emigrados en el Uruguay, con Andrés Lamas a la cabeza –ayudado con el oro francés que manaba a raudales- que entregó parte del territorio de la Banda Oriental al Brasil, con tal de lograr el derrocamiento de Rosas.

Este es el Lamas el que luego de la batalla de Caseros el Emperador del Brasil le daba la ‘Gran Cruz del Cristo del Brasil’ diciéndole que “…sin V.E. no hubiéramos hecho nada”.

 Y, del mismo modo, el Brasil jamás osó enfrentar a la Confederación Argentina al mando del Restaurador de las Leyes, hasta que no logró el concurso de los uruguayos bajo el dominio de los unitarios emigrados y los franceses y sobre todo el de Urquiza con su enorme ejército al que apoyó materialmente logrando de éste el compromiso de devolver lo prestado, con intereses bajo apercibimiento de responder el entrerriano con tierras públicas argentinas, como reaseguro.

Todo demuestra que ambos, Urquiza y sus mandantes, los brasileños, sabían de sus propias debilidades y no se animaron a atacar a Rosas sino previamente asegurarse cada uno, la alianza del otro, en soez concubinato.

De este modo firman Urquiza en nombre de Entre Ríos, Uruguay y Brasil el 29 de Mayo de 1851 un acuerdo para derrocar conjuntamente a Rosas y Oribe.

La unión de Urquiza y el Imperio del Brasil para derrocar a Rosas tuvo agregado más: los Unitarios residentes en Montevideo o en otros países vieron la oportunidad de sumarse al ‘barco’ de la traición para así derrocar finalmente al gobierno legítimo de su país.

Y lo hicieron,  como dice BONDESÍO, a través de distintas logias.

“En 1834 Juan Bautista Alberti, Juan María Gutiérrez, Marcos Sastre, Vicente Fidel López, Miguel Cané, Carlos Tejedor, Juan Thompson, Félix Frías, y otros fundaron el Salón Literario y en 1837 Esteban Echeverría juntamente con Alberdi, Gutiérrez, José Mármol, Rivera Indarte, Pastor Obligado y otros fundan la Joven Argentina o la Joven Generación Argentina que fue disuelta al año siguiente por el gobierno de Rosas.

En 1838 Alberdi junto a otros emigrados argentinos crea en Montevideo, la Asociación de Mayo. Asimismo aparecen simultáneamente asociaciones similares en San Juan, Tucumán, Córdoba, etc. en cuyo seno trabajarán Domingo F. Sarmiento, Benjamín Villafañe, Marcos Avellaneda, Vicente Fidel López entre otros.

Todas estas sociedades secretas tenían algo en común: realizar trabajos subterráneos, fomentando las diversas coaliciones para derrocar al gobierno de Rosas”.

Pero, una vez vencido Rosas, para los Unitarios que habían vuelto del extranjero Urquiza era una molestia para sus planes y lo consideraban otro tirano mas.

Entonces a fin de combatir al ‘nuevo’ tirano se formó otra logia llamada ‘Juan-Juan’ de la que formaban parte: Miguel Estévez Seguí, José Mármol, Adolfo Alsina, Juan José Monte de Oca, José María Moreno, y algunos militares como José María Pirán, Emilio Conesa y Emilio Mitre.

Urquiza les dice que “…con inaudita impavidez reclaman la herencia de una revolución que no les pertenece, de una victoria en que no han tenido parte, de una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición y anárquica conducta”.

El traidor a la patria se sentía traicionado acusando de traidores a la patria a sus antiguos socios. El ambicioso Urquiza acusaba de ambiciosos a aquellos los mismos que coadyuvaron  a derrocar a su propio gobierno del que Urquiza había formado parte y se había enriquecido. Urquiza estaba tomando su propia medicina.

Sigue diciendo BONDESÍO  tomando las riendas del poder, “en 1856, durante el gobierno porteño de Pastor Obligado, aparece una nueva sociedad secreta denominada Juan-Juanes, que se constituyó como un verdadero “control del Estado”,…

Después de Caseros, los emigrados venían dispuestos a imponer su bárbaro despotismo ejerciendo actos más deleznables que aquellos que decían combatir.

Este grupo, representante del tan decantado "espíritu" de Caseros y que capitaneaban Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento, José Mármol, Ángel Somellera, Vicente Fidel López, los Alsina y otros dominaron la prensa, las cámaras y el gobierno y los que no pensaban como ellos quedaron excluidos de la vida pública. Estos mismos fueron los que se apresuraron a incinerar, en el patio de la casa de Rosas, el rico archivo de nuestra historia para que no pudiera oponerse el testimonio de los documentos a las calumnias y falacias que ellos escribían en lo que dio llamarse la “historia oficial”.

Este “espíritu de Caseros” de los facciosos del porteñismo liberal, masón y disolvente mantuvo por varios años la tónica de una política de odio y de separatismo que ocasionó gravísimos daños al país y que, a más de cien años de distancia, se ha renovado en nuestra historia… Durante los diez años posteriores a Caseros fueron fundándose distintas logias que respondían a la Gran Logia de la Masonería Argentina fundada el 9 de marzo de 1856 y a la que pertenecieron todos los personajes liberales que mencionamos en este trabajo.”.

En apretada síntesis como bien dice EZCURRA MEDRANO citado por MARTÍ:

“El dominio absoluto de la Confederación Argentina sobre los grandes afluentes del Plata, reconocidos como de su navegación interna y sujetos "solamente a sus leyes y decretos" en los tratados Arana-Lepredour y Arana- Southern, eliminaba la injerencia del Brasil y colocaba a éste en inferioridad de condiciones respecto a la Confederación Argentina. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que ese fue el único momento en que el lado hispano obtuvo alguna ventaja en este conflicto cuatro veces secular. Pero esa situación creada por la inquebrantable voluntad del Restaurador contrariaba profundamente los planes de! Imperio, quien puso manos a la obra para anularlo logrado por Rosas, ya que la apertura de esos río aunque sólo fuera con carácter de una concesión internacional le facilitaría la anexión definitiva de las Misiones Orientales, a las que, el gobierno de Buenos aires: nunca había querido renunciar…..La hábil y perseverante diplomacia del Imperio, había  conseguido dentro mismo de la Confederación Argentina un apoyopo4eroso que al facilitarle la entrada de su ejército en territorio del ene-migo, le aseguraba el triunfo militar en su premeditada guerra. Urquiza a la Confederación Argentina, hubiera evitado su derrota. Pero puso su espada al servicio del Imperio y decidió a su favor la secular contienda. De manera que Caseros, fue para Brasil la solución de los problemas. La victoria de Caseros fue para el Brasil el triunfo inmediato de sus anhelos: consolidación de la independencia del Estado Oriental, reconocimiento de la independencia del Paraguay, apertura de los ríos interiores, conservación de la Misiones, seguridad de las fronteras"

En fin, liberales, jacobinos afrancesados, distanciados de lo hispano y de su pueblo, sacrificaban hasta la soberanía de su propia nación con tal de llevar sus extravíos ideológicos y literarios aunándose a los extranjeros que asolaban nuestra nación hasta volcar y derrotar al gobierno legítimo de su país en la batalla de Caseros y luego a someterlo a un baño de sangre durante más de 40 o 50 años para hacer de su nación un país sometido y humillado. Esos traidores, creadores de la ‘patria chica’ son quienes hoy se tienen por héroes, próceres de nuestra nación, siendo bautizados pueblos, calles, monumentos en honor a sus nombres. Cuando en realidad han sido artífices de la grandeza del Imperio del Brasil y del desmembramiento de nuestra nación.

Debe ser el único caso en la historia que una nación rinde homenaje a aquellos que hicieron y contribuyeron a su empequeñecimiento, a la destrucción de su soberanía y a su entrega a naciones foráneas.

 

IV.- CONSECUENCIAS DE LA DERROTA EN CASEROS- ‘ANTIRROSISMO’ DE ALGUNOS FAMILIARES SUPÉRSTITES y ANTIGUOS FEDERALES (Anexo)

 

Es de destacar  que a J.M. no se le escapaba a su mirada la actitud de muchos parientes respecto a lo que sentían por él. En especial referido a su nuera casada con su hijo Juan Bautista.

En carta a Josefa Gómez del 20 de Noviembre de 1867 le dice:

“No sería extraño fuese Mercedes Fuentes, quien sin conocer el mal que me hace, me lo siga haciendo como otros, que ya me trae hecho y que continuará haciendo, en lo que tiene poca parte Juan, que lo consiente”.

Una disculpa al hijo sin mucho convencimiento, como se vio en su testamento.

Al respecto resume RAED, escritor con sus soles y sombras:

“La actitud de su familia era lo que más le irritaba, acusando a su nuera Mercedes Fuentes (noviembre 20 de 1867). Justamente el hijo de Juan y de Mercedes, viajó con sus padres a Inglaterra acompañándolo, Juan Manuel [ León], regresó al país, se empleó en una casa inglesa, luego dedicado a la actividad ganadera, actuando en política, fue diputado nacional y senador, falleciendo en La Plata en 1913, cuando desempeñaba la gobernación de la provincia. Nunca recordó a su abuelo”.

Como ya se ha dicho su hermana Gregoria Ortiz de Rozas, que si bien no se peleó con su hermano el Gobernador, nunca lo ayudó en el destierro de manera alguna.

Tal vez recordando el hecho de su sanción por el Gobernador por un acontecimiento en el cual la susodicha se vio involucrada, como fue el haberse quedado con un caballo que no le pertenecía y que, enterado J.M., la mandó a devolver el caballo, a apercibirla en forma furibunda y a reconvenir al Alcalde de Pilar que lo consintió.

Asi se expresa J.M. en carta enviada al Juez de Paz de tal localidad y que relata Juan Manuel BERUTI:

"El juez de paz de la parroquia del Pilar dio cuenta al señor gobernador de algunas tropelías que había hecho su señora hermana, doña Gregoria, mujer de don Felipe Ezcurra, a algunos vecinos de la parroquia, y la contestación al juez del señor gobernador, que llegó a mis manos una copia que me facilitó un vecino a quien se la dio el juez, es la siguiente.

"Señor juez de paz de la parroquia del Pilar. Buenos Aires febrero 19 de 1844. Al alcalde del cuartel 47 don Francisco San Martín. El juez de paz que firma con fecha de ayer ha recibido un decreto de su excelencia el excelentísimo señor gobernador de la provincia brigadier don Juan Manuel de Rosas del tenor siguiente. Febrero 17 de 1844. Vuelva al juez de paz de la parroquia del Pilar para que cumpliendo con sus obligaciones quite por la fuerza el caballo, lo entregue al que lo cobra con suficiente poder y haga saber a doña Gregoria Rosas el serio desagrado del gobernador de la provincia por su avanzada, atrevida, insolente conducta, y que será tratada como merece, si vuelve a faltar en lo menor a los respetos debidos por las leyes a las autoridades; y respecto del alcalde, reconvéngasele severamente, por haber dejado ultrajar y atropellar brutalmente la autoridad que inviste sin haber llenado sus deberes. Hágase saber por el enunciado juez de paz esta resolución al indicado alcalde; y a doña Gregoria Rosas, apercibiéndose a ésta seriamente en orden a su conducta ulterior; y lo transcribe a usted para conocimiento, y dejar cumplida la superior disposición. Dios guarde a usted muchos años”.

Como puede verse, en el Gobierno de ‘Tirano’ Rosas, todos eran iguales ante la ley, incluidos todos sus familiares.

Digamos también que si bien nos extraña que tantos federales de ‘primera hora’ (sic), luego de la batalla de Caseros y caído el régimen federal se hayan vuelto ‘de repente’ (sic) ´’antirosistas’ tibios o furibundos, debemos tener en cuenta no solo los miedos y temores de perder sus rangos, fortunas o vidas, sino que muchos de ellos tenían lazos familiares con varios de los personajes de aquel entonces.

Uno se pregunta cómo es que muchos federales que apoyaron hasta fanáticamente a Rosas, deshaciéndose en ditirambos durante 20 años, compitiendo en loas al Restaurador, hayan ‘olvidado’ literalmente de la noche a la mañana su actuación y pensamientos políticos.

Hubo un poco de todo: acomodarse a los nuevos aires políticos para proteger sus vidas a costa de traicionar hasta sus propias ideas; cuestiones afectivas, como la de José Marmol que fue rechazado por Manuelita ante sus requerimientos amorosos y otros como Rivera Indarte, personaje de baja moral que, primero intentó usufructuar su adhesión descontrolada por Rosas para lograr fines personales y estar a cubierto.

No pudo hacerlo.

Como se mencionó, Rosas no perdonaba faltas ni a sus familiares, menos a los adulones.

CHIVILÓ hace un breve resumen de este personaje que tanto daño causó a su patria, traicionándola cuantas veces pudiese.

“…fué un fervoroso y exaltado federal y rosista a tal punto que escribió entre otras piezas el "Himno Federal", el "Himno de los Restauradores", además de escribir en varios periódicos de Buenos Aires, donde toda alabanza a los federales y a Rosas es poca, incluso publicó una biografía del Gobernador, con el retrato de este al frente. Creyendo que su adhesión al sistema federal y a Rosas, lo ponían a salvo de todo, cometió varios delitos por los cuales primero fue separado de la Universidad en setiembre de 1831, a la que reingresó a su petición para "recuperar su honor", a mediados de 1832. Posteriormente fue acusado de robar la corona de la Virgen de Nuestra Señora de las Mercedes y de otros hurtos y fué puesto en prisión en un pontón. Después de recobrar la libertad se exilió en Montevideo y desde allí, como por arte de magia se puso al servicio de los unitarios y desde entonces comenzó a escribir contra quien tiempo antes había alabado de todas formas.

La exaltada adhesión de Rivera Indarte al sistema federal y a Rosas, no lo puso a cubierto o a salvo de la sanción penal que le cupo por haber violado la ley.

Podemos afirmar también que el Gobernador de Buenos Aires, era más estricto respecto de los federales que con los enemigos unitarios”.

Era muy común que a mediados del siglo XIX, las familias pudientes de Buenos Aires, compraran prendas o artículos suntuarios o adornaran sus casas con bienes procedentes de Inglaterra. La familia del Gobernador Rosas no era una excepción. Esos artículos debían abonar los correspondientes derechos de aduana y aquí tampoco ni el Gobernador ni su hija tenían ningún tipo de privilegio, sino todo lo contrario.

LASCANO nos da una pista, diciendo que “..no es posible desconocer que en esas Corporaciones [por la Sociedad Popular Restauradora], como en las masas populares en general, hubieran federales incondicionales y de buena fe, como pseudos rosistas y fanáticos especulativos, pero no se olvide que el fanático y especulador político, son parásitos prontos a adherirse a todo cuerpo del cual puedan nutrir sus hambres, sus vicios o sus ambiciones. Es un apéndice fatal de todo hombre con autoridad”. ‘Nihil novum sub sole’.

El propio Alberdi en carta a Máximo Terrero el día 30 de Abril de 1863 le dice sobre los antiguos ‘rosistas’ que conservaron aun después de la caída del gobierno nacional de Rosas, su poder y su fortuna y que han hecho para reivindicar al gobierno al cual pertenecieron y juraron defender:

Qué personas lo acompañaron en su Gobierno como amigos y servidores oficiosos, como legisladores, ministros, guerreros, publicistas, consejeros, cortesanos: ¿dónde están hoy? ¿qué posición tienen ?"

En fin, debemos tener en cuenta –como dice MARTI-que en las primeras horas, días luego de Caseros, la gente le dio la espalda a Urquiza, encerrándose en sus casas y manteniendo las ventanas y puertas cerradas, pero luego “…los habitantes de Buenos, aún sin querer a Urquiza y estando cansados de tantas presiones políticas, esperaran silenciosamente una paz definitiva, Desde entonces, un sentimiento de ambigüedad reinó voluntariamente, hubo también bastante hipocresía como la que sostuvieron muchos rosistas, quienes estuvieron proclives a cambiar de bando”..

Tengamos presente ciertos hechos que nos sugieren un interrogante: ¿Cómo puede entenderse que Guido, apenas cayó el gobierno de Rosas fue nombrado por Urquiza embajador en Río de Janeiro?. ¿Que socios, amigos y funcionarios y conspicuos federales como Anchorena, Bernardo de Irigoyen, Felipe Arana, Manuel Moreno, Lorenzo Torres, etc tuvieran cargos públicos luego de haber sido funcionarios ilustres o estar bajo la protección del gobierno de la Confederación Argentina durante tantos años. Cargos públicos algunos con el nuevo gobierno golpista de Urquiza y otros bajo el ala del gobierno de la separatista Buenos Aires?.

Una serie de hechos sucedidos y teniendo en cuenta lo tormentoso  e inestable de la política argentina coadyuvaron a ello.

Como cita MARTÍ en un enjundioso análisis “Los ex unitarios que ahora conformaban la nueva burguesía de la Argentina, no tardaron en afianzar sus lazos políticos y económicos muy a gusto de los intereses portuarios. Los nombres de quienes habían sido ‘perseguidos’, son demasiado conocidos para que deba yo ahonden más detalles. De modo que, con esta apreciación conceptual podemos ligeramente convenir que todos aquellos que volvían a la ciudad de Buenos Aires estaban fervientemente inclinados por la apertura del puerto como premisa fundamental para establecer un sistema de libre comercial de libre importación de capitales. Estos hombres no tardaron en apoderarse de la prensa y entonces comenzaron tejer sus maquinaciones y tergiversar los hechos para favorecerse política y económicamente. Por eso a la hora de decidir las cosas muchos de los ex convencidos rosistas que antes apoyaban al Restaurador, inspirados en la necesidad de mimetizase con la naciente estructura victoriosos, se alinearon prontamente integrando , la cabeza política primero junto a los servidores de Urquiza y luego en la oposición. En este caso estaban Nicolás Anchorena, Domingo F. Sarmiento, Adolfo Alsina, Vicente F. López, Félix Frías y José María Gutiérrez. …La salida de Rosas del poder no provocó otra cosa que disolución de la línea política que antes la caracterizara…. de modo que a la caída de Rosas, algunos federales ex ‘rosistas’ se volcaron a Urquiza y los otros en una minoría porteña favorecieron la creación de un partido localista ex unitario que priorizaba sostener los derechos de la ciudad-puerto Buenos Aires. Allí se juntaron intereses económicos que habría de estructurar la base del nuevo poder político”.

 Analicemos la división que se produjo luego de Caseros, en los Federales, que se deshicieron en varios grupos según sus intereses particulares, al no existir más aquello o aquel, mejor dicho, que los cohesionaba y que estaba navegando en esos momentos al exilio.

Primero, el grupo de aquellos que se cobijaron bajo el ala de los porteños unitarios prefirieron a éstos que, por lo menos –pensaban- tenían ciertos intereses comerciales comunes, a Urquiza  que fue una figura que traicionó a Rosas, asesinó a Santa Coloma, Martiniano Chilavert y centenares de tropas de Aquino. Además, contrabandista, ladrón de los dineros públicos, avaro, etc,  No inspiraba el entrerriano demasiada confianza.

Y, además, si Urquiza había traicionado a Rosas, bien podría traicionar a quienes lo siguieran (y de hecho así fue). El miedo y la necesidad imperiosa de salvar su patrimonio  (¿y su pellejo?) y el entender que no habría marcha atrás en la caída del federalismo fueron elementos conscientes o inconscientes en adoptar tales actitudes estos funcionarios o federales que abrevaron durante tantos años de los privilegios del poder. Nada nuevo que descubrir.

Debemos considerar al respecto que en Buenos Aires, había gran cantidad de habitantes que eran extranjeros, sea franceses, ingleses, españoles, etc. que poca identificación nacional podían tener y para ellos el tema de sus comercios y propiedades eran lo principal a mantener.

A su vez, la alta burguesía o estancieros si bien podían tener un mayor sentido de pertenencia a la patria el cuidado de sus bienes era lo primordial. Durante el período de Rosas, ambos intereses convivían puesto que el orden que existía en la ciudad y la pacificación de la campaña donde muchos tenían tierras y haciendas era necesario para la marcha de sus intereses comerciales, ganaderos, etc. Rosas había puesto administrativamente en Buenos Aires un clima de tranquilidad que favorecía no solo al desarrollo de aquellos que más poseían sino también a aquella parte de la población que otrora estaba abandonada a su suerte y que con el gobierno de la Confederación Argentina tenían trabajo y también seguridad en el cuidado de su familia. Soberanía nacional presente cuyos efectos se desparramaban en toda la vida y estratos sociales de la Confederación.

Por eso, cuando cae el gobierno de Rosas, y con ello la soberanía de nuestra nación, la clase dirigente de Buenos Aires y la incipiente burguesía pensó –sopesó- que por más que haya habido cambios en el gobierno, sus intereses iban a seguir vivos coexistiendo con los intereses de los expatriados Unitarios que volvían; después de todo, muchos eran parte de las mismas familias.

Fue un error de cálculo que ello iba a resultar sin mayores problemas:  Buenos Aires se separa durante una década de las hilachas que quedaban de la Confederación Argentina que languidecía y daba sus últimos estertores.

Por tal situación, coexistían ex Federales con los Unitarios repatriados pues sus intereses comerciales se volvieron comunes, así pues antes que Federales o Unitarios, eran Porteños.

Entre estos nuevos aliados de los intereses porteñistas, se encontraban los antiguos –hasta hace horas- Federales Manuel Moreno, Ángel Pacheco, Lorenzo Torres, Nicolás Anchorena, Antonino Reyes. Este último al ver el error cometido, renuncia a sus cargos y se pasa a las filas urquicistas.

En tal sentido MARTÍ hace ver que  “Ahora el jefe entrerriano podía contar con nuevos apoyos ya que era favorecido por los grupos económicos que se habrían consolidado bajo el paraguas del poder rosista. Estos grupos de acaudalados estancieros, más ganaderos que otra cosa no  tuvieron empacho en saltar el cerco y proclamarse fervientes y decididos partidarios de Urquiza. En lo sucesivo, el caudillo entrerriano modificó su actitud con respecto a los opositores rosistas que habían defendido Buenos Aires. Trató por todos los medios de ganarse su aprecio y de atraerlos a sus huestes, al fin y al cabo  eran tan o mejores federales que muchos de sus seguido res, sobre todo los jefes más cercano. Cuando Urquiza se percató que habla estallado una división profunda en la conducción política de Buenos Aires, no tardó en sacar sus! réditos y actuar con maniobras seductoras basadas en el convencimiento. Su propuesta continuó siendo la necesidad de una Constitución que produjera la unidad de todas las provincias de manera orgánica”.

En fin, la cantinela de la Constitución como ‘caza-bobos’ era utilizada una vez más como canto de sirena..

Y juega principal papel en todo esto tanto Rufino de Elizalde otrora feroz obsecuente del gobierno rosista hasta el mismo día de Caseros como Vicente López y Planes, otro de los principales funcionarios del gobierno federal durante más de 20 años, que al día siguiente de la batalla de Caseros fue nombrado por Urquiza Gobernador provisorio, empezando a desdecirse y desprenderse tristemente de todo su pasado ‘rosista’, en menos de 24 hs. ‘olvidando’ (sic) todo su pasado político en un santiamén, siendo, y es bueno decirlo, uno de los mejores intelectuales políticos en el Gobierno de la Confederación Argentina, conjuntamente con Anchorena.

Ahora, dolorosamente ROSA nos patentiza algo que parecía o se vislumbraba obvio: a la falta de patriotismo de los Unitarios y su ceguera y estrechez de grandeza, se le suma la falta de clase administrativa leal y capaz durante el gobierno de Rosas que obligaba al Restaurador a cargar sobre sus hombros toda la tarea administrativa de la Confederación por más nimia que fuese. Cosa que no le sucedía al Imperio del Brasil.

Su acción política -valga el ejemplo de Rivadavia- se consagró a reformas edilicias, mejoras educativas o beneficios comerciales foráneos, mientras San Martín no podía continuar, falto del apoyo y el dinero de Buenos Aires la campaña del Perú, Brasil se incorporaba la provincia Oriental, se segregaba el Alto Perú y se consolidaba el alejamiento del Paraguay. Sus congresos discutían la excelencia de ésta o de aquella constitución a copiar de Francia o de Estados Unidos, mientras las provincias combatían entre sí y el enemigo exterior arrebataba las fronteras. No era el momento de reformar el Estado, sino de salvar y consolidar la Nación. No podían saberlo porque no sentían la nacionalidad: su concepción política no iba más allá del Estado es decir, lo formal, lo transitorio; no veían a la Nación la esencia, lo perdurable. Su gran problema era importar una constitución que dejare -a trueque de la entrega a la economía extranjera- intactos sus beneficios sociales y políticos de clase privilegiada.

El drama argentino fue carecer de una clase dirigente. Un gran jefe y un gran pueblo no bastan para cumplir un destino. Solamente con una categoría de hombres capaces, consagrados y plenamente identificados con su patria, puede cristalizar una gran política. En 1834 Rosas se negaba a aceptar el gobierno "porque la administración es unitaria, y los federales no tienen aptitudes para la función pública": un partido de gentes muy altas o muy bajas no daba colaboradores eficientes, y a la  burguesía le faltaba la primera virtud -el patriotismo- para usarla en beneficio del país. De allí, tal vez, la omnipresencia de Rosas en todos los actos de gobierno. Sus ministros eran amanuenses y no tuvieron gravitación mayor en su obra, estrictamente personal. Muerto Tomás de Anchorena en 1847 –su pariente y consejero escuchado- la soledad de Rosas sería completa.  Sin embargo lograría formar la mejor representación diplomática tenida jamás por la Argentina: Guido en Río de Janeiro, Sarratea en París, Manuel Moreno en Londres, Alvear en Washington. Tuvo excelentes diputados en la junta de representantes (Lorenzo Torres, Baldomero García) y jueces íntegros en la cámara de justicia (Vicente López, Roque Sáenz Peña). Pero le faltaron colaboradores eficientes en las tareas administrativas que interpretaran y comprendieran su pensamiento político. Manuel Insiarte o Felipe Arana no siempre acertaban que el móvil de la política es algo más que detentar el poder. La verdad es que la poderosa personalidad de Rosas y su enorme capacidad de trabajo eran toda la administración en la casona de la calle de San Francisco o en la quinta de Palermo. De Angelis lo advertía a Guido con excesiva sinceridad el 12de abril de 1849: "El señor gobernador tiene sobrados motivos para mandarnos a todos a la p... que nos parió. Es el único hombre puro, patriota y de buena voluntad que tenemos. Si él falta, todo se lo lleva la trampa, y no es posible que él lo desconozca. ¿Qué sería del país?" Un hombre solo por grande quesea, su laboriosidad, inteligencia o penetración de los negocios públicos, no puede sustituir a la labor coordinada, metódica, dedicada, de un equipo de hombres capaces y patriotas. Carece de su eficiencia y es incentivo para los ambiciosos que quieran heredarlo. Esa fue la ventaja de la aristocracia de Brasil, categoría de hombres movidos por su amor al Imperio y defensa de su posición social y económica. Descansaba sobre el jefe todo el trabajo administrativo, pero no era posible otra forma de gobernar. Angelis escribe a Guido el 27-1-50, comentando la renuncia de Rosas de ese año: "El general Rosas no puede sustraerse al peso que lo oprime. Este es su destino, y por más duro que sea, tiene que cumplirlo. Lo que él dice es cierto: su salud desfallece y su vida misma está amenazada. Todo el peso de la administración, en sus pequeños y grandes detalles, descansa sobre sus hombros y, lo que es más, sobre su responsabilidad. Las faltas de los empleados, los abusos que cometen, su misma ineducación, todo se pone en cuenta del gobierno y se atribuye a su descuido, y hasta a su connivencia."

CHIVILÓ  sobre el tema lo condensa en un párrafo: “Inmediatamente después de Caseros, retornan a Buenos Aires, los unitarios emigrados, quienes comienzan a tener gravitación importante en el nuevo gobierno de Buenos Aires. Vicente López y Planes, como dije, antiguo rosista, y que había escrito poemas laudatorios a Rosas, se convierte de la noche a la mañana, en antirrosista y a instancias de su hijo –Vicente Fidel– y de otros unitarios, a pocos días de Caseros, esto es el 16 de febrero de 1852,por decreto ordena que “Todas las propiedades de todo género pertenecientes a Don Juan Manuel de Rosas, y existentes en el territorio de la Provincia, son de pertenencia pública”, ello importaba ni más ni menos que la confiscación de todos los bienes del ex dictador”.

Es el propio Vicente López y Planes, - juez y eminente político durante todo el gobierno de Rosas-  como tantos otros aquellos que se deshacían en loas permanentes a J.M.de Rosas y que durante décadas usufructuaron de los beneficios del poder del Estado, no trepidaron EL MISMO DÍA DEL 3 DE FEBRERO DE 1852 en presentarse y  rendirle pleitesías a Urquiza, sea por miedo a perder su vida, sus bienes, sea para adaptarse sibilinamente a los nuevos aires que se avecinaban, o sea por lo que fuere.

Fue elegido por éste como Gobernador provisorio desde el día siguiente a la caída de Rosas, y presintiendo que la soberanía de la nación que tantos años sostuvo, había fenecido sin más, no dudó en ser más ‘papista que el Papa’ y decreta la confiscación de sus bienes de su hasta hace horas su Gobernador, inaugurando lo que se ha visto a lo largo de nuestra historia hasta hoy día: los llamados ‘panqueques’ políticos que sin rubor alguno no vacilan en borrar de un santiamén 30 años de declaraciones y principios contrarios.

Entonces, designado Gobernador provisorio de Buenos Aires por Urquiza –que quería atraerse a los antiguos federales-, manifestó que el Restaurador habíase apropiado de ingentes sumas del erario público, descalificando su moral y conducta durante toda su gestión, a la par de denunciar al Restaurador como un criminal sangriento diciendo sobre éste –sin sonrojarse un ápice- el 16 de Febrero  que “Aun dejando a la apreciación de la Historia y del mundo los crímenes sangrientos de Juan Manuel de Rosas, como también los males que en orden moral ha inferido al país, no es posible prescindir delos perjuicios materiales que tan profusamente ha derramado sobre él, A este género pertenece la dilatada serie dilapidaciones y apropiaciones para sí mismo de los cales públicos, con que tan sin pudor aumentaba su fortuna particular, a la vista del pueblo mismo a quien sin embargo forzaba a exaltar su mentida pureza…. . El gobierno no se fija por ahora en los hechos de ese hombre, considerado como mal administrador, es decir, no se fija en la arbitraria y nociva inversión hecha de gran parte de esos caudales en objetos y miras abiertamente contrarias al bien público, encaminadas a corromper a los hombres, ya perpetuar su poder, perpetuando guerras funestas e injustas; al mismo tiempo que se desatendían completamente obligaciones sagradas, y se abandonaban establecimientos indispensables en los pueblos civilizados. Más al apropiarse el primer magistrado de un pueblo, de los fondos que representan el sudor de éste, no es administrar bien ni mal, es hurtar y robar con circunstancias muy agravantes…. Bajo este respecto, D. Juan Manuel Rosas es meramente un deudor público, obligado a la restitución y subsanación de perjuicios. No entra seguramente en los principios del Gobierno el acoger la bárbara y antisocial confiscación política, introducida en el país por aquel hombre; pero entra y debe entrar el hacer reintegrar a aquel en lo posible, de todo aquello que fue robado. Esta determinación, ajustada a los principios generales que responsabilizan a todo individuo que maneja fondos públicos, es tanto más justa y urgente en este caso, cuanto más grande es el legado de embarazos fiscales, deudas, caos y confusión que deja al país la administración dictatorial. Desgraciadamente, las propiedades de este deudor, aunque numerosas y valiosas, sólo en una mínima parte pueden satisfacer esta deuda inmensa: pero aunque respectivamente pocas, forzoso es que en ellas se cumpla esta exigencia suprema de la justicia pública" .

Este compendio de falsedades y de declaraciones de alto grado de hipocresía hechas por Vicente López que se desprenden del Registro Oficial de La Provincia de Buenos Aires, Libro Trigésimo, 1851 Buenos Aires, Imprenta Americana, Calle Santa Clara num 62, pág 11, y que acertadamente nos trae al presente, para no olvidar, MARTÍ, nos hace conocer la naturaleza humana que ante una adversidad en lugar de fijar y reconocer su intensa actividad y principios sostenidos durante más de 30 años, no trepida en borrar con el codo en un santiamén esos 30 años de vida y comportamientos.

Ya Rosas siempre decía que temía más a quienes lo rodeaban que a los Unitarios que por lo menos se manifestaban abiertamente durante su gobierno y no dudaban de traicionar su nación, a cara descubierta. Y tenía razón….

Pero Vicente López no es más que una muestra de lo que muchos federales supuestamente acérrimos y que el día anterior al 3 de Febrero pedían la horca y la muerte de Urquiza y de todos los traidores a la `Santa Federación’, al día siguiente se configuraban panegiristas de esos mismos traidores que acusaban el día anterior, dejando éstos, una especie de ‘puente de plata’ y ‘olvido’ (sic) con tal de atraerse a todos esos funcionarios y políticos, a la nueva causa.

Hagamos un mero análisis de los párrafos de la declaración pública de Vicente López, deseoso de granjearse el ‘perdón’ de sus antiguos enemigos, por cobardía, por interés, o por lo que fuere y mírese –en contraste- el comportamiento de Chilavert ante las mismas circunstancias que dio su vida antes que renegar de su patria invadida.

Vicente López habla de ‘los crímenes sangrientos de Juan Manuel de Rosas’…’ los males que en orden moral ha inferido al país’…,’los perjuicios materiales que tan profusamente ha derramado sobre él…’.

Parece  que el ilustre crear de nuestro himno nacional, no supo ver durante los casi 25 o 30 años de intervención política al lado de Rosas, hasta el mismo día de Caseros. 

‘La dilatada serie dilapidaciones y apropiaciones para sí mismo de los caudales públicos, con que tan sin pudor aumentaba su fortuna particular’.

La misma reflexión anterior cabe. Y además, la declaración –sin pruebas algunas hasta el día de hoy- sobre supuestas apropiaciones de caudales públicos cuando es reconocido, aun a desgano, por los propios Unitarios triunfantes que Rosas fue un obsesivo y puntilloso cuidador de los dineros públicos estando todo ello puntualmente documentado.

Y que las inversiones de esos caudales públicos estaban ‘encaminadas a corromper a los hombres, ya perpetuar su poder, perpetuando guerras funestas e injustas’….‘Más al apropiarse el primer magistrado de un pueblo, de los fondos que representan el sudor de éste, no es administrar bien ni mal, es hurtar y robar con circunstancias muy agravantes’.

Miente nuevamente Vicente López, (hombre falto de memoria, por lo puede apreciarse), al imputar el uso de los dineros públicos para perpetuarse en el poder. Sabido es que el Restaurador fue llevado a la rastra por el pueblo todo, y de toda clase social, al poder el cual fue ordenado legalmente por la Sala de Representantes.. Además, las guerras fueron impuestas por las potencias extranjeras como el Brasil, Inglaterra, Francia, la Confederación Peruano-Boliviana del Gral. Santa Cruz, por los Unitarios –la mayoría exiliados por propia decisión y voluntad- que atacaban rabiosamente como tábanos y en forma permanente con un odio masónico, a la Confederación Argentina.

No entra seguramente en los principios del Gobierno el acoger la bárbara y antisocial confiscación política, introducida en el país por aquel hombre; pero entra y debe entrar el hacer reintegrar a aquel en lo posible, de todo aquello que fue robado.

Todo está pléyade de falsedades demuestra finalmente lo que tenía encubierto Vicente López: lograr la confiscación de todos los bienes del Restaurador. Confiscar es sinónimo de robar…

Bienes, que como bien se ha probado a lo largo de la historia, fueron bien habidos por el mismo y que además, durante toda su vida aportó de su propio peculio, más de una vez, al erario público para las necesidades que hubo  de cubrir por causas de las permanentes guerras y conflictos externos e internos a las que fue obligado el soberano gobierno de la Confederación Argentina.

Se imputa a Rosas haber confiscado bienes cuando ha sido probado por profusa documentación y comentado por casi todos los historiadores –aun los más críticos- que el Restaurador de las Leyes no confiscó sino que embargó bienes –meticulosamente contabilizados cual su costumbre hasta el más mínimo detalle- de los sediciosos que atentaban contra la soberanía nacional y que, en muchos casos, cuando fueron devueltos, lo fueron con los intereses acumulados a lo largo del tiempo en cuanto a ganado y cosechas.

Rosas no era una persona que fácilmente se encolerizara. Pero una de esas excepciones que lo sacaron de quicio –lo que demuestra las falsedades que se le imputaban- fue en una entrevista que en Southampton le hiciera el periodista chileno Salustio Cobo, y que cita oportunamente MARTI, diciendo que tanto Chile como todos los gobiernos de América “…han permitido que se me confisquen mis bienes, cuando yo no he confiscado los de nadie.  ¡Represalias! dicen. Yo lo único que decreté fueron embargos temporales, mientras los emigrados se mantenían en estado de rebelión contra el gobierno…i Que yo he robado!  I Falso, paisano! Ahí tengo  documentos de todo lo que se ha gastado en mi tiempo, así todos han sido otorgados por los mismos que están gritando contra Buenos Aires. Día llegará que yo les pruebe que me acusan a mi por sumas que ellos, y solo ellos, han recibido. Mío propio y no de nadie es lo que confiscan".

La contradicción radica en que de la mano de Vicente López se hace lo contrario a lo que se le imputa a Rosas: se le confisca sus bienes cuando la nueva Constitución que supuestamente iba a ser la panacea de la justicia, lo prohibía. La máscara de civilización y progreso había sido quitada…Los delincuentes de frac podían finalmente descansar sobre las ruinas humeantes de la soberanía eliminada.

Es que como bien dice el citado autor CHIVILÓ, con el dolor lógico que se trasunta en sus palabras, que el ensañamiento sobre Rosas se profundizó desde el mismo 3 de Febrero de 1852 armando una historia falsificada a fin de “….presentarlo ante las futuras generaciones como un monstruo execrable, con lo cual justificarían su propio proceder como aliados a los gobiernos enemigos y oposición a su gobierno, borrando todo lo que se pudiera de lo real acaecido y recreando una ‘historia‘ o como se diría en la actualidad una ‘memoria‘ o un ‘relato‘, totalmente parcializada y distorsionada de lo que habían sido los hechos sucedidos. Y así fue… durante más de un siglo, en el cual las distintas generaciones de argentinos fueron educados con esa ‘historia‘ llamada ‘oficial‘, distorsionada y mentirosa, construida por los vencedores de Caseros, reconocido por Sarmiento en carta a José María Ramos Mejía, cuando este estaba escribiendo ‘Neurosis De Los Hombres Célebres En La Historia Argentina’, le decía: ‘-Prevendríamos al joven autor que no reciba como moneda de buena ley todas las acusaciones que se han hecho a Rosas; en aquellos tiempos de combate y de lucha.- ‘..’Historia’ que fue repetida y machacada año a año a cada argentino, prácticamente desde la cuna, desde la infancia en la escuela primaria hasta la adultez en la universidad, transmitida hasta el cansancio a través de la prensa y los medios de comunicación y denostando con los más variados epítetos a quienes osaran controvertirla”.

Es de tal modo que cuando Rosas marchaba hacia Gran Bretaña, el sobrino de Manuel Moreno, Mariano Moreno (h) hijo de Mariano Moreno, le escribe a su tío que estaba en aquellos lares para comentarle la suerte de las armas de gobierno y el triunfo de Urquiza.

Comenta MARTÍ, que al saber el embajador Moreno del triunfo de Urquiza, previsoramente le dice a su sobrino en carta del día 8 de Abril  "Dios te protege como protege siempre al que padece injustamente: porque cuando me escribías (...) bajo la ansiedad que te inspiraba la cercanía de las tropas de Urquiza a los atrincheramientos de Rosas en los Santos Lugares y esperabas la decisión de este negocio, hacía tres días que las puertas de la patria se abrían para recibirte después de un destierro de 13 años y que el opresor injusto corría a la mar en un buque extranjero en busca de asilo"

Claro, ambos, tío y sobrino no comulgaban con las mismas ideas políticas: el sobrino de Manuel Moreno se había exiliado en Montevideo durante el ‘rosismo’ para pelear contra el gobierno de la Confederación, ya que era uno de los más fervientes Unitarios que luchaban contra Rosas.

Ahora bien, véase como con los nuevos aires políticos ya Manuel Moreno en la carta dice que su sobrino ‘padece injustamente’ por culpa del ‘opresor injusto’ –o sea, Rosas.

Este eximio funcionario y diplomático de la Confederación Argentina que durante décadas defendió los intereses de la nación en tierras extrañas bajo el gobierno de sus país dirigido por el Brg.Gral.Rosas, no tuvo empacho, dadas las circunstancias, de imputarle a su propio gobierno recién vencido que su sobrino ‘padecía injustamente’ el destierro –recordar que el susodicho Mariano Moreno (h) combatía a su propio país para derrocar al legal gobierno de Rosas-y que Rosas, a tenor de sus palabras, era un ‘opresor injusto’.

Esto es, para Manuel Moreno, funcionario durante añares del gobierno de su país, derrocado hacía horas por un gobierno extranjero –Brasil- coaligado con los Unitarios traidores a su tierra, ahora con los resultados de la lucha a la vista, ese gobierno nacional pasaba a ser ‘opresor injusto’.  Es difícil de creer y más de digerir.

Ayer como hoy, hubo siempre quienes vivieron  al calor del poder y cuando éste dejaba de existir, se acomodaban sin vergüenza alguna a los nuevos poderes de turno, borrando de un plumazo y sin incomodarse, cualquier vestigio de sus ideas y comportamientos políticos anteriores.

Así, junto a Vicente López, el Gral.Mansilla –nos guste o no- a horas de finalizar la batalla de Caseros, entra a Buenos Aires, junto a tropas de Urquiza, para –supuestamente- guardar el orden en la ciudad, al mismo tiempo que sus ex camaradas como Martiniano Chilavert y Martín Santa Coloma eran fusilados y degollados luego de rendidos. Tal vez poco podía hacer Mansilla pero su sentir ha quedado en su fuero intimo.

En la confiscación de bienes de Rosas intervino directamente tanto Vicente López, devenido ‘antirrosista’ de ocasión junto al enemigo, su enemigo de décadas Valentín Alsina, unidos en el hecho. Dios los cría….

Y segundo, de tal modo y con los hechos imposibles de retrotraer, otros en cambio eligieron el mal menor, como Lorenzo Torres, Baldomero García, Pedro de Angelis, Eduardo Lahite, Estevez Sagui, Hilario Lagos, Jerónimo Costa y parte de los restos que quedaban de los ‘rosistas’ los cuales se unieron a Urquiza obteniendo importantes cargos públicos y comenzaron a combatir contra la Buenos Aires que se había separado del resto del  país, con Mitre y lo más rancio del Unitarismo a la cabeza y otros antiguos ‘rosistas’, que –como dijimos- optaron –con un sentido ‘porteñista’ como se indicó- por el concubinato con los Unitarios que se apoderaron de la dirección del gobierno, comercio y prensa de Buenos Aires, con intereses comunes.

En fin, luego de la caída de Rosas, una enorme ‘desmemoria’ se apoderó de casi todos los aduladores otrora ‘rosistas’, algunos agrupándose tras las faldas de los Unitarios redivivos y otros tras la de Urquiza. Sea por interés, por miedo, o por ‘practicidad’ según palabras de Vicente López.

En efecto, CHIVILÓ dice que “…el 11 de setiembre de 1852 se había producido una revolución en la provincia de Buenos Aire, promovida por unitarios (entre otros, Vélez Sársfield, Alsina, Mitre, etc) que con anterioridad se habían unido a Urquiza en su lucha contra Rosas, pero que ahora se habían puesto en su contra y también contra el gobierno provincial impuesto por el entrerriano; en esa revolución participaron también antiguos rosistas. Se produce así la secesión de la provincia -o sea su separación del resto de las provincias hermanas unidas en la Confederación- y se erigió como un nuevo estado autónomo y prácticamente independiente: el Estado de Buenos Aires, ya que tiene constitución, ejército y gobierno propio. Se encuentran así, enfrentadas por una parte, el Estado de Buenos Aires y por la otra, la Confederación Argentina, con capital en la ciudad de Paraná. Alberdi se pondrá del lado del director provisorio Urquiza y condena la "separación desleal de Buenos Aires".

Ese enfrentamiento origina una nueva guerra civil que durará diez años. En 1854, el ya Presidente Urquiza (primer presidente constitucional argentino), designó a Alberdi como ministro plenipotenciario de la Confederación Argentina, en misión diplomática ante distintos países europeos-para evitar el reconocimiento de éstas al Estado de Buenos Aires-, el Vaticano y también en España, donde debería también obtener el reconocimiento de la Madre Patria a la independencia argentina.

Respecto a los temores luego de la caída de Rosas, una carta de Mercedes Ortiz de Rozas, hermana de J.M. escrita a Manuelita cuando estaban ya exiliados en Inglaterra nos da una reflejo del ambiente social en Buenos Aires contra los federales.

Enrique ARANA (h) nos lo cuenta extraído de una carta en poder del señor Taullard y citado en el diario “La Razón” del 15/12/1919

“Mercedes, casada con el doctor Miguel Rivera, descendiente del inca Atahualpa, que escribía el año 1856 a Manuelita, dándole cuenta de los acontecimientos producidos en el país :

"Los últimos y tan desgraciados sucesos acontecidos aquí me han muerto -dice en carta de marzo 31 -.He sufrido mucho, mucho., amiga mía. Tú sabes cómo yo quería a Jerónimo Costa, podrás valorar lo que habrá sufrido mi espíritu viéndolo sacrificar tan cobardemente. Ahora tenemos Constitución, y ésta ha sido violada; el gobernador, sin tener las extraordinarias, ha hecho fusilar de su orden a un general de la Nación, sin un consejo de guerra y del modo más aleve. ¡Pobre Costa!. En fin, amiga, ha vuelto el año 28, en que Lavalle fusiló de su orden al gobernador Dorrego. Aquí los Varelas me han "guaceado" -añade -.Pusieron en uno de los "hechos locales" de su diario: ‘La noble dama que ha gastado 4000 pesos, en el cajón para Costa, será con el objeto de mandárselo al degollador Oribe, para que le cante un responso’.

Doña Mercedes Rosas de Rivera solicitó del gobernador Obligado licencia para recoger el cadáver del heroico defensor de Martín García, que se encontraba tirado, después de habérsele descuartizado. .Esta señora le dió sepultura, y con tal motivo fué objeto de befas increíblemente toleradas en una época en que presidían el gobierno los hombres cultos, que combatieron los excesos de don Juan Manuel.

En la carta citada, agrega la señora de Rivera algo pintoresco, que revela su temple y la degradación de la época que aún se vivía:

"Vinieron a darme serenata, escribe, y les tiré con grandes pedazos de carbón de piedra, y jugué con ellos Carnaval, pues recibieron toda la¡ agua del baño que tenía Miguel arriba, ya más, les grité con voz de soldado: "Viva la nueva Mazorca, vivan los nuevos Cuitiños, Parras y Troncosos. Y les advierto que si me rompen algún vidrio les meneo bala. Entonces se fueron los "gallinas", flojos y cobardes: cuando encuentran energía, ceden. Estos son, mi amada amiga, los tristes sucesos que han tenido lugar en estos últimos tiempos. En casa de mi compadre Terrero también les gritaron ‘Muera la Mazorca’ y les rompieron los vidrios. En lo de Arana fue más que en ninguna parte. A la pobre Pepa Gómez le tocaban a degüello y le gritaban horrores. Hasta en la casa de la santa de Mariquita Rosas, en lo del cónsul Merelles y (asómbrate), hasta en casa de don Vicente López, le han gritado mueras y le han roto vidrios”

Respecto a los lazos familiares, por ejemplo, recordemos que Felipe Arana era concuñado de Rufino de Elizalde.

En efecto, la mujer de Arana era hermana de la mujer de Elizalde, primero ferviente federal para convertirse, en un Robespierre luego de Caseros.

Pero también, era Arana el tío segundo del mismo Elizalde

Así es, Rufino de Elizalde fue otrora ‘rosista’ que al amparo del “establishment” ‘rosista’, llevó la vida social de sus contemporáneos y desde joven concurrió a las tertulias de las damas porteñas de la patria federal como confiesa un liberal y masón confeso como HERRERA VEGAS diciendo que en esos años Elizalde frecuentaba San Benito de Palermo, donde se encontraba entre los invitados de Manuelita Rosas, junto con su amigo Bernardo de Irigoyen, pero antes de Caseros no tuvo  reparo alguno para pasar a las huestes de Urquiza en forma silenciosa (a eso se le llama ‘traidor’ hoy y siempre) para derrocar al gobierno legítimo de Rosas y luego de Caseros a ser un enconado denostador con un odio persistente contra J.M. cuando éste cayó, como dice GONZÁLEZ ARRILI, que lo reconoce sin criticarlo fiel a su ideologismo liberal.

La falsificación de la historia distorsionando los hechos acaecidos y los caracteres de las personas que actuaron en nuestra historia puede leerse –al respecto de Elizalde- por parte de GOÑI que en un ensayo escrito para el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales dijo, sin ponerse colorado:

“La integridad moral e intelectual de Elizalde y su ordenada y decorosa vida lo preservaron de las controversias históricas. Su recta actuación personal y política lo destinaron a las páginas serias de la historia. Sus palabras e ideas viven en su archivo personal y en sus artículos periodísticos, particularmente los que publicara en “La Nación”…..Desde la Batalla de Caseros, Elizalde se convirtió en asesor, amigo y confidente íntimo de Bartolomé Mitre. Ambos se caracterizaron por la lucidez política y el sentimiento humanitario que mostraron ante la situación creada por la revolución porteña del 11 de septiembre de 1852”

Elizalde fue el epítome de la doblez de espíritu, y estuvo muy lejos de ser una persona preservada de las ‘controversias históricas’. Es correcto que desde la Batalla de Caseros se cobijó bajo el ala de los vencederos, al igual que Mitre, como un supino cobarde ‘olvidando’ en un solo día todo su pasado fiel a la Confederación Argentina y a Rosas.

Este federal y ‘rosista’ durante tantos años, como tantos otros, para salvar su pellejo y sus bienes no dudó en ser acérrimo enemigo del antiguo régimen siendo uno de los jacobinos que llenaron con su odio, después de Caseros, todas las páginas de nuestra historia con sus discursos y acciones.

Al respecto Carlos MARTINEZ, historiador citado por MARTÌ señala: “Que esfuerzo el de Rufino de Elizalde al elaborar tan vehemente discurso contra Rosas, sólo así podía purificarse de su pasada adhesión al ex Gobernador e incluirse respetablemente en el antiurquicismo”

No escapaba estas traiciones de tantos supuestos ‘rosistas’ luego de Caseros a los ojos del ex Ministro de Economia y amigo fiel de Rosas, José Roxas y Patròn que en carta a Rosas del 31 de Enero de 1858, citada por MARTÌ, le dice:

“Al fin ha conocido V.E. sus pretendidos amigos. Los conocía yo. Si hubieran sido otros hombres V.E. habría sido el personaje de su siglo porque atendida su posición y las circunstancias, poseía además las cualidades necesarias para llenar una misión de primer orden en beneficio de la humanidad. Nuestra patria habría llamado la atención del mundo y de la historia. Hubiéramos cruzado los trastornos que han tenido lugar en Europa desde el año 48. Aliviado a Inglaterra cuando el hambre de Irlanda, ganando una gran población, sin que nos costase nada. Y acabado no solo con el comercio de esclavos sino con la esclavitud misma en una gran parte de nuestro continente. En fin, hoy seríamos una Nación respetable con un gobierno sólido, reconocido y sostenido por otros gobiernos, que pueden llamarse tales”.

Podemos conocer a éste político con una capacidad de entender los hechos y su sapiencia que pudo vislumbrar lo que podría haber sido la Confederación Argentina y el propio Rosas, si el gobierno no hubiera defeccionado en la batalla de Caseros, no solo por los extranjeros invasores sino por las traiciones internas que sufrió el caudillo, por aquellos que justamente fueron durante años quienes sostuvieron y vivieron de los beneficios de la Confederación.

Roxas y Patrón hace una reflexión con base cierta al decir que de haber triunfado la Confederación Argentina en Caseros, la Argentina comandada por Rosas se hubiera consolidado más aun y cuyo destino de grandeza hubiera sido de proporciones desconocidas en el concierto de las naciones, puesto que además, el comentario sobre la terminación de la esclavitud en el continente (refiriéndose seguramente al Brasil en forma puntual) hubiera producido un cambio geográfico y de equilibrio geopolítico, expandiéndose territorialmente la Confederación aun en territorios ‘gaúchos´ que se hubieran incorporado gustosos a la Confederación Argentina..

Podríamos resumir las defecciones de muchos luego de Caseros en una frase que Felipe Arana escribe en carta a un pariente suyo, concuñado, Francisco Antonio de Belaústegui, en los albores del siglo XIX (28 de Junio de 1817), con un claro sentido práctico, digno de resumen al respecto:

“Al fin es preciso acomodarnos a la época que nos toca vivir, excusando en lo posible los disgustos y amarguras que pueden sobrevenir a nuestras familias”.

Así se escribe la historia y estos hechos permiten comprender circunstancias que de lo contrario a veces sería difícil entender.

El estoicismo con el que vivió en el exilio J.M. no pasó desapercibido para muchos argentinos que reflexionaron sobre quien había sido y era J.M de Rosas, pero también en el extranjero distintas personalidades se preocuparon de la suerte del Restaurador de las Leyes, como el Emperador de Francia Napoleón III, el ilustre General peruano Ramón Castilla, dos veces presidente de su país, habiendo sido uno de los estadistas más reconocidos del Perú.

Este último, lo que tuvo de digno lo tuvo seguramente de ingenuo, le envía una carta al General Mitre, a la sazón Presidente de la Nación Argentina interesándose por la pobreza en la que vivía J.M.de Rosas viéndolo el mismo en persona cuando lo visitó en Southampton, intentando que Mitre se ocupara y preocupara en que se le devolvieran sus bienes, a fin de paliar en algo la situación del desterrado, en un pedido sincero y humano aunque con un dejo de inocencia o ingenuidad, como se expuso.

Veamos, primero la carta de Castilla:

 “Lima, 11 de julio de 1866. "Excelentísimo señor general don Bartolomé Mitre.

“Apreciado señor general: Aunque no he tenido ocasión de comunicarme con usted, espero que no extrañara lo haga ahora en honor del motivo que me mueve.

"Lanzado de mi patria y llegado á Southampton recibí una visita del general don Juan Manuel de Rosas, y habiendo estado en su casa á corresponderle su atención, comprendí, sin insinuación ninguna de su parte la estrechez en que vive, y que contrasta con el carácter que ha investido en su país y su alto rango militar.

Híceme desde entonces el deber de invocar en su favor las ideas é ilustración del siglo, a cuya altura ha sabido usted colocarse, dando de ello repetidas pruebas en su administración. Guiado por estas ideas, me atrevo a interesar la grande influencia que le dan su bien merecido puesto y filantrópicos sentimientos para que se devuelva al general Rosas sus bienes confiscados en oposición con los principios que proclama la época.

"Estimando esta medida muy digna de la nobleza del carácter argentino, no puedo dudar de que usted tomará la iniciativa para aliviar la suerte de un viejo soldado. Por mi parte, si usted me considera digno de alguna consideración, me será grato recibir como prueba de ella la aceptación de mi propósito.

"Con sentimiento de verdadera estimación me ofrezco su afectísimo y atento amigo y S. S. -RAMÓN CASTILLA."

La respuesta del Gral. Bartolomé Mitre fue la siguiente:

"Cuartel general en Tuyutí (Paraguay) , 20 de agosto de 1866. "Señor general don Ramón Castilla. Con algún atraso ha llegado á mis manos la estimable de 11 de junio del corriente año, que se ha servido dirigirme á propósito de los bienes de don Juan Manuel de Rosas, con quien había estado en Southampton.

"Con tal motivo debo manifestarle que la ley en virtud de la cual fueron afectos los bienes de don Juan Manuel de Rosas, para responder á las acciones fiscales que contra ellos hubiere, fue dictada por la provincia de Buenos Aires, que en nuestro sistema de organización, como usted lo sabe bien, es independiente del ejecutivo nacional que presido. Que esa ley tiene ya la sanción de la opinión y del tiempo, y que los reclamos legales á que ella pudiese dar lugar se sigue por otras vías, deduciéndose ante los tribunales las acciones fiscales y las excepciones.

Que, por último, ocupado como me hallo en campaña al frente del ejército, no me es posible contraerme a este género de asuntos, que, por otra parte, como ya he manifestado, ni son de mi resorte, ni es posible conducirlos por otras vías que las legales. Agradeciendo su comunicación y las expresiones con que se sirve \favorecerme, me es grato retribuirlas en su distinguida persona, aprovechando esta oportunidad para ofrecerme de usted con verdaderos sentimientos de estimación, su atento servidor y amigo. -B. MITRE”.

Y decimos arriba ‘ingenuamente’ pues era predecible que la respuesta del primer mandatario de la Nación Argentina fue que nada podía hacer por una cuestión de jurisdicción (y, entendemos, ni estaba más lejos su deseo de hacerlo) finalizando que tampoco tenía tiempo para ocuparse porque tenía otros asuntos importantes que hacer, en un tono de desdén y desprecio digno de un jacobino traidor a su nación, humillando a J.M. en forma indirecta, a la par que mintiendo una vez más porque dice que además, la confiscación tiene “…la sanción de la opinión y del tiempo, y que los reclamos legales á que ella pudiese dar lugar se sigue por otras vías, deduciéndose ante los tribunales las acciones fiscales y las excepciones”.

En primer lugar, ‘la opinión’ contra Rosas y su legal gobierno fue la ‘opinión’ no del pueblo de la Confederación que allí quiso que Rosas estuviera sino ‘la opinión’ de las armas de una nación extranjera como el Brasil, con el apoyo de la opinión’ de las finanzas, ‘la opinión’ de las logias de la Argentina, Brasil y Uruguay, ‘la opinión’ de los ejércitos levantados en armas de Entre Ríos, Corrientes, y del Uruguay luego de haber derrotado a quien fuera su gobernante legítimo, Manuel Oribe.

En segundo lugar, los ‘tribunales’ a los que refiere Mitre, son el resultado de la puesta allí por parte de quienes derrocaron a un gobierno legal con sus tribunales legales, por lo que ni hubo ‘opinión’ alguna que sancionara a Rosas ni hubo tribunal legítimo alguno que pudiera decidir nada respecto a un gobierno legalmente constituido y derrocado.

El gobierno surgido de una revuelta contra el orden legal por parte de una potencia extranjera con auxilio de traidores vernáculos, hace que todo acto como consecuencia, sean considerados nulos de nulidad absoluta ‘ab initio’, hasta el día de hoy, ‘ex-tunc’. A tenerse en cuenta para el futuro, no bien nuestra patria recobre su soberanía.

 

VII.- ‘ARREPENTIMIENTOS’ TARDÍOS DE SUS ENEMIGOS: URQUIZA Y ALBERDI (Anexo)

 

En este capítulo decimos ‘arrepentimientos’, así con comillas pues en el caso de Urquiza, sus declaradas expresiones al respecto no condicen con sus actitudes contemporáneamente a esas declaraciones rimbombantes pero si sustento fáctico en su proceder.

Esto significa que la traición o las traiciones a su patria por parte de Urquiza no fueron por el solo hecho de rebelarse a su gobierno en Caseros, sino que su proceder viene de tiempo antes y se reitera en el tiempo hasta el día de su muerte.

En  la historia como en la vida ‘Verba Volant, Facta Manent’ (‘Lo dicho vuela y los hechos quedan’). Esto es aplicable ‘in totum’ a la vida de Urquiza.

Mientras él declaraba su supuesto ‘arrepentimiento’ por haber derrocado a Rosas, sus actos continuaron siendo una traición tras otra contra su nación (la batalla de Pavón, la de Paysandú, la guerra del Paraguay, etc), contradiciendo con los hechos, sus palabras. Tan es asi que el propio Restaurador, desde Southampton, lo hace notar en sus misivas a Josefa Gómez y a José María Roxas y Patrón, político y médico de la Confederación, asi como fundador del Banco de la Provincia de Buenos Aires, como explicaremos más adelante.

Uno de los hechos que demuestra el fino equilibrio en que debió moverse en el destierro J.M. puede verse en sus consideraciones sobre J.J. de Urquiza y  el Barón de Mauá.

Sabemos –y J.M. más que nadie- que la causa de su derrota es la traición de Urquiza, entre otros, sin embargo a lo largo de su destierro tiene palabras laudatorias para con él.

Se explica esto porque Urquiza, en un supuesto ‘arrepentimiento’ que ha expresado muchas veces en cartas, se comprometió a enviarle a J.M. 1000 libras esterlinas por año para poder éste paliar sus enormes necesidades de subsistencia.

En tal modo, J.M. debió verse obligado a utilizar un lenguaje laudatorio y de agradecimiento a Urquiza sin reprocharle nada de lo hecho, con el objeto imperioso y vital, tal vez, de hacerse de dichas sumas. Sumas que solo una vez envió Urquiza después de muchos años y de insistencia permanente al respecto por Josefa Gómez que continuamente le recordaba su promesa incumplida.

Esto se une al modo de referirse J.M. al brasileño el Barón de Mauá  que era quien manejaba y distribuía  su fortuna y que, en la especie, era quien debía recibir el dinero de Urquiza para dárselo a J.M.  Puesto que este Barón –luego de Caseros- fue quien comenzó a manejar financieramente los bienes y riqueza de Urquiza.

Pero, claro, como el dinero que esperaba J.M. -ya viejo y desterrado- de la dadivosidad de  Urquiza debía ser  entregado a través de Barón de Mauá, J.M. se refería al mismo en términos correctos (‘Sr.Barón Mauá’) sin mostrar, seguramente, sus reales pensamientos sobre el mencionado.

Así puede verse en una carta que le envía a Josefa Gómez desde Southampton el 8 de Octubre de 1864, en donde refiere que todavía está esperando la promesa de la segunda anualidad dinero de Urquiza, por lo que debió siempre referirse al susodicho Mauá en términos civilizados (al igual con respecto a Urquiza), cuando, al solicitarle el segundo envío de dinero que había prometido Urquiza enviarle, recibió como respuesta del Mauá el no saber nada sobre el tema.

Tal desplante, tal humillación producto de la respuesta del banquero debió dolerle a J.M. que debió de callar seguramente a duras penas.

“ el pesar de avisarle que no he recibido las mil libras esterlinas, que me ha señalado S.E. el Sor.Capn. General Urquiza. Luego que recibí la de S.E., Agosto 19, que v.me ha remitido, la mandé a Máximo [Terrero, su yerno]. Sin demora alguna la mostró en Londres, al Sor. Barón de Mauá. Éste, en su vista, le aseguró no haber recibido orden, ni noticia por la que debiera, o pudiera, hacer la entrega de ésas millones. Le repitió cuánto le era eso de muy extraño, e incomprensible, y que así ya le había escrito a S.E….Póngase v. en mi caso, y conocerá mejor cuál será mi amarga y penosa situación, cuándo contando con la seguridad de recibir ésas mil libras esterlinas, hice mis arreglos”

Debemos imaginarnos el real pensamiento y mortificación de J.M. al tener que negociar y pedirle a quien coadyuvó a su derrocamiento.

Respecto a quien lo derrocara, Urquiza, como se apuntó, el mismo prometió enviarle 1000 libras esterlinas anuales para ayudarlo en su situación económica urgente. Ello motivó siempre de J.M. referirse a Urquiza en buenos términos sin imputarle o recordarle lo que hizo para derrocarlo en su gobierno legítimo.

Los supuestos arrepentimientos tardíos al igual que los de Alberdi no significan gran cosa en la práctica y así lo ve J.M. luego del asesinato de Urquiza, en los que –ya terminada la posibilidad de que le enviara alguna otra remesa del dinero prometido- pudo manifestarse J.M.  sin ambages y sin guarda de cuidado en sus palabras, aunque reconociendo en Urquiza sus esfuerzos para que le devolvieran sus bienes.

Véase al respecto la carta que le envía a Josefa Gómez el 29 de Junio de 1870 (casi al final de sus días) en el que sobre el tema del asesinato de Urquiza, J.M. dice que era esperable por su sempiterno modo de obrar::

 “Ninguna persona que haya seguido estudiando en la práctica, la historia de las repúblicas del Plata ha debido extrañar el desgraciado fin de Su Excelencia el Señor Capitán Dn. Justo José Urquiza. Por el contrario lo admirable e inaudito es, su permanencia en el poder, por grados siempre bajando, a virtud de sus hechos contrarios a su crédito, a sus amigos políticos, y favorables a sus enemigos”

 Y cuando decimos ‘supuestos’ arrepentimientos, ya hemos comentado que luego de esas manifestaciones, sus actitudes siguieron configurando actos de traición a la Nación.

Así lo vé J.M. que en la misma carta le comenta a Josefa Gómez como conciliar el supuesto arrepentimiento por el derrocamiento del gobierno legítimo de la Confederación Argentina (J.M. repite las palabras de Urquiza), con sus actos posteriores que fueron en contra del honor de la nación:

" ‘Toda mi vida,- decía-, me atormentará, constantemente, el recuerdo del inaudito crimen que cometí al cooperar, en el] modo como lo hice, a la caída del General  Rosas. Temo siempre ser medido con la misma vara; y muerto con el] mismo cuchillo, por los mismos que por mis esfuerzos, y gravísimos errores, he colocado en el poder’.  ¿Por qué, entonces continuaba sus errores, y seguía su marcha pública, por caminos tan peligrosos, y extraviados? Porqué así  es el hombre en su caso, y opulencia, en la engañosa condición de su veloz carrera”.

La respuesta está dada por la vida pletórica en traiciones de Urquiza, que mientras le convino a sus intereses comerciales estuvo del lado de la legalidad, pero no tuvo empacho en darse vuelta  una y otra vez a lo largo de su existencia antes y después de Caseros para traicionar a quienes lo apoyaban y a la Nación toda (como su actitud en la batalla de Pavón en que le cede el triunfo al ya derrotado Mitre, el cual se adueña de la nación y desata un vendaval de sangre a lo largo del país asi como su negativa a responder los pedidos desesperados del pueblo de Paysandú ante la invasión lusitana y de los golpistas colorados de la banda oriental con Venancio Flores, a la cabeza, en 1864 y 1865).

El propio Urquiza reconocía sin tapujos lo ilegítimo de su propio proceder, el apoyo del pueblo a Rosas; pero claro, él decía que su pronunciamiento obedecía a ‘organizar’ (sic) el país. El país estaba perfectamente organizado antes de Caseros y su pronunciamiento, a pesar de sus supuestos ‘arrepentimientos’ fue producto de su codicia para poder seguir contrabandeando sumado al resentimiento por la gloria que tenía en América J.M.de Rosas, lo demás fue solo un subterfugio.

En tal sentido, luego de Caseros, BARROETAVEÑA nos dice que el ‘Judas entrerriano’ declara: “Ni ante el numeroso ejército que me acompañó, no logré ver una sola deserción en las filas rosistas, ni hubo persona alguna que se prestara a traicionarlo delatando dato alguno ya fuera de fuerzas o de ubicación, de la defensa. Si no hubiera sido por el interés que tengo de promover la organización de la Republica yo hubiera debido conservarme aliado de Rosas, porque estoy persuadido que es un hombre muy popular en su (sic) país”.

Esto es, Urquiza reconoce su ilegítimo proceder a pesar de tener el nulo apoyo de los argentinos; solo sus ansias de poder, de su gula económica y envida por lo que los argentinos sentían por Rosas le hizo cometer su alta traición. Él dice que nadie traicionó a Rosas. Nosotros diríamos que no es así: hubo uno, él, J.J.de Urquiza fue el principal y primer traidor. La excusa de que el levantamiento fue por ‘organizar’ el país ante un país que, como se explicitó, ya estaba organizado, no resiste el menor análisis. Su proceder no fue más que la llama con que se inició la des-organización

Además, nótese que Urquiza dice que Rosas era muy popular en ‘su’ (sic) país. O sea, pareciera ser que para Urquiza, la Confederación Argentina no era el suyo propio. Y en los hechos, no lo era.

Sumemos a la codicia, como hemos referido, y a la envidia que le tenía a Rosas ¿qué otro factor podría haber influido para su traición tan manifiesta?

Su filiación masónica seguramente será el otro motivo y será la respuesta a todas las décadas de traiciones interiores y exteriores que sufrió la Confederación Argentina y el soberano gobierno del Br.Gral.J.M.de Rosas a partir de su caída.

CHIVILÓ  en un artículo periodístico llamado –con fino humor irónico- ‘Las Agachadas de Don Justo’ nos da una síntesis del comportamiento moral y político de Urquiza a lo largo de su vida. No parece creíble que después de citarse la las acciones del vil Entrerriano, todavía hoy existan calles, monumentos, pueblos con el nombre del renegado y fenicio de Urquiza. Y nos hace comprender como la falsificación de la historia ha llevado a nuestro país de derrota en derrota.

Es notable el hecho que el no conocimiento del pasado, hunde a nuestro país década a década en un abismo que los Unitarios con su prédica jacobina y liberal, aún hoy, intentan justificar. Cualquier parecido con los políticos de hoy no es coincidencia. Veamos:

Más allá de su enorme capacidad militar, “el Gral. Justo José de Urquiza, fue un gran Hacendado e importante comerciante entrerriano, y uno de los mejores militares de su época, que tuvo destacada actuación -por acción u omisión en los tres conflictos armados que enfrentó el Brasil, primero contra la Confederación Argentina (1851-1852), luego en su intromisión en la política interna del Uruguay (1864-1865) y por último en la guerra del Paraguay (1865-1870) y también en los conflictos internos de la política nacional (1859-1861 y 1863). Esa actuación, activa en unos casos y pasiva en otros, fueron verdaderamente agachadas que configuraron el delito de traición a la patria, pero que le valieron tranquilidad y fortuna personal, que es lo que a él solo le interesaba. Siempre fue servil al Imperio brasileño por lo cual fue generosamente retribuido y privilegió su interés personal al de su patria. Además traicionó a quienes eran sus seguidores. En suma, fue un inescrupuloso total-

En ese orden de cosas, sigue diciendo CHIVILÓ “La política diplomática brasilera, conocida como diplomacia de Itamaraty, se caracterizó  siempre por ser muy hábil, muy profesional, manteniendo una línea coherente en su fines y medios, durante el transcurso de toda su historia, no obstante los cambios de regímenes y gobiernos, contrariamente a lo que sucedió con los países linderos de origen español, en la que sus políticas diplomáticas fueron cambiantes y muchas veces contradictorias y a veces estuvieron muy ligadas a los intereses del Brasil al cual beneficiaron, en contra de sus hermanas americanas.

Podemos decir, sin equivocarnos, que la diplomacia brasilera fue y es una de las mejores del mundo, con una visión geoestratégica envidiable, cuyo fin fue desde el inicio el expansionismo y el dominio de la cuenca del Plata, para lo cual empleó la política de los romanos del ‘divide et impera‘ (divide y vencerás)”.

“El divide et impera, no solo fue aplicado en las relaciones entre los países derivados de la división del antiguo Virreinato del Río de la Plata, sino también dentro de cada país, anarquizándolos, promoviendo levantamientos y guerras internas o civiles, apoyando a un partido en contra del otro, contando siempre con la ayuda de nativos de esos países los que oficiaron de aliados o auxiliares (p.e. el caso del Gral. Urquiza su aliado en la Guerra contra la Confederación Argentina, o apoyando al Gral. Venancio Flores en el Uruguay para que se hiciera del ejecutivo del país hermano, o posteriormente en la guerra del Paraguay, neutralizando al Gral. Urquiza). Para ello se valieron del soborno o alentando intereses o apetencias personales de poder u otros métodos para neutralizar a quienes pudieran llegar a ser enemigos. Así lo vio claramente el representante británico Robert Gore cuando le informó a Lord Palmerston el 2 de febrero de 1852 que ”La política insidiosa del Brasil es muy clara: revolucionar estas comarcas y mantenerlas en un estado de guerra civil y anarquía…”

“De todos esos conflictos armados el Brasil siempre sacó ventajas territoriales (como la independencia de la Banda Oriental, la anexión de las Misiones orientales, la apertura de los ríos argentinos, las mutilaciones a los territorios uruguayo y paraguayo), o bien sacándose de encima a gobiernos (caso de la Confederación Argentina de Rosas) que representaban un peligro para su propia existencia o logrando la destrucción de otros países (caso del Paraguay) que podrían en el futuro ser sus competidores económicos”.

Queda sintetizada acá la política a largo plazo del Imperio del Brasil. Pero para poder ser llevada a cabo necesitaba un ’Caballo de Troya’, encontrar el talón de Aquiles que le permitiera perforar y hacer explotar a la Confederación Argentina en mil pedazos.

Y esa persona ruin, colmada de avaricia, contrabandista y sin moral ni patriotismo alguno –pero lúcido y muy capaz soldado- era Justo José de Urquiza, el Judas de la Confederación Argentina.

A cambio de su traición, el Brasil tenía dinero de sobra para aniquilar cualquier resto de honorabilidad de citado. Gracias a la Banca de Mauá que a su vez dependida de la Banca Rothschild, los fondos del Brasil eran enormes para comprar conciencias, a quien quisiera venderla.

​Sigue diciendo CHIVILÓ en el trabajo citado que “Urquiza fue un comerciante inescrupuloso que rápidamente se enriqueció y pasó a ser la persona más rica de la Confederación, sin medir los medios y las consecuencias. El proceder del caudillo entrerriano, Justo José de Urquiza, era considerar solo su conveniencia económica. En pleno sitio de Montevideo por el ejército federal-blanco, Urquiza se permitía comerciar con la plaza sitiada a la que abastecía de carne y otros elementos”.

“La causa del porqué de la defección de Urquiza, la conocemos de boca de uno de los más enconados adversarios de Rosas y quien en su momento formó parte como Boletinero del Ejército Grande urquicista, me refiero a Domingo F. Sarmiento, quien en una carta que a su antiguo jefe le escribió desde Yungay, el 13 de octubre de 1852, le decía: “Yo he permanecido dos meses en la Corte del Brasil, en el comercio casi íntimo de los hombres de estado de aquella nación, y conozco todos los detalles, General, y los pactos y transacciones por las cuales entró S.E. en la liga contra Rosas. Todo esto no conocido hoy del público, es ya dominio de la Historia, y está archivado en los Ministerios de Relaciones Exteriores del Brasil y del Uruguay”…Se me caía la cara de vergüenza al oírle a aquel Enviado referir la irritante escena y los  comentarios: ¡Si, los millones con que hemos tenido que comprarlo para derrocar a Rosas! Todavía, después de entrar en Buenos Aires, quería que le diese cien mil duros mensuales””-

Pero no solo Sarmiento sabía y alentaba la defección de Urquiza: también los diplomáticos extranjeros estaban al tanto y así lo manifestaban en sus correspondencias: “Así coinciden estas palabras transcriptas de Sarmiento con el informe que el Encargado de Negocios Británico en Montevideo le había escrito a Lord Palmerston, el 22 de mayo de 1850: "Me ha sido comunicado confidencialmente que Pimenta Bueno, el nuevo presidente de la Provincia de Río Grande, dispone de treinta mil libras esterlinas suministradas por el gobierno imperial a fin de sobornar a Urquiza, gobernador de Entre Ríos, para que se una al plan de derrocamiento del general Rosas, y que si esta suma no es considerada suficiente, el gobierno brasilero está dispuesto a gastar el doble de la misma, si es necesario". “ El Plenipotenciario inglés Henri Southern en comunicación al primer ministro inglés el 25 de febrero de 1851, dice de Urquiza"…además es rapaz y avaro, uniendo a las características de un tirano insensible e inexorable, los rasgos de un mercader voraz e insaciable".

Señala CHIVILÓ que cuando cae Rosas, los federales mas importantes como Echagüe, Jerónimo Costa, Thorne, Hilario Lagos, Nazario Benavidez, Prudencio Arnold, al ver derrotado a Rosas y como mal menor vieron en Urquiza un sucesor de Rosas como sostén de la Federación. Fue inútil. Los unitarios se alzaron con el poder, desplazaron a los federales del mando de Buenos Aires y lograron la secesión de Buenos Aires del resto del país., Urquiza derrota a Mitre en Cepeda en Octubre de 1859, pero se retira a su provincia.

Luego Urquiza vuelve a la lucha contra Mitre en Pavón en Septiembre de 1861, derrotándolo nuevamente en el campo de batalla, pero insólitamente se retira a su provincia dejando el triunfo en manos de Mitre,

“Esa retirada de Urquiza, -continúa CHIVILÓ- no obstante la victoria conseguida por la caballería, fue incomprensible para sus generales y todos sus seguidores, quienes no pudieron ver la razón de esa actitud. ¿Qué es lo que pasó con Urquiza y Mitre? La actitud incomprensible en aquellos momentos de Urquiza -considerarse vencido, cuando no lo estaba y retirarse como tal del campo de batalla-, fue dilucidada posteriormente por la historia. Tanto Urquiza como Mitre eran hermanos masones del Grado 33, el que habían recibido-junto a Derqui, Sarmiento y el general Juan Andrés Gelly y Obes- en un acto de confraternidad, celebrada el 21 de julio de 1860en el Templo de la Logia Unión del Plata. Un tal Yateman, comerciante norteamericano, estuvo la noche anterior al combate, yendo y viniendo de un campamento a otro, trayendo y llevando correspondencia. Cuenta un asistente de Urquiza que llegado al campamento este caballero norteamericano, fue bien recibido por Urquiza, a quien le entregó una carta remitida por Mitre y a su vez Urquiza redactó una contestación que le dio para ser entregada para el gobernador de Buenos Aires. Un acuerdo de Logia determinó que Urquiza se retirara de la escena nacional, replegándose a su provincia donde no sería molestado, reconociéndosele el carácter de hombre fuerte de la misma, dejando a Bartolomé Mitre la dirección y reorganización del país. Años después, Mitre en un discurso pronunciado en un banquete que la masonería ofreció a Sarmiento el 29 de setiembre de 1868, agitando un instrumento masónico dijo: “¿Qué es Sarmiento? un pobre hombre como yo, un instrumento como este…”. ¿Todos eran instrumentos de la masonería?”

Son interesantes las interpretaciones oblicuas de algunos historiadores sobre la conducta de Urquiza, tratando de justificar lo injustificable con un lenguaje melifluo contradiciéndose a ellos mismos en sus explicaciones.

Uno de ellos ha sido el historiador y constitucionalista José Rafael LOPEZ ROSAS, cuyo libro “Historia Constitucional Argentina” ha sido libro obligado en las facultades de Derecho de la Universidad de Buenos Aires como en la de la Ciudad de La Plata, en la década del ’70.

Este historiador, intentando –vanamente- parecer imparcial ante los años anteriores a la batalla de Caseros y luego de la misma, con su acendrado ‘urquicismo’ comete no solo errores sobre tales período, sino que, aún más, se contradice más de una vez en dichas interpretaciones.

Comienza por decir que aplaude en Rosas su lucha contra la anarquía, contra las invasiones del Brasil que intenta con su accionar desmembrar el antiguo Virreinato español en varias republiquetas debilitándolas y así engrandecer el poderío del Imperio, atomizando todo lo que se pueda a las heredades hispanas. Reconoce así mismo que Rosas fue apoyado abrumadoramente por el pueblo en el segundo mandado en marzo de 1938. Reconoce el autor que Rosas devolvió la cultura hispana contra el afrancesamiento europeizante de los Unitarios y consideró útil para el país la Ley de Aduanas. Reconoce el autor que en la llamada ‘Revolución del Sur’ los hacendados fueron ayudados por los Unitarios y por la escuadra Francesa que desembarca en San Pedro siendo una invasión de un país extranjero a nuestro país.(pag.460/476). Reconoce el autor el apoyo del pueblo a Rosas que, dice López Rosas, ha sabido el Restaurador captar la verdadera realidad de nuestro país. Reconoce el autor la barbarie de Sarmiento instigando en sus cartas a no ahorrar sangre de gaucho. Bien hasta ahí.

El autor analiza las causas del pronunciamiento de Urquiza. Hace una descripción –pag.475- de las posibles causas según las distintas opiniones doctrinarias: la traición de Urquiza, los intereses económicos particulares de Urquiza que chocaban con los intereses nacionales, las trabas económicas impuestas al gobierno entrerriano por orden de Rosas ya que Urquiza introducía mercaderías extranjeras sin pagar derechos desde Montevideo y exportando hacia allí oro en forma libre, el interés de Urquiza por lograr para la Argentina una Constitución, un acto de venganza de Urquiza contra Rosas que urdía desde hace mucho su intención de derrocarlo por sentir una subalternizacion de éste contra aquél, etc.

Según López Rosas hay un poco de todo esto. Y es más, aclara que ya tenía ‘in pectore’ desde hacía mucho Urquiza librarse de Rosas. Como bien es sabido, en sus comienzos Urquiza era Unitario al igual que Martiniano Chilavert. Pero, evidentemente se fue acomodando a los cambios que iban sucediendo en nuestro país.

En una carta que Estanislao López le envía a Rosas el 27 de Marzo de 1836 ya le advertía aquél a éste sobre Urquiza….”….los hombres que todo lo dirigen en la Provincia de Entre Ríos y sin réplica se hace todo lo que ellos quieren, son Justo José de Urquiza, unitario declarado y perseguidor de todo federal y Evaristo Carriego….”

Sea como fueren las razones, Urquiza siempre tuvo una inquina sorda por envidia también contra la popularidad americana de Rosas y su mente siempre estaba mirando la posibilidad de poder derrocarlo.

Él mismo lo relata como puede leerse en la ‘Memoria Crítica’ de Juan  J. Alvarez diciendo por Agosto de 1846 que….”El proyecto de derribar a Rosas -declara- fue el tema reservado de aquel acuerdo [Alcaraz] y el pensamiento obligado de toda mi vida”.

 Ahora bien, luego de todo este análisis López Rosas borra con el codo lo escrito donde describe las traiciones de Urquiza, etc.., y comienza–por ingenuidad o a designo- a llamar a Rosas ‘tirano’ cuando él mismo afirma la popularidad de Rosas, su elección por la Sala de Representantes, el apoyo de todas las provincias, su lucha contra el Brasil, etc…(ver pags. 483/492)

Luego habla de ‘La gloriosa campaña libertadora’ en Caseros, por parte de Urquiza.

Parece que el autor olvida que él mismo reconoce las invasiones brasileñas, los acuerdos de Urquiza con ellos. Aunque nada comenta en su libro sobre los fondos económicos que aportó el Brasil a Urquiza para dicha campaña contra su propio país poniendo de garantía de devolución con fuertes intereses, las tierras públicas de la Confederación Argentina.

Es un alzamiento por parte de Urquiza. Es un golpe de estado con el concurso del Imperio del Brasil, con los fondos del Brasil provenientes de la Banca Rothschild.

Por lo que de ‘gloriosa’ la campaña es solo para el Brasil y de ‘libertadora’ no tiene nada. Es una campaña ominosa y esclavizante para la Confederación.

Yerra nuevamente el autor al decir que no fue Caseros ‘una rebelión al margen de las vías institucionales’. Poca memoria tiene puesto que no tiene en cuenta que la legalidad del gobierno de Rosas tiene su fundamento no solo en el voto de la Sala de Representantes de Buenos Aires sino también en las Salas de Representantes de todas las provincias.

Y solamente con el apoyo del Brasil se anima a derrocar al gobierno legítimo de su país.

Nada de esto importa a López Rosas. Lo único que le importa es que haya una Constitución aunque para ello se vulneren la soberanía nacional, las autonomías provinciales, se pacte con el extranjero, se abran los ríos interiores a cualquier nación que quiera navegarlos libremente, se  produzcan masacres en el interior para ‘domesticar’ a los gobiernos legales federales que osasen oponerse a lo que para el autor es la panacea sin la cual no existe estado ni institución legal alguna.

 “…Como se puede apreciar, de la manera más sencilla (sic) y clara  el gobernador de Entre Ríos, por la via de un procedimiento legal (resic), se pronuncia contra el poder ejercido por Juan Manuel de Rosas” (pag.490) diciendo a continuación sin ponerse colorado que “…Para realizar su campaña, como ya sabemos, Urquiza celebra un Tratado de alianza ofensiva y defensiva con el imperio del Brasil y la República Oriental del Uruguay (29 de mayo de1851), firmando Antonio Cuyas y Sampere, Rodrigo de Souza da Silva Pontes y Manuel Herrera y Obes, por sus respectivos Gobiernos”.

Así, de manera sencilla, según el autor, y legal, se da por tierra con todo un andamiaje  jurídico que funcionaba perfectamente en nuestro país.

Para el autor lo de ‘sencillo’ debe considerarse derrocar no solo a un gobierno legítimo, sino también que a continuación se produce en todo el país un baño de sangre como nunca visto ejercido por Mitre, Sarmiento y sus esbirros sicarios uruguayos bandoleros, consecuencia de haber volteado un gobierno legal también allí tomando el poder aquellos que también pactaron con el Brasil como Fructuoso Rivera, Venancio Flores, etc.

Sumado al hecho ‘sencillo’ (sic) de aliarse Urquiza también con el Brasil para tales fines.

López Rosas finaliza el capítulo XII diciendo: “…Faltaba ahora al ilustre vencedor emprender la ímproba tarea de la organización nacional”.

Lo de ‘vencedor’ se entiende. Lo que no se entiende es llamar ‘ilustre’ a un General del Ejercito de su país que traiciona más de una vez a su país durante muchos años (Caseros, Pavón, Paysandú,etc), vende al mismo por dinero, por cuestiones personales, por la envidia que sentía por Rosas y la popularidad que el mismo tenía no solo continental sino hasta europea.

La mentada Constitución necesaria según Urquiza y de igual interpretación de López Rosas cae como castillo de naipes al no poder probar el autor ni explicar cómo puede ser que una nación como Gran Bretaña NUNCA TUVO UNA CONSTITUCION y es, sin embargo, una de las naciones más ordenadas y prosperas de la tierra desde tiempos inmemoriales.

Esto demuestra la supina falacia en los argumentos sobre la necesidad de una Constitución para ser una nación ordenada jurídicamente y sólidamente cohesionada. Nuestra nación estaba ordenada jurídicamente por los distintos tratados y pactos interprovinciales que le servían de marco jurídico a su existencia legítima. Algo que se le escapó a López Rosas con su ideologismo que en algún momento tuvo que asomar en su libro.

Se afirmaba que la Constitución iba a resolver todos nuestros problemas y que una era de paz y bonanza iba a empezar en nuestro país. La experiencia demostró que por más de 50 años nuestro país se deshizo en salvajes luchas por parte de los Unitarios en el poder disciplinando a garrotazos a todo el país federal (ver capitulo XIII, pags.493 y sstes).

Decíamos que López Rosas o pecó de ingenuo o de ignorante al decir –a modo de sorpresa- que los del partido porteño ( Unitarios, en realidad, pero a López Rosas le da pudor decirlo) “No desean en Urquiza las relaciones exteriores, ni el mando de las fuerzas militares; ven mal que apoye la candidatura de López y Planes para gobernador propietario; le niegan poder para convocar a los gobernadores; se oponen a que sea director provisional de la Confederación; luchan porque abandone Buenos Aires; rechazan su Acuerdo, denigran a sus hombres y por último se separan de la Confederación, no asistiendo al Congreso Constituyente. Parecía que ellos, los hombres del nuevo partido alsinista, hubieran ganado la batalla de Caseros…Todos estos juicios confirman que los hombres de Buenos Aires llegaron después de Caseros dispuestos a no ceder posiciones, pero, innegablemente, les faltó perspectiva histórica. No comprendieron que en esos momentos debían ser colaboradores hasta que, organizada la nación, cada estado argentino se diera sus propias determinaciones…”. (ver pags.496/497)

Uno no sabe que pensar sobre este autor que –repetimos- es el que se tiene como libro de texto en nuestras facultades de derecho: si su ignorancia, si su cándida ingenuidad, sus incongruencias entre lo manifestado hasta el pronunciamiento de Urquiza y luego del mismo contradiciéndose en sus dichos o todo junto en un desaguisado inconsistente.

Hay mucho de pensamiento masónico en lo idílico del último párrafo del autor. Y sobre el tema, justamente, cuando tiene que explicar cómo luego de haber ganado Urquiza en el campo de batalla en Pavón en septiembre de 1861, se retira inexplicablemente -para algunos polígrafos- dejando el triunfo definitivo y el control absoluto del gobierno nacional en manos de Bartolomé Mitre (ver pags.633 a 641) el autor nos da una serie de versiones, sin dar mayor fundamento documental alguno sobre ellas: celos entre Urquiza y Derqui, renunciamiento de Urquiza en aras de la concordancia nacional y demás afirmaciones que soslayan lo que realmente pasó.

Como el propio autor nos relata una carta de Nicasio Oroño a Victorica (que se encuentra en el Archivo General de la Nación en el ‘Archivo Urquiza’) manifestándole el primero al segundo que todos “aseguran que ya están ajustadas las bases de un arreglo entre el Gral.Urquiza y Mitre”.

Otro documento que se encuentra en el mismo Archivo, del día 29 de Octubre de 1861 dirigido a Urquiza le dicen que “….Un documento anónimo, fechado en Parana en 29 de octubre de 1861, perteneciente al archivo de Urquiza, es aún mas drástico: “Reina la persuasión -dice- que V.E. ha disuelto el ejército intencionalmente y que ha estado desde antes de la batalla en convenios que no le eran permitidos, y se comprueba esa persuasión con las publicaciones del enemigo, con las aserciones de los ministros extranjeros; en mérito de las confidencias habidas de Mitre; con las insensatas e indignas proclamaciones hechas indiscretamente en el Rosario por su enviado don Juan Cruz Ocampo... ¿Qué quiere hacer, general? V.E. hará lo que le dé la gana, porque tiene fuerza, pero, ¿cómo queda su nombre y el de sus hijos? ¿Dónde van a dar sus antecedentes y su gloria?...”

Y no fue la primera traición de Urquiza ni fue la última: Paysandú es testigo.

Bueno, aparte de esta documentación que prueba la repetida traición de Urquiza, finalmente las razones están dadas por lo que nos dice López Rosas comentando un hecho pero sin hacer –curiosamente o no- ningún comentario al respecto.

Y esto es el acuerdo previo a la batalla dadas por la Masonería internacional comisionado para tal fin por un tal Yateman en los días anteriores a Pavón.

Como ya lo mencionó Chiviló, así lo reitera López Rosas: “Una cierta corriente historiográfica [refiriéndose a Fermín Chávez ‘Vida y Muerte de López Jordán’, Bs.As. 1957 pag.54] sostiene que la defección de Urquiza se debió pura y exclusivamente a las órdenes impartidas por la masonería. Para ello transcriben el decreto del Gran Oriente argentino, de fecha 18 de julio de 1860. “El muy poderoso Consejo y Gran Oriente de la República Argentina-dice el documento- estimando debidamente las eminentes cualidades cívicas y masónicas que adornan a los dignos hermanos Bartolomé Mitre, grado 3o; Juan A. Gelly y Obes, grado 3o; y Domingo Faustino Sarmiento, grado 18; los eleva a soberanos grandes inspectores generales, grado 33. Por las mismas consideraciones, el Supremo Consejo eleva del grado 18 al grado33 al respetable hermano Santiago Derqui; e igual reconocimiento en el mismo grado 33 al hermano Justo José de Urquiza. Los hermanos -agrega por ultimo- de que habla el artículo que antecede deben afiliarse como miembros activos de la Logia dela Obediencia del Supremo Consejo”. Los hermanos ascendidos-dice un autor- son recibidos solemnemente en el templo de la Logia “Unión del Plata” el 21 de julio, y en tal oportunidad los hermanos Mitre y Urquiza -en presencia de Roque Pérez- se juramentan y obligan “por todos los medios posibles a la pronta y pacifica constitución definitiva de la unidad nacional”

Bien por López Rosas pero, nada dice ni comenta acerca de este hecho sumamente grave del contubernio masónico entre Urquiza, Derqui, Sarmiento, Mitre, Roque Pérez, Etc. que arreglaron la batalla de Pavón según los designios mencionados. Pareciera ser que el autor tan propenso a fundar hechos en opiniones generalizadas no tuvo en cuenta estas circunstancias y no le movió a hacer un análisis. Total, todo vale para lograr el ‘librito’ llamado Constitución aunque para ello haya sido necesario la masacre durante décadas del pueblo argentino.

Pareciera ser que para el autor el fin justifica los medios.

Queda evidenciado aquí, para algún desprevenido que todavía pueda quedar, que las logias estaban por encima de cualquier idea política y sentido de patria que como un cáncer van ocupando todo el cuerpo social de la Nación y sus resortes de poder..

A partir de allí comenzaron las matanzas y ejecuciones sin juicios previos (¿y la Constitución? ¿Y la abolición de la pena de muerte? ¿ y las prohibiciones de las confiscaciones?) de Mitre y sus procónsules uruguayos que hemos mencionado.

Urquiza, desde su residencia en Entre Ríos guardó silencio, siendo mudo testigo de los asesinatos realizados por los esbirros unitarios como Paunero, Sandes, Venancio Flores, Arredondo, Rivas, Irrazabal, todos sicarios siniestros de la Banda Oriental a las órdenes de Mitre…

SCENNA  nos traza un lastimoso cuadro en lo referente a la batalla de Paysandú donde los brasileños invaden la Banda Oriental y los aguerridos orientales dan feroz batalla al enorme y poderoso ejército imperial. Se solicita la urgente ayuda de Urquiza que hace oídos sordos al desesperado llamado de auxilio.

El autor dice que “…..en el año 1863, cuando los brasileros se aprestaban a intervenir en el Uruguay, para apoyar a la invasión colorada de Flores, Urquiza dio señales de vida, e hizo llegar su solidaridad al presidente oriental Berro, con la intención de actuar en la contienda y entró en contacto también con el presidente paraguayo Francisco Solano López. Como esa alianza que se insinuaba (Uruguay, Paraguay y Urquiza) día ser letal a los planes brasileros, el banquero, barón de Mahuá, se trasladó a la residencia de San José, para "convencer" al caudillo entrerriano, que más le convenía mantenerse quieto. ¿Cómo lo "convenció"?. Fácilmente: le otorgó "un suculento préstamo de su banco en condiciones excepcionales y la promesa de un subsidio del gobierno de Buenos Aires. A partir de entones Urquiza se olvidó de los blancos, de los colorados, de los federales, de los liberales y de los paraguayos. Volvió a su opulenta modorra en el suntuoso palacio de San José… "…la incomparable defensa de Paysandú se estaba convirtiendo en un serio peligro para los brasileños. No solo duraba más delo esperado, sino que podía despertar emulaciones. ¿Y si Urquiza salía de su apatía y arrojaba sus entrerrianos en apoyo de Gómez? ¿Y si las fuerzas paraguayas concentradas en la frontera cruzaban Corrientes y caían sobre Río Grande do Sul?. Había que terminar cuanto antes con Paysandú, pero antes debía asegurarse la pasividad de Urquiza. Los brasileños sabían cómo. El general Manuel Osorio que llegaría a mariscal del Imperio y marqués de Erval, se trasladó a San José para negociar con el caudillo. Necesitaba caballos, unos treinta mil. Estaba dispuesto a pagar 13 patacones por cabeza, cifra espeluznante de acuerdo a los precios corrientes. Urquiza sacó cuentas. Treinta mil a 13 hacen nada menos que 390.000 patacones, suma millonaria, curiosamente parecida a la que recibiera del Imperio para pronunciar se contra Rosas. Claro que si entregaba treinta mil caballos dejaba de a pié a los entrerrianos y convertía a su propia posición política en mero decorado, pero390.000 patacones son 390.000patacones. Cerró trato, tomó la fortuna. Osorio se fue con los caballos y Paysandú siguió siendo demolida a cañonazos"."

Es sintomática la presencia del Barón de Mauá –posteriormente Vizconde- que con su dinero ‘compra’ a Urquiza antes de la batalla de Caseros, y luego de Caseros es su prestamista particular, le administra sus bienes y vuelve a ‘invertir’ en Urquiza para que haga oídos sordos al pedido desesperado de los nobles y sufridos Orientales ante el avance de los lusitanos, entregándolos en bandeja al Imperio que prácticamente masacró a toda la población, luego de una ardua y desigual lucha.

Eso si, no debe de dejarse de recordar que detrás de Mauá estaba la banca Rothschild que era su amo invisible.

Urquiza se vuelve, nuevamente, a su Palacio San José donde se dedicó a disfrutar de su riqueza adquirida a cambio de la sangre de sus hermanos…

Pero éste muere en su ley. El traidor es, a su vez, traicionado. Es evidente que Urquiza no conocía aquel adagio que decía”... El traidor no es ya necesario siendo la traición cumplida. La paga del traidor es ser traicionado”. Y así le fue….

La masonería metió otra vez sus narices en los destinos hispanos y unió a sus fieles: Rothschild​, Mauá, Urquiza, Mitre y tantos otros….

Y al respecto, la masonería debe haber jugado también en la actitud y sobre todo, en el pensamiento, de Alberdi.

El ‘arrepentimiento’ supuesto de Alberdi al final de sus días luego de haber luchado toda su vida contra su propio país y haber colaborado con sus decires y hechos al empequeñecimiento del mismo, nada aportan a remediarlo ni lo disculpa.

Véase cómo ALBERDI más allá de sus declaradas y cacareados ‘arrepentimientos’ por haber apoyado a los Unitarios en su lucha sediciosa contra el gobierno legítimo de su país, en su trabajo ‘Los Intereses Argentinos en la Guerra del Paraguay con el Brasil’ ha justificado las alianzas de los Unitarios con los extranjeros: “…"¿Qué indujo a Paz, a Lavalle, a Varela, a ligarse con el extranjero, contra el gobierno de su país, en la época de Rosas ? que el exclusivismo e intolerancia contra el ejercicio de toda resistencia constitucional, no deja otro medio de oposición eficaz a los disidentes, que su alianza con el extranjero. Ellos han dado el ejemplo de diez coaliciones con el extranjero para derrocar al gobierno de su país: coaligados sucesivamente con los franceses y los orientales, han entrado al fin de los años en su país por la mano del Brasil”

Y de la boca del propio ALBERDI nos enteramos que no importa las coaliciones de esa minoría intelectualoide unitaria con el extranjero si con ello se logra que nuestro país tenga una Constitución. Todo vale en su nombre.

Tal la estrechez mental del afamado tucumano.

Y es más, el mismo declara muy orondo su pensamiento anti-argentino en sus ‘Escritos Póstumos’  en su libelo ‘Acontecimientos Del Plata En 1839 Y 1840 -Recuerdos – impresiones - pensamientos ‘.

En él se resume en forma puntillosa un resumen perfecto de lo infectado por las ideas de la Revolución Francesa los cerebros de nuestra juventud de aquellos días, llamada pomposamente Generación del ’37, supuestamente dorada, pero realmente antiargentina y pro-francesa hasta la médula.

Oigamos de la boca del propio Alberdi el pensamiento malsano de aquellos Unitarios que como documento insoslayable nos pinta de cuerpo entero el embotamiento moral y mental de aquellos, que con sus ditirambos y léxico florido y grandilocuente pero falto de realidad, intentaron a sangre y fuego lograr la ‘cuadratura del círculo’, término que hemos mencionado.

“La juventud- dice Alberdi- abrazó las ideas, se asoció, escribió sus creencias; emprendió  una propaganda por la asociación, por la palabra, por la prensa; invadió la literatura, la crítica, la ciencia, la historia; renovó el recuerdo de las glorias nacionales; acaloró los ánimos; elevó los espíritus la concepción y la esperanza de un porvenir de libertad y de dichas.

Es decir, que todo medio sirve para voltear a un gobierno nacional, legítimo sostenido por el pueblo, no importa acudir a lo que sea ni decir lo que haga falta para tal fin. Porque queda claro que para Alberdi, el fin justifica los medios

Sigue diciendo nuestro Prócer liberal: “El año 37 vino cambiar la faz de las cosas. Tres cuestiones extranjeras se suscitaron con el gobierno de Buenos Aires. Bolivia, el Estado Oriental y la Francia. Tuvieron reclamaciones que hacer, de Rosas, a mano armada. Se comprendió, entonces, que un cambio inmediato era posible viniese de fuera la República Argentina”.

Un país extranjero reclamaba a mano armada al gobierno de su propio país y no solo no se sonroja ni se indigna Alberdi con lo dicho, sino que falto de todo pudor lo desea y lo alienta.

Como se puede leer, la Confederación Argentina se deshacía: se perdía Tarija, la Banda Oriental y mientras, Francia, se abalanzaba sobre nuestro país….el anhelo de Alberdi de la intervención estaba cerca. La traición del tucumano quedaba plasmada en sus deseos más fervientes, ya que el “país no tenía elementos suficientes de reacción y que era indispensable para hacer girar la rueda de la revolución adoptar un eje extranjero”.

Y que no solo Bolivia y el Estado Oriental en manos de los unitarios y brasileños podían ayudar a que esto sucediera, sino que principalmente –para Alberdi- la Francia era la que mayor esperanza le daba para tales fines pues “La juventud  se contrajo establecer la cuestión francesa en provecho de la revolución. En esto siguió el instinto del país. Uno y otro fueron hábiles para prescindir del derecho en la cuestión, y mirarla solo del lado de la utilidad revolucionaria; sin incurrir, por supuesto, en los temores ineptos de conquista respecto de la Francia.

Esta enorme traición reconocida por el propio Alberdi alentando a la juventud Unitaria y liberal para coadyuvar a la intervención de una nación extranjera en su propio suelo con tal de derrocar a Rosas y su gobierno nacional, llega hasta el hecho de prescindir del derecho y mirar solo la utilidad revolucionaria, pues total para estos cerebros embotados por las ideas jacobinas francesas no existía el temor de que Francia viniera a conquistarnos pues ellos comulgaban con las ideas de los unitarios en un festín de hermandad y fraternidad.

No se sabe que deplorar más de los Unitarios en lo que respecta a la entrega bochornosa de su país a manos de los franceses, si su mala fe en sus pensamientos y acciones o su supina y estulta ignorancia de la realidad de la política mundial. Igualmente, Francia se aprovecharía de ellos para el logro imperial de sus intereses.

Así esa ignorancia o mala fe como un irrefrenable anhelo –según Alberdi-  los hacía “ver entrelazada la bandera tricolor, con las banderas de las repúblicas del Plata, para simbolizar en lo futuro la fraternidad de nuestros pases con la civilización europea, haba sido mi sueño desde la aparición de la cuestión francesa en Buenos Aires.

Nada importa más a Alberdi y a todo la intelectualidad bañada en los principios masónicos e iluministas que ver a a los franceses entrando en nuestro país y dominándolos pues “…Nosotros no creeremos jamás en la guerra inconcebible y absurda entre banderas que con distintos colores, son la expresión rica de un mismo dogma, de un mismo sistema, de una misma creencia”…pues para Alberdi “en Mayo de 1810 sobre la orilla occidental del Río de la Plata, un pueblo que es la Francia de la América, di la señal los pueblos del nuevo continente de entrar en la ruta que la Francia acababa de abrir para el mundo”.

Que quede claro para todos: Argentina es la Francia de América. O sea, una colonia francesa y además, renegando de nuestra herencia hispana.

Ante tal reconocimiento por parte de Alberdi de que su más ferviente deseo es ser una colonia francesa, y ante la previsión de que se lo tachara de traidor a su patria, él se adelanta a tal juicio diciendo “Al inclinarnos, pues, ante la nobleza de la Francia, nosotros no cometemos un acto de traición al suelo americano. Nosotros traicionamos al tirano si es que se puede ser traidor con un tirano para ser fieles la patria que este tirano despedaza. ….Y no nos detendremos en el fútil reparo de que aceptamos aliados extranjeros. Mi y mil veces volveremos sobre esto, y nosotros haremos ver que lejos de ser una mengua para las nacionalidades americanas, la injerencia protectora de la primera nación de la Europa en nuestras cosas, ella es el principio de una política nueva y vasta que tendrá por resultado ulterior el establecimiento de una solidaridad fecunda entre las libertades y los intereses progresivos de ambos mundos.

Como dijimos arriba, no sabemos si deplorar más la vileza de la traición a su patria de Alberdi, su ignorancia sobre los intereses políticos de las naciones del mundo o su inocencia que raya en la estupidez. O todo junto.

El criterio de Alberdi está claro: no aceptamos un gobierno soberano porque no comulga con las ideas de la iluminada Francia. Entonces debemos aliarnos a la Francia fraterna para socavar los cimientos, el territorio y la libertad de la Argentina por una cuestión de solidaridad de ideas y principios. No debemos detenernos en minucias como en los reparos fútiles de ser aliados a extranjeros y vendernos por unos ‘denarios’ a nuestro patrón. Todo está permitido con tal derrocar a un gobierno soberano que no comparte las ideas internacionalistas.

Este es nuestro Alberdi, al cual se nos señala como una de las mentes más preclaras de nuestra historia. A él se le debería aplicar el mote de ‘infame traidor a la patria’.

Digamos que Dios ha hecho justicia con Alberdi: falleció pobre y semi-desterrado en su amada y glorificada Francia en 1884, habiéndole pagado sus antiguos socios políticos con la misma moneda de traición con que él le pagó al gobierno legítimo de su país en manos de J.M.de Rosas.

Sus tardíos supuestos arrepentimientos por tantos años de antipatriotismo no alcanzan ante el daño que hizo su pensamiento y su acción disolvente a toda nuestra patria.

Así lo entiende QUESADA que dice –hasta en tono indignado refiriéndose a los dichos de Alberdi- que “Esas afirmaciones, encaminadas a justificar aquella política, son su más terrible sentencia. La historia tiene que ser implacable para con los que anteponen su partido a su patria; y es deber cívico estigmatizar esos desvaríos, para evitar que sofismas enfermizos pretendan arrancar subrepticiamente un perdón que la posteridad no puede ni debe conceder”.

Este es un ejemplo clave, entre tantos, como el ideologismo ha hecho –y hace- estragos; y que si bien no es deseable la alianza con el extranjero, según Alberdi,, ello no es más que un remedio necesario para lograr imponer las ideas que uno sustenta como válidas aunque vayan en contra de los intereses de la nación.

Del mismo modo piensa Domingo F. SARMIENTO: lo importante es la toma del poder aunque no tengamos razón.”… No se vaya a creer que Rosas no ha conseguido hacer progresar la república -confesaba en 1845 Sarmiento, uno de los más implacables adversarios de aquél-. Es un grande y poderoso instrumento de la providencia que realiza todo lo que al porvenir de la patria interesa. La idea de los unitarios está realizada; sólo está de más el tirano; el día que un buen gobierno se establezca, hallará las resistencias locales vencidas, y todo dispuesto para la unión".

Traidor confeso. La condena social existe. Por más que la historia oficial nos atiborre de actos, monumentos y bustos de estos ruines traidores, el pueblo argentino les da la espalda y no registra ni conmemora las fechas de su nacimiento, de su muerte que son una deshonra para el país. El silencio de los argentinos ante tanta propaganda exaltadora de bondades inexistentes es prueba terminante.

Para los Unitarios de ayer y liberales y ‘progresistas’ de hoy, el fin justifica los medios. Los Unitarios a sabiendas y en forma prepotente, a contramano de lo que les dictaba la realidad histórica, querían imponer las doctrinas de la Revolución Francesa, aunque para lograrlo debieran –y lo hubo- correr ríos de sangre.

Esta mentalidad ideológica, esta cerrazón de criterio al observar la realidad que los rodea es reconocida aún por el propio SARMIENTO refiriéndose a Rivadavia:

.."El unitario tipo marcha derecho, la cabeza alta; no da vuelta, aunque sienta desplomarse un edificio; habla con arrogancia, completa la frase con gestos desdeñosos y ademanes concluyentes; tiene ideas fijas invariables. .. y en la víspera de una batalla se ocupará de discutir un reglamento o de establecer una nueva formalidad legal; porque las fórmulas legales son el culto exterior que rinde a sus ídolos, la Constitución, las garantías personales. Su religión es el porvenir de la República, cuya imagen colosal, indefinible pero grandiosa y sublime, se le aparece a todas horas, y no le deja ocuparse de los hechos que presencia. Es imposible imaginar una generación más razonadora, más deductiva, más emprendedora y que haya carecido en más alto grado de sentido práctico"

Hoy se diría que esta declaración de Sarmiento es una manifestación precisa del bio-tipo del Unitario de entonces y de hoy, para desgracia de nuestra nación. Analicemos sus modos de ser y pensar:

El unitario tiene ideas fijas, niega la realidad que lo interroga, es arrogante y soberbio y aunque sienta que el edificio se desploma ( esto es, que sus ideas van en contra de la realidad) no le preocupa..

Le importa más las formalidades que la esencia de las cosas que se le muestran en la cara. No le importa nada más que sus ideas y solo rinde culto a su única religión: la Constitución y, en consecuencia, no le importan los hechos que presencia...con una total falta de sentido práctico.

En fin, la falsificación de la historia por parte de los Unitarios triunfantes en Caseros, si bien comienza mucho tiempo antes, ‘oficialmente’ lo es el mismo 3 de Febrero de 1852, cuando arribados los primeros depredadores sedientos de venganza al domicilio particular de Rosas en la actual calle Moreno, sacaron al patio todos los papeles del Restaurador de las Leyes, hicieron pilas con ellos y procedieron a quemarlos a fin de borrar las pruebas, a destruir la documentación donde se probaría el buen gobierno de Rosas, sobre todo en la faz de los dineros públicos.

Nada que vindicara la sana política económica y social de la Confederación, fue conservado, ‘reordenando’ la documentación para comenzar a reescribir la historia vivida adecuándola a sus intereses, lo que se llamó ‘La Historia Oficial’ que comenzó a enseñarse en escuelas, colegios, etc.

 

X.- REPATRIACION DE SUS RESTOS Y REIVINDICACIÓN HISTÓRICA (Anexo)

 

Tal como decimos en otro trabajo nuestro hay ya hace tiempo reivindicaciones hechas a J.M. y sobre todo por personalidades que distan mucho de haber simpatizado siquiera con la persona y gobierno de J.M. de Rosas

Allí decíamos “….Por eso, como venimos diciendo, debe correrse el velo de la falsedad de nuestra historia enseñada desde niños, y a partir de la enseñanza de nuestra historia, de la gloriosa época soberana de la Confederación Argentina con J.M.de Rosas a la cabeza durante más de 20 años, con sus soles y sombras, rearmar, restaurar ladrillo a ladrillo lo que ha sido nuestra existencia como nación. Solo conociendo el pasado se puede desde el presente construir una nación soberana”.

De allí, y del mismo modo, lo han dicho dos personalidades lejanas al ‘rosismo’ que han reconocido la falsedad de la historia inventada sobre el ilustre Restaurador de las Leyes y sobre su época sobre la cual se ha ‘edificado’ una leyenda negra, que por suerte, ha comenzado a descomponerse, pero sin que lo sea totalmente a la fecha.

Uno de ellos ha sido Benjamín Villegas Basavilvaso, de familia unitaria por él mismo reconocido, en carta a Corvalán Mendilaharzu, con motivo de la aparición del libro de éste ‘Rosas’ (1929), publicada en el diario “La Razón” el 15 de Junio de 1929:  .

" Ayer he terminado de leer su libro Rosas, y debo confesarle que he pasado horas placenteras con su lectura. Aunque descendiente directo de proscriptos -mi abuelo paterno quedó prisionero en Quebracho Herrado -, no guardo prevenciones para juzgarlos hombres y los hechos de la denominada dictadura. La filiación unitaria no ha dejado en mi espíritu ningún rescoldo para reavivar el fuego de odios o agravios, con que se encendió desgraciadamente nuestra historia para el estudio de esa figura de quien dijera Sarmiento en su vejez -repito su cita- ‘reincorporó la Nación’. Considero necesaria la investigación histórica y la depuración de las fuentes que han servido para dejarnos un concepto erróneo de la época de Rosas. Felizmente la hora ha llegado para el héroe del desierto.

Los estudios históricos comienzan a dar frutos benéficos para la cultura argentina. La generación que aprendió a odiar a Rosas porque así enseñaron los historiadores unitarios que vinieron después de Caseros, mantuvo como un dogma intangible todo un legado que ha pesado sobre las generaciones contemporáneas con seducciones malsanas para la verdad histórica.

Empero, se inicia desde hace pocos años una nueva escuela libre de prejuicios, apasionada por la sana crítica y la valoración imparcial y serena de nuestro pasado, sin obediencias serviles para decir la verdad de una justiciera interpretación del hecho histórico.

Su libro llega en oportunidad. Aunque sin unidad en su contenido, presenta aspectos nuevos de la personalidad de Rosas, construidos sobre documentos que no quisieron conocer en el pasado los que la desfiguraron con propósitos no justificados.

Por otra parte, y en esto reside la significación de su trabajo, conceptuó que lleva al espíritu del lector un interrogante: el juicio sobre el "tirano" requiere una revisión integral. y cuando digo lector no me refiero al lector ilustrado, sino principalmente al público en general…"

Alfredo L. Palacios, también muy lejos de cualquier pensamiento federal y ‘rosista’, tuvo que reconocer en el Congreso de la Nación en Noviembre de 1914 que "Rosas, maldecido como tirano, realizó, consciente o inconscientemente, una obra de unificación nacional"'.

Como bien decía Santo Tomás de Aquino, un tirano es quien ordena sus acciones en beneficio propio y no en beneficio de su pueblo, de su nación.

Por cuestiones políticas del momento los Unitarios tildaron a Rosas con el mote de ‘Tirano’, pero en privado primero y luego de derrocarlo, públicamente, reconocieron que ello no fue así y que no conocieron gobernante más honesto que Rosas.

Dice QUESADA que Rosas estableció el orden, niveló los presupuestos, sin reparar en sacrificios personales físicos y económicos, y por primera vez dio publicidad estricta a las cuentas de la administración. Y que hasta sus adversarios lo han reconocido como el caso de Agustín de Vedia en su obra ‘El Banco Nacional; Historia Financiera De La República Argentina’. (Tomo I, pag.434-año 1890): "el mecanismo de la contabilidad; la publicidad y regularidad con que Rosas procedía en el manejo de los caudales públicos, llama realmente la atención. Creemos que, a pesar de todo, había un fondo de honradez personal en esa administración, y que ése es precisamente el secreto de su prestigio y de su larga duración".

Y sigue diciendo QUESADA que “Rosas regularizó la cuestión económica gracias a la reorganización de lo que después fue el ‘Banco de la Provincia’ y que se llamaba entonces Casa de la Moneda…Vélez Sarsfield no tuvo sino que reglamentar lo que había creado Rosas, para conquistar la gloria de ser el organizador de ese coloso que se llamó ‘Banco de la Provincia’”

La mentira y fabulación sobre Rosas queda evidenciada, probada, no solo por el reconocimiento a posteriori que han hecho entre otros como De Vedia ya citado en cuanto a su honradez, sino por uno de sus más francos adversarios y enemigos como Salvador María del Carril que reconoce, como en su momento lo hizo Sarmiento, que aquello que se decía como cierto sobre Rosas, no era más que una fábula con fines políticos, sin importarle la verdad de los hechos. En carta a J.A. Lavalle el 20 de Diciembre de 1828 Del Carril se confiesa: “.

"Incrédulo como soy de la imparcialidad que se atribuye a la posteridad, persuadido como estoy de esta gratuita atribución no es más que un consuelo engañoso de la inocencia, o una lisonja que hace nuestro amor propio o nuestro miedo; cierto como estoy, por último, por el testimonio que me da la historia, de que la posteridad consagra y recibe las disposiciones del fuerte o del impostor que venció, sedujo y sobrevivió, y que sofoca los reclamos y protestas del débil que sucumbió y del hombre sincero que no fue creído, juro y protesto no dejaría de hacer nada de útil por tan vanos temores. Si para llegar es necesario envolver la impostura con los pasaportes de la verdad, se embrolla; y si es necesario mentira la posteridad, se miente y se engaña a los vivos ya los muertos, según dice Maquiavelo. Los hombres son generalmente gobernados por ilusiones, como las llamas de los indios por hilos colorados”

Como puede colegirse de lo antedicho, el reconocimiento de las bondades del gobierno autocrático de Rosas deriva no solo de sus seguidores sino de sus personajes neutrales, adversarios y hasta enemigos que debieron reconocer que sus luchas fueron por el poder sin importar si ostentaban verdades o falsedades, sus dichos.

Podría decirse, entonces, que la reivindicación de Rosas parte también –aunque otros fueran las intenciones- de aquellos que lo combatieron como SARMIENTO que en un arranque de honestidad confesaba en 1845, quizás el más importante de sus adversarios, la honestidad y el progreso al que llevó al país, tal como se transcribió arriba:

Esto significa que la grandeza de Rosas y su gobierno viene dado por la propia confesión de sus detractores que debieron hocicar y admitir a media voz sus propias mentiras y su mediocridad; y derribando al gobierno legítimo les llegó la hora de adueñarse del poder.

Esa reivindicación de la figura y gobierno de Rosas la inicia Quesada, junto con Vicente Sierra, en un período histórico harto difícil para tales fines, donde el Unitarismo, ya llamado Liberalismo, anatemizaba hasta el cansancio a Rosas y lo que él representaba, no solo con diatribas sin pruebas algunas, sino también con el silencio, a lo largo de décadas sobre su figura.

El propio QUESADA entiende de lo complicado que es la búsqueda de la verdad en aquellos años de oprobio liberal con nuestra soberanía inexistente y el lavado de cabeza a la sociedad toda sobre la época de Rosas:

.No se nos oculta, sin embargo, que hemos emprendido una labor ingrata, porque aun la atmósfera intelectual imperante es antipática a todo estudio que contradiga la tradición y la leyenda; tan es así que, en nuestras universidades, en las aulas de derecho constitucional, los catedráticos han acostumbrado suprimir de la historia los 30 años de la época de Rosas, pretendiendo pasar por ella una esponja y considerarla como no habiendo existido! Se necesitaría, para contrariar la opinión pública dominante, emprender en realidad la tarea de fiscal en el proceso histórico, aduciendo sin limitación las pruebas fehacientes de que por ambos bandos se predicó y realizó. Trazar la síntesis de ese estudio analítico tiene gravísimos inconvenientes, el no menor de los cuales es inspirar poca confianza en la imparcialidad del criterio, y dejar así en suspenso el juicio definitivo”.

Y hace suyas –sobre los Unitarios- las palabras de Hipólito Taine de su obra ‘Los Orígenes de la Francia Contemporánea’, en su sección ‘La Revolución’, T1, “…Imbuidos en la Enciclopedia y el Contrato social, como otrora lo estuvieron los puritanos de la Biblia. A la edad en que el espíritu, al tornarse adulto, se enamora de las ideas generales, abrazaron esa teoría y quisieron construir la sociedad sobre principios abstractos. A este fin procedieron como lógicos puros, con todo el rigor superficial y falso del análisis en boga: se representaron al hombre en general, el mismo en todo tiempo y en todo país, un extracto y una quintaesencia de hombre, consideraron muchos miles o millones de esos seres reducidos y erigieron en derechos primordiales sus voluntades imaginarias, redactando de antemano el contrato quimérico de su asociación imposible".

Luego de estas palabras de Taine, QUESADA nos da unas largas reflexiones sobre la conducta de los Unitarios y la larga lista de traiciones a la patria en la que incurrieron ellos y sus ad-láteres.

En las reflexiones a transcribir se denotan tintes de amargura y de enojo del autor argentino, que expresa acertadamente la actitud de ese minúsculo conglomerado de trasnochados jacobinos empecinados, a como dé lugar, a sangre y fuego una y otra vez desde nuestra independencia en lograr sus delirantes objetivos que fueron logrados, únicamente con el oro y tropas extranjeras sin las cuales nada hubieran conseguido

Pero bueno, ya se sabe, como dice el Proverbio 4:16 “Los perversos no descansan hasta hacer el mal y no pueden dormir hasta que no le hacen daño a alguien”.

“El partido Unitario, que era el que había inspirado la marcha de la revolución con el Contrato social, se mantuvo siempre fiel a su credo. De ahí viene el fenómeno singular de verlo desconocer, en la época que estudiamos, los hechos y las cosas, empeñado en considerar al país como entidad filosófica, en lugar de convencerse de que la realidad era otra. Había quedado estacionario en los ideales del enciclopedismo, ya entonces pasado de moda; no se daba cuenta de los cambios operados en el país, ni de las causas evidentes de sus anteriores fracasos, el más ruidoso de los cuales fue la aventura presidencial de Rivadavia: parodiando una frase célebre, los unitarios entonces, como los emigrados realistas durante la revolución francesa, "nada habían aprendido ni olvidado". Y, sin embargo, ¿podría acaso desconocerse que sus propósitos eran generosos y patrióticos, de su punto de vista? Con todo, deber del historiador es reconocer que, aparte del carácter anárquico que asumieron las continuas intentonas unitarias durante la época de Rosas, no es por su índole meramente revolucionaria que serán condenadas por la posteridad sino por haber sido realizadas con oro extranjero, con oro de naciones que estaban en guerra más o menos abierta con la patria, y aceptando de ellas auxilios de hombres, de buques, de armas, de dinero….¿ Cuál fue la actitud de Rosas ante la imposición extranjera ? No aceptar las condiciones humillantes que Francia proponía, y arrostrar la ruina y el peligro, por salvar la dignidad y la independencia nacional. Y fue justamente en ese momento que el partido unitario no vaciló en aprovechar la situación, en ofrecerse como aliado al enemigo, contra su propia patria, cuyo gobierno soñaba en arrebatar, aun cuando fuera a costa de ese medio, y firmó pactos, de antemano comprometiéndose a acordar al enemigo tales y cuales concesiones, una vez que se apoderara del codiciado gobierno…”

Esto es, QUESADA nos dice que cada uno puede tener las ideas políticas que crea mejor para el desarrollo de su nación, pero que para el triunfo de esas ideas no puede aceptarse ir en contra de las necesidades del pueblo, de las necesidades de la nación con una visión empírica, aliarse al extranjero y aceptar su oro e hipotecar nuestro suelo para conseguir sus objetivos.

Y esos ‘objetivos’ incluían asesinatos en masa de la población, a través de Lavalle, Salvador Maria del Carril, los Varela, Agüero, y sus esbirros militares como Deheza, Rauch y Estomba (General argentino nacido en la Banda Oriental)  que de tan asesino de centenares-vía degüellos masivos y fusilamientos- de sus compatriotas tomados prisioneros con métodos que ruborizarían hasta el mismo Robespierre (los ataba a las boca de los cañones, los prendía fuego y luego disparaba volando el cuerpo del desgraciado en mil pedazos), terminó sus días loco, desvariando y muriendo solo en la calle.

Por eso QUESADA afirma que, “en ningún caso, empero, por terrible que sea la situación interna de un país, el patriotismo de sus hijos puede permitirles aliarse al enemigo nacional y contribuir con él a humillar la bandera de la patria. N o habría nacionalidad posible si fuera lícito a las facciones políticas internas llamar en su auxilio a países extranjeros para dirimir sus contiendas domésticas, y para apoderarse de un gobierno que, con o sin razón, está sostenido por la mayoría de un país….¿Por qué razón el país entero, como un solo hombre, se puso de pie para sostener a Rosas contra al invasión unitaria ? Aparte del carácter odiosísimo que ésta asumió por venir como aliada del extranjero, organizada con oro enemigo y transportada en la escuadra bloqueadora, hay que buscar la explicación en lo hondo de las cosas. La facción unitaria era cordialmente detestada, porque representaba la anarquía y el desorden, y el país entero estaba sediento de tranquilidad y de orden material….. Por otra parte, la obcecación unitaria había dado ya oficialmente pruebas de que iba derecho a la traición a la patria, gestionando la desmembración del territorio argentino, y buscando incorporar parte de él a los vecinos poderosos, a trueque de que se expulsara del poder a los federales”.

A principios del Siglo XX, ese conocido político y estadista que fue Estanislao S. ZEVALLOS en Julio de 1915 donde los vientos de cambio acerca de la figura de Rosas apenas asomaban y la propaganda unitaria y liberal era más fuerte que nunca, exclamó en una perfecta sinopsis que cierra el círculo, en ‘La Revista de Derecho, Historia y Letras’::

“Hoy nos es dado traer la época de Rosas al laboratorio y tratarla científicamente. Me ha cabido el honor de iniciar la reacción en ese sentido desde mi cátedra universitaria, enseñando que Rosas sostuvo contra las potencias europeas los principios gloriosos de la Revolución de Mayo; en materia de extranjeros: el domicilio como arraigo de la personalidad civil y jurídica y de los capitales introducidos al país; el servicio militar obligatorio para todos los domiciliados sin distinción de nacionalidades en defensa de sus propios hogares, familias y bienes; el domicilio como base de la nacionalización de los extranjeros; la nacionalidad argentina de los hijos de extranjeros nacidos en el territorio nacional; la soberanía argentina sobre los ríos de la Plata e interiores, de acuerdo con las leyes y reglamentos de la República”.

Síntesis perfecta de lo que fue el período ‘rosista’ y Federal, y las traiciones a diestra y siniestra de nuestros compatriotas, Antonino Reyes, testigo y actor principal de aquellos tiempos, dice en carta a Máximo Terrero el 30 de Enero de 1886, citado por MARTI:

“En esa administración se defendieron grandes principios de nacionalidad y se opuso una resistencia enérgica a pretensiones e imposiciones del extranjero empeñado en humillar la soberanía del pueblo argentino, pero lo más desgarrador era que se unían a ellos una parte de los hijos del mismo país para ayudarlos en su obra nefanda por odios a su gobierno: la historia ha de juzgarlos con serveridad…”

En fin, a partir del 3 de Febrero de 1852 comenzó –y aún no terminó- ‘La Hora de los Enanos’. Así podría haberse dicho en su momento sobre los mediocres que acosaron a J.M.de Rosas y a su gobierno nacional; al igual que, mutatis mutandi, escribía José Antonio PRIMO DE RIVERA en un artículo publicado en el diario ‘ABC’ de Madrid el 16 de Marzo de 1931, sobre los mediocres que maldecían al fallecido Alte. Dn.Juan B.Aznar denunciando como se vengaban del mencionado los, por los él llamados, ‘enanos’: “…Allí estaban todos, abigarrados, mezquinos, chillones, engolados en su mísera pequeñez. […] Ahora es la hora de los enanos, como se vengan del silencio a que los redujo ¡Cómo se agitan, cómo babean, cómo se revuelcan impúdicamente en su venenoso regocijo! ¡Hay que tirarlo todo! ¡Que no quede ni rastro de lo que él hizo! Y los más ridículos de todos los enanos −los pedantes− sonríen irónicamente. […] Pasarán los años, torrente de cuyas espumas sólo surgen las cumbres cimeras. Toda esta mezquina gentecilla −abogadetes, politiquillos, escritorzuelos, mequetrefes− se perderá arrastrada por las aguas ¿Quién se acordará de los tales dentro de cien años? Mientras que la figura de él −sencilla y fuerte como su espíritu− se alzará sobre las centurias, grande, serena y luminosa”...Corsi e Ricorsi…



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ÍNDICE BIBLIOGRAFÍCO (Anexo)

 

Nota: La bibliografía consultada para elaborar este trabajo fue seleccionada en base a la documentación avalatoria de los hechos relatados, independientemente del pensamiento político de sus autores.-

 

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