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viernes, 22 de marzo de 2024

-¿QUÉ HACEMOS CON EL GRAL.PAZ?- (cartas entre J.M.de Rosas y Estanislao López

 

-¿QUÉ HACEMOS CON EL GRAL.PAZ?- 

(Cartas entre J.M.de Rosas y Estanislao López)





I.-INTRODUCCIÓN

 

Las comunicaciones entre Juan Manuel de Rosas como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y Estanislao López, a la sazón Gobernador de la Provincia de Santa Fe, eran asiduas por temas urgentes de política interior y de política exterior.

Ambos se respetaban mutuamente y sabedor López que el manejo de las Relaciones Exteriores le correspondía a Rosas, se ubicaba al respecto y lo consultaba sobre dichos temas, respetando sus decisiones.

Entre los variados temas que trataban –y eran realmente muchos y complicados ( los malones indígenas, el acoso de Francia, los mercenarios europeos, Santa Cruz desde Bolivia, los Unitarios desde Chile y Montevideo)- un tema es el que nos trae aquí en este trabajo.

Estando prisionero el General José María Paz de las fuerzas santafesinas, por un hecho fortuito,  ambos mandatarios se preguntaban –“¿Qué hacemos con el Gral.Paz?-“. Gran dilema y de difícil solución política.

Paz era un veterano y eximio oficial de la Independencia y de la guerra contra el Brasil desde 1825. Quizás el mejor General de nuestro país por ser de carrera y gran estratega.

Luego de firmada la paz con Brasil, Paz regresó a Buenos Aires, donde el general Juan Lavalle ―que acababa de derrocar al gobernador legal Manuel Dorrego― lo nombró su Ministro de Guerra. Pero Paz – siempre independiente- prefirió formar un ejército que lucharía contra los caudillos del interior.

*

Pero centrémonos en los tiempos en que Paz estaba detenido en Santa Fe y posteriormente en Buenos Aires

Rosas y López se preguntaban una y otra vez: “¿ -Qué hacemos con Paz-?”.

Veamos la correspondencia privada entre ambos caudillos, en los que –entre otros temas- se trata sobre Paz, pero en cada una de aquellas se tratan muchos y variados temas de la actualidad de entonces, como ya se dijo.

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II.-ETAPA SANTAFECINA

 

Paz, finalmente decidió unirse a los Unitarios para atacar al líder de los Federales  del interior, el general Bustos, que aún gobernaba Córdoba, y a Facundo Quiroga.

En respuesta, los gobiernos litoraleños firmaron un tratado de alianza, el “Pacto Federal” del 4 de Enero de 1831 orientado a enfrentar a Paz y sus aliados.

Las avanzadas Federales vencieron a la vanguardia de Paz en la conocida batalla de “Fraile Muerto”, derrota que obligó al entonces gobernador de Córdoba a salir a campaña, con la intención de obligar a López a presentar pelea.

El 10 de mayo de 1831, mientras elegía el terreno en el que pensaba combatir a López, en unos bosquecillos próximos a la localidad de Villa Concepción, al noroeste de Córdoba, Paz fue sorprendido por las fuerzas Federales; su caballo fue boleado por un soldado de apellido Ceballos, y Paz cayó, increíblemente, prisionero.

Entregado a Estanislao López, fue trasladado a Santa Fe, donde estuvo en prisión, que se extendería por 8  años (los primeros 4 en Santa Fe), mientras Rosas pedía a López que lo ejecutara, a lo que el santafesino se negó.

De todas formas, Paz fue tratado en el campamento de López con mucho respeto y consideración, "para hacerle conocer --decía López— cómo se manejan con sus prisioneros los federales"; y recomendaba igual conducta al gobernador delegado. "Conviene acomodarlo en la Aduana, en una habitación cómoda y decente, donde esté solo, inaccesible a la seducción, pero que no lo insulten".

De este modo se hizo y le acondicionaron una celda en la Aduana de Santa Fe, en cuyo edificio además funcionaban dependencias del gobierno. El único mobiliario era un catre, una mesa y algunas sillas. 

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1-Borrador De La Carta De  Rosas A Lopez (22-02-1832)

 

Buenos Aires, 22 de febrero de 1832.

“Me dice usted también que terminada la guerra es ya preciso pensar sobre el destino del General Paz. ¿Cuál la razón fuerte para creer que Lavalle y los demás Jefes de la unidad que han emigrado a la República Oriental y a Bolivia, abandonen sus pretensiones de dominar la nuestra y hacernos la víctima de su furor y venganza? Si hemos de afianzar la paz de la República, si hemos de dar respetabilidad a las leyes y a las autoridades legítimamente constituidas, si hemos de restablecer la moral pública y reparar las quiebras que ha sufrido nuestra opinión entre las Naciones extranjeras y garantir ante ellas la estabilidad de nuestros Gobiernos, en una palabra, si hemos de tener Patria, es necesario que el General Paz muera.

“En el estado incierto y como vacilante en que nos hallamos, ¿qué seguridad tenernos que viviendo el General Paz no llegue alguna vez a mandar en nuestra. República? ¿Y si aquélla sucediese, no sería un oprobio para los Argentinos? Fuera de que nuestros hijos y descendientes que vean algún día vivir a Paz tranquilamente entre nosotros, y que oigan la historia de los horrorosos desastres que ha causado en todos los Pueblos, o deberán familiarizarse con la idea de los más grandes crímenes, o nos reputarán como unos hombres inmorales, o imbéciles, que no supimos valorar la magnitud de tan espantoso crimen.

“También es preciso tener presente que si no se despliega de este modo la justicia contra el General Paz no podemos menos que aparecer injustos con respecto a sus secuaces. El delito de éstos es como un átomo en comparación del que ha cometido aquel General.

“Si a él se te perdona la vida, casi no hay pena de alguna consideración que pueda imponerse a los demás, y sin embargo, algunos de ellos han sido fusilados. Resultará pues, de cualquiera indulgencia que se guarde a este respecto, que será necesario poner poco menos que en libertad a los que viven y que seamos considerados como injustos hacia los que han sido muertos, tanto en estas provincias como en las del interior.

“Sin embargo de esto usted meditará lo que crea más conveniente, pero considero que antes de tomar cualquiera resolución, debemos para ella ponernos de acuerdo con el General Quiroga. Sin embargo que antes de ahora he opinado por que se le conserve la vida, pensando después más detenidamente sobre este importante negocio, considerando el aspecto que ha presentado ante las naciones, y la Opinión que tienen formada los hombres pensadores, dentro y fuera del país, del gran peligro que corre esta República si no se toman medidas fuertes y eficaces para aterrar a los anarquistas e inspirar por este medio seguridad y confianza a la parte sana de los pueblos, he variado de opinión…” 

En esta carta Rosas entiende que para pacificar, definitivamente, al país era necesario que Paz muriese, puesto que ante la inestabilidad de las instituciones nada aseguraba que Paz volviese a mandar en el República (Rosas no se equivocaba en su futurología política).

Además, explica que si el gobierno fue terminante y justo con sus secuaces, los de Paz, por los delitos cometidos, con más razón deberían aplicársele el justo castigo como Jefe que era y asimismo evitar la anarquía

Aunque igualmente, dice, debe consultarse sobre el tema a Facundo Quiroga y ponerse todos de acuerdo en la decisión final.

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2- Carta De López A  Rosas (12-03-1832)

 

En una extensa carta sobre variados temas, López le contesta su parecer sobre qué hacer con Paz.

“Santa Fe, Marzo 12 de 1832

“He leído con mucha atención todo lo que usted me dice en orden al General Paz; he meditado muy detenidamente" sobre todas y cada una de las razones que apoyasen su opinión respecto a lo que debe y es preciso hacer con este General, y a pesar que mi carácter es y ha sido siempre inclinado a la indulgencia, no puedo menos que confesar que el fallo de usted es imperiosamente reclamado por la Justicia en desagravio a los, atroces atentados inferidos a los Pueblos y a las Leyes.

“Si algún pretexto se presenta para salvar la vida de este hombre, es el mérito que contrajo en la guerra contra los Brasileros, en que no se puede negar que hizo un grande bien al País, mas yo no me atrevo a decidir si esto sería lo bastante para salvar una vida que delitos espantosos convencen que debe quitarse, en asunto tan grave, yo subordino mi decisión a la que promulgue ese Gobierno.

“Pero cualquiera que sea la resolución de usted, considero que habiendo los hechos del General Paz injuriado no sólo a Buenos Aires y Santa Fe, si también a todos los Pueblos de la República y causándoles males de difícil reparación, soy de sentir que la pena que se le aplique a el General Paz, sea conforme al pronunciamiento expreso de todos los Gobiernos confederados, o por medio de una cosa semejante.

“Obrando de este modo jamás se nos podrá reprochar que le hemos sacrificado sólo por vengar resentimientos personales, o conducidos por pasiones innobles; no se nos calumniará de haber obrado con arbitrariedad, quedarán desagraviados los Pueblos a quienes ha despedazado, y por último, habrán contraído un compromiso que les demarca la conducta que tienen que observar en lo sucesivo, y lo que les aguarda sino y cuán sus deberes. Si usted está de acuerdo con mi opinión convendría que sin demora alguna me enviase redactada la nota que debemos pasar a los Gobiernos, firmada por los dos, porque esto considero que es peculiar”.

“En fin, compañero, mi deseo en este negocio grave, es que procedamos con acierto; por tanto, si usted viere que esta indicación no es exacta, sírvase decirme francamente el modo en que debemos expedirnos respecto al General Paz, para obrar de una vez, no olvidando usted que en el mes entrante concluye mi Gobierno y concluirá también con él mi intervención en los asuntos públicos…”.

Del concienzudo análisis de la situación que hace López surge que el Gobernador santafesino reconoce los terribles crímenes de Paz pero que, teniendo en cuenta la actuación patriótica del reo en la Guerra contra el Brasil habría que analizar más que hacer con su vida. Duda.

Igualmente, dice López, que él subordina su decisión a lo que decida el Gobierno.

Por eso López entiende que debería, previamente, consultarse en forma expresa a los gobiernos del interior para que se expidan- por escrito- y así decidir en conjunto. Con ello la posteridad no podrá imputarles que se haya obrado injustamente y arbitrariamente con Paz,

Por tal razón, le dice López, que si Rosas está de acuerdo con lo expresado que por favor le envíe redactada una nota a tales efectos para ser reenviada a los gobiernos del interior.

López obra con mesura para no errar en la decisión final a adoptarse, porque por un lado reconoce las traiciones de Paz a su patria y sus crímenes pero por el otro lado también reconoce los favores que el reo ha hecho valerosamente en la guerra contra el Imperio.

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3-Carta De Rosas A López (28-03-1832)

 

“Buenos Aires, 28 de marzo de 1832

“El destino del General Paz, cual manifestó a usted que por mi opinión debía ser el de la última pena, es como usted reconoce el reclamado imperiosamente por la justicia. Si nuestra opinión hasta este punto se encuentra muy de acuerdo, creo que también debe estarlo en que no es al Gobierno de Buenos Aíres a quien pertenece promulgar la decisión de vida o muerte del General Paz.

“Usted a este respecto, de un modo privado y amistoso me pidió mi opinión, y yo francamente la he dado, en los términos en que podía hacerlo.

“Él fue tomado prisionero por las fuerzas del mando de usted; le fue entregado, como Genera! en Jefe; en este carácter dispuso usted de su seguridad; sobre la línea pudo usted haberlo hecho ejecutar, porque estaba en sus atribuciones, dejó de nacerlo y lo mandó a la Provincia de Santa Fe, adonde como Gobernador Propietario de ella dio usted sus órdenes para su conservación en seguridad.

“Los delitos de Paz son injuriosos, ofensivos y funestísimos a toda la República Argentina, y en particular a cada una de las provincias. Cualquiera de ellas, por el derecho de su propia conservación y en uso de su libertad e independencia, puede, dentro de su territorio, castigar el agravio que haya recibido, aunque no perdonar el inferido a la República.

“¿Por qué, pues, ha de buscarse fuera del Gobierno de Santa Fe la resolución que él por sí puede pronunciar, y debe por ese conjunto de causas reconocer dentro de la esfera de su poder y autoridad?

“El Gobierno de Santa Fe, la Provincia y sus habitantes, están enormemente agraviados con los hechos de Paz, hechos que por sí puede Santa Fe clasificar y castigar, corno cometidos en ofensa propia; lo mismo que yo aquí castigaría, si el autor de tales delitos lo tuviese en mi territorio, sea cual fuese el modo en que viniese.

“Si, sin embargo creyese usted más conveniente consultar a los demás Gobiernos de un modo oficial, por la razón de no ser solamente Santa Fe el injuriado, del mismo modo que Buenos Aires, sino también todos los pueblos de la República, la circulación de la nota, exigiendo el pronunciamiento sobré la pena que deba aplicarse al General Paz, es peculiar a usted, que lo hizo prisionero, y lo custodia en su territorio, no corresponde que la ponga en ese oficio circular, porque yo debo ser uno de los que como todos los demás Gobernantes, he de pronunciarme en tal caso, en contestación.

“Si yo expresé a usted que sería bueno comunicar al señor General Quiroga el pensamiento sobre el destino de Paz, esto lo propuse tanto por la parte que ha tenido el señor Quiroga en la lucha contra los unitarios amotinados, cuanto porque lo he considerado acreedor a la participación de esta confianza privada. Pero de ningún modo porque no pudiese el Gobierno de Santa Fe aplicar a Paz el castigo que reclaman sus delitos contra esa provincia”.

En esta riquísima carta, llena de fundamentos políticos y jurídicos, Rosas se expresa abiertamente sobre la respuesta dada por López el 12 de Marzo pasado.

Según Rosas no corresponde al gobierno de Buenos Aires decidir sobre la vida o muerte de Paz. Que él solo dio su opinión porque López se la había pedido. Con ello Rosas hace gala de su reafirmación de las autonomías provinciales.

Rosas le dice a López que como él lo tomó prisionero estaba en su facultad hacerlo fusilar ahí mismo pero que decidió finalmente enviarlo a Santa Fe capital para ponerlo preso y que eso Rosas lo respeta.

Estaba en potestad del gobierno santafesino decir sobre Paz, por lo cual Rosas no entiende por qué razón López pretende que lo resuelvan en conjunto todas las provincias (otra afirmación de la autonomía de las Provincias).

Rosas dice que si hubiera sido detenido en la Provincia de Buenos Aires, a él le correspondería la decisión de qué hacer y él lo hubiera fusilado sin más ante las injurias hechas por Paz y los agravios a la República.

Pero, dice Rosas aflojando un poco la ‘cuerda’, que si López considera que debe pronunciarse las provincias porque los delitos de Paz ofenden no solo a Santa Fe sino a todos los pueblos de la Republica, pues bien, la nota debe hacerla y enviarla el propio López a todos los gobernantes incluido  a Rosas, el que dice que, en su caso, se pronunciaría según su parecer (el que seguramente sería que lo fusilen).

Pero que del mismo modo, si llegado el caso, Santa Fe tomara inaudita parte la decisión de fusilarlo, Rosas dice que eso estaría perfectamente encuadrado dentro de la ley y no habría objeciones por tal resolución.

Como puede observarse, López y Rosas se pasan la decisión uno a otro, diplomáticamente pero siempre con el debido respeto mutuo..

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4-  Carta De López A  Rosas (24-04-1832)

 

“Santa Fe, Abril 24 de 1832

“He leído con detención todo lo que usted me dice en orden al General Paz en contestación a. mi carta en que le hablaba sobre aquél, y de conformidad con su opinión me he decidido a oficiar a todos los Gobiernos de la República para que pronuncien su voto sobre la pena que debe aplicarse a dicho General. Yo creo que esto es lo más exacto y lo que corresponde hacer.

“El General Paz, como usted lo dice con toda propiedad, ha ofendido a todas las Provincias: a cada uno de sus respectivos Gobiernos corresponde por tanto, en desagravio de las ofensas que aquél les ha inferido, promulgar la clase de castigo que cada uno de ellos conceptúe se le debe aplicar.

“En esta virtud, ruego a usted quiera redactar un proyecto de comunicación para los Gobiernos; y enviármelo con brevedad a fin de salir de una vez de este negocio”.

López concuerda del mismo modo con una de las opciones que le da Rosas y decide que debe oficiarse a las Provincias para ver qué hacer con Paz, más teniendo en cuenta que las ofensas de Paz abarcan a todas las Provincias, como ya se mencionó.

Pero, haciéndose el desentendido con respecto a lo que le dice Rosas en orden a que la nota debe hacerla y enviarla López, este le dice que sí, que no hay problema en que él la envíe pero que la haga Rosas…..

Este dialogo final diplomático con una mirada, desde nuestra actualidad si se quiere, con tinte humorístico (pasándose uno a otro la redacción de la nota), pareciera un sainete lúdico y  grotesco si no fuera la gravedad del asunto de que se trata.

En cuanto al término ‘negocio’ en aquellos tiempos tenía una significación distinta a la actual: significaba ‘tema’, ‘asunto’, ‘gestión’, sin connotaciones comerciales o dinerarias.

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5- Carta De Rosas A López (17-5-1832)

 

“17 de Mayo de 1832

“Después que he dado a Ud. mi opinión francamente acerca de la pena que juzgo debe aplicársele al General Paz por su criminal conducta pública, me excuso, compañero, hacer la redacción que me pide. Esta obra es exclusivamente suya y nadie sino Ud. mismo es quien la debe dirigir y formar”

Breve y concisa es la respuesta de Rosas que no deja de ver que López le devuelve la ‘pelota’.

Le dice- nuevamente-  que ya López conoce lo que haría él con Paz, pero que si quiere enviar la nota a las Provincias para que se pronuncien, está bien, está dentro de las posibilidades que brinda la ley, pero en tal caso, que la nota la escriba y la envíe el propio López. Fin de la discusión?. Relativamente.

Es que para Rosas el tema de la legalidad en toda gestión y la fidelidad a las autonomías de las Provincias, es primordial.

En carta a López del 17 de Mayo de 1832, le dice: “Tanto en mis afecciones personales como en mis deberes públicos la legalidad es para mi un elemento general y no hay sacrificio que no haría por no cargar con la nota de inconsecuente”.

El asunto fue postergado; la circular a los gobernadores fue remitida por López el 8 de octubre de 1832; algunos respondieron y dijeron que lo resolviera un Consejo de Guerra, el que nunca se reunió…., Nunca  se volvió a hablar de qué hacer con el prisionero y así  éste salvó su vida….

 

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III.-DIGRESIÓN

 

Han pasado los años, Rosas termina su primer mandato como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina (8 de diciembre de 1829-17 de diciembre de 1832) y se va a hacer la Campaña del Desierto.

Los hechos se suceden vertiginosamente.

Son asesinados, luego de Dorrego, una sucesión de buenos federarles –como el mismo dice.

José Benito Villafañe, gobernador riojano amigo de Facundo Quiroga en Mayo de 1831.

El Gobernador de Salta Pablo Latorre, en Diciembre de 1834.

Facundo Quiroga, José Ortiz, ambos el 16 de Febrero de 1835 junto a varios Federales más que lo acompañaban, cuyos victimarios intelectuales fueron los hermanos Reinafé, cordobeses,  y materialmente por un sicario al servicio de los Reinafé (Santos Pérez),  supuestamente Federales y amigos de Estanislao López, que al principio intentó defenderlos pero ante la evidencia del crimen dejó de hacerlo.

Rosas explotó de furia y de rabia prometiendo venganza contra los Unitarios y traidores, hombres de las ‘luces’ (masones, logistas) diciendo –“¡Miserables! El sacudimiento será espantoso, y la sangre argentina correrá en proporciones”

Comienza su segundo mandato reclamado por el pueblo todo, el 7 de Marzo de 1835.

En ese clima político y social, con todos los muertos que se suman en las filas Federales, Rosas le escribe a López extensas cartas, así como el segundo al primero, relatando las cosas que estaban sucediendo.

Como curiosidad es bueno recordar que Paz fue apresado por una partida de Federales que estaba dirigida por uno de los hermanos Reinafé, que a la sazón tanto él como Rosas no imaginaban como los Reinafé terminarían juzgados y ejecutados por la Confederación Argentina luego de un largo juicio por ordenar la muerte de Quiroga. Toda una paradoja que uno traidores y asesinos fuesen en su momento quienes apresaron a otro traidor, al Unitario Paz.

En el medio de todas las preocupaciones apremiantes y graves, Rosas tiene tiempo – aunque no mucho- para referirse al tema del General Paz…

Y le escribe a López al respecto…

 

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6- Carta De Rosas A López (17-8-1835)

 

Han pasado los años, como se dijo, y Rosas en una de sus muchas cartas a López, profundas, extensas y desarrolladas todas en las que trata temas como los referidos que ameritan su atención, hace escuetamente mención al tema ‘José María Paz’, que sigue sin resolverse.

Tras el asesinato de Quiroga, Paz fue entregado a Juan Manuel de Rosas, en un acuerdo político entre Rosas y López. El caudillo santafesino ya se encontraba muy enfermo para lidiar con otro problema más de los que ya tenía y quería sacarse de encima –literalmente- el tema ‘Paz’.

“Buenos Aires, 17 de Agosto de 1835

“…..en cuanto al General Paz, considero bien las razones que tiene Ud. para manifestarme los gravoso que le es su permanencia en ésa, pero sobre este particular Ud. verá y me dirá lo que quiera que se  haga. Yo no tengo en esta Provincia dónde ponerlo si no es en alguna guardia de las de campaña, porque en la ciudad no es conveniente tenerlo, ni tampoco lo considero absolutamente seguro.

“Si usted resuelve mandármelo, que sea por tierra, designándome con anticipación un punto cerca del Arroyo royo del Medio, que me parece podría ser la Estancia de Don Francisco Javier Acevedo, o algún otro que a usted le parezca en donde yo disponga que vayan a recibirlo con la debida precaución y custodia para conducirlo de este mismo modo desde allí al punto donde vaya destinado. En este caso le he de estimar me haga las advertencias que usted crea convenientes, para mi gobierno en cuanto a  la seguridad, precaución y modo como le parezca que debo conservarlo y de todo lo demás que conciba usted que yo tal vez no esté apercibido y que me convenga saberlo.

“Concluyo, pues, con esto la presente carta, dejando el hablarle por separado en otra, sobre el asunto de los indios…”

Algunas apreciaciones respecto a esta carta.

Podemos decir que el clima político era complicado en ese entonces y a Rosas la cuestión de qué hacer con Paz pareciera que le fastidiaba por su irresolución considerando las urgencias por otros hechos apremiantes, incluido la de los malones indígenas y sus tropelías.

López –luego de años- trata de desembarazarse de Paz y que solucione otro el problema de marras.

Se lo quiere enviar a Rosas. Este acepta, como a desgano y le pregunta a López qué quiere que él haga al respecto, puesto que le expresa que no tiene donde ‘ponerlo’ (sic) en la ciudad por razones de conveniencia y seguridad; por lo que el único lugar para llevarlo sería en la campaña; es decir, en el interior de la Provincia.

No sabemos si lo que dice Rosas en cuanto a no tener donde ponerlo al General Paz en la ciudad sea cierto. Tal vez considera que no hay en la ciudad un lugar de detención decente para una personalidad como Paz y en la campaña tal vez si, en cuanto a mayor comodidad y amplitud de espacio, pero lo que es seguro es que le resulta un incordio y una molestia todo el tema.

Pareciera que la forma en que se refieren a Paz fuese un objeto mostrenco, un lastre incómodo y no una persona. O que la responsabilidad final sobre el detenido fuese una carga que quisieran obviar.

Es evidente, a esta altura, que tanto López como Rosas intentan mandarle al otro al detenido para librarse de él, al que consideran un problema sin solución para sus gobiernos autónomos teniéndose presente los problemas internos que tenía Estanislao López por aquel entonces, amén de su salud tan deteriorada (muere el 15 de Junio de 1838 pero su enfermedad venía de muchos años antes) y Rosas los problemas internos y externos que apremiaban..

 

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7- Carta De Rosas A López (11-09-1835)

 

 

“Buenos Aries, Septiembre 11 de 1835

“Las razones que me manifestó usted antes, y que ha reforzado después en su muy apreciable del [fecha desconocida pues se desconoce el envío de la referida supuesta carta de López] del corriente para fundar el deseo que tenía para que el General Paz pasase a esta Provincia en la misma clase de prisionero de guerra en que ha estado en ésa son para mí de muy grande peso, y por esto es que me he prestado a que me lo remita usted, para encargarme de su custodia.

“En consecuencia, pues, de su aviso, previniéndome que dicho General estará para el veinte de este mes en la Estancia de Don Francisco Javier Acevedo, conducido con la competente escolta, a fin de que lo reciba la persona que yo comisione al efecto, nombraré dicha persona, y expediré las órdenes necesarias para que en dicha Estancia el mismo día 20 del corriente, y se reciba del expresado prisionero luego que éste llegue a ella.

“Mi idea es mandarlo a una de las Guardias del Sud en donde me parece que estará con toda seguridad, y no podrá escaparse sino por una de aquellas contingencias que están fuera de toda previsión humana pues tengo la más completa confianza en todas  las gentes que habitan los campos  correspondientes  a dichas Guardias no menos que en los Jefes y oficiales de milicia veterana y cívica que hay con ellos”.

Aquí Rosas se hace cargo de Paz diciendo en su carta – con un fastidio que se le notaba- que igualmente ello significaba un peso muy grande por la responsabilidad que implicaba manifestando que era su intención enviarlo a la campaña donde estaría más seguro en su detención, sin tenerse en claro, para entonces su destino final.

Aunque pareciera que hubiese desistido de su ejecución ante el silencio de los gobernantes del interior o por el pronunciamiento de éstos de formar un Consejo de Guerra (que es lo mismo que dejar el asunto en la nada misma). Los hechos posteriores lo confirmaron…

Entonces, Paz estuvo preso en la Aduana de Santa Fe desde el 15 de mayo de 1831 hasta el 6 de septiembre de 1835, allí fue trasladado a Luján donde prosiguió su encarcelamiento.

Juan Manuel de Rosas ordena a las autoridades del Cabildo de Luján que le guarden consideración; le manda libros, como Paz lo ha pedido; le acuerda el grado de General de la Provincia de Buenos Aires, y le paga su sueldo íntegro, inclusive los atrasados, todo con suma consideración. 

Pero le dice  Rosas “que si llegara a intentar una fuga o fugarse, será fusilado, sin otro término que el preciso para administrarle los auxilios espirituales. Que, por lo demás, no es mi ánimo dañarle, pero que el estado de las cosas políticas y lo más caro de mis deberes públicos me obligan a esta medida”.

Entre los libros se cuentan ‘Los Varones Ilustres’, de Plutarco, y de ‘La Ilíada, de Homero, traducida al castellano,

En fin, en un breve resumen de la vida de Paz estando detenido y custodiado por Rosas, diremos que Paz pasó casi 4 años más de cautiverio en la localidad de Lujan, Pcia. de Buenos Aires hasta que el 15 de  abril de 1839 Rosas le otorgó la «libertad vigilada» en Buenos Aires, bajo juramento de mantenerse apartado de la oposición a Rosas.

Con “la ciudad por cárcel”. Por primera vez, él y Margarita Weild, su sobrina-esposa, tuvieron privacidad, pudieron pasear, asistir a reuniones, hacer amistades (aunque Manuelita Rosas no le gustaba su presencia y se mantenía distante).  Como ya se dijo, le devolvieron el grado de General y le pagaron lo adeudado por sus sueldos.  Sin embargo siempre anidaba en él la idea de la fuga e incumplir con su juramento ….

Igualmente las represalias que ocurrieron tras la derrota de la rebelión de los mal llamados ‘Libres del Sur’ le hicieron temer por la vida de su familia, según él dice en sus ‘Memorias’ y el deseo de fuga se acrecentó… y así lo hizo.

Desde Buenos Aires se fugó a Colonia y luego a Montevideo, Banda Oriental del Uruguay, el 3 de abril de 1840. y luego a Corrientes, donde se pone al frente de las tropas para volver a combatir a Rosas configurando una doble traición: a su juramento y a su patria nuevamente.

En efecto, dice José María Rosa: “Olvidando su promesa de obtener la libertad a cambio de permanecer en la ciudad de Buenos Aires y de no tomar las armas contra quien le perdona su vida, rompe su palabra de honor y el genial estratega abandona la ciudad y se pone al frente del ejército correntino, en contra de Rosas.

“Con tal de vencer o debilitar a Rosas, los unitarios no dudan de desmembrar el territorio nacional, y albergan al esperanza de formar una “Republica de la Mesopotamia”, con la Banda Oriental, Entre Ríos y Corrientes, que garantice la libre navegación de los ríos interiores a las potencias extranjeras, y aseguren el “libre comercio”, con el monopolio de Inglaterra y Francia”.  

 

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FUENTES

ARCHIVO GENERAL DE LA NACION (Cartas entre Estanislao López y Juan Manuel de Rosas-(28-09-1831/23-09-1835)- sección “Farini”, Leg.18;)

PAZ, José María (“Memorias” (selección) - Centro Editor de América Latina-Biblioteca Básica Argentina, 1992.)

PAZ, José María (“Memorias de la prisión. Buenos Aires en la época de Rosas”.-Edición en homenaje a la Revolución de Mayo. Eudeba, 1963=.

ROSA, José María (“Historia Argentina-Unitarios y Federales” –Bs.As. Ed.Oriente-1941-Tomo II-pag. 160, 161, Tomo IV, pag 168).

SALDÍAS, Adolfo (“Historia de la Confederación Argentina”. Buenos Aires: Ed. Hyspamérica, 1987).

 

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CNEL. PRUDENCIO ARNOLD - Actor y Testigo del desbande del Ejército Federal

 Cnel. PRUDENCIO ARNOLD - Actor y Testigo del desbande del Ejército Federal




Ya nos hemos explayado en otro trabajo sobre el Coronel Prudencio Arnold (no se lo conocía por el primer nombre ‘José’). (ver “JUAN MANUEL DE ROSAS- Fidelidad De Militares Y Funcionarios Luego De Su Caída” https://elmensajerodelaconfederacionargentina.blogspot.com/2023/08/juan-manuel-de-rosas-fidelidad-de.html.).

Ya hemos dicho allí que peleó bajo las órdenes del Gobernador Pablo Echague,  General Ángel Pacheco y también bajo órdenes de Martín Santa Coloma durante años en las agrestes tierras de Santa Fe, contra los indios de diferentes tribus volviéndose un especialista en dichas guerras, trabándose en lucha una y otra vez, a la par que también luchaba contra los Unitarios.

Hemos comentado que Cuando el Ejército Grande de Justo José de Urquiza invadió la provincia de Santa Fe, camino a enfrentarse con Rosas, Arnold intentó detener sus avanzadas, pero sus soldados huyeron. Retrocedió sobre Buenos Aires, combatiendo en su camino las fracciones sueltas del Ejército Grande, y una maniobra de las tropas de Justo José de Urquiza le impidió unirse al ejército de Rosas en la batalla de Caseros.

Su lealtad a la Federación, en esos días, fue reconocida por el comandante en jefe del Departamento del Norte de Buenos Aires, coronel Hilario Lagos. En ningún momento dejó de hostilizar a las fuerzas enemigas, por su extremo derecho y retaguardia

Ya hemos comentado que “Durante toda su vida mantuvo una nutrida correspondencia con Juan Manuel de Rosas y especialmente, con Manuelita Rosas estando éstos en el exilio, a los cuales Arnold mantenía actualizado los acontecimientos y hechos políticos y sociales del Plata, propendiendo, además, a juntar voluntades y dinero para enviar al Restaurador y su familia con el objeto de aliviar sus penurias económicas, con fidelidad hasta el último día de la vida del Ilustre Restaurador y a la soberanía de la Confederación Argentina deshilachada, lo cual fue permanentemente agradecido por Manuelita”.

Por carta enviada por Rosas el 7 de Enero de 1876, éste le agradece a Arnold en envío de 10 onzas de oro que el Coronel le enviase el día 5 de Octubre de 1875, en el cual, también le decía que Su retrato es el único que hay en la salita de mi casa, en esta ciudad, frente a las ventanas de la calle”.  Su afecto hacia el Restaurador permanecía incólume veinte años después de la Batalla de Caseros.

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Ahora bien, aquí nos importa comentar como fue el proceso por el cual las fuerzas Federales fieles a Rosas, se fueron deshilachando y las filas de sus tropas, a medida que avanzaba Urquiza camino a la batalla final de Caseros, comenzaban a ralearse.

Hemos sabido por historiadores el desbande de las tropas ‘rosistas’ ante el avance de Urquiza pero el único que describió en primera persona lo sucedido fue el Coronel Arnold por la sencilla razón que él participó en primera persona de lo sucedido en los prolegómenos de Caseros. Fue actor y testigo privilegiado y describió puntillosamente como se fueron dando los hechos.

Por ejemplo, las tropas de Santa Coloma estaban anarquizadas, puesto que el mismo no los hacía ejercitar, les daba barriles abiertos de licor a pesar de la oposición franca de Arnold, volviéndose aquella totalmente  indisciplinada, con muchas sublevaciones aquí y allá.

Muchos de los sublevados eran antiguos compañeros de Arnold; mas que eso: eran amigos y parientes. Mientras Urquiza avanzaba con sus tropas al encuentro de Rosas aprestándose a la batalla final.

Pacheco extrañamente daba órdenes de retroceder, lo que cumplía a regañadientes Arnold no entendiendo las razones para ello y acrecentándose la desmoralización de la tropa, creciendo la deserción de oficiales como el Capitán Acosta que producía el efecto de que como oficiales desertaban, los soldados al ver lo que hacían los oficiales, los seguían en su huida.

Muchos hermanos y parientes, comenzaron a luchar unos contra otros. Los soliviantados contra los fieles al gobierno. El espíritu de cuerpo se iba perdiendo en los soldados y oficiales leales al gobierno, a la par que iban dejando en el camino, vituallas, armamentos, etc.

Arnold lo fue describiendo paso a paso y al detalle, lo que ha servido para entender cómo se fueron desarrollando los hechos y la caída del soberano gobierno de la Confederación Argentina, atacada por Urquiza y los entrerrianos, los correntinos, los Unitarios, Imperiales brasileños, ‘colorados’ orientales, etc.

Además, se iba sabiendo de la rendición de Oribe en la Banda Oriental, lo que acrecentaba la perdida de fe y el desánimo de las tropas. Sin embargo, tanto Arnold como el Coronel Hilario Lagos, seguían fieles a su gobierno sosteniendo, en cuanto pudieren, a sus tropas.

En carta que Lagos le envía a Arnold el 21 de Enero de 1852, a días de la trascendental batalla de Caseros, Lagos descarga su furia contra los traidores al país que se vendieron al oro brasileño y en la parte pertinente dice:

“…Valor y constancia, comandante Arnold, Vd, ha de vengarse, estoy cierto, de esos cobardes traidores a su patria y vendidos al vil oro del gabinete del Brasil. ¡Pobres Argentinos que así se dejan alucinar, que no recuerdan un instante siquiera que son argentinos! ¡Qué lástima que nuestra amada patria se vea desgarrada: oprimida y al borde de reducirse a  escombros por la mano de sus mismos hijos, por esos hijos que debieran sus pechos argentinos defenderla hasta morir, contra la invasión extranjera que el desnaturalizado Urquiza ha introducido al corazón de la patria, que en mala hora le vio nacer. Ella quedará reducida a pavesas primero que el extranjero vil portugués y sus aliados le pongan su asquerosa bárbara ley. Hilario Lagos”

Proféticas las palabras de Lagos. Así terminó sucediendo.

Las que no fueron proféticas fueron las palabras de Estanislao López gobernador santafesino que en carta a Juan Manuel de Rosas el 16-01-1832 le dice a éste que ha detenido momentáneamente al joven Justo José de Urquiza para que le aclare una situación irregular diciendo de Urquiza que “a mi modo de ver el mozo es ingenuo y de un carácter franco” (sic). Falto de poder de observación del santafesino.

Producida la batalla de Caseros, Arnold le pidió instrucciones a Pacheco y éste le ordenó presentarse a Urquiza. Con gran disgusto Arnold forma sus tropas y les dice, formándolos en círculo, informándoles de las novedades en aquellos días:

"Dicen que el general Rosas está embarcado. El general Pacheco, nuestro 2º jefe, me ordena presentarme al general vencedor. Voy a hacerlo .solo. Estas armas que cargamos, hace once años que el gobierno puso en nuestras manos, nunca se han deshonrado y sólo a Dios se han rendido, como lo acredita vuestra sangre generosa derramada por la patria. No deben ahora rendirse al que trae extranjeros para hacer fuego a su bandera y matar argentinos, tiradlas a las vizcacheras antes de cometer tal infamia. Estamos ligados por el compañerismo en tal larga guerra de sufrimientos de todo género, unidos como si fuéramos una sola familia y vamos a separarnos hoy, tal vez para siempre. Regresad al seno de vuestras familias, no les lleváis plata, pero lleváis el honor de haber servido bien a nuestra patria. Enseñadlo a vuestros hijos para que nos imiten.

"Ahora, mis leales compañeros y queridos amigos, deseo estrechar en mi pecho a uno por uno de Vds. como demostración de agradecimiento por el honor que me han dado y para que sintáis la agitación de mi corazón por nuestra separación".

Luego de este discurso Arnold reflexionó en voz alta: “Cuando este acto empezó, también empezó el llanto y cuando terminó ya no nos entendíamos; todos lloraban y yo también. ¡No se puede explicar todo lo que en ese 'momento pasó; viejos tigres en el campo del honor transformados en muchachos llorones! Así concluí mis servicios a la patria en el gobierno del general Rosas; fui el último de los capitanes que mandaban fuerza de los Ejércitos Argentinos que obedecían a este señor general y el único que no presentó las armas al general vencedor”.

“Aquel pelotón de valientes fueron los soldados más virtuosos y que costaron menos gastos a la nación. Su prest eran 20 pesos moneda corriente al mes. Su ración consistía en carne puramente. Sus vicios de entretenimiento, lo eran sólo para tres meses en el año y medio uniforme para 12 meses. Armamento de viejo sistema y 174 caballos para el servicio de 10 años, manteniendo frecuentemente una guerra sin cuartel con los indios y sufriendo por tan largo tiempo sin desertar-se de los cantones de la frontera, donde todo era escaso. Haber cumplido de esta manera con su deber sin que haya quien arrojara una falta al rostro de estos servidores, no era poco y de ello estábamos, plenamente satisfechos. Todos los militares saben que para contener la deserción hay que mantener siempre en movimiento a la tropa. La posteridad dirá si merecen  esos patriotas. o no el título de virtuosos.”

Arnold licenció a sus tropas y se presenta –solo- ante Urquiza en Palermo el cual le solicita (¿o le ordena?) seguir en servicio pues urgía el cuidado de las fronteras ante el indio amenazante.

Terminada la lucha, Urquiza que necesitaba el apoyo urgente de los antiguos federales ‘rosistas’ lo mandó a llamar rápidamente pues mientras sucedía la lucha entre los Imperiales y Urquiza contra Rosas, las tribus indias se alzaban en armas y amenazaban los poblaciones con matanzas, violaciones y secuestros permanentemente.

Por ello Urquiza le pidió que siguiera en el servicio activo y se hiciera cargo de continuar con las batallas contra los malones que asolaban y cercaban a las ciudades.

Arnold intentó sustraerse a ello pero el tono de Urquiza no dejaba mucho margen de maniobra.

Urquiza solo le dio 6 meses de licencia pero que luego debía presentarse con quien él quisiera para retomar el servicio.

Así lo hizo Arnold, al igual que Lagos y otros oficiales. Era imperativo marchar al interior para poner fin a las tropelías de las distintas tribus aborígenes que acosaban constantemente a los establecimientos ganaderos del interior y sus familias.

Pasaron los años –y los gobiernos- y el Coronel Arnold seguía patrióticamente defendiendo las fronteras nacionales.

En 1861 se alistó a las órdenes de Urquiza –el supuesto ‘mal menor’- contra Mitre en la batalla de Pavón, formando parte de la avanzada del general Ricardo López Jordán que ocupó Pergamino, contra el gobierno de Mitre.

Pero, al saberse la retirada de Urquiza debió abandonar ese puesto, retirándose a Rosario.

Ya Arnold observaba la errática conducta de Urquiza que de una victoria casi consumada entrega la misma a Mitre huyendo a su provincia.

La principal causa de la retirada de Urquiza hace referencia a un pacto subyacente promulgado por la masonería argentina, involucrando a Urquiza, Mitre, Derqui, Sarmiento, a quienes se encomendó bajo juramento poner todo lo que estuviera a su alcance para apaciguar la guerra civil.

Este pacto habría sido acordado durante la tenida masónica denominada Tenida de la Unidad Nacional, celebrada el 21 de julio de 1860, de la cual participaron Mitre, Sarmiento, Derqui y Urquiza, entre otros, según lo afirma la “Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones-J.J. de Urquiza”. www.masoneria-argentina.org.ar. Archivado desde el original el 18 de enero de 2019. Consultado el 22 de septiembre de 2018.​

La insólita decisión de Urquiza dejó el campo abierto al ejército porteño, que se había retirado hacia San Nicolás de los Arroyos. Mitre decidió entonces consolidar su posición para marchar luego sobre Santa Fe. El 4 de octubre inició su avance sobre Rosario con 13 000 hombres y 42 piezas de artillería, ciudad que ocupó una semana después

A su vez, - y como si esto no bastara- se sumaron los robos y asesinatos cometidos por Juan Saa, ladero de Urquiza, lo que implicaba para Arnold una deshonra del Ejército.

Todo esto llevó a Arnold a solicitar la separación  absoluta del servicio, Así lo dice en una carta al Presidente de la Republica Santiago Derqui el día 2 de Octubre 1861:

“Exmo. Señor:

“Tengo el honor de dirigirme por la presente nota a V. E. para hacer llegar a su superior conocimiento que razones poderosas y deberes que no me es ciado prescindir sin mengua de mi honor y en homenaje del hábito militar que invisto, me colocan en la dura precisión de hacer como lo hago, renuncia del mando militar con que V. E. se sirvió honrarme por su superior decreto de fecha 20 del ppdo. y a la vez pido también a V E. se sirva decretar mi separación absoluta del servicio en mi clase de Coronel en el Ejército Nacional. Dios guarde a V. E muchos años.”

Fue invitado a incorporarse al ejército de Bartolomé Mitre, pero se negó rotundamente a ello, según la carta que le envió, "Así concluí esta campaña ahumado por la pestilente pólvora de Pavón.", donde el preclaro Coronel vio claramente el contubernio masónico entre Urquiza, Mitre y el Unitarismo todo.

Vivió después en Rosario y San Nicolás, y posteriormente en su estancia Santa María, en el sur santafecino, falleciendo en Rosario el 31 de Marzo de 1876 manteniendo incólume su fidelidad y afecto por su Jefe y Gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas, como bien se lo hizo saber en vida.  

 

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FUENTES

ARCHIVO GENERAL DE LA NACION (Carta de Estanislao López a Juan Manuel de Rosas-16-01-1832)

ARNOLD, Prudencio (“Un Soldado Argentino”- Ed. EUDEBA-1970)

MONTORO GIL, Gonzalo Vicente (“JUAN MANUEL DE ROSAS- Fidelidad De Militares Y Funcionarios Luego De Su Caída )

https://elmensajerodelaconfederacionargentina.blogspot.com/2023/08/juan-manuel-de-rosas-fidelidad-de.html

TURONE, Oscar y Gabriel (‘Prudencio Arnold’ - www.revisionistas.com.ar)