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lunes, 23 de noviembre de 2020

JUAN BAUTISTA ALBERDI -El Paradigma del Cipayo Nativo Anglo-Francés

 JUAN BAUTISTA ALBERDI

(El Paradigma del Cipayo Nativo Anglo-Francés)




Intentaremos aquí en unas pocas pinceladas un gráfico recorrido de Juan B. Alberdi como epítome de una inteligencia al servicio de intereses extranjeros; y lo que es peor, conscientemente.

Hubo muchos, es cierto. Ya hemos hablado en otros trabajos de Lavalle, de Mitre, de Sarmiento, de Lamadrid, pero nadie como Alberdi por los efectos nocivos de su accionar a lo largo de su vida.

Un Cipayo. Un verdadero ‘cipayo’ en toda su acepción: “Soldado indio de los siglos XVIII y XIX al servicio de Francia, Portugal y Gran Bretaña. "regimientos de cipayos" (Definiciones de 'Oxford Languages') En el Imperio británico, se conocía como cipayo a un nativo de la India  reclutado (en general) al servicio del poder europeo , normalmente del Reino Unido , pero el uso también se extendía a los ejércitos coloniales de Francia y Portugal. ​De ahí se generalizó una segunda acepción como nativo de una colonia simpatizante con los intereses metropolitanos, o simplemente "secuaz a sueldo", como recoge la Real Academia Española.

Por esa razón nos centraremos en él como ejemplo que engloba a tantos otros que combatieron a su propio país en beneficio de Francia e Inglaterra y de su sucursal en América del Sur: Brasil, renegando de sus raíces hispanas y de la soberanía de su nación.

En él se encarna no solo lo cultural sino, y esto es lo grave, también el creador de la estructura jurídica que hasta el día de hoy nos agobia y nos somete al poder del dinero, de la Banca extranjera.

Las leyes de nuestro país están basadas en sus criterios jurídicos que comienza en los prolegómenos de la Constitución Nacional. Fue el armador de una estructura jurídica que sirvió y sirve de base a todo un andamiaje legal que nos aplasta y nos asfixia. Por esa razón la importancia de su accionar en el Río de la Plata que tantos perjuicios nos ha causado y nos causa hoy día.

Y lo peor de todo es que no fue original: todos sus pensamientos jurídicos eran extraídos de Francia y de los EE.UU con el cual estaba también, encandilado.

Es claro que culturalmente muchos ‘auto-exiliados’ (sic) en Montevideo formadores de la llamada ‘Comisión Argentina’ o el llamado ‘Gobierno de la Defensa’, estaba conformado por Orientales y Unitarios argentinos que celebraban los ataques europeos y brasileños contra su propio país.

Conspirando y azuzando a éstos a atacar sin piedad al Gobierno soberano de la Confederación Argentina, siendo agentes, súbditos de los gobiernos de Francia e Inglaterra y del nuevo imperio luso-brasileño, generosamente solventados económicamente para tales fines.

Ya desde los albores del siglo XIX, 1810 los encuentra a estos sujetos en pleno sometimiento a los imperios transatlánticos y sus bancas generosas para con ellos.

El fin propuesto, como pedía Juan B. Alberdi, era que la Banda Oriental o por lo menos Montevideo, fuese independiente para que Inglaterra y Francia ‘campearan en sus nobles dominios’.

Ahora, algo que parece contradictorio, no lo es. Alberdi, uno de los principales ‘antirrosistas’ escribía en 1847 “Si digo que la Republica Argentina está próspera en medio de sus conmociones asiento un hecho que todos palpan”.

Puede leerse que la lucha de estos Unitarios no era por mejorar una supuesta condición de pobreza de la patria. Reconocían, como lo confesaba el propio Alberdi, que la Confederación se desenvolvía económicamente con una ‘prosperidad admirable’.

¿Y entonces? Sólo el odio masónico a su patria y su corta visión política, embebida en trasnochado ideologismo iluminista, podían hacer que combatieran con denuedo a aquello que admiraban; y más allá de pretendidos reconocimientos periodísticos, sus actitudes no cambiaron.

¿Quiénes eran los ‘cerebros‘  de ese gobierno, de ese grupo de obsecuentes y empleados pagos de los Imperios británicos, franceses y brasileños -sean monarquías o repúblicas-, todos indignos a su tierra?

La conocida y extendida familia Obes, principal familia oligárquica de Montevideo: Lucas Obes, José Ellauri, Juan A. Gelly, Jorge Pacheco, Manuel Herrera y Obes, Melchor Pacheco y Obes. Sumados a todos ellos, Santiago Vázquez, Andrés Lamas. Tambien los nativos de éste lado del Plata, Florencio y Juan Cruz Varela, José Rivera Indarte, José Mármol, Julián Segundo Agüero, Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento, Julián Alvarez, Valentín Alsina (fundador del grupo llamado ‘Comisión de Argentina‘  que reunía y aglutinaba a los exiliados argentinos de Montevideo quienes se oponían a Rosas.) y los militares argentinos Gregorio Araoz de Lamadrid, Juan Galo Lavalle, José María Paz y Mariano Acha, principalmente.

Esos súbditos de Francia e Inglaterra, de la Europa revolucionaria despreciaban, desde el fondo de su corazón a su patria y abjuraban de su pasado hispánico.

No puede haber colonización por parte de imperios extranjeros sin la utilización de sus lacayos nativos, ampliamente sobornados.

Es que los imperios cuando no pueden conquistar por las armas, conquistan mediante las leyes internas hábilmente diseñadas por esos escribas bien pagados.

Es más, con el tiempo estos imperios se dieron cuenta que las batallas militares las podían perder (1806, 1807 con las invasiones inglesas, 1825, 1827 en Brasil, 1838 Francia, 1845-1850 Francia e Inglaterra, etc).

Cambiaron de sistema: la conquista se realizaría mejor mediante la utilización de nativos adeptos que propondrían y  realizarían todo lo necesario y ordenado por la metrópoli allende el atlántico siendo los gobernantes y funcionarios de nuestro país meros empleados súbditos bien pagados por aquellos, vulgarmente llamados ‘cipayos’. Raúl Scalabrini Ortiz bien lo desmenuza punto por punto en sus escritos.

Solo cuando se encontrasen con un impedimento diplomático o político para el logro de sus fines, acudirían a las armas –en lo posible, apareciendo propios integrantes de la nacionalidad atacada como gestores y ejecutores- pero siempre estando los ingleses y franceses más los brasileños como ordenadores de las acciones y beneficiarios finalmente de las consecuencias de dichas batallas, como sucedió en Caseros.

Una vez logrado derrocar a los gobiernos soberanos que osaron oponerse a su rapiña, mediante sus escribas, políticos y militares sabiamente comprados, continuarían con su rapiña sin disparase un solo tiro. Los díscolos ya fueron ejecutados.

Los franceses, como los ingleses, tenían un sistema: buscaban una excusa nimia, absurda, para atacarnos a nuestra patria, como lo hicieron en Egipto, México, China, donde lograron su cometido sometiendo a dichas naciones a sus leyes y a la eliminación de todo tipo de soberanía política y económica succionando toda su riqueza con una gula sin fin.

Demos otro ejemplo. En México utilizaron los franceses el mismo subterfugio en la llamada ‘La Guerra de los Pasteles’

Esta guerra entre México y Francia se llevó a cabo del 16 de abril de 1838 al 9 de marzo del 1839, surgió a partir del reclamo de un francés que poseía un restaurante en México y pedía que se lo indemnizara económicamente porque en 1832, oficiales del presidente Santa Anna, se habían comido unos pasteles en su local sin pagar. Claro está que, el enfrentamiento no fue ocasionado por esa causa pero sí ese fue el hecho que motivó a Francia a reclamar ventajas comerciales.

La situación entre México y Francia se tornó más difícil cuando en Tampico, en 1837, fue fusilado un pirata francés. En el mes de febrero de 1838, una escuadra de buques franceses hizo su primer acto de presencia en Antón Lizardo, Veracruz.

El 16 de abril de 1838, los franceses declararon el bloqueo al puerto de Veracruz, incautando los barcos mercantes mexicanos. Los buques de los contrincantes dispararon contra San Juan de Ulúa al conocerse la negativa a sus reclamaciones en las que exigían la exoneración de los préstamos forzosos al gobierno, entre otros planteos entendidos como exagerados.

Vemos como sucedió en nuestro país.

Desde 1838 en adelante, la flota francesa cerró al comercio la ciudad de Buenos Aires y los puertos fluviales de la Confederación Argentina. Esta acción había sido justificada por la negativa del gobierno de Rosas a aceptar la exigencia de exceptuar a los súbditos franceses de las obligaciones del servicio militar, obtener satisfacciones por supuestas ofensas a ciudadanos de esa nación y asegurar el tratamiento de nación más favorecida a Francia por parte de la Confederación Argentina. Lo veremos en los párrafos que siguen donde referiremos a las actitudes expansionistas de Luis Felipe de Orleáns.

Algunas de esas cuestiones se relacionaban con Cesar H. Bacle  un impresor nacido en Suiza que regenteaba la Litografía del Estado Argentino, quien había sido detenido el 2 de marzo de 1837 por traición. El vicecónsul solicitó el 4 de marzo de 1837 que se lo remitiera a Francia para juzgarlo en el caso de que fuese culpable; posteriormente exigió directamente que, de serlo, se le concediera el perdón. No obtuvo respuesta alguna del gobierno.

Acusado de conspirar contra el gobierno en época de revolución y de guerra, y comprobado este hecho por cartas escritas de su puño y reconocidas por él mismo, fue reducido á prisión. Entonces reclamó la protección del cónsul francés, y durante la secuela de su causa murió en su propia casa, habiendo sido conducido su cadáver por multitud de franceses, quienes quisieron darle a esta ceremonia una importancia que revestía el carácter de un insulto o de una amenaza al gobierno.

Roger acusaba de malos tratos a su custodia, específicamente al Coronel D.N. Quevedo, afirmando que después de cerca de seis meses de estar encerrado en un calabozo había sido devuelto a su casa en un deplorable estado de salud. No obstante, Bacle era opiómano y el parte médico indicó que murió de una gastritis ocasionada por abuso inmoderado de opio. Al día siguiente, el vicecónsul, los oficiales del navío d'Assas y más de quinientos franceses acompañaron el cortejo fúnebre.

Se lo acusaba de vender planos de importancia militar a Bolivia cuando en 1836 había viajado a Chile para establecerse, de apoyar a los exiliados unitarios en Uruguay, intervenir en la política interna de Chile y haber recientemente vendido mapas confeccionados por el gobierno argentino para la próxima guerra con Santa Cruz, lo que confesó. Roger afirmaba la inocencia de Bacle.

No obstante, existía una carta dirigida el 25 de febrero de 1837 a Bernardino Rivadavia, ofreciendo de acuerdo con el ministro chileno Diego Portales facilitar el pasaje de Agüero, Alsina, Varela y Rivadavia mismo a Chile, con el objeto de obstaculizar la alianza con Rosas para enfrentar a la Confederación Peruano-Boliviana corroborado con correspondencia de Alsina y de Mora, secretario del General Andrés de Santa Cruz (Ultimátum del Sr. Cónsul de Francia, página 11 y 48). 

El 4 de enero de 1838, Bacle murió preso en su domicilio​ y Roger hizo suyos los reclamos de su viuda, a los que agregó reclamaciones de franceses obligados a servir en el ejército​ otra en favor de Pedro Lavié (otro francés incorporado al ejército y encarcelado por robo) ​ y otra acompañando los reclamos por supuestos perjuicios comerciales sufridos en 1821 por Blas Despouy. ​

Con un tal Despouy sucedió lo mismo: había levantado un establecimiento industrial en Barracas destinado a curtiembre y elaboración de aceites de animales. Contó al principio con apoyo del estado, pero en 1821 fue clausurado por razones de salubridad y ante las quejas de sus vecinos.

Blas Despouy era un negociante que movido por sugestiones directas del general Rivera, de quien era agente en algunos negocios, como se comprueba por su correspondencia original reclamaba perjuicios por habérsele ordenado á solicitud de sus vecinos la clausura de un establecimiento para la extracción de grasa de potro. El gobierno le había atendido su reclamo, pero él fijó una suma extravagante, sin perjuicio de reducirla algún tiempo después y de constituirse en acérrimo defensor del gobierno de Rosas.

Otro francés, Pedro Lavié era proveedor de un cantón militar al interior de la frontera; y había sido sumariado por infracción á los reglamentos para mantener la disciplina de las tropas. Convicto de estoy de haber robado cantidad de dinero, fue sentenciado a seis meses de prisión. 

Pedro Jusson, marinero, reo de asesinato en la persona de Matías Cañete, sentenciado en última instancia á la pena condigna;

Pero, así como los ingleses y franceses pudieron vencer la resistencia de los gobiernos de México, Egipto, China, donde introdujeron forzadamente el opio en sus tierras, etc. no pudieron con Don Juan Manuel de Rosas cuya diplomacia  y aguerridos militares más el pueblo todo se opuso a las prepotencias imperiales.

Estos se dieron cuenta que podían lograr sus cometidos de otra manera, como se dijo arriba: comprando, sobornando a los nativos deslumbrados por las luces y por el oro que corría a raudales en los Unitarios de ambos lados del Plata.

¿Para qué correr riesgos inútiles con su propia gente que moría en tierras lejanas, si tenían maniatados a los cipayos de cada región que cumplían sus órdenes por unos pesos?

El terreno fue preparado por la ‘intelligentzia’ local: intelectuales nativos pero de una mirada anclada en lo foráneo que impedía la creación de un pensamiento propio de los argentinos y que nos colonizaban pedagógicamente. Los primeros de todos fueron Bernardino Rivadavia y su secretario Manuel García, personeros eternos de todo interés comercial y financiero británico en nuestra patria.

Ya hemos dado varios nombres arriba –sin agotar la lista- quiénes eran pero Alberdi fue el más dañino porque le dio el andamiaje jurídico a nuestra colonización estructurando el país en leyes por él mencionadas y hechas para provecho exclusivo de los extranjeros y sus capitales, que, de ese modo se aseguraban sus intereses en el Plata.

Alberdi en su ‘Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho’  decía orgullosamente que “ya no éramos hijos de España: desde la Revolución somos hijos de Francia“. Había que reemplazar definitivamente el idioma castellano  “importación absurda de una legitimidad exótica“, que no se encuentra en “armonía íntima con nuestro pensamiento más simpático mil veces con el movimiento rápido y directo del pensamiento francés, que no con los eternos contorneos del pensamiento español“

Este amor a lo foráneo entusiasmó a su amigo Alberdi: "Gutiérrez es un europeísta convencido”, diría años después en su biografía póstuma. "Gutiérrez vivía en Europa en su propio país", agregó, creyendo que estar fuera de la realidad era el mejor elogio que podía hacerse del constituyente.  "A su influencia se debió en parte, que el elemento europeísta predominase en la Constitución de mayo de 1853"

Ya comentamos en otro trabajo  lo que explicaba Alberto J. Bondesio “En 1834 Juan Bautista Alberti, Juan María Gutiérrez, Marcos Sastre, Vicente Fidel López, Miguel Cané, Carlos Tejedor, Juan Thompson, Félix Frías, y otros fundaron el Salón Literario y en 1837 Esteban Echeverría juntamente con Alberdi, Gutiérrez, José Mármol, Rivera Indarte, Pastor Obligado y otros fundan la Joven Argentina o la Joven Generación Argentina que fue disuelta al año siguiente por el gobierno de Rosas. En 1838 Alberdi junto a otros emigrados argentinos crea en Montevideo, la Asociación de Mayo. Asimismo aparecen simultáneamente asociaciones similares en San Juan, Tucumán, Córdoba, etc. en cuyo seno trabajarán Domingo F. Sarmiento, Benjamín Villafañe, Marcos Avellaneda, Vicente Fidel López entre otros”.

“Todas estas sociedades secretas tenían algo en común: realizar trabajos subterráneos, fomentando las diversas coaliciones para derrocar al gobierno de Rosas”.

“Pero, una vez vencido Rosas, para los Unitarios que habían vuelto del extranjero Urquiza era una molestia para sus planes y lo consideraban otro tirano más. Entonces a fin de combatir al ‘nuevo’ tirano se formó otra logia llamada ‘Juan-Juan’ de la que formaban parte: Miguel Estévez Seguí, José Mármol, Adolfo Alsina, Juan José Monte de Oca, José María Moreno, y algunos militares como José María Pirán, Emilio Conesa y Emilio Mitre”.

Claro, todos estos fogoneaban desde la página de sus periódicos y libelos diversos los ataques arteros de los imperios citados; impregnando el ambiente que finalmente desemboca en la Batalla de Caseros y se irradia hasta el presente, de una cultura que propendía al achicamiento territorial y a la negación de valor alguno a la conservación de la unión de los territorios hispanos considerando que solo lo proveniente de Francia e Inglaterra era la ‘civilización’, por lo que lo proveniente de España era la ‘barbarie’ que se trasladaba al interior de nuestro territorio, que era la causa de nuestros males y de nuestra falta de desarrollo como nación.

Recordemos lo que decían Lamas, Herrera, Sarmiento, Mitre y Alberdi, “la extensión territorial es lo malo para el progreso”. Pero bien que aplaudían como los EEUU, Inglaterra, Francia, Brasil iban extendiendo sus imperios a costa de sangre y fuego. Claro, eran la ‘civilización’….

Ellos sabían bien el daño que producían con su ideología para nuestra nación; todo para favorecer sus bolsillos a costa de nuestra integridad soberana. Deleznable.

Esto desde la óptica de la cultura y de la educación que proponían; esto es, el modelo de sociedad que pergeñaban en sus mentes. La ‘cuadratura del círculo’.

Pero, ello debía ser maniatado a futuro para que el esquema de país propuesto no surtiera cambios inesperados y atase sin sobresaltos a nuestra patria a la sujeción y dictado del extranjero.

Para tales fines se requería un armado jurídico que fuese el sostén de todo el andamiaje cultural que nos volvería mansos corderos de los centros de poder mundial y de las finanzas.

Y ahí aparece Juan Bautista Alberdi preparando el terreno desde el armado jurídico que posibilitara ‘ad-eternum’ el sometimiento al dictado de los intereses extranjeros.

Tucumano,  hijo de Salvador Cayetano de Alberdi Egaña y de Josefa Aráoz y Balderrama. Su padre  era un comerciante vasco, nacido el 7 de julio de 1757 en Guetaria, Guipúzcoa, hijo de Manuel Ventura de Alberdi Elcano y Magdalena de Egaña Larzabal.

Juan Bautista estudió en el Colegio de Ciencias Morales gracias a una beca  de estudio otorgada por la Provincia de Buenos Aires. Abandonó prematuramente sus estudios en 1824 debido a que no se adaptó a las exigencias de la enseñanza. (En nuestros tiempos se diría que estudió gracias al erario público, compuesto por impuestos pagados por los gauchos hispanos ignorantes que el defenestra y que al decirse que ‘abandonó prematuramente los estudios debido a que no se ‘adaptó’ (sic) a las exigencias de la enseñanza’, debió ser una elipsis elegante para decir que encima que estudió gratis, abandonó los estudios por vago.

Luego se arrepintió y retomó los estudios en el departamento de jurisprudencia en la  Universidad de Buenos Aires. Siguió sus estudios en la Universidad de Córdoba, aunque no los completó en esa época: los continuó en Montevideo en 1840  y obtuvo su título de doctor en jurisprudencia durante su estadía en Chile.

Entonces, nació en la hispánica Tucumán, fue hijo de españoles, estudió en la Universidad de Buenos Aires, Universidad de Córdoba, Universidad de Montevideo, doctor en Jurisprudencia en Chile…Todo representativo de nuestra gallarda cultura hispánica que él se encarga de denostar con adjetivos olvidando de donde viene, donde se crió y donde estudió. Literalmente, un renegado.

Alberdi fue uno de los principales sostenedores de las invasiones británicas y francesas al Rio de La Plata, y un personaje muy alejado de ser considerado de pensamiento Federal y Nacional.

Este escritor tucumano, errático y acomodaticio según soplaran los vientos, fue un ejemplo histórico de otros que son hoy ejemplos vivos de aquél.

No trepidó en apoyar fervorosamente las citadas invasiones, pues decía que, “así se evitaría el avance brasileño hacia nuestras costas‘ (sic). Aunque en 1852 en la batalla de Caseros había aplaudido y apuntalado ese avance brasileño en la guerra contra su nación. Contradicciones liberales, como no podía ser de otra manera.

Estudiando las Obras Completas del autor, en especial ‘Las Bases…‘, podemos leer en  ‘El Brasil ante la democracia en América‘  escritas por el autor en el año 1869 y “La monarquía como mejor forma del gobierno de Sudamérica” (sic)  en 1867, que éste tenía en claro que el Brasil tuvo siempre como finalidad manifiesta extender sus fronteras hacia Uruguay, Paraguay, Bolivia y la Argentina.

Dice Alberdi que el Brasil tenía como mira fija y constante “extender su territorio hasta el Plata para poseer los dos grandes ríos, por donde puede entrar el mundo y hacerle perder los territorios internos de su Imperio que se apoyan en las márgenes de esos ríos y sus afluentes”.

Queda comprobado que, cuando Alberdi quería, podía reconocer los proyectos expansionistas del Imperio y la importancia del control de los ríos Paraguay, Uruguay, y los que lo harían llegar a Bolivia…y más allá.

Algo que Artigas, Oribe, Lavalleja, Rosas y los demás Federales siempre supieron ver. Con la diferencia que éstos combatieron hasta dar sus vidas y bienes para no dejar expandirse al Imperio brasileño, mientras que Alberdi, cuando el Brasil invadió el Plata, lo apoyó abiertamente en contradicción con lo expresado en alguno de sus textos.

Alberdi, siempre tarde y cuando su veneno ponzoñoso había hecho efecto, se habría dado cuenta del expansionismo brasileño sobre las tierras paraguayas, las Orientales, Entre Ríos, Corrientes y las Misiones.

En el año 1866 reconoció los alcances concretos de la política expansiva de Brasil, que “ocupa ya como parte de su suelo las misiones argentinas orientales, la mitad del Estado del Uruguay, y aspira a tomar un tercio del Paraguay […] La República Argentina ha perdido, en cincuenta años, dos tercios de su territorio. ¿Quién le ha quitado Bolivia, el Paraguay, las Misiones, Montevideo, Magallanes? No es la Europa. – Es el desorden, la falta de gobierno […] La República Argentina perdió Montevideo por mano del Brasil y las Malvinas por mano de los Estados Unidos, que las entregaron a Inglaterra”

Pero también decía “El río Paraguay (…) es necesario a la integridad de Brasil por dos motivos diferentes: porque sirve para asegurarle y conservarle las provincias que hoy posee, y porque basta una sola posesión para darle el territorio del Paraguay, atravesado por él, y las provincias argentinas de Corrientes y Entre Ríos (…) sería para el Brasil tomar las puertas orientales de Bolivia, que son los ríos Bermejo y Pilcomayo”

Alberdi brinda ese esquema, esa estructura jurídica que nos volvería -y que nos vuelve aun hoy día- una factoría inglesa o francesa o de sus lugartenientes en Sudamérica que fueron y son los brasileños.

José María Rosa  nos hacía notar que Alberdi bramaba en 1939, en pleno ataque de los franceses: «llamar hermanos a los nacidos en el mismo suelo es un despropósito; los espíritus universales no somos hermanos de las bestias nacidas en América». También Echeverría decía en 1846, en plena agresión anglo-francesa: ”La patria para ellos no estuvo en la tierra, ni en la historia ni en la sangre, ni en la comunidad. La patria era la  civilización‘. «Nadie es extranjero en la patria universal, la patria es el universo».

El lector dirá:- ¿Y lo que implicó la Constitución Nacional? ¿No fue ello de importancia mayor?

En consonancia del caos que durante décadas asoló nuestro país la Constitución Nacional, que iba a ser la pócima que solucionara todos nuestros problemas e iba a organizar la nación, era un mero ‘librito’ como irónicamente pero con acierto explicaban Facundo Quiroga y Juan Manuel de Rosas.

Es dable notar el desaguisado intelectual en el pensamiento y voz del modelo de constitucionalismo argentino: Juan Bautista Alberdi.

Todos sabemos que la Constitución Nacional tiene como sustento lo escrito por el mencionado en su “Bases y puntos de partida para la organización política de la República de Argentina”, escrita en el año 1852, a pocas semanas de que el gobierno legítimo de su país fuese derrocado por una asonada internacional.

 Eso sí, el escrito rezumaba palabras rimbombantes sobre la libertad y los derechos. Libertad y derechos que ‘no recordó’ el autor al momento de su libelo, cuando aún la sangre de los patriotas federales estaba fresca luego de la masacre. No puede haber hipocresía mayor.

 Pues bien, ese autor constitucionalista ensalzado hasta lo inimaginable lo primero que dice es que la existencia de una Constitución no servía para nada y que era una utopía (sic).

Pareció que esa contradicción flagrante no lo avergonzó ni un ápice ni a él ni a quienes lo alababan.

“Si la Constitución que va a darse ha de ser del género de las dadas o ensayadas hasta aquí en la América del Sur, no valdrá la pena de trabajar mucho para conseguir su sanción. Ya está visto lo que han dado y darán nuestras constituciones actuales….A fuerza de vivir por tantos años en el terreno de la copia y del plagio de las teorías constitucionales de la Revolución francesa y de las constituciones de Norteamérica, nos hemos familiarizado de tal modo con la utopía, que la hemos llegado a creer un hecho normal y práctico. Paradojal y utopista es el propósito de realizar las concepciones audaces de Siéyes y las doctrinas puritanas de Massachusetts, con nuestros peones y gauchos que apenas aventajan a los indígenas. Tal es el camino constitucional que nuestra América ha recorrido hasta aquí y en que se halla actualmente. Es tiempo ya de que aspiremos a cosas más positivas y prácticas, y a reconocer que el camino en que hemos andado hasta hoy es el camino de la utopía. Es utopía el pensar que nuestras actuales constituciones, copiadas de los ensayos filosóficos que la Francia de 1789 no pudo realizar, se practiquen por nuestros pueblos, sin más antecedente político que doscientos años de coloniaje oscuro y abyecto. Es utopía, es sueño y paralogismo puro el pensar que nuestra raza hispanoamericana, tal como salió formada de manos de su tenebroso pasado colonial, pueda realizar hoy la república representativa, que Francia acaba de ensayar con menos éxito que en culturasu siglo filosófico, y que los Estados Unidos realizan sin más rivales que los cantones helvéticos, patria de Rousseau, de Necker, de Rossi, de Cherbuliez, de Dumont, etcétera. Utopía es pensar que podamos realizar la república representativa, es decir, el gobierno de la sensatez, de la calma, de la disciplina, por hábito y virtud más que por coacción, de la abnegación y del desinterés, si no alteramos o modificamos profundamente la masa o pasta de que se compone nuestro pueblo hispanoamericano”

Analicemos puntillosamente este compendio de incoherencias y falsedades  del nuestro ilustre tucumano, nuestro constitucionalista por antonomasia.

Primero, Alberdi –constitucionalista- considera que la existencia de una Constitución es una utopía. Si eso no es una contradicción no sabemos qué es.

Él nos alerta sobre la inutilidad de las teorías constitucionalistas francesas o estadounidenses.

Y nos dice que si las constituciones francesas y estadounidenses han fracasado (a confesión de parte…) no debe extrañarnos que hayan fracasado en nuestro país pues somos un pueblo hispanoamericano compuesto por peones y gauchos que apenas aventajan a los indios.

Difícil encontrar una contradicción mayor.

Por un lado dice que el fracaso del sistema constitucional en nuestro país es porque nuestro pueblo es gaucho e hispano, pero que reconoce que en Francia y los EEUU también ha fracasado.

Entonces, según se deja ver, no es una cuestión de ser hispanoamericano el fracaso del sistema constitucionalista. Esto no lo ve Alberdi en sus disquisiciones y muy orondo lo pasa de largo.

Queda una visión diáfana, a tenor del razonamiento del mismo, deduciendo que si fracasó el sistema constitucionalista en Francia, necesariamente ( no sabemos cómo llega a tal conclusión determinista) debe fracasar en nuestro país que por ser hispano habitado por gauchos, es necesariamente ignorante.

La contradicción se hace más profunda e insalvable cuando dice, finalmente, que para que pueda darse una república ‘representativa’ es necesario que alteremos o modifiquemos “…profundamente la masa o pasta de que se compone nuestro pueblo hispanoamericano”.  Esa nueva contradicción está dada en que antes había dicho que los franceses o estadounidenses han fracasado en ello,  siendo una utopía.

¿No será que el problema, en definitiva, no es una cuestión de nacionalidad o país, sino en que la Constitución, como panacea, es una utopía?. No lo decimos nosotros, lo dice el propio adalid del constitucionalismo argentino.

Cuando Alberdi dice “Es utopía el pensar que nuestras actuales constituciones, copiadas de los ensayos filosóficos que la Francia de 1789 no pudo realizar, se practiquen por nuestros pueblos, sin más antecedente político que doscientos años de coloniaje oscuro y abyecto”…,parece olvidar que él no salió ni es hijo de un francés o de un sueco, sino que es un descendiente español, estirpe de la cual él reniega y que además, sus estudios fueron realizados en una escuela, colegio y universidad con profesores de origen español.

Nada peor que un ignorante y además, perjuro.

Y de la boca del propio tucumano nos enteramos que no importa las coaliciones de esa minoría intelectualoide Unitaria con el extranjero si con ello se logra que nuestro país tenga una Constitución. Todo vale en su nombre

Fue gestor de las normas constitucionales producto de su lucha antinacional para su logro durante tantos años, aunque en realidad es curioso lo que piensa en el fondo de la Constitución escrita, excusa pueril para atacar a la soberanía de su patria.  

Después de haber escrito “Las Bases…” y haber sido un apologista en lograr una Constitución escrita como panacea para la organización nacional, razón por la cual combatió a Rosas, cambió de parecer. En el año 1871 escribió su libro „Cartas Quillotanas‘, en una de ellas llamada „Peregrinación de Luz del Día‟, manifestó una opinión contraria “…Las constituciones escritas en el papel están expuestas a borrarse todos los días; las que no se borran fácilmente son las escritas en los hombres, es decir, en sus costumbres”.

Dice Alberdi: "Nuestra historia constitucional no es más que una continua serie de imitaciones forzadas", y que sus autores se diferenciaban "con las divisas hipócritas de libertad, garantías, constitución", mientras que él ya había dejado "de concebir el derecho como una colección de leyes escritas".

Téngase presente sus permanentes  contradicciones aunque los historiadores liberales han tenido una sospechosa y silenciosa ‘laguna’ acerca de lo sentenciado por su prócer.

Otra contradicción más diciendo que  “la política exterior es la causa del resultado del desarrollo y engrandecimiento del país”. Tranquilícese lector, para el escriba esto es solo válido y  aplicable a todo país, menos al suyo.

Queda manifiesto en esto que las guerras no solo son cuerpo a cuerpo sino que también se dan batallas diplomáticas y la importancia que atribuía a esto Alberdi., tal lo consignado arriba. Por supuesto sin contar con el oro y dinero a raudales que el Imperio brasileño y francés distribuyó gracias a sus banqueros varios como veremos debajo.

¿Cómo? ¿Un padre renegando de su hijo?,

Posteriormente y con los años se desdijo (una y otra vez como los liberales de hoy día), yendo y viniendo fácilmente en sus ideas cambiando de parecer sin ponerse colorado, produciendo un gran daño a nuestra nación. Seguramente sus ideas mutaban según sus intereses de momento como estamos viendo a lo largo de este trabajo.

 No hay perdón para tanta perfidia.

Tarde estimado tucumano. El daño infligido a la nación no tiene cura. El mal desparramado a lo largo de décadas por su verba y sus escritos hizo carne en nuestros líderes subsumiendo los intereses de nuestra nación a los de los foráneos que con la base jurídica que Ud. plantó y estructuró, supieron y saben hasta hoy día exprimirnos en un sinfín de exacciones de nuestros productos y rentas.

Alberdi, fue uno de los propulsores jurídicos más importantes para lograr la libertad de la navegación de los ríos interiores para todos los países del mundo. Esto se vio reflejado en la Constitución liberal de 1853, hija putativa de la derrota de Caseros por la alianza extranjera. El mismo Alberdi que requería imperativamente en su famoso libro ‘Las Bases’ “que la Argentina pidiera y se llenara de préstamos en el extranjero, que empeñáramos nuestras rentas y bienes nacionales para empresas que harán prosperar al país”

Recién en los últimos años de su vida parecería que Alberdi - siempre a destiempo y cuando su veneno ponzoñoso había hecho efecto- se habría dado cuenta del expansionismo brasileño sobre las tierras paraguayas, las Orientales, Entre Ríos, Corrientes y las Misiones. ¿Pero, realmente se arrepintió de su lucha pro-europea y brasileña?. Veremos que no.

Estos supuestos “arrepentimientos‟  -solo epistolares- en las postrimerías de sus vidas por parte de algunos personajes de la historia como Urquiza o Alberdi, más allá de las dudas que generan, aunque fueran ciertos, no sirven para remediar el enorme mal que ambos han hecho a la Argentina soberana aliándose al extranjero en forma tan ruin. ‘Facta, non verba. Facta manent, verba, volant’.

Téngase presente cómo el tucumano, más allá de sus declaradas y cacareados “remordimientos‟ por haber apoyado a los Unitarios en su lucha sediciosa contra el gobierno legítimo de su país, en su trabajo “Los Intereses Argentinos en la Guerra del Paraguay con el Brasil‘, ha justificado las alianzas de los Unitarios con los extranjeros: ―…"¿Qué indujo a Paz, a Lavalle, a Varela, a ligarse con el extranjero, contra el gobierno de su país, en la época de Rosas ? que el exclusivismo e intolerancia contra el ejercicio de toda resistencia constitucional, no deja otro medio de oposición eficaz a los disidentes, que su alianza con el extranjero. Ellos han dado el ejemplo de diez coaliciones con el extranjero para derrocar al gobierno de su país: coaligados sucesivamente con los franceses y los orientales, han entrado al fin de los años en su país por la mano del Brasil‖

Alberdi confiesa que la invasión que Lavalle llevó en 1840 contra don Juan Manuel de Rosas se hizo con dinero francés. El dinero francés fue lo importante, lo demás, secundario. Dice textualmente Alberdi en sus ‘Escritos Póstumos’ (tomo XV pág. 505, edición de 1900), “cuando los fondos estuvieron listos y la opinión preparada, el ejército se formó en un día”” 

En sus últimos años, en un especie de acto de contrición, en 1867 dice en sus ‘Escritos Póstumos’  argumentos cambiantes. En tal sentido ha escrito en su vejez, reconociendo la actitud del liberalismo: “Rosas con su política realista confirmó, afianzó las raíces de nuestra historia en Roma y en la España Imperial Católica. Mientras esto hacía Rosas, "en nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales: Mitre, Sarmiento y Compañía,”. Ha dicho Juan Bautista Alberdi “han establecido un despotismo turco en la historia, en la política y en la biografía de los argentinos... Ellos tienen un Al Corán que es ley aceptar, creer y profesar, so pena de excomunión. . . Sus textos son un código de verdad histórica, refutarlos es violar la ley, es un crimen de estado. . . No todos tienen el derecho de escribir la historia, al menos que no sea conforme a los tipos históricos grabados por los liberales oficiales. De tal historia han deducido una política que es su fabricación”.

 “…Aunque mi pasado político, (de militancia unitaria y liberal), me obstruye un poco, no me impedirá, sin embargo, llegada la oportunidad, que ha de venir, de tributar a la justicia histórica, en obsequio de muchos títulos que le asisten a Rosas, el testimonio público de mis convicciones a su respecto." "En nombre de la libertad y con pretensiones de servirla, nuestros liberales: Mitre, Sarmiento y Cía., han establecido un despotismo turco en la historia, en la política, en la biografía de los argentinos….Ellos tienen un Al Corán que es ley aceptar, creer y profesar, so pena de excomunión. ..Sus textos son un código de verdad histórica, refutarlos es violar la ley, es un crimen de estado. ..No todos tienen el derecho de escribir la historia, al menos que no sea conforme a los tipos históricos grabados por los liberales oficiales., De tal historia han deducido una política que es su fabricación."

Lo que nos lleva a darnos cuenta que en realidad a él como a algunos otros como Sarmiento reconocieron, sin sonrojarse, luego de la caída de Rosas que el gobierno del Restaurador fue muy bueno y honesto.

Tarde. Sumamente tarde. Insustancial.

Debemos recordar, cosa que no hace Alberdi, que él fue uno de los promotores durante muchos años de derrocar a un gobierno legítimamente representativo, sensato, calmo, disciplinado.

‘Representativo’ pues el gobierno de la Confederación al mando del Brigadier. General J.M.de Rosas fue elegido por la Sala de Representantes de Buenos Aires, casi por unanimidad ratificado el mismo por plebiscito y por la existencia de los distintos pactos interprovinciales que le dieron marco legal a su actuación internacional.

Fue ‘sensato’ porque siempre puso su renuncia o su no reelección a disposición de dicha Sala.

Fue un gobierno ejercido con ‘calma y disciplinado’ aun en los momentos de mayor agresión por parte de los sediciosos unitarios y sus socios extranjeros ingleses y franceses.

Para Alberdi daría la idea de que la representatividad solo se da a través de una Constitución, aunque también decía lo contrario como hemos visto arriba.

Incomprobable, más cuando la misma no es más que efecto de una acción sediciosa por fuerzas internacionales y los enciclopedistas Unitarios que ninguna representación tuvieron jamás nuestra tierra y solo accedieron al poder por el derrocamiento de su legal gobierno, lo que –como veremos- vuelve a la cacareada Constitución de 1853 insanablemente nula.

Hagamos un somero análisis el contenido de nuestra pretendida Constitución ‘Federal’ (sic), que no es tal.

Lo antes mencionado y acontecido hasta el día de hoy demuestran la falsía de lo que allí se ordena, siendo finalmente lo que vislumbró Facundo Quiroga y J. M. de Rosas: solo un ‘cuadernito’ que permitió al centralismo unitario y liberal que sucedieron a Caseros adueñarse del país y venderlo al mejor postor.

Porque todas las constituciones que rigieron y rigen en nuestro país no son más que palabras sin consonancia alguna con nuestra realidad, con nuestra idiosincrasia hispana a contrapelo de nuestras necesidades como Nación. Sin olvidar que el Pacto Federal de 1931 obró como una verdadera Constitución que organizó el país basado dicho pacto en nuestra esencia y rasgos culturales. Porque una ley no crea los hechos, los consagra.

Solo el empirismo puede ser el sustento de una sana soberanía política y económica alejado de ideologismos extraídos de mentes absortas de la realidad que las circunda.

El faro intelectual de los ideologismos imperantes en nuestro país en la época del gobierno soberano de Juan Manuel de Rosas y luego de su caída ha sido Juan B. Alberdi que con  sus extravagancias desquiciadas junto a  Sarmiento, Agüero, los Varela, los Alsina, Salvador María del Carril, Mitre hoy  son homenajeados con estatuas, calles y monumentos, pero cómo,¿la Constitución no era Federal, según su texto?, entonces si es así ¿por qué nuestros ‘próceres’ de escuela son todos Unitarios?.

Alberdi en un rosario de sus pensamientos llevados a la pluma nos ilustra sin ruborizarse lo que los ideólogos a contramano de la realidad del país intentaron: la entrega vil de nuestra soberanía política, económica y territorial, tan en contraposición al empirismo que debe primar en las decisiones políticas en aras de la conservación en todo tiempo de la integridad de nuestra nación.

Reproducimos, en lo tocante a este tema, lo dicho en nuestro trabajo anterior en un anexo de actualización para observar en pensamiento de los ideólogos liberales de ayer ( y de hoy) en contraposición al empirismo, a la necesidad de actuar según la experiencia fáctica.

De la boca del propio tucumano nos enteramos que no importa las coaliciones de esa minoría intelectualoide unitaria con el extranjero si con ello se logra que nuestro país tenga una Constitución. Todo vale en su nombre.

Tal la estrechez mental del afamado tucumano.

Puede inferirse que los supuestos ‘arrepentimientos’  de Alberdi lo fueron solo para la posteridad que él presentía le iba a pedir cuentas. Fue un utópico, lo que significa un abstraído de la realidad de su país y tirano de la esencialidad de su patria.

Es dable observar que más allá de las supuestas ‘marcha-atrás’ en sus argumentaciones filosóficas jacobinas, continuó en el tiempo afirmando su ideario de ser sojuzgados por Francia o Inglaterra..

Y es más, el mismo declara muy orondo su pensamiento anti-argentino en sus ‘Escritos Póstumos’  en su libelo ‘Acontecimientos Del Plata En 1839 Y 1840 -Recuerdos – impresiones - pensamientos‘.

En él se resume en forma puntillosa un resumen perfecto de lo infectado por las ideas de la Revolución Francesa los cerebros de nuestra juventud de aquellos días, llamada pomposamente Generación del ’37, supuestamente dorada, pero realmente antiargentina y pro-francesa hasta la médula.

Oigamos de la boca del propio Alberdi el pensamiento malsano de aquellos unitarios que como documento insoslayable nos pinta de cuerpo entero el embotamiento moral y mental de aquellos, que con sus ditirambos y léxico florido y grandilocuente pero falto de realidad, intentaron a bajo el terror lograr la ‘cuadratura del círculo, como ya se dijo anteriormente.

“La juventud- dice Alberdi- abrazó las ideas, se asoció, escribió sus creencias; emprendió  una propaganda por la asociación, por la palabra, por la prensa; invadió la literatura, la crítica, la ciencia, la historia; renovó el recuerdo de las glorias nacionales; acaloro los ánimos; elevo los espíritus la concepción y la esperanza de un porvenir de libertad y de dichas.

Es decir, que todo medio sirve para voltear a un gobierno nacional, legítimo sostenido por el pueblo, no importa acudir a lo que sea ni decir lo que haga falta para tal fin. Porque queda claro que para Alberdi, el fin justifica los medios

Sigue diciendo nuestro prócer liberal: “El año 37 vino cambiar la faz de las cosas. Tres cuestiones extranjeras se suscitaron con el gobierno de Buenos Aires. Bolivia, el Estado Oriental y la Francia. Tuvieron reclamaciones que hacer, de Rosas, a mano armada. Se comprendió, entonces, que un cambio inmediato era posible viniese de fuera la República Argentina”.

Un país extranjero reclamaba a mano armada al gobierno del propio país del escriba y no solo no se sonroja ni se indigna Alberdi con lo dicho, sino que falto de todo pudor lo desea y lo alienta:

Como se puede leer, la Confederación Argentina se deshacía: se perdía Tarija, la Banda Oriental y mientras, Francia, se abalanzaba sobre nuestro país….el anhelo de Alberdi de la intervención estaba cerca. La traición del tucumano quedaba plasmada en sus deseos más fervientes, ya que el “país no tenía elementos suficientes de reacción y que era indispensable para hacer girar la rueda de la revolución adoptar un eje extranjero”.

Y que no solo Bolivia y el Estado Oriental en manos de los unitarios y brasileños podían ayudar a que esto sucediera, sino que principalmente –para Alberdi- la Francia era la que mayor esperanza le daba para tales fines pues “La juventud  se contrajo establecer la cuestión francesa en provecho de la revolución. En esto siguió el instinto del país. Uno y otro fueron hábiles para prescindir del derecho en la cuestión, y mirarla solo del lado de la utilidad revolucionaria; sin incurrir, por supuesto, en los temores ineptos de conquista respecto de la Francia”.

Esta enorme traición reconocida por el propio Alberdi alentando a la juventud unitaria y liberal para coadyuvar a la intervención de una nación extranjera en su propio suelo con tal de derrocar a Rosas y su gobierno nacional llega hasta el hecho de prescindir del derecho y mirar solo la utilidad revolucionaria, pues total para estos cerebros embotados por las ideas jacobinas francesas no existía el temor de que Francia viniera a conquistarnos pues ellos comulgaban con las ideas de los unitarios en un festín de hermandad y fraternidad.

No se sabe que deplorar más de los unitarios en lo que respecta a la entrega bochornosa de su país a manos de los franceses e ingleses, si su mala fe en sus pensamientos y acciones o su supina y estulta ignorancia de la realidad de la política mundial. Igualmente, los anglo-franceses se aprovecharían de ellos para el logro imperial de sus intereses.

Creo que los Unitarios y las mentes europeizadas no conocían el criterio madre de la diplomacia inglesa dicha por Lord Palmerston también aplicable a Francia: “Inglaterra no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes; solo intereses permanentes”. Pareciera que Alberdi, entre otros, desconocía los crudos y sempiternos principios políticos ingleses y franceses.

Así esa ignorancia o mala fe como un irrefrenable anhelo –según Alberdi-  los hacía “ver entrelazada la bandera tricolor, con las banderas de las repúblicas del Plata, para simbolizar en lo futuro la fraternidad de nuestros pases con la civilización europea, haba sido mi sueño desde la aparición de la cuestión francesa en Buenos Aires.

Nada importa más a Alberdi y a todo la intelectualidad bañada en los principios masónicos y el racionalismo  iluminista que ver a a los franceses entrando en nuestro país y dominándolos pues “…Nosotros no creeremos jamás en la guerra inconcebible y absurda entre banderas que con distintos colores, son la expresión rica de un mismo dogma, de un mismo sistema, de una misma creencia”…pues para Alberdi “en Mayo de 1810 sobre la orilla occidental del Ro de la Plata, un pueblo que es la Francia de la América, di la señal los pueblos del nuevo continente de entrar en la ruta que la Francia acababa de abrir para el mundo”.

Que quede comprensible para todos: Argentina es la Francia de América. O sea, una colonia francesa y además, renegando de nuestra herencia hispana.

Ante tal reconocimiento por parte de Alberdi de que su más ferviente deseo es ser una colonia francesa, y ante la previsión de que se lo tachara de traidor a su patria, él se adelanta a tal juicio diciendo “Al inclinarnos, pues, ante la nobleza de la Francia, nosotros no cometemos un acto de traición al suelo americano. Nosotros traicionamos al tirano si es que se puede ser traidor con un tirano para ser fieles la patria que este tirano despedaza. ….Y no nos detendremos en el fútil reparo de que aceptamos aliados extranjeros. Mi y mil veces volveremos sobre esto, y nosotros haremos ver que lejos de ser una mengua para las nacionalidades americanas, la injerencia protectora de la primera nación de la Europa en nuestras cosas, ella es el principio de una política nueva y vasta que tendrá por resultado ulterior el establecimiento de una solidaridad fecunda entre las libertades y los intereses progresivos de ambos mundos.

Como dijimos arriba, no sabemos si deplorar más la vileza de la traición a su patria de Alberdi, su ignorancia sobre los intereses políticos de las naciones del mundo o su inocencia que raya en la estupidez. O todo junto.

El criterio de Alberdi está claro: no aceptamos un gobierno soberano porque no comulga con las ideas de la iluminada Francia. Entonces debemos aliarnos a la Francia fraterna para socavar los cimientos, el territorio y la libertad de la Argentina por una cuestión de solidaridad de ideas y principios. No debemos detenernos en minucias como en los reparos fútiles de ser aliados a extranjeros y vendernos por unos ‘denarios’ a nuestro patrón. Todo está permitido con tal derrocar a un gobierno soberano que no comparte las ideas internacionalistas

En efecto, el constituyente Gorostiaga, hizo la redacción final de la mentada Constitución de 1853 tomando muchos de las ideas del masón Alberdi, en especial sobre la libertad de la navegación de los ríos interiores. Esto ha sido una consecuencia necesaria de los compromisos asumidos por Urquiza con sus socios, los brasileños, y todos sabemos que el Brasil estaba sometido al Imperio Británico desde siempre y ahora también a Francia. Lo de la navegabilidad libre de los ríos interiores no existía en ningún lugar del mundo.

Y lo ejemplifica  Alberto González Arzac: ”..Si usted le decía a un europeo que el Támesis, o a estadounidense que en el Mississippi debía tener libre navegación, que todas las banderas podían pasar por ahí, sin pagar derecho de aduana y como se les cantase, le diría que está loco, que eso es territorio propio. Era una época en que no había asfalto, no había caminos, ni ferrocarriles; tampoco había aviones. ¿Cuál era el asfalto? Eran los ríos, los ríos navegables, por ahí pasaba el comercio. ¿Cómo iban a tener libre navegación? Era abrir el país de una forma demencial. Esto es lo que consagró la Constitución de 1853; abrió el país de una manera tan demencial que terminamos siendo colonia después de haber declarado la Independencia”.

Debemos tener presente que sus acciones no fueron movidas por patriotismo sino por ideologismo abstracto y, por ende, por lucro personal a costa de su propio gobierno que ellos ya reconocieron justo y soberano pero que a pesar de ello no trepidaron en combatirlo con la palabra y con acciones, hasta destruirlo.

El daño que provocó Alberdi con su pensamiento, doctrina y acción a lo largo de su vida no puede ser remediada con larvados seudo-reconocimientos de sus errores al final de su vida. Típico accionar logista.

Su supina ignorancia vivencial se manifiesta en su frase “Utopía es pensar que podamos realizar la república representativa, es decir, el gobierno de la sensatez, de la calma, de la disciplina, por hábito y virtud”.

Bueno, el tucumano entiende que la representatividad se da exclusivamente con una Constitución. Si no hay Constitución, no hay representatividad. Que solo la representatividad emanada de una Constitución nos da un gobierno sensato, calmo, disciplinado por hábito y virtud.

Alguien debiera haberle recordado que Inglaterra, la nación más poderosa sobre la tierra no tenía ni tiene constitución escrita. Alguien debiera haberle recordado que la Confederación Argentina no estaba huérfana de leyes: tenía un cuerpo jurídico completo producto de los diferentes pactos, en especial el Pacto Federal de 1831 que sirvió perfectamente de sostén de la unidad de la patria.

Pero eso parece no importar, es un detalle, una excusa pueril para conquistarnos y someternos, ya de manera ininterrumpida desde el 3 de Febrero de 1852 en que –como decía José Antonio Primo de Rivera- comienza la ‘Hora de los Enanos’ y que se perpetúa hasta el presente.

El estimado lector se preguntará “¿hasta cuándo la existencia del sojuzgamiento de nuestra patria?”. La respuesta es única y simple: “Hasta que un criollo venga a mandar”, como decía José Hernández en su Martín Fierro. 

Mientras tanto, la soga sobre nuestro cuello se aprieta día a día más y más….

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FUENTES


ALBERDI, Juan Bautista (‘Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina’ Cap.30)

ALBERDI, Juan Bautista (“Escritos Póstumos”-Tomo X- Imprenta de M.Biedma e Hijo- 1897, ~, págs. 155, 157 y 161 y Tomo XV, pág.505, edición de 1900).-

ALBERDI, Juan Bautista (‘Acontecimientos Del Plata En 1839 Y 1840-Recuerdos – impresiones – pensamientos’ en ‘Escritos Póstumos’ , Tomo 15, Pags.433 a 457- Corte Suprema de Justicia de la Nación-Biblioteca Central-Nro.de Orden 68.942-Ubicación X765)

ALBERDI, Juan Bautista (“Obras Selectas‘-Tomo X, pag. 86 y Tomo XIII (‘del Gobierno en Sud América‘)-Librería La Facultad de Juan Roldán-1920)

ALBERDI, Juan Bautista (“Fragmento Preliminar Al Estudio Del Derecho‘‘ en Obras Completas, I, 131)  

BONDESIO, Alberto J. (“Las Sociedades Secretas Antes Y Después De Caseros”) en el periódico “El Restaurador”- Año VII - N° 28 - Septiembre 2013)

CADY, John F., La intervención extranjera en el Río de la Plata, 1838-1850, Buenos Aires, Losada, 1943

FERNS, H.S., (“Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX”, Buenos Aires, Solar-Hachette, 1968)

GONZÁLEZ ARZAC, Alberto (“Caudillos y Constituciones”-Ed.Instituto de Investigaciones Históricas J.M.de R. -1994)

MONTORO GIL, Gonzalo Vicente. (“J.M.de Rosas.-Aspectos Poco Conocidos de su Vida y su Familia’- El Mensajero De La Confederación Argentina blogspot  -actualizado a Febrero 2018).

 

MONTORO GIL, Gonzalo Vicente. (‘El Empirismo Organizador Como Base Para La Restauración De La Soberanía Nacional’-

www.elmensajerodelaconfederacionargentina.blogspot.com- 27-2-19

MONTORO GIL, Gonzalo Vicente (“De Artigas a Rosas-El Sueño Trunco de la Patria Grande”-2020 - El Mensajero De La Confederación Argentina blogspot)

MONTORO GIL, Gonzalo Vicente ( “ Sobre El Mito 'Sarmiento' ( O La Radiografía De Un Fabulador)- https://elmensajerodelaconfederacionargentina.blogspot.com/2019/02/el-mito-sarmiento-o-radiografia-de-un_25.html)

MONTORO GIL, Gonzalo Vicente  (“Gregorio Aráoz De Lamadrid: Otro Homenaje A Un Traidor A La Nación”-Https://Elmensajerodelaconfederacionargentina.blogspot.com/2019/03/gregorio-araoz-de-lamadrid-otro.html)

MONTORO GIL, Gonzalo Vicente  (“Juan Galo Lavalle, (Semblanzas de un Súbdito Francés”) https://elmensajerodelaconfederacionargentina.blogspot.com/2020/11/juan-galo-lavalle-semblanzas-de-un.html) )

PEREYRA, Carlos, (“Rosas y Thiers- La diplomacia europea en el Río de la Plata 1838-1850”, Biblioteca de la juventud hispana-americana, Editorial América, Madrid 1919

RECALDE, Aritz (“Juan Bautista Alberdi y el Brasil‘  - Proyecto de Investigación ―Modelos de desarrollo Argentino Brasileño‖, UNAJ – Secretaría de Política Universitaria- - Febrero 2016)

ROSA, José María (“La Caída de Rosas”‘-Editorial Punto de Encuentro-Buenos Aires. 2010)  

ROSA, José María, (“Historia Argentina. Tomo IV: Unitarios y federales (1826-1841)” -, Editorial Oriente, Buenos Aires, 1972

SALDÍAS, Adolfo (“Historia de la Confederación Argentina, Buenos Aires, Juan C. Granda, 1967)

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SCALABRINI ORTIZ, Raul (‘Política Británica en el Rio de La Plata’- Ed. Fernández Blanco-1957. Pag. 53)

TRÍAS, Vivián (‘Juan Manuel de Rosas’-Cámara de Representantes de la R.O.U.-Montevideo 1987)

 

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jueves, 19 de noviembre de 2020

miércoles, 11 de noviembre de 2020

viernes, 6 de noviembre de 2020

CAPITÁN DE NAVÍO HIPÓLITO BOUCHARD (El Marino Que Hizo Flamear Por El Mundo La Bandera Azul y Blanca)

 CAPITÁN DE NAVÍO HIPÓLITO BOUCHARD 

(El Marino Que Hizo Flamear Por El Mundo  La Bandera Azul y Blanca)


Gonzalo V. Montoro Gil



Hipólito Bouchard se llamaba en realidad André Paul Bouchard, francés, pero al morir su hermano mayor decidió cambiarlo y adoptar el del fallecido, Hippolyte. Era muy común que aquellos que llegaban del extranjero a vivir en Sudamérica, castellanizaran su nombre o directamente lo cambiasen por uno hispano.

Nacido cerca de Saint-Tropez, Francia el 15-1-1780 y muere el 4-1-1837 en Nazca, Perú. Luchó al servicio de las Provincias Unidas del Rio de La Plata y del Perú.

No es el objeto aquí buscado una biografía completa de Bouchard sino algunos pasajes de su vida que consideramos menos conocidos pero justamente más ricos por su singularidad.

Fue siempre un marino revolucionario y hábil estratega. Peleó en California, Centroamérica, Perú y Ecuador como un avezado marino.

El 2 de marzo de 1811, en San Nicolás de los Arroyos, tuvo su bautismo de fuego defendiendo a la revolución argentina al enfrentarse, al mando del bergantín 25 de Mayo, a la escuadrilla realista comandada por el capitán de navío Jacinto de Romarate. Después del Combate de San Nicolás, Bouchard tuvo una destacadísima actuación enfrentándose a las naves españolas que bloquearon Buenos Aires entre los meses de julio y agosto de 1811.

En 1812, con 31 años,  se puso a las órdenes de San Martín, fue Granadero muy joven y acompañó al Libertador en la epopeya de la Batalla de San Lorenzo ( como militar, no como marino), el 3 de Febrero de 1813.

Las Provincias Unidas del Rio de La Plata tuvo el privilegio en la cumbre de su soberanía de llevar por los rincones más alejados de la tierra, la bandera azul y blanca y plantarla en distintos lugares remotos del planeta.

Junto al irlandés Almirante Guillermo Brown, al maltés Juan Bautista Azopardo y al porteño Tomás Espora fueron los más prestigiosos marinos que nuestra Armada supo tener. Un cuadriunvirato que dio gloria eterna a nuestro país llenado de páginas heroicas a nuestra armada.

Luego de finalizada su actuación con los Granaderos,  El 12 de septiembre de 1815 se le otorgó patente de Corso para ponerse al mando de la corbeta ‘Halcón’  un barco de construcción francesa no muy sólido en su estructura.

Los oficiales de la nave eran principalmente franceses, pero el Segundo Comandante, Robert Jones, era de origen inglés, y se contaba con la presencia del Capitán chileno, Ramón Freire 

Guillermo MASCIOTRA nos dice que juntos, el Almirante Brown, Hipólito Bouchard, Tomás Espora  y Juan B. Azopardo comienzan su periplo por el Océano Pacífico.

“En 1815 el Gobierno de Buenos Aires ante las noticias de la inminente zarpada desde España de la Expedición del Gral. Pablo Morillo, destinada al Río de la Plata o al Caribe para cumplir con los designios de la Santa Alianza y el Congreso de Viena, decide la creación de una fuerza naval corsaria, para apoyar los movimientos insurreccionales en los dominios españoles del Pacífico.

En concordancia con el pensamiento del Gral. San Martín de llevar la guerra de la independencia más allá de los límites del antiguo Virreinato del Río de la Plata, se firma un convenio de corso al Mar del Sur con Brown, que había sido convocado nuevamente.

En esta oportunidad alista a la fragata ‘Hércules’, veterana de la campaña de 1814 y de su propiedad y el bergantín ‘Santísima Trinidad’ aportado por el gobierno, más la goleta ‘Constitución’ de propiedad de patriotas chilenos y la goleta ‘Halcón’ al mando del ex - oficial de Granaderos a Caballo Hipólito Bouchard, armada por un empresario porteño y mando independiente.

A punto de partir la expedición se le ordena a Brown, que permanezca en Buenos Aires y delegue el mando en Miguel Brown. Esta contraorden lesiva a los intereses de la expedición es desobedecida por el marino que zarpa hacia el cabo de Hornos, donde se pierde en un temporal la Constitución, se une con Bouchard en el sur de Chile y deciden actuar en conjunto.

En 1816 bloquean el puerto del Callao, apresan buques españoles con su valiosa carga e interrumpen el tráfico marítimo con los puertos de Chile. Entre las presas está la famosa fragata ‘Consecuencia’, luego rebautizada ‘La Argentina’ y que llegara hasta Monterrey, Madagascar y las Filipinas en su crucero de corso con Hipólito Bouchard.

Atacan Guayaquil, otra plaza fuerte española, donde en el poco navegable río Guayas, Brown cae prisionero y finalmente es liberado por gestión de su hermano Miguel Brown.

Parten los corsarios rumbo a las islas Galápagos, donde separan las rutas de corso y las presas, llegando así a las costas de Colombia, donde desembarca refuerzos para los rebeldes que enfrentan a las tropas del Gral. Morillo”.

Respecto a Monterrey, México, Mariano SARAVIA nos da un pormenorizado relato de las peripecias de Bouchard en el mismo sentido que referimos antes con Masciotra.

El autor citado nos dice que la aldea de Monterrey tenía unos 400 habitantes y la guarnición estaba integrada por 65 soldados.

Que si bien hoy Monterrey es una pequeña ciudad de 30 mil habitantes, durante la colonia española y luego de la independencia de México, fue la capital de Alta California. Sepamos todos que allí alguna vez flameó la bandera argentina. 

Veamos cómo fue.

Fue en noviembre de 1818, exactamente hace 197 años. Durante seis días, entre el 24 y el 29 de noviembre, California fue de la Argentina, o mejor dicho de las Provincias Unidas del Río de la Plata, merced a la osadía de Hipólito Bouchard y sus corsarios argentinos, a bordo de dos barcos de guerra, la fragata ‘La Argentina’ y la corbeta ‘Chacabuco’.

Los corsarios eran una especie de piratas pero con permiso de los Estados, llamado patente de corso.

El tema funcionaba más o menos así: cualquier marino podía equipar un buque privado bajo la bandera que le otorgaba la patente, para atacar barcos enemigos y saquearlos, quedándose con parte del botín. Mediante esta metodología, los corsarios argentinos obtuvieron 150 buques entre 1814 y 1823. Era necesario empezar a conformar una proto-escuadra y, además, llevar la guerra de la independencia contra España al mar, y atacar objetivos estratégicos alrededor del mundo. Los pioneros de esta forma de guerrear a favor de la Argentina fueron el irlandés Guillermo Brown, el francés Hipólito Bouchard y el maltés Juan Bautista Azopardo.

Así, entre 1817 y 1819, Bouchard emprendió un viaje de circunnavegación para hostigar a los españoles principalmente en el Atlántico, Indonesia, Filipinas, el Pacífico, California, México, Centroamérica y las costas occidentales de Sudamérica. En esos casi dos años, libró diez batallas y capturó 26 barcos.

El periplo de Hipólito Bouchard en 1817 está cargado de simbología para los argentinos. No sólo su nave llevaba el nombre "Argentina" muchos años antes de que esa fuese la denominación oficial de nuestro país -así bautizó él a este barco "recuperado" en su campaña en las costas chilenas y peruanas a las órdenes de Guillermo Brown– sino que zarpó de Buenos Aires el 9 de julio de 1817, fecha del primer aniversario de nuestra Independencia, llevando consigo varias copias del Acta firmada en Tucumán, para dar a conocer al mundo el surgimiento de una nueva Nación




La primera gran acción fue en la isla de Madagascar, donde Bouchard y sus corsarios estuvieron varios días combatiendo a los traficantes de esclavos e impidiendo embarques de seres humanos, fieles al espíritu del gobierno argentino que ya en la Asamblea del año 13 había decretado la “libertad de vientres.

Luego libraron batallas contra piratas malayos en cercanías de Java y contra los españoles en las Filipinas. Superadas estas acciones, Bouchard pensó en torcer el rumbo hacia el Atlántico y en la isla de Santa Elena liberar a Napoleón Bonaparte, a quien admiraba profundamente. Pero la tripulación no estuvo de acuerdo y entonces se dirigieron a Hawái, que en ese tiempo era un reino independiente en medio del Océano Pacífico. Allí, encontraron la corbeta ‘Chacabuco’, que había sufrido un motín en Chile y había sido conducida hasta allí por los marineros amotinados.

Bouchard parlamentó varios días con el rey Kamehameha I de Hawái y luego de llegar a un acuerdo económico, no sólo recuperó la Chacabuco, sino que además según algunos autores habría conseguido que Hawái fuera el primer país fuera de Sudamérica en reconocer la soberanía de las Provincias Unidas del Rio de La Plata.

Es interesante detenernos en las peripecias de Bouchard con sus corsarios en un lugar tan alejado de Buenos Aires:

Miguel Ángel DI MARCO dice que “El 17 de agosto de 1818, Bouchard arribó a la bahía de Kealakekua, donde se encontraba un pequeño puerto, en la costa oeste de la isla de Hawái. Al fondear, una canoa tripulada por nativos se les acercó y les informó, en un rudimentario inglés, que en el puerto se encontraba una corbeta que pertenecía al rey Kamehameha I  pero que anteriormente había sido española. También les indicaron que la noche anterior había zarpado una fragata con rumbo desconocido.

Bouchard decidió perseguir la fragata, que pronto tuvieron a la vista porque la falta de viento la había clavado en el mar. A la vuelta se encontró con una goleta que le pertenecía ‘Santa Rosa’ por lo que decidió reunirse con el rey Kamehameha I vestido con su uniforme de Teniente Coronel de las Provincias Unidas del Río de La Plata.

Durante el encuentro, Bouchard le demandó la devolución de la corbeta. Sin embargo, el rey argumentó que había pagado por ella y que merecía una compensación. Diversos autores afirman que durante esta reunión Kamehameha I reconoció la soberanía de las Provincias Unidas; no obstante, otros autores desestiman esto argumentando que Bouchard en su diario nunca mencionó la firma de un instrumento tan importante, y que resultaba lógico ya que el corsario no tenía la autoridad para hacerlo” ​

Alejandro y Mariana ROSSI BELGRANO dicen que “Tras la negociación, Bouchard regreso a la bahía de Kealekekua, acondicionó la ‘Santa Rosa’ y esperó que el rey le enviase las provisiones acordadas. Como esto no ocurría, se dirigió con sus barcos de guerra a reunirse nuevamente con el monarca en su residencia de Kailua.7​ Frente al riesgo que entrañaban dos barcos de guerra en su capital, Kamehameha le indicó que podría aprovisionarse en Maui […].recalando en Honolulu​ allí conoció al jerezano Francisco de Paula y Marín, a quien nombró representante de las Provincias Unidas de Sudamérica y capitán de los ejércitos”.

El 1 de octubre fondeó en la isla de Kauai. Tras reaprovisionarse de víveres, municiones y contratar a ochenta nuevos tripulantes, la flota partió rumbo a California continuando su raid interminable por el ancho pacífico.

Sigue diciendo SARAVIA “Fortalecidos los corsarios argentinos y envalentonado Bouchard, pusieron proa a California, donde esperaban hostigar a los españoles, obtener nuevos botines y vengar las derrotas de los patriotas mexicanos (sobre todo el fusilamiento del cura Morelos).

Pero sobre todo, Bouchard procuraba cortar la comunicación marítima de California con los puertos de Acapulco, Lima y Valparaíso. Eso era estratégicamente importante, porque por tierra, esas colonias estaban separadas del resto del mundo por un hostil desierto.

El Gobernador de Monterrey, Pablo Vicente Solá, fue advertido de la aproximación de los corsarios argentinos, y tomó recaudos: ordenó que todos los objetos del culto de valor (cálices, joyas y ornamentos) fueran guardados en cajones y mandados al interior, que las mujeres y los niños también fueran puestos al resguardo y que se arreara el ganado tierra adentro, al igual que las provisiones de pólvora. La aldea tenía unos 400 habitantes y la guarnición estaba integrada por 65 soldados.

El vigía de Punta de Pinos (en el extremo de la Bahía de San Carlos Monterrey) dio la alarma cuando el 20 de noviembre al atardecer vio las velas de los barcos corsarios con una bandera desconocida. Los españoles se pusieron en guardia y cargaron los cañones, pero Bouchard decidió esperar un poco. Concentró la tripulación de asalto en la corbeta ‘Chacabuco’, que tenía menor calado y era mejor para aproximarse a tierra sin encallar.

 

Bahía de San Carlos de Monterrey


Cerca de las 12 de la noche, la corbeta ancló en la bahía, pero demasiado cerca del fuerte, al alcance de los cañones. Al amanecer, la artillería enemiga hizo que la corbeta se rindiera. Sin embargo, durante el día los realistas no se apoderaron de la misma, quizá por falta de embarcaciones.

Bouchard entonces ordenó acercar la fragata ‘La Argentina’ y apoyar a la corbeta con más hombres. Al caer la nueva noche, los realistas bailaban y festejaban su triunfo. En sus memorias, Bouchard escribe: “Yo formé en este momento el designio de acabar con su alegría… Con el ruido de la fiesta que tenían, nada percibían, y así yo saqué toda la gente quedando sólo los heridos, que fue necesario dejar para no hacernos sentir con sus quejidos”.

En la madrugada del 24 de noviembre, entre las sombras del amanecer, desembarcó Bouchard al frente de 200 infantes a una legua del fuerte. Primero aparecieron unos milicianos a caballo para intentar detener a los corsarios argentinos, pero el teniente Espora los hizo escapar. Entonces atacaron el fuerte y encontraron menor resistencia de la que esperaban. Luego de una hora, la bandera azul y blanca ondeaba en el fuerte de Monterrey, donde antes había estado la roja y amarilla.

Desde ese día, y hasta el 29, los corsarios argentinos se apropiaron de todo el ganado que pudieron, de algunos objetos de valor que consiguieron, y antes de abandonar Monterrey incendiaron el fuerte, el cuartel de artilleros, la residencia del gobernador y las casas de los españoles. Pero respetaron las iglesias y las casas de los americanos.

Mientras tanto, el gobernador se encontraba a cinco leguas, esperando refuerzos que llegaran de San Francisco y de San José, que llegaron tarde.

Luego de zarpar de Monterrey, la Argentina y la Chacabuco se dirigieron a la misión de Santa Bárbara, una de las más importantes de toda California, donde luego de un intercambio de prisioneros, siguieron viaje.

El 16 de diciembre sí desembarcaron en San Juan de Capistrano, donde luego de una escaramuza, tomaron el pueblo. Luego de llevarse algunos objetos de valor, incendiaron las casas de los españoles, aunque como siempre, respetaron iglesias y casas de americanos.

Luego, los corsarios argentinos siguieron viaje rumbo al sur, porque no tenían un proyecto político de anexión de territorios, sino que sus objetivos, como se ha dicho, eran sólo hostigar a los españoles en los mares y obtener botines de guerra. Aunque no es menor la tarea que hacían en representación del gobierno argentino.

Por ejemplo, en sus siguientes destinos centroamericanos, dejaron sembrada la semilla de la libertad, al punto tal que luego las banderas de los futuros Estados independientes fueron todas parecidas a la bandera argentina: las de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Pero esa, esa es otra historia…”. 

Parecidos datos nos da el citado DI MARCO en una narración basado en documentación fidedigna:

“Bouchard decidió navegar hacia las costas de California, donde esperaba aprovecharse del comercio español. Sin embargo, las autoridades españolas conocían las intenciones del corsario ya que el 6 de octubre la nave Clarion les había informado que dos naves corsarias se preparaban para atacar las costas californianas.13​ El gobernador territorial  que residía en Monterrey, ordenó retirar de la ciudad todos los objetos de valor y que se transportaran a una distancia considerable las dos terceras partes de la provisión de pólvora.

El 20 de noviembre de  1818 el vigía de Punta de Pinos, ubicado en uno de los extremos de la bahía de Monterrey, avistó a las dos embarcaciones argentinas. Tras avisar al gobernador, se prepararon los cañones de las costas, se puso en armas a la guarnición y se envió a la misión de Soledad a las mujeres, niños, ancianos y personas incapacitadas para pelear.

Bouchard se reunió con sus oficiales para diseñar el plan de ataque. El oficial Corney ya había estado en dos oportunidades en Monterrey, por lo que conocía la profundidad de la bahía. Se determinó utilizar para el ataque la corbeta Santa Rosa, ya que el gran calado de la fragata La Argentina podía producir que esa embarcación encallase, y se concentró allí la tropa de desembarco. La fragata tuvo que echar al agua varios botes para que la remolcaran lejos del alcance de la artillería española. Una vez remolcada, Bouchard envió hacia la Santa Rosa al capitán Sheppard junto a 200 hombres armados con fusiles y lanzas.

La corbeta Santa Rosa, al mando del oficial Sheppard, ancló a las doce de la noche en las cercanías del fuerte. Debido al cansancio que sufrían los hombres, tras remolcar la fragata y remar hacia la corbeta, Sheppard decidió no atacar de noche. Con la primera luz del día descubrió que había anclado demasiado cerca de la costa, y que a pocos metros se encontraban la artillería española lista para atacarlos. El capitán decidió abrir fuego, pero tras quince minutos de combate la corbeta debió rendirse.14​ Desde la fragata, Bouchard vio cómo sus hombres eran derrotados, pero también observó que los españoles no intentaron apoderarse de la Santa Rosa ya que carecían de embarcaciones. El corsario ordenó levar anclas y moverse en dirección al puerto. Sin embargo, debido al calado de la fragata, no podía acercarse lo suficiente como para abrir fuego. A las nueve de la noche comenzaron las tareas para trasladar a la fragata a los sobrevivientes de la corbeta.

En la madrugada del 24 de noviembre, Bouchard ordenó a sus hombres que se pusieran al mando de los botes. En las embarcaciones, comandadas por Bouchard, se encontraban 200 hombres, 130 armados con fusiles y 70 con lanzas. Desembarcaron a una legua del fuerte, en una caleta oculta por las alturas. La resistencia del fuerte fue muy débil, y tras una hora de combate fue enarbolada la bandera argentina.15​ Los argentinos tomaron la ciudad durante seis días, en los que se apropiaron del ganado, quemaron el fuerte, el cuartel de los artilleros, la residencia del gobernador y las casas de los españoles junto a sus huertas y jardines.

El 29 de noviembre zarparon de la bahía de Monterrey, dirigiéndose hacia un rancho llamado El Refugio. Este rancho pertenecía a una familia cuyos integrantes, según se le había informado a Bouchard, habían colaborado fuertemente con la causa española. El 5 de diciembre desembarcó en las cercanías del rancho y, sin encontrar resistencia, se apoderaron de los comestibles y sacrificaron el ganado.

Algunos milicianos aguardaban en los alrededores esperando que alguno de los hombres de Bouchard se separara para tomarlo como prisionero. De esta forma, capturaron a un oficial y a dos marineros, que se habían adelantado para tomar un carro. Bouchard los esperó durante todo el día 6, creyendo que se habían extraviado, hasta que decidió partir hacia Santa Bárbara, donde posiblemente los tuvieran apresados, no sin antes incendiar el rancho.

Tras llegar a Santa Bárbara, el corsario envió a un emisario para proponerle al gobernador un intercambio de prisioneros. Después de la negociación, los tres hombres capturados volvieron a la Santa Rosa. Bouchard debió entregar un prisionero, "el borracho Molina, del que se hubiera librado la provincia a cualquier precio... El pobre Molina tuvo que aguantar la cólera del gobernador, y fue sentenciado a 6 años de prisión después de recibir 100 azotes".16​

El 16 de diciembre levaron anclas y se dirigieron hacia la Misión San Juan Capistrano. Allí le solicitó víveres a un oficial realista, quien le respondió "que tenía bastante pólvora y balas para darme".17​ Ante esta respuesta, Bouchard decidió enviar 100 hombres a tomar el pueblo. Tras una breve lucha, los corsarios se llevaron algunos objetos de valor e incendiaron las casas de los españoles. El 20 de diciembre zarpó hacia la bahía Vizcaíno, donde reparó los buques y les dio descanso a sus hombres. Entre los asentamientos españoles en California las incursiones Bouchard le ganaron una reputación como "Pirata sólo de California" (y fue, por lo tanto, a menudo denominado "Pirata Buchar" por los colonizadores españoles de la época).

El 17 de enero de 1819 navegaron hacia San Blas, puerto que comenzarían a bloquear el 25 de ese mes. El 1 de marzo, mientras continuaba el bloqueo de San Blas, fue avistado un bergantín-goleta español con la que intercambiaron algunos disparos a distancia y sin consecuencias. Luego las dos embarcaciones comenzaron a perseguirla, pero no pudieron alcanzarla. Después de este incidente, Bouchard ordenó zarpar hacia Acapulco sin perder la costa de vista. Al llegar, envió un bote con un oficial para reconocer el lugar, observando la cantidad y calidad de los buques que allí se encontraban. El oficial informó que en el puerto no se encontraba ninguna embarcación relevante, por lo que decidieron seguir viaje.

El 18 de marzo partieron hacia Sonsonete, El Salvador. Tras enviar a un oficial para reconocer el puerto, este le informó que había naves relevantes para abordar. En ese momento navegó hacia el puerto y tomó un bergantín que se encontraba en las cercanías. El 2 de abril llegó al puerto de El Realejo, en donde armó dos botes con cañones de a cuatro y 60 hombres en total, comandados por el propio Bouchard. Sin embargo, fueron descubiertos por el vigía del puerto, por lo que todas las tropas realistas se movilizaron hacia el puerto. Además, habían protegido el puerto con cuatro embarcaciones: un bergantín, dos goletas y un lugre. Tras un intenso combate, las tres naves fueron tomadas. Bouchard incendió el bergantín San Antonio y la goleta Lauretana, ya que sus dueños habían ofrecido un bajo rescate por ellos, 6.000 y 4.000 duros respectivamente. Debido a su calidad, conservó el lugre, llamado Neptuno, y la goleta restante, llamada María Sofía.

Tras combatir en El Realejo, volvió a avistarse el mismo bergantín-goleta con pabellón español que se les había escapado en San Blas. La embarcación avanzó contra la Santa Rosa, cuya tripulación estaba compuesta por inexpertos marineros hawaianos y pocos artilleros. Las dos primeras andanadas de la embarcación realista dejaron tres muertos y varios heridos, tres de ellos graves, y también algunos daños de consideración en el buque. Cuando la nave argentina se dispuso a repeler el abordaje, el bergantín-goleta bajó el pabellón español y enarboló el de Chile. La nave, llamada ‘El Chileno’, estaba comandada por un capitán corsario apellidado Coll. Bouchard le solicitó que su cirujano curara a sus heridos, pero el corsario chileno decidió alejarse. El 3 de abril de 181 finalizaba la larga expedición de Hipólito Bouchard. Decidió partir hacia Valparaíso para colaborar con la campaña libertadora de José de San Martín.

Historiadores han señalado que la bandera de las Provincias Unidas de Centro América (de donde se derivan las banderas de Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, Costa Rica), está inspirada en la bandera de las Provincias Unidas del Río de La Plata, que flameó en las costas del Océano Pacífico de Centroamérica, entre marzo y abril de 1819, desde la Fragata ‘La Argentina’  comandada por el  corsario de origen francés, Hipólito Bouchard, sargento mayor de marina, al servicio de las Provincias Unidas del Río de La Plata”



Bandera de las Provincias Unidas de Centro América


Digamos que hoy en Santa Bárbara flamea una la bandera argentina que representa a una nación que tuvo la posesión de California.

Está presente la bandera y la placa correspondiente que acredita la posesión argentina de esa época

Ya de vuelta de sus travesías por el norte del pacífico, en 1820 se suma a San Martin y emprende su colaboración y lucha en la liberación del Perú y la Gran Colombia, durante muchos años.

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Tras el retiro, decidió hacerse cargo de la atención de las haciendas que le había adjudicado el gobierno peruano, San Javier y San José de Nazca, donde fundó un ingenio azucarero. Hacía tiempo que había perdido contacto con su familia, después de la expedición con Brown había convivido con su esposa solo diez meses, y no llegó a conocer a su hija menor que nació después de que iniciara su expedición alrededor del mundo.

Durante su vida a bordo, se había caracterizado por un duro carácter que lo llevó a protagonizar varios incidentes con su tripulación y a tomar feroces represalias contra quienes se insubordinaban, y en sus haciendas trataba a sus esclavos con la misma dureza con la que había tratado a su tripulación. Harto de sus abusos, uno de sus esclavos le dio muerte el 4 de enero de 1837.

Es evidente que la vida de este trota mundo marino es digno de una película que explore sus aventuras bajo la bandera argentina que hizo respetar por –literalmente- todo el mundo.

Los restos de Bouchard permanecieron perdidos hasta 1962, cuando fueron encontrados en una cripta ubicada en la Iglesia de San Javier de Nasca de la ciudad de Nazca, en Perú. El 6 de julio de ese año fueron exhumados y repatriados a Buenos Aires por una comisión formada por la Armada Argentina y la Armada del Perú. Hoy descansan en el panteón viejo de la armada argentina en el Cementerio de Chacarita.

Hipólito Bouchard En El Presente – Honores En Francia

Existe un pueblo en Francia –donde nació Bouchard- que celebra el 9 de Julio y rinde honores a un héroe de nuestra independencia.

Como se ve en la nota que se agrega, junto a fotos que lo atestiguan, pareciera que Francia se homenajea con toda la pompa a Bouchard cosa que en nuestra tierra irredenta y ausente de soberanía sustancial, no ocurre.

En esa fecha, junto al mar, cerca de Saint-Tropez, donde se inició como marino, flamean juntas las banderas francesas y argentina para homenajear a Hipólito Bouchard, nacido allí en 1780. La esposa del presidente Emmanuel Macron visitó este año el monumento de nuestro corsario

Cada 9 de Julio, las calles de Bormes-les-Mimosas, en la Riviera francesa, se engalanan con banderas de ambos países

Daniel Degani es un médico argentino que vive en Aviñón, Francia, desde el año 1998. A comienzos de los años 2000, un 9 de julio, paseaba por Bormes-les-Mimosas, un pueblito de la Costa Azul, cuando escuchó los acordes del Himno Nacional argentino. Creyó que la nostalgia lo estaba haciendo alucinar. Pero no, en una plazoleta del pueblo estaba concluyendo un pequeño acto de homenaje a un hijo del lugar, el corsario de bandera argentina Hipólito Bouchard.


El alcalde de Bormes-les-Mimosas, François Arizzi, hablando en el homenaje a Hipólito Bouchard


Se acercó emocionado a conversar con el alcalde de Bornes, presente en el acto. Supo que esa ceremonia se venía realizando desde 1983 y que no había participado ninguna autoridad argentina.

‘-Tomé la posta inmediatamente -contó Degani a Infobae– y actualmente este homenaje dura 4 días, del 6 al 9 de julio, con distintas actividades, incluido un Festival de Tango bajo la dirección artística de Dhyana Baldo, bailarina profesional, que reside mitad en Buenos Aires, mitad aquí-‘. 


Así lucen las calles de Bormes-les-Mimosas los 9 de julio 

 


Todo el pueblo se engalana para la ocasión, con banderas francesas y argentinas, cuenta. Hay charlas, conferencias, actos, asisten delegaciones de las Marinas argentina y francesa y como dato de color hasta se puede comer "choripán" en las calles, por iniciativa de un restaurante local que consultó con Degani qué comida argentina típica se podía servir para honrar la fecha.

Suena el Himno Nacional argentino seguido de La Marsellesa. Ceremonia que se repite año a año, en la plazoleta Bouchard, en presencia de autoridades civiles y de la Marina de ambos países.

"-El 9 de julio último -dice Degani-, por ser 2018 el año del Centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, asistieron al homenaje a Bouchard, el director de Sanidad de la Armada, comodoro Marcelo Christian Tarapow, quien dictó una conferencia sobre el hospital de guerra que la Argentina levantó en París en esos tiempos y en el cual sirvieron los prestigiosos cirujanos Pedro Chutro y Ricardo Finochietto. entre otros-".

La delegación argentina que participó este año estuvo integrada por, el jefe de la misión naval en Europa, contralmirante Eduardo Traina y su segundo, el capitán de Fragata Eduardo Castro Maggio, además del director de Sanidad de la Armada, comodoro de Marina Marcelo Tarapow

También Degani, que nació en Paraná, es médico cirujano. Trabajó en la Armada y también en el hospital de Clínicas.

En 2010, el capitán de navío Jorge Bergallo -a quien los argentinos conocimos hace poco porque su hijo Ignacio era el 2° Comandante del submarino Ara San Juan– le propuso a Degani abrir una delegación del Instituto Nacional Browniano -que Bergallo presidía por entonces- en Francia. Hoy esa delegación es una realidad y Degani la preside junto con un marino francés, Laurent Pavlidis, historiador y escritor, que dirige el Museo de Historia Marítima de Saint-Tropez



El alcalde de Bormes-les-Mimosas deposita una ofrenda floral frente al monumento a Bouchard.



Saint-Tropez fue un verdadero semillero de marinos que, al compás de la expansión comercial, la colonización y las guerras, se fueron diseminando por el mundo. Muchos de ellos, como "nuestro" Bouchard protagonizaron verdaderas hazañas en el mundo.  

Hoy, este corsario de bandera argentina figura en el podio de los tres personajes más grandes que ha dado la región, junto con el general Jean-Francois Allard (1785-1839), que sirvió bajo las órdenes de Napoleón, y el almirante Pierre André de Suffren de Saint-Tropez (1729-1788), célebre por sus triunfos sobre los ingleses en el Océano Índico.

Hasta pocos años, Hyppolite Bouchard era un perfecto desconocido en Francia. Gracias a la iniciativa de la municipalidad de Bormes, que empezó con estas ceremonias en 1983, y al empuje que en los últimos años le dieron Daniel Degani y su amigo Laurent Pavlidis, en el año 2010, Bicentenario de la Revolución de Mayo, la ciudad de Saint-Tropez le dedicó el año a la Argentina y se editó la primera biografía de Bouchard en francés.

Bormes-les-Mimosas tiene 7500 habitantes. Hoy el pueblo posee una plaza con monumento dedicado a Bouchard. El paisaje de la Riviera es uno de los más lindos de Francia. A esa comuna pertenece el Fuerte de Bregançon, en una isla frente a la costa, que es utilizado como residencia de verano de los presidentes de Francia.

Este año, en agosto, la Primera Dama, Brigitte Macron, hizo una recorrida por Bormes y, naturalmente, pasó por la plaza Bouchard y se detuvo frente al monumento donde el alcalde Arizzi le contó de quién se trataba.

La Primera Dama de Francia se detuvo frente al Monumento a Bouchard, en su recorrida por Bormes-les-Mimosas, comuna a la cual pertenece la residencia de verano de los presidentes



Brigitte Macron, esposa del Presidente francés, de recorrida por Bormes-les-Mimosas, acompañada por Philippe May (de traje), esposo de la Primer Ministro británica Theresa May, y por el alcalde Arizzi (der)


Todos los años, la Fragata Libertad pasa por Bormes-les-Mimosas en su periplo mundial. Como el puerto es demasiado pequeño para atracar, destaca una comisión de cadetes que va a rendir homenaje a Bouchard.

En las últimas conmemoraciones, la delegación argentina de funcionarios presentes va creciendo. Al cónsul general de Argentina en Francia, se unen autoridades navales.

Pero además, gracias a estos fortalecidos vínculos entre Argentina y Francia a partir del recuerdo y homenaje al marino Bouchard suceden otras cosas significativas: el 29 de noviembre de 2017, el municipio de Bormes-les-Mimosas fue uno de los primeros lugares donde se homenajeó a la tripulación del desaparecido submarino ARA San Juan. El Alcalde y todo el Concejo Municipal participaron del acto.



El capitán de Navío Thibault Haudos de Possesse y el comodoro de Marina Marcelo Tarapow, que ha asistido a los últimos dos homenajes, en 2017 y 2018 para dictar conferencias



El imponente busto de Bouchard, en bronce, que parece presidir Bormes, ya que el monumento está emplazado en la parte más elevada del pueblo, fue donado por la Marina argentina, al igual que el que se encuentra en el Museo de Saint-Tropez, que es idéntico al de la plaza de Bormes.






Monumento y Plaza en Bormes-les-Mimosas dedicado a Bouchard


 

En el año 2014, una delegación de Bormes-les-Mimosas visitó Buenos Aires, para recorrer todos los sitios vinculados a Hipólito Bouchard y en especial el panteón donde está su sepultura.

Por otra parte, el historiador Miguel Ángel de Marco, actual director del Instituto Nacional Browniano, presentará muy pronto una biografía de Bouchard.

Un aporte más al rescate de personajes admirables de nuestro pasado cuyo nombre conocemos porque está grabado en el bronce -plazas, calles, monumentos- pero cuya trayectoria muchas veces ignoramos.

La trayectoria de Bouchard se merece todo menos el olvido. Fue uno de los primeros marinos en circunvalar el mundo, y el segundo francés en hacerlo, como bien recuerda Daniel Degani. Antes fueron los españoles Magallanes y Elcano, luego los ingleses Drake y Cavendish, y el también francés Louis Antoine de Bougainville (en torno a 1766), quien le dio nombre a nuestras Malvinas, por ser originario del puerto de Saint-Malo las llamó Malouines…

 

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FUENTES

DE MARCO, Miguel Ángel (2002). Corsarios Argentinos. Buenos Aires, Argentina. Tomo II, pags. 169, 172, 179, 180, 183, 190).

MASCIOTRA, Guillermo (“Sesquicentenario De La Muerte Del Almirante Guillermo Brown”- Periódico ‘El Restaurador’  AÑO 1 Nº 2 Marzo 2007)-  https://periodico-el-restaurador.blogspot.com/2007/03/sesquicentenario-de-la-muerte-del.html

PEIRÓ, Claudia (‘El pueblo francés que celebra el 9 de Julio y rinde honores a un héroe de nuestra Independencia’ – Infobae- 22-9-2018  https://www.infobae.com/historia/2018/09/22/el-pueblo-frances-que-festeja-el-9-de-julio-y-rinde-honores-a-un-heroe-de-nuestra-independencia/)

ROSSI BELGRANO, Alejandro y Mariana (2016). Nuevos Documentos sobre el Crucero de La Argentina a través del Mundo. Tomo I

ROSSI BELGRANO, Alejandro y Mariana (2017). Nuevos Documentos sobre el Crucero de La Argentina a través del Archipiélago Hawaiano. Tomo II, 122, 135, 160, 175, 182 Buenos Aires, Argentina. 

SARAVIA, Mariano (“Embanderados, la emancipación de Sudamérica y el porqué de los colores y los diseños de sus banderas”-  Editorial Abrazos.-Córdoba-2006).-

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